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Chapter 2: Methodology 2.1 Overview of the Chapter

2.6 The Interview

Trabajamos con las infancias sobre las nociones que han venido construyendo sobre el barrio retomando la voz del niño/a como constructor de su propia representación y finalmente analizamos como las infancias proponen un barrio seguro a partir de la acción del mundo adulto, especialmente padres, madres, docentes y vecinos. En la primera etapa se llevaron a cabo una serie de experiencias para reconocer y analizar con las infancias acerca de las nociones y representaciones que a lo largo de su permanencia en el barrio habían construido alrededor de este, a diferencia del cuerpo los niños/as no logran tener una noción objetiva acerca del que es el barrio, en este orden de ideas cada uno de ellos tienen una representación de la misma a partir de las experiencias directas e indirectas que tienen con algunos lugares específicos del barrio.

Mi barrio, hoy sale en las noticias de cualquier telediario Que padres de familia, se quedan sin su trabajo Y que ahora esperan en la fila de un comedor solidario, Por mi barrio, se ve a la policía por sus calles patrullando

Cumpliendo las sentencias de gente que han desahuciado He visto por las aceras más de mil madres llorando

Y no se ve alegría por la calle Ni a los niños jugando por los parques

Mi barrio esta tan triste que tiene cicatrices incurables Yo pintare una sonrisa en la cara de mi gente Cambiare su cobardía por corazones valientes Y a pesar de lo que digan, tratare de hacerlo fuertes

Y que luchen por un mundo diferente

Y no le ven salida a lo que un día han estudiado El futuro de ser alguien por aquí pasa de largo

Por mi barrio, daría lo que fuera porque el sol seque los charco De lágrimas inmensas, derramadas con los años

Que el silencio de la noche lo rompa mi voz gritando Que ya se ve alegría por la calle

Y a los niños jugando por los parques Mi barrio no está triste y tiene cicatrices incurables

Luchare Viviré

(Mi barrio, el Suso)

9.3.1. Territorios de las infancias prestados por los adultos

El niño/a en el devenir de tiempo ha sido considerado como un sujeto indefenso el cual necesita de la compañía y protección del adulto para poder pertenecer a la sociedad y de la misma forma que solo mediante la interacción con el adulto es capaz de iniciar con el proceso de la socialización. El barrio como territorio de identificación, constitutivo de identidad y constructor de cultura pasa a ser un elemento que permite reconocer particularidades y realidades compartidas en un grupo de sujetos las cuales se relacionan con las características del sujeto construyendo así subjetividades barriales, es de aclarar que esta construcción es continua e interminable; en efecto esta realidad barrial conduce a que los sujeto se desenvuelvan con unas formas de ser, pensar y actuar en el territorio barrial, sin embargo no es posible afirmar que por ser parte de una cultura determinada, las experiencias que se tienen allí son idénticas para todos, es decir cada experiencia es asumida por los sujetos de una manera distinta lo que tiene como resultado que se tenga una significación única y que le otorgue mayor valor a ciertos lugares en el territorio.

Del mismo modo el tiempo y edad son unos de los elementos que más influye en la se relacionan que los participantes mantienen con lugares en específico, los horarios en los cuales habitan los lugares y en general la representación que tienen de su territorio, peligroso, gozo, miedo, felicidad; es así que cada barrio difiere del otro según a la clase social que pertenezca, centrándonos el foco de interés en el caso de los sectores populares a los elementos que ya

fueron nombrados se le suman particularidad de la marginación por parte de la sociedad en donde la violencia y la inseguridad son realidades para la vejez, adultez, juventud, niñez.

Es así que la simbolización de los lugares difieren uno del otro según la edad que se tenga, en relación con las experiencias desarrolladas con las infancias del aula 401 logramos reconocer que al habitar en una de las localidades con un índice elevado de violencia, inseguridad y marginación los niños/as no han logrado construir una relación directa con ciertos lugares es decir no se ha llevado a cabo un ejercicio de apropiación total del territorio sino que este ha sido parcial, esto lo evidenciamos en la construcción de los recorridos del barrio a la escuela debido a que en muchos de ellos solo se logran identificar tres territorio, la casa, el parque o los diferentes lugares de diversión y la escuela, la característica principal que se logra reconocer que en cada una de las narrativas la presencia de los padres-cuidadores, los cuales no solo se reconoce desde una dimensión emocional o protectora por el contrario se reconoce desde una dimensión constructiva.

En este orden de ideas surge una categoría desde la cual analizamos que los adultos pasan a ser más que cuidadores o padres el medio desde el cual las infancias tejen territorio, es decir que la mayoría de los lugares que son apropiados por los adultos pasan a ser herencia territorial para las infancias; esto es posible evidenciarlo en cuanto los niños y las niñas narran cada uno de los tres territorios nombrados como propios y en los cuales tienen una experiencia directa en su cotidianidad siempre y cuando el adulto esté presente allí, al nombrarles otros territorios como la “cuadra de su barrio” muchos de ellos manifiestan que esta se convierte en territorio si su papá o mamá están con el afuera.

de la misma manera en las narrativas se evidencia que a falta de una noción objetiva sobre el que es el barrio y la poca relación directa que tiene con las calles, las tiendas y demás lugares del territorio los niños y las niñas han construido su representación del territorio barrial a partir de experiencias ajenas, en otras palabras las infancias son capaces de crear una representación y relacionarse con este territorios siguiendo las experiencias que otros sujetos les han narrado, de esta manera se crean tabúes y simbolizaciones para ciertos lugares, por ejemplos las esquinas, zonas verdes en las cuales no ha visto ocurrir un incidente pero si a escuchado

historias de esta situación produce que emociones como el temor e intranquilidad se adueñan de sus recorridos individuales hacia la tienda, parque o escuela y se intenten ser evadidos.

El territorio barrial como lo nombra Ruiz (20….) permite el intercambio cultural y social de los sujetos que pertenecen a la cultura y los mismos lugares que son representativos para sus habitantes sin embargo en este caso se observa que esta propiedad no tiene presencia debido a que el miedo y la inseguridad juegan el papel de limitantes para los encuentros inter e intra personales creando de este modo que lugares por los cuales se transita a diarios pasen a ser No lugares y con ello que las infancias construyan identidades barriales falsas y relación fantasiosas con el territorio barrial. Por otra parte se logra identificar que lugares con una carga social y cultural que son de importancia histórica para sus habitantes no logran ser apoderados por las infancias por los limitantes que los adultos le son impuestos y que solo la relación directa con los territorios se logra atribuir un sentido y una finalidad.

9.3.2 El encierro del niño y la niña

Bien, El control social sobre las infancias es una realidad que se ha construido y seguirá persistiendo a lo largo de la historia, este control se ha venido disfrazando y renombrando en forma de estados como bienestar, protección, cuidado los cuales llevaron a que de los niño/as pasarán de transitar en las calles al encierro en su hogar, bibliotecas, centros de aprendizajes entre otros, la edificación de estos espacios tiene una finalidad por parte del mundo adulto, aunque no se refuta el interés por el bienestar y la lucha por un desarrollo integral para las infancias, el poder sobre la mente, emociones y el cuerpo del niño/as es una de las necesidades que se desea suplir por los adultos, quienes buscan alcanzar una sociedad productiva y eficaz.

Esta falta de libertad en cuanto a la construcción de relaciones con sujetos y lugares no permiten se generen experiencias de aprendizaje y que el niño/a puedan desenvolverse socialmente, el juego es una de las actividades más fascinantes para los niños pero está impedida debido a la edificación del mundo para los adultos en donde los vehículos, avenidas, edificios la falta de seguridad suplieron la presencia de los niños arrojando y limitando sus procesos de socialización en el hogar y la escuela, territorios en los que en muchas ocasiones no se logran llevar a cabo tal proceso; de la misma manera como lo nombra Tonucci este encierro no sólo

obstruye la sociabilidad del niño también impide que éste desarrolle actos de autonomía y cuidado propio.

A causa de esto el niño/a no son sujetos políticos, sociales y emocionales tenido en cuenta en las construcciones de las ciudades y de allí que sean solo las necesidades del mundo adulto las que prevalecen y las que se buscan suplir, los lugares que eran habitados por las infancias como las calles ahora son cada vez menos accesibles para ellos debido a las dinámicas estructurales e invenciones como el vehículo, esté mecanismo cambió el rumbo de la historia en cuanto a evolución de la humanidad sino que se empleó como un dispositivo de encierro y control “los niños no viven la vida pública de la ciudad”. Esta falta de sociabilidad y de empoderamiento de la ciudad es aún más decadente con las mujeres y en especial con las niñas- jóvenes, debido a los discursos sociales y morales que nos posicionan como un sujeto débil predispuesto a ser vulnerables.

Es así que el miedo pasa a ser el propiedad principal en la sociedad actual desde el cual se justifica que las infancias no deben estar en las calles, que su presencia en ellas debe estar mediada siempre por sus padres o cuidadores y que los ambientes que son aptos para su efectivo desarrollo son la escuela y el hogar además que se ha pretendido pensar que estos lugares alejan los peligros de la sociedad para el niño y que solo estos lugares los que le ofrecen alcanzar construirse como sujetos integrales.

En el caso de las infancias del aula 401 se evidencia que no solo no reconocen el barrio como un territorio desconocido como narran que sus padres jugaban en las calles y les agradaría hacer lo mismo pero son conscientes que debido a las realidades de su barrio le es imposible porque el solo hecho de salir de a su casa a la tienda y volver a su casa o ir al parque y jugar por horas sin que ocurra un suceso de violencia es casi nulo. La mayoría de los niños/as no ha vivido alguna experiencia negativa dentro de su barrio el mundo adulto ha transmitido una serie de miedos que impiden que estas infancias quieran relacionarse con el barrio.

Al hablar de la relación entre el barrio y los niños/as del aula 401 es importante mencionar que algunos de ellos tienen la posibilidad de explorar un poco más el barrio debido a

que se trasladan solos de su casa a la escuela, pero incluso estas infancias evitan los lugares que han sido marcados como peligrosos; una ruta segura es lo que permitirá que las relaciones de miedo cambien para que así los niños/as tengan la posibilidad de conocer y explorar el barrio en el que viven.