5. ITS DEPLOYMENT CONSIDERATIONS 1 ITS PROJECT INTEROPERABILITY
5.2 ITS PROJECT CONFORMANCE
Para descubrirla
Tienes un amigo que siempre está presente. Siempre. No hay nada que puedas hacer sin que él esté en medio. Es como una lapa, como un parásito desprovisto de autonomía. Parece incapaz de llevar a cabo cualquier cosa. Al principio de la relación, te sentías muy valorado por él, apreciado, casi reverenciado. Poco a poco te fuiste sintiendo responsable de él, de su bienestar. Todo parecía ir viento en popa: a él le gusta todo lo que haces, piensas o dices. Con el tiempo, vas tomando conciencia de que no conoces sus gustos porque siempre hace lo que haces tú, lo que tú decides. Es como un espejo. Después llega la irritación, la pura exasperación por su constante presencia y su pasividad ilimitada. Llega un momento en que te sientes acosado, parece que busca desesperadamente tu compañía, te roba las ideas, te roba la energía, te roba la vida misma y desconoce la palabra «iniciativa». Cuando le dices que te apetecería estar solo, te mira de tal modo que te sientes culpable. Te hará chantaje emocional. Pero, en el peor de los casos, puede que te hayas convertido, también, en una persona dependiente de él. Un día serás consciente de que él forma parte de tu esquema mental: está siempre en tu pensamiento, forma parte inseparable de tu vida hasta el punto de que no puedes planificar nada sin tenerlo en cuenta. Eres su persona-recurso, su fuente de seguridad y confort. A veces lo tratas como a un niño haciendo por él cosas que debería hacer él solo.
Una puntuación de 0 a 6 indica que una persona no es dependiente: las determinadas manifestaciones de dependencia que pueda mostrar seguramente son síntoma de buena educación, de timidez o un rasgo cultural. No contradecir a una persona no tiene por qué ser síntoma de dependencia y sumisión, sino de educación que se espera sea recíproco. Entre 7 y 12, es una persona con bastantes rasgos dependientes, pero no llega a niveles patológicos. Entre 13 y 16, la persona es claramente dependiente y, en ese sentido, insana. Se le debería aconsejar que consultara a un terapeuta.
Para comprenderla
La dependencia afectiva es una característica normal y completamente sana en el ser humano: el niño que nace depende totalmente de su madre para sobrevivir. Del mismo modo, una pareja o una tribu necesitan de la interdependencia como factor esencial de supervivencia y para que todo trabajo en equipo sea eficaz. Pero la dependencia se vuelve tóxica cuando, una vez adultos, la personalidad se organiza alrededor del deseo de que se ocupen de nosotros, además del pánico al abandono o al rechazo. La angustia por la separación, unida a un sentimiento de inferioridad (la persona dependiente suele sentirse incapaz, inepta), provoca comportamientos de sumisión: el dependiente se pega a los demás como una lapa y es incapaz de poner fin a sus relaciones, por malas que sean. Dichos comportamientos se manifiestan en contextos diversos y a todos los niveles, incluido el afectivo. El dependiente vive con ansiedad cada vez que tiene que tomar una decisión, consulta con todo el que le rodea cuando se trata de decisiones personales de importancia, como el trabajo o el matrimonio. Es incapaz de demostrar desacuerdo ni de priorizar sus propios deseos. Se funde en los demás para huir del miedo a estar solo y no sabe arreglárselas por sí mismo.
Las relaciones con las personas dependientes se establecen en tres etapas de desarrollo. La primera etapa es la del acercamiento, en la que el dependiente hace de todo para ser aceptado. Como estas personas no tienen sentido crítico, puede ir perfectamente contra sus propios valores o ideales porque lo importante para ella es la pertenencia al grupo. La segunda etapa es el período de dependencia propiamente dicho, la simbiosis con el amigo, fase en la que se deja llevar totalmente por la otra persona. En el curso de la tercera etapa, el dependiente se convierte en «yonki» y la presencia del amigo se vuelve indispensable. A partir de ese momento, empezará a tener exigencias de tipo afectivo: «Si me dejas me muero y tú serás el culpable».
Estas personas, por lo general, estuvieron sobreprotegidas en su infancia por padres igualmente inquietos que, paradójicamente, los privaron de aprender a ser independientes, autosuficientes. En algunos casos, los padres pudieron denigrar al niño o martirizarlo a base de burlas cada vez que intentaba hacer algo por su cuenta. Por el contrario, las actitudes infantiles y conformistas, así como los lazos de unión familiar, debieron de ser fomentados extraordinariamente. El dependiente es insaciable en lo que respecta al apego. Impone su dependencia a los demás e intenta volverlos dependientes de él. Tiene tal necesidad de protección y pánico al rechazo, que se comporta de manera servil y sumisa. Por ejemplo, no manifestará su desacuerdo y llegará a aceptar lo inaceptable para seguir con la otra persona. Está convencido de que la dependencia lo protege y lo calma. Será una persona fiel hasta el final que jamás cuestionará la validez
de su lealtad: no tiene espíritu crítico y cree a todo el mundo superior y más competente que él. Siente constantemente que tiene que ser aceptado por los demás incluso cuando no tiene nada en común con ellos y, sobre todo, necesita ser aceptado por ciertos tipos de personalidad que acostumbran a explotar al prójimo. La soledad y el aislamiento son para él un infierno y está dispuesto a todo por no sufrirlos. La simple presencia de una persona con la que tiene lazos profundos le basta para colmar sus necesidades. Incapaz de separarse del otro, mantendrá la relación a toda costa, aunque sea tóxica y abusiva.
Jean-Paul es el mejor amigo de André. Al menos por el momento. André lo llama cada día, por todo tipo de razones, para que le ayude a decidir todo. Va muy a menudo a casa de su amigo Jean-Paul y casi siempre lo hace sin avisar. Le hace mucho la pelota y, delante de la gente, utiliza el «nosotros» en lugar del «yo» o el «él» para hablar de Jean-Paul o de él mismo. Es el eterno voluntario para hacerlo todo, para servirlo en lo que sea, no importa que sea algo desagradable. Está presente en todas las actividades de Jean-Paul, tanto sociales como deportivas, y lo acapara las noches que van de marcha. Al principio, Jean-Paul se sentía bien, muy valorado al lado de alguien que lo trataba con tanta consideración. Pero, poco a poco, empezó a dudar de la autenticidad de los cumplidos y de la amistad de André. Un día en que se sintió particularmente irritado e impaciente con André, y viendo que éste no replicaba nada, se dio cuenta de que algo no iba bien, que había algo poco normal en todo aquello. Dejó, entonces, de coger el teléfono cuando veía que era André quien lo telefoneaba, no abría la puerta ni le informaba de ninguna de sus actividades. Se tomó un tiempo para reflexionar sobre lo que estaba pasando con esa amistad.
Para decidir y reaccionar
Hay que hacer, desde luego, un balance entre los pros y los contras de la relación. Para empezar, observa las características que más te irritan de la persona dependiente y todo lo que no te convenga de esa relación. En el caso de una persona dependiente, puede tratarse de la pasividad, de la falta de iniciativa o de la sensación de que tú eres responsable de ella, aunque no hayas escogido desempeñar el papel de padre. Quizá te guste recibir reciprocidad en tus amistades, que cada uno aporte algo en materia de ideas, iniciativas y actividades. Por otra parte, puedes apuntar las características que te complacen de algún modo: puede que te guste lo mucho que te valora, lo que te aporta, los servicios que te presta, su lealtad, generosidad, cultura o sentido del humor. Ser dependiente no significa ser tonto, inculto o aburrido. Pueden ser muchas las virtudes que te pueden compensar en esa persona. Según el balance costos/beneficios estarás en
disposición de valorar si esa persona te gusta y te interesa o no, con conocimiento de causa. Si lo piensas, verás que hay rasgos de vuestras personalidades que son complementarios: si tienes tendencias narcisistas, apreciarás mucho su admiración; si tienes tendencias histriónicas, te encantará captar siempre toda su atención.
En caso de que decidas poner fin a la relación porque el dependiente te consume demasiada energía, puedes hacerlo de varias formas. Una buena idea es no cerrarle la puerta totalmente, para no acabar haciendo daño. Puedes mostrarte más frío que él: no llamarlo, decirle que necesitas espacio, tiempo… No verlo frecuentemente o ir espaciando los encuentros cada vez más. En este punto, Jean-Paul le diría a André: «Aprecio mucho los ratos que pasamos juntos, pero ahora mismo necesito estar solo. Nuestra relación es demasiado intensa para mí y prefiero descansar un tiempo». Seguro que el otro se siente rechazado, herido, experimentará angustia por la separación, así que no te extrañe si inicia una maniobra de chantaje emocional, pero si insistes en el hecho de que es tu problema, y sólo tuyo, y que alejaros te ayudará en tu problema, se lo creerá con cierta facilidad. Pero ten en cuenta que, si asumes esta decisión, luego no debes sentirte culpable y malvado. Piensa que no tardará en encontrar otro «mejor amigo».
En caso que decidas no cambiar nada porque los beneficios que te aporta son mayores que las molestias, asúmelo y utiliza tu empatía para sobrellevar los momentos de irritación.
Sin embargo, si quieres seguir con esta amistad pero modificando algunos puntos, no olvides que para cambiar una dinámica tú eres el primero que debe modificar el comportamiento. Puedes empezar poniéndote límites: «André, esta relación es demasiado intensa y me está estresando. Creo que vernos una vez por semana será suficiente». Y luego asume tu decisión. Si pones límites, eres el primero que debe respetarlos. Pero mucho cuidado con las críticas: sólo echarán más leña al fuego, se añadirán a las continuas críticas que el dependiente se hace a sí mismo y reforzarán su idea de que es incapaz de hacer cosas solo. Puedes intentar hacer peticiones precisas sobre cosas concretas que te irritan, por ejemplo: «André, quiero que la próxima semana seas tú quien decida qué haremos el jueves por la noche». En ese caso, has de evitar tener ideas propias, cosa que puede ser difícil porque la relación está viciada y hasta ahora has sido siempre tú quien ha decidido. No caigas nuevamente en el sentido de la responsabilidad, sólo conseguirás reforzar el lado insano de esa amistad.