El incesto en sí mismo es un fenómeno con múltiples aristas, y en Colombia, es una problemática cuya etiología está asociada a la brecha existente entre la ley y la moral ocasionada por la ausencia de políticas públicas enmarcadas dentro de la cultura a la que correspondemos.
Puede ser tratado como un macro-problema que tiene su asentamiento en la supremacía patriarcal, la ignorancia, las relaciones de poder, corrupción, y al que se adhiere el predominio de más de 50 años de violencia aunada a la cultura de la mafia y el refuerzo de los medios de comunicación que hacen culto a la ley del más fuerte, al dinero fácil y a la sobre-estimulación de la sexualidad con mensajes que incitan a la permisividad y libertinaje abstraídos de culturas consumistas que degradan los valores y la idiosincrasia de nuestra cultura.
Es como si colectivamente hubiéramos perdido nuestra identidad de colombianos, cuya semblanza se regía por las costumbres ancestrales pacíficas y solidarias. En los ―82 pueblos indígenas de Colombia no existen relaciones permitidas con los parientes. En todas estas sociedades existen líneas de pensamiento que normatizan la vida de estos pueblos y que permiten al infractor sentirse transgresor‖. Echeverry (Sentencia C-404/98). Con la llegada de los españoles, adoptamos hábitos que no correspondían a aquello que nos hacía diferentes de otras culturas. Si bien es cierto que progresamos en muchos aspectos también retrocedimos en los más importantes, como en el cambio radical de la forma como vivíamos los valores tanto en sociedad como en familia, con la implantación de usanzas culturales que no son autóctonas y que a través de los años han tomado mayor arraigo; esta situación nos sigue afectando, porque la globalización ha traído consigo estados de progreso y retroceso, puesto que al ser un intercambio desigual entre países desarrollados y subdesarrollados constituye una nueva forma de colonización
de la que no nos hemos dado cuenta que se infiltra día a día, enajena nuestros pueblos e invade nuestra cultura.
Por ejemplo, por estar sumidos en la guerra del centavo, impide a los padres hacerse cargo de los niños, lo que genera sentimientos de culpa inmensos puesto que para el colombiano común el primer valor es la familia y no el dinero como sucede en culturas anglosajonas. Estamos tan influenciados por la sociedad de consumo que el dinero constituye el primer valor que compra todo, incluido los hijos.
Todo esto tiene incidencia en todas las clases sociales, pero mayormente en las de menos recursos porque estas actúan de manera angustiante y desaforada por lograr <<un mejor nivel económico y por lo tanto mayor de calidad de vida>> lo que absurdamente se convierte en un caldo de cultivo por el descuido de los hijos y la posibilidad de propiciar situaciones que se orienten al incesto.
El que Colombia culturalmente tenga grabado en el inconsciente colectivo la doble moral, el saltar las normas, el evadir impuestos, la mentira piadosa, ocasiona un pasar por encima de; y lo peor es que no nos damos cuenta que de lo simple sale lo complejo y que un acto abusivo es un convite a otro más. La laxitud en la aplicación de la ley, genera la creencia de que también ocurre lo mismo en otras esferas, y a manera de dominó se genera una sociedad que involuciona y desestima el principio de solidaridad y convivencia.
La <<cotidianidad violenta>> en el campo y las ciudades es una constante, la concepción de que los colombianos estamos más habituados a la muerte que a la vida, es un refuerzo constante de los medios de comunicación a través de apologías al crimen que inducen e instruyen en técnicas de violación de los derechos humanos.
Con todo lo anterior ―en el año 2009 la violencia intrafamiliar dejó un total de 93.862 víctimas, con una mayor participación en violencia de pareja con 61.139 casos (65%), seguida de la violencia entre otros familiares con 17.148 (18%),
maltrato infantil 14.094 (15%) y violencia en contra del adulto mayor 1.481 casos (1,6%).‖ (Carreño, 2009, p. 119)
Siendo el principal causante de la violencia el padre con el 45%, estadística mayor que el padrastro con un 22%, los tíos, abuelos y otros parientes con el 11% cada grupo.
―Según la información obtenida de las bases de datos de dictámenes sexológicos del INMLCF, el número de personas menores de 18 años que fueron violentadas sexualmente en el marco de la violencia intrafamiliar fue de 6.490 y la diferencia porcentual entre mujeres y hombres fue significativa 85% y 15% respectivamente. Esto habla, al igual que en las agresiones sexuales de pareja, de una clara violencia basada en la puesta en situación de vulnerabilidad del género femenino, fundamentada entre otros factores en la idea errónea de la minusvalía de las mujeres en el contexto de las relaciones sexuales.‖ (Carreño, 2009, p. 119).
Más aún, las mujeres desde todos los tópicos fueron maltratadas con el 78% (73.453) y el 22% (20.409) correspondió a los hombres.
Además, las niñas pequeñas entre 2 y 3 años tuvieron el mayor índice de violencia con el 44% de los casos, seguidas de las de los 6 a los 9 años con el 33% y las de 14 y 15 con el 22%, con mayor probabilidad de incurrencia del maltrato por parte de los padrastros con el 29 % y el 23% con los papás y especialmente en las niñas más pequeñas.
―El problema del abuso sexual a niños, niñas y adolescentes existe en espacios en donde ellos pasan la mayor parte del tiempo. Es decir, los (as) niños (as), en la mayoría de los casos, no son abusados (as) por personas desconocidas o por fuera de sus hogares. Muy al contrario, los agresores son muy cercanos a ellos y ellas y el lugar donde son violentados (as) suele ser su misma casa, incluso, en su misma habitación. Las consecuencias psicológicas son aún más devastadoras, pues en estos casos con mucha frecuencia las agresiones provienen de figuras cercanas que les representan respeto, amor y autoridad. Por lo general, son hechos recurrentes y vienen acompañados con la obligación impuesta al niño (a) de guardar el secreto bajo amenazas de daño al niño o niña, a sus familias, mascotas, juguetes, etc. Esto facilita que la violencia perdure muchas veces durante años y otros tantos para que se descubra
cuando el daño causado, si bien no imposible, es mucho más difícil de reparar. (Carreño, 2009, p. 118)
El mayor riesgo lo genera la misma vivienda, ya que el 82% de estas agresiones sexuales suceden allí, aunque se vislumbra un porcentaje alto de no denuncias de la incurrencia real del hecho.
Hay que tener en cuenta que la mujer que pasa por una situación de violencia tiene dificultad para tomar decisiones, puesto que es posible que lleve mucho tiempo amedrentada y posiblemente con huellas profundas en su salud psicológica y física.
La baja escolaridad y carencia de elementos formativos para aprender a auto- direccionar la vida, hace que se aprendan otras formas de expresar las insatisfacciones; a falta de oportunidades de educación y empleo, la salida la ofrecen establecimientos que le hacen el culto al licor o a los antivalores, despertando los niveles menos nobles del ser humano, lo que desencadena sucesos belicosos, y conlleva a que los compañeros permanentes y esposos con el 17,6% de violencia vean en la mujer un objeto más, aunado a relaciones de poder en la (VBG)2con respecto a posesiones, dinero y territorio.
También los ―ex‖ forman parte de la violencia con un 22% de ocurrencia al sentirse dueños y con derechos de violentar a su ex pareja; de ahí la importancia de robustecer en la educación de niños y niñas el hacer valer su dignidad y condición, conocer sus derechos y antes que nada, de informarse al respecto y promulgarlos.
Si el incesto da como resultado violencia ¿qué secuelas deja esto en una sociedad como la que vive Colombia hace 50 años?, ¿hasta cuándo comprenderemos que una generación que asesina, viola, abusa es producto de una niñez con antecedentes violentos?, tal vez es el momento para darnos cuenta que si algún día deseamos que cese la violencia en Colombia y al ser
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humano le sea respetada la vida, tenemos que comenzar con los que están desprotegidos ahora, de lo contrario, eternamente podremos vivir una guerra sin fin.
En una sociedad paternalista, ¿hasta qué punto ha afectado, la doble moral a través del silenciamiento del menor y los miembros de la familia, que además de verse afectados sin darse cuenta, son cómplices de un mal igual o mayor como son las relaciones de poder, en las que el que manda es el que provee y además el que agrede?
Llegados a este punto, ¿qué esperanza le queda a un menor o una menor cuando la figura de identificación exhibe tales connotaciones en su estilo de vida? y ¿qué elementos educativos puede adoptar para la construcción de su autonomía cuando su figura paterna transgrede no sólo su entorno personal sino que además es transgresor colectivo?
―Con respecto a lo anterior, es importante comenzar el proceso de difusión de la Ley 1257 en cuanto a los Derechos contemplados en los artículos 7 y 8 de la misma y que tiene que ver con la orientación, la atención integral, la asesoría jurídica gratuita, la reserva, mecanismos de protección, etc., con el fin de que las mujeres víctimas, no sólo de la violencia intrafamiliar sino de cualquier otro tipo de violencia, se sientan con el apoyo y acompañamiento suficiente por parte del Estado para denunciar y, con esto, poder visibilizar de mejor manera la realidad de la violencia intrafamiliar y poner freno a una situación que puede terminar con su muerte.‖ (Carreño 2009, p. 119)
Por lo expuesto hasta el momento, se puede afirmar que esta problemática amerita una reflexión y acción ética que transcienda estamentos jurídicos y políticos.
Se ha visto, hasta aquí, una pequeña radiografía de la actualidad de nuestro país; un país que se muestra como un mar lleno de factores que nos predisponen para ser testigos frecuentes y silenciosos del incesto. Considerando que no podemos quedarnos con los brazos cruzados ante tales atrocidades, y habiendo hecho un breve esbozo del panorama patrio, debemos comenzar por hacer la obligada mención de la realidad jurídica que existe en
torno a este delito, para que ulteriormente, podamos desplegar nuestra propuesta de solución. Una propuesta basada y soportada en la teoría y experiencia de una autora de renombre y reputación inagotables: Victoria Camps.
3. ANÁLISIS DE LA SENTENCIA C-404 DE 1998 DE LA CORTE