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22 against any repetition of the indiscretions.

2. The international setting for foreign aid programmes 3 The forms of aid

En abril de 2001 se retomaron las negociaciones para el realojo de los vecinos de Can Tunis Nou con el fin de ceder el terreno a la ampliación del Puerto de Barcelona. Entre los vecinos, la empresa encargada de la gestión y los políticos responsables se generaron diferencias por diferentes motivos: desacuerdos de los vecinos en recibir dinero a cambio de sus casas, pues era preferible recibir otra vivienda (Cia, 2001:[1]; Vivanco, 2001a)40; desacuerdos en la distribución del lugar de realojo de los vecinos, pues el objetivo de la gestora de las viviendas era evitar una concentración similar a la de Can

40 Entre los vecinos también existían desigualdades en la calidad de las viviendas. Por un lado había barracones de 30 metros cuadrados, conocidos como los “cuartillos” en los que vivían familias hacinadas en contraste con dúplex de 200 metros, de cuatro habitaciones y bien equipadas (Padilla, 2001:[2]).

Tunis (Peirón y Marchena; 2001); desacuerdos del Ayuntamiento de Barberà del Vallés al realojar a cuatro familias en unos bloques de su municipio que se proyectaban demoler en un año (Arenós, 2001); y los intereses de los vendedores de drogas del barrio para alargar la permanencia del “negocio” (Peirón y Marchena; 2001). Estas negociaciones y las demoliciones de forma escalonada se extendieron hasta principios de 2004. Mientras, el barrio de Can Tunis continuaba con su rutina diaria de venta y consumo de drogas.

En junio de 2001 la gestión del Programa de Reducción de Daños de Can Tunis pasó a la Associació benestar i desenvolupament (ABD), sustituyendo a la entidad Àmbit Prevenció debido a ciertas carencias de acreditación como empresa de esta asociación (Ilundain, 2004:107). La atención se extendió a todos los días del año de 9 a 15 h. Al principio, se trataba de un camión furgoneta, que antes había sido utilizado como Bus de Metadona del Ajuntament de Barcelona (gestionado por Institut Genus), para realizar el PIX y dar atención sanitaria básica y de una furgoneta lanzadera que servía para traer materiales y personas al dispositivo (Anoro, Ilundain, Santisteban, 2003:700; Ilundain, 2004:108). En mayo del 2001, varios profesionales del programa visitaron el DAVE de Madrid y con el empeño de Manel Anoro, médico de Can Tunis, decidieron impulsar la puesta en marcha de una SCH en este barrio (Ilundain y Markez, 2005:292). Este espacio de venopunción asistida (EVA) se instaló en septiembre de 2001. Consistía en una carpa desmontable de unos 9 metros cuadrados en la que cabían 3 personas. Esta se valoraba que era difícil de gestionar por las “invasiones”, trapicheos y molestias entre los usuarios (Anoro et al. 2003:284; Ilundain y Márkez, 2005:292). Hacia mediados de noviembre del mismo año, la entidad responsable consiguió un autobús que se habilitó como dispensario con una enfermería, PIX y almacén, destinando el camión furgoneta para llevar a cabo el EVA (Anoro et al., 2003:284). El nuevo espacio se puso en marcha a principios de 2002 con cinco plazas con mesas pequeñas y disponía de dos salidas por la parte trasera y una entrada por la que el profesional recibía a los usuarios para tomar los datos y dispensar el material higiénico (Anoro, Ilundain, Santisteban, 2003:701). Las normas básicas del espacio consistían en no usar la violencia, no trapichear, no molestar a otros usuarios, no caminar por dentro del espacio mientras se inyectaban las sustancias y no fumar tabaco u otras sustancias. Se sancionaba a los usuarios que no cumplieran las normas y con el tiempo éstas se fueron consensuando conjuntamente entre usuarios y profesionales (Anoro, Ilundain, Santisteban, 2003:701).

Profesionales que estuvieron implicados en los centros de reducción de daños de Barcelona aprobaban la valentía de la puesta en marcha de la SCH de Can Tunis aunque con cierta valoración negativa a lo que allí sucedía:

«Can Tunis al estar apartado permitió actuaciones atrevidas. Los profesionales de allí al ver las sobredosis que se producían y que daban las jeringuillas y se pinchaban a cuatro metros de ellos, propusieron poner una carpa provisional para atender el consumo. Primero una carpa para que no diera el sol y luego una mesas con sillas y así se creó la primera sala de consumo». (Técnico ASPCat)

«Lo de Can Tunis se tendría que haber evitado. Eso no tendría que haber existido. ¿Cómo se pudo permitir metros y metros de campo de gente consumiendo ahí? Estaba lleno de jeringuillas en el suelo corriendo el riesgo de infección. Eso fue denigrante. Yo creo que se tendría que haber intervenido. ¿Se tenía que desmantelar? pues claro… Ya estando en el SAPS venían usuarios a traer jeringuillas que se dedicaban a recogerlas allí. Se montó la tienda de campaña y el bus, empujado por los profesionales, y bastante que se permitió pero, claro, fue porque estaba allí el problema». (Profesional Baluard)

La situación del barrio, apartado de la ciudad, y las graves consecuencias para la salud que sufrían los consumidores que acudían a diario, facilitó que la puesta en marcha de la SCH se tomara sin demasiadas reticencias. Sin embargo, esta decisión no evitaría la perpetuación de los problemas sanitarios y sociales de los usuarios del programa.

El perfil de los usuarios del EVA del Programa de Can Tunis era: hombres (82,4%), menores de 31 años (media), de procedencia española en un 67%, seguido de europeos comunitarios en un 14,5%, 9% europeos no comunitarios, 8% magrebíes; 1,7% africanos y latinoamericanos. A nivel serológico, la prevalencia era de 31% VIH, 22% VHB, 70% VHC y 15% sin infecciones. Además, entre el 55% y el 60 % de los usuarios no tenía vivienda y el 70% no tenía tarjeta sanitaria (Anoro, Ilundain, Santisteban, 2003:690-694). En cuanto a la asistencia sanitaria, el 50% de los usuarios padecía problemas de salud relacionados con el estilo de vida precario y las actividades para conseguir drogas, siendo el 40% de de los problemas atendidos relacionados con la práctica de inyección no higiénica (Anoro, Ilundain, Santisteban, 2003:694; Ilundain, 2004:111). Desde el PIX se dispensaban 2.000 jeringas diarias con 200 visitantes, recuperando el 90% de las jeringas distribuidas (Anoro, Ilundain, Santisteban, 2003:

695)41. Además, Can Tunis era la zona que registraba más muertes por sobredosis del

conjunto del Estado español (Anoro et al., 2003:285). Entre enero 2001 y marzo 2003 se asistieron 377 casos de sobredosis, entre las cuales el 12,5% representaban reacciones adversas a la cocaína que, día a día, fueron aumentando (Anoro, Ilundain, Santisteban, 2003:695) y gracias al refuerzo del programa de reducción de daños de Can Tunis, en 2001 hubo un descenso del 34% en mortalidad por sobredosis en Cataluña (Anoro et al., 2003:283).

En mayo de 2003 se celebraron las elecciones municipales y desde principios de ese año los representantes de las diferentes formaciones políticas utilizaron Can Tunis como herramienta de campaña electoral en contra del PSC de Joan Clos42. Desde la oposición, Jordi Portabella (ERC) (Vivanco, 2003), Alberto Fernández (PP) (Castells, 2003) y Xavier Trias (CiU) (Suñé, 2003a) simbolizaban la línea 38 del Bus de la TMB (el “yonquibus”) como la cadena de unión de la pesada decadencia de Can Tunis a la ciudad de Barcelona, prometiendo medidas resolutivas al problema de drogas de este barrio y al realojo de sus vecinos. Superada la reelección de Joan Clos, Imma Moraleda (PSC), concejala de Sants-Montjuïc, respondía molesta a Trias por vulnerar el pacto entre partidos en materia de drogodependencias y utilizar Can Tunis para hacer campaña electoral (Suñé, 2003b). La quiebra del pacto provocó consecuencias negativas en las negociaciones posteriores para la puesta en marcha de SCH en la ciudad de Barcelona.

La demolición final del barrio de Can Tunis fue anunciada para principios de 2004 (Escur, 2003). Dio lugar a cierres momentáneos en la venta de drogas entre octubre y noviembre de 2003 que avecinaban los problemas que generaría la dispersión de los consumidores hacia otros barrios de venta de drogas desprovistos de servicios de atención sociosanitaria. Además, el Ayuntamiento no reforzó suficientemente los dispositivos de atención a los consumidores de drogas que acudían a Can Tunis. Joan Clos y su grupo político (PSC) estaban inmersos plenamente en los preparativos del

41 En Can Tunis se repartían 700.000 jeringas al año, lo que suponía un 70% del total dispensadas en toda Cataluña (Padilla, 2004:[4]).

42 Joan Clos sustituyó a Joan Maragall en septiembre de 1997, fue elegido en las municipales del 1999 y reelegido en mayo de 2003.

“Fòrum Universal de les Cultures”43 para el verano de 2004. El único refuerzo

realizado, hacia finales de 2003, fue la apertura de un espacio de venopunción asistida (EVA) para dos plazas en el SAPS de Creu Roja en octubre de 2003. Este centro nocturno de reducción de daños, situado en el barrio del Raval (centro de Barcelona), abierto desde 1993, instaló el EVA en un antiguo almacén en condiciones muy precarias (Clua, 2011; Fuertes, Kistmacher, Díaz, 2008). Durante el año 2004 esta SCH atendió 3.196 consumos, de los cuales 543 fueron de heroína (17%) 1.981 de cocaína (62%) y 672 de mezcla (speedball) (21%), y también 14 sobredosis (Adán et al., 2010:8-9).

Con Can Tunis ya demolido, se reabrieron y potenciaron varios puntos de venta de drogas en los barrios de Ciutat Vella y Nou Barris. En consecuencia, en Ciutat Vella los vecinos y comerciantes reclamaban una mayor presencia policial para hacer frente a los robos y al menudeo de drogas y una mayor intervención social por parte de educadores de calle (Peirón, 2004). En Nou Barris, durante el mes de septiembre de 2004, se iniciaron quejas vecinales en el barrio de Porta. El aumento del consumo de drogas en este barrio se hacía evidente: muchos de los traficantes del barrio de Can Tunis se instalaron en diferentes bloques de pisos para continuar vendiendo drogas y en La Mina se había incrementado la presión policial por su proximidad al “Fòrum de les Cultures” desplazando a la mayoría de consumidores a este barrio. Por ejemplo, durante el mes de abril de 2004 una farmacia del barrio de Porta distribuyó 6.000 jeringuillas, las mismas que en todo el año 2000 y aumentaba la presencia de consumidores en espacios públicos de barrio (Gamundi, 2004:[6]; Sierra, 2004a).

En junio de 2004 se hizo público el “Manifiesto de Can Tunis”, plataforma de profesionales, usuarios, académicos y entidades dedicadas a la atención de drogodependientes que protestaban por la crisis generada por el derribo de Can Tunis y la precariedad en la provisión de servicios de atención a los consumidores por parte del Ayuntamiento de Barcelona44. En este manifiesto se denunciaba una falta de provisión

43 El “Fórum Universal de las Culturas 2004” consistió en un evento donde se realizaron exposiciones, espectáculos y congresos relacionados con el desarrollo sostenible, las condiciones para la paz y la diversidad cultural a lo largo de 5 meses. Este evento se ubicó en el recinto de Diagonal Mar, hoy en día convertido en un espacio para festivales de música y otros eventos de carácter cultural.

44 Véase el Manifiesto de Can Tunis. Disponible en:

par cubrir las necesidades de los usuarios en los centros de salud, la fuerte presión policial sobre los drogodependientes en contraste con la impunidad hacia los traficantes y el desplazamiento de los consumidores hacia áreas de consumo como La Mina (Sant Adrià de Besòs), Sant Cosme (El Prat de Llobregat), Raval, etc. Además, se criticaba el desbordamiento de las listas de espera para tratamiento en centros de dispensación de metadona, programas libres de drogas, unidades de desintoxicación hospitalaria, comunidades terapéuticas, etc., y la falta de un “Pla d´actuació de les drogodependències” efectivo para hacer frente a esta situación de crisis, así como de una ocultación del proceso a los medios de comunicación y la ciudadanía general, invisibilizando a la población drogodependiente y las estrategias y programas sociosanitarios específicos.

Este colectivo se reunía en la sede del Grup Igia para diseñar diferentes acciones dirigidas a sensibilizar a los técnicos municipales responsables de la atención a las drogodependencias. Se tomaron varias medidas de emergencia en los meses de mayo y junio de 2004. En primer lugar, se reforzó la zona de Can Tunis para dar atención a un grupo de usuarios que aún vagaba por la zona. En segundo lugar, se reinstauró una unidad móvil con dos plazas de consumo (Vecino et al., 2013:335) y se puso en marcha un protocolo para el inicio de los usuarios en un PMM de bajo umbral (ASPB, 2004). Desde los recursos de reducción de daños de la ciudad (SAPS, Àmbit Prevenció, etc.) se derivaba al Bus de Can Tunis, responsable de prescribir y dispensar la metadona, y a continuación, al cabo de 3 ó 4 semanas, se les derivaba a la unidad móvil de dispensación de metadona del Ayuntamiento de Barcelona con parada especial en el centro de Barcelona, junto al Hospital de Pere Camps, y a su vez se derivaban a los CAS de la ciudad. También se reforzaron los PIX en farmacias, CAP y CAS.

Además, durante el verano de 2004, se abrió el centro de reducción de daños “El Local” de La Mina de Sant Adrià de Besòs con dos plazas de consumo por vía parenteral (Ilundain y Márkez, 2005: 293). A diferencia de la ciudad de Barcelona, que actuó ocultando a la ciudadanía y los medios de comunicación las diferentes acciones emprendidas (Ilundain, 2004:114; Ilundain y Márkez, 2005:293), la puesta en marcha de la SCH de La Mina formó parte de un plan de transformación global del barrio diseñado desde la mesa de participación municipal. En ésta participó el CAS Extracta de La Mina (abierto desde 1992), el Taller de integración laboral para drogodependientes y

ex- drogodependientes del barrio (SITUA’T), la policía local y autonómica, el CAP de La Mina, el Ayuntamiento, el consorcio del barrio, las asociaciones de vecinos y la Generalitat de Catalunya (Vega, 2007:207-210).

Las acciones emprendidas en Barcelona no fueron suficientes y se intensificaron las protestas vecinales en el barrio de Porta. El concejal de Nou Barris, José Cuervo (PSC), se opuso a que se continuara realizando el PIX en la farmacia del barrio (Farmacia Lucena) bajo el argumento que instaurar estas acciones junto a la zona de venta de drogas podía consolidar el territorio, siendo preferible aumentar la presión policial, los servicios de limpieza y el número de educadores para realizar el intercambio de jeringuillas directo con los consumidores y promover la derivación de éstos a centros de salud (Sierra, 2004a). En octubre de 2004 la farmacia del barrio de Porta dejó de dispensar jeringuillas, se instauró una unidad móvil con dos personas para realizar el programa (conocido como VIPS Nou Barris) y se reforzó la presencia policial (La Vanguardia, 2004a). Paralelamente, Imma Mayol (IC-V), teniente alcalde y presidenta de la Agència de Salut Pública de Barcelona, anunciaba la apertura de dos SCH a la mayor brevedad y que presumiblemente se proyectaba poner en marcha en Ciutat Vella y Nou Barris (Ricart y Sierra, 2004). La fuerte presión policial en el barrio de Porta dispersó la venta y los consumidores a otros barrios cercanos (Guineueta, Turó de la Peira, Prosperitat o Verdum) (La Vanguardia, 2004b), dejando aparcada la instalación de la SCH en este barrio.

Finalmente, el 11 diciembre de 2004 se trasladó el equipo de Can Tunis a un nuevo centro, la Sala Baluard, centro de acogida con seis plazas para el consumo por vía parenteral, próximo al SAPS de Creu Roja (Vecino et al., 2013:335). Este consistía en un local de 60 metros cuadrados para dar atención sanitaria básica, servicio de higiene y alimentación, asesoramiento y seguimiento a las drogodependencias con un PMM de bajo umbral, en la línea del protocolo iniciado en Can Tunis, y trabajo de calle con educadores sociales y agentes de salud (Sierra, 2004c). La ubicación de este centro se anunció apenas a 4 días de su apertura, además de hacerse pública por primera vez la existencia de la SCH del SAPS (Sierra, 2004c). La noticia generó temor en los vecinos y comerciantes y éstos comenzaron a recoger firmas y repartir escritos en los comercios en contra de la existencia de “narcosalas” (SCH) en la zona (Sierra, 2004e). Al cierre

del año quedaba pendiente la cuestión de la SCH en el barrio de Porta y la ubicación de un albergue para drogodependientes, proyectado desde el año 2000 (Sierra, 2004d).

Mientras el problema de Can Tunis finalizaba y se trasladaba a otros barrios, en el balance del conjunto de la ciudad de Barcelona en 2004, se estimaba que el número de consumidores de cocaína (más de 13.000 usuarios) doblaba a los de heroína (más de 7.000 usuarios), habiendo más de 1.800 usuarios de cocaína en tratamiento frente a los más de 4.000 de heroína (ASPB, 2006: 25). Además, se estimaba una bajada del consumo de heroína por vía parenteral, pasando de un 70% en 1991 a 40% en 2004, seguido de la vía pulmonar en un 30% y la vía nasal en un 20%. La cocaína desde 1991 hasta 2004 no experimentó demasiados cambios, siendo la vía de consumo preferente la nasal, alrededor del 70% (ASPB, 2006:36). Además, se registraba un 55% de urgencias por el consumo de cocaína (ASPB, 2006:37). En 2004 los inicios de tratamiento por heroína y cocaína se localizaban mayormente en los distritos de Ciutat Vella, Sants- Montjuïc y Nou Barris (ASPB, 2006:32). Ante el problema del consumo de drogas en ambientes de exclusión social, la planificación de la ASPB se inclinaba por evitar los núcleos de marginación, reordenar las SCH de la ciudad, potenciar la figura del agente de salud como mediador intercultural y mejorar la coordinación de los sectores implicados en la atención del consumo de drogas (ASPB, 2006:44-45). Entre las actuaciones específicas para los consumidores en activo se proponía potenciar las actuaciones para los cambios de hábitos, promover más recursos de reducción de daños y el trabajo conjunto con asociaciones de usuarios (ASPB, 2006:49-50).

En esta etapa, el derribo del barrio de Can Tunis generó la dispersión de los consumidores de drogas por diferentes barrios de la ciudad de Barcelona. Este hecho evidenció la ineficacia de la previsión de servicios asistenciales para este tipo de consumidores, generando una situación de alarma que conllevó la búsqueda de medidas rápidas al malestar en los vecindarios donde se desplazó la venta y consumo de drogas. La situación se convirtió en incontrolable y produjo quejas vecinales, presión policial en los barrios donde se intensificó el consumo de drogas, así como una fuerte organización por parte de los técnicos para reducir estos conflictos.

3.4. La diáspora de los usuarios, conflictos vecinales, actuaciones policiales y