en hogares con núcleo completo o no familiares y pertenecen a los estratos bajos. Podría desa- gregarse el grupo de mujeres mayores de 60 años que son jefas de hogar no familiar, ya que está empíricamente comprobado que tienen mayor aislamiento social (Gascón, 2007).
RELACIONES DE APOYO MUTUO
El déficit de este indicador alcanzó a tres per- sonas de cada diez en 2004 y 2005 y a partir de entonces sólo a dos, evidenciándose una dismi- nución de más de tres puntos porcentuales du- rante 2007 y 2008 y de ocho puntos porcen- tuales en todo el período (figura AE6.3).
No se presentan diferencias territoriales al considerar la incidencia del déficit en los dis- tintos conglomerados. Sólo se observa una va- riación significativa en la disminución del dé- ficit en la población del Gran Buenos Aires (-9,3%) cuyo valor triplica el de las ciudades del interior. Como en los otros indicadores de dé- ficit, se evidencia una relación inversa entre el estrato socio-económico y el déficit en vínculos emocionales y de ayuda. A medida que se dismi- nuye en la escala social, hay mayor probabilidad de carecer de estos lazos sociales. La diferencia de recursos de sostén emocional e instrumental entre las personas del estrato muy bajo y del medio alto es significativa en todos los años
analizados y se profundizó en 2006 cuando llegó a una relación de tres a uno: por cada persona del estrato medio alto que tenía déficit, había tres del estrato muy bajo en la misma condición.
Estas relaciones son menos frecuentes entre los varones a pesar de que aumentaron estos vínculos en un 11% desde 2004 a 2008. Quizás esto se vincule a patrones de respuesta cultural- mente condicionados en la población masculina que no es proclive a comentar los problemas y pedir ayuda, porque lo consideran un signo de debilidad. Por el contrario, es una capacidad fe- menina realizar contención emocional y afec- tiva, tanto en el ámbito familiar como entre las
amistades más íntimas59. Para toda la población
urbana en general, el saldo del período 2004/2008 fue la reducción del déficit, a pesar del aumento generalizado durante 2007-2008. El mayor déficit de relaciones de apoyo mutuo se asocia positivamente con la mayor edad de las personas, el menor nivel de educación, ser jefes del hogar y pertenecer a los estratos más bajos. En cambio, las mujeres, jóvenes, con mejor nivel de educación y del estrato medio alto tienen más probabilidad de desarrollar este tipo de vínculos.
59 Estas apreciaciones surgen de entrevistas en profundidad realizadas por Silvia Lépore en el marco de otra investigación.
siempre buscan una tarea para realizar o que los quehaceres del hogar les insumen mucho tiempo (20% en cada caso).
Finalmente, en la figura inferior se introduce un nuevo indicador que es “haber dejado de salir frecuentemente con la familia y con amigos, por pro- blemas económicos”. Cabe destacar que estos problemas afectan a la mitad de las personas encuestadas en 2008, por lo tanto, de no mediar esa privación material –que aumentó con respecto a 2007– podría haber sido mayor el porcentaje que habría disfrutado de estas actividades.
Entre todos los años desde 2004 hasta 2007 disminuyó la proporción de per- sonas que dejó de salir o pasear por problemas económicos (57% a 42%), pero el aumento del costo de la vida en el último año hizo que la tendencia se revirtiera. Esto parecería contradecir los datos presentados anterior- mente para el indicador de prácticas de sociabilidad, ya que aumentó el dé- ficit hasta 2006 a pesar de que hubo menos personas que dejaron de salir por falta de dinero. En 2008 sucedió lo contrario: más problemas econó- micos para costear paseos y menos déficit en las prácticas de sociabilidad que quedaron encerradas en el espacio más cercano de la familia y los amigos.
Como era de esperar, la privación de salidas debido a problemas econó- micos incidió significativamente en el estrato muy bajo y bajo de la pobla- ción con niveles de educación primaria o secundaria completa, sin discrimi- nación por sexo, edad ni tipo de hogar al que se pertenece. La pendiente as- cendente de la curva de estos estratos es mucho más pronunciada que la de las clases medias y representa el mayor déficit. Esto ratifica que el aumento del costo de vida golpea más a los que menos tienen y que lo material tam- bién influye en el desarrollo de la vida social y en las oportunidades del uso del tiempo libre.
¿Cómo se explica que en los dos últimos años haya habido más personas que usaron su tiempo libre para salir con la familia o reunirse con amigos, al mismo tiempo que se verificó una menor participación comunitaria y que la gente estuvo menos dispuesta a mantener relaciones de apoyo mutuo emocional e instrumental?
Podríamos argumentar que estos dos últimos años que estuvieron signados por muchos conflictos internos que impactan en el ánimo de las personas y por ende en sus comportamientos, la preferencia se ha volcado al uso más recreativo del tiempo libre en un entorno cercano que no tiene el compro- miso más profundo que supone la solidaridad afectiva –representada por brindar y recibir apoyo emocional y realizar actividades solidarias– que, como hemos explicado antes, se debilita cuanto más desaventajada es la si- tuación personal o familiar.
Efectivamente, el tiempo dedicado a la familia y los amigos aumentó en 2007 y 2008 en todas las personas consideradas independientemente de su condición de actividad. Entre los ocupados e inactivos varió de alrededor de 75% a 80% y entre los desocupados se mantuvo aproximadamente en 90% en ambos años.
El aumento en la cantidad de gente que dispone de tiempo libre y prioriza su dedicación a la familia, es consistente con otros hallazgos de la EDSA que no han sido mencionados en este capítulo. Al interrogar a las personas sobre sus necesidades para ser más felices, manifestaron como una de ellas, “dedicarle más tiempo a mi familia”.
A su vez, cuando se pregunta sobre las razones de no tener tiempo libre, la gran mayoría de las personas esgrime en todos los estratos sociales, que es porque trabajan mucho (alrededor del 60%), en segundo lugar porque
SE ESTRECHA EL ESPACIO SIMBÓLICO DE LA VIDA SOCIAL
6.C
VIDA SOCIAL Y TIEMPO LIBRE
Fuente: EDSA, Observatorio de la Deuda Social. UCA. Figura 6.C1
Déficit de actividades recreativas por problemas económicos 2004-2008 según estrato socio-económico
0 10 20 30 40 50 60 70 80 90 100
Muy Bajo Bajo Medio Bajo Medio Alto
(En porcentaje) 2004 2005 2006 2007 2008 41,4 45,2 23,8 42,4 27,6 43 31,5 66,6 63,9 57,4 66,1 65,7 50,4 36,2 59,9 50,4 54,6 43,4 68,1 57,4
VIDA SOCIAL Y TIEMPO LIBRE
Fuente: EDSA, Observatorio de la Deuda Social. UCA. Figura 6.C2
Déficit de actividades recreativas por problemas económicos 2004-2008 según estrato socio-económico
0 10 20 30 40 50 60 70 80 90 100 2004 2005 2006 2007 2008 (En porcentaje)
Muy Bajo Bajo Medio Bajo Medio Alto
66,6 66,1 59,9 54,6 68,1 50,4 43,4 57,4 57,4 50,4 45,2 42,4 43 41,4 36,2 23,8 27,6 31,5 63,9 65,7
BARÓMETRO DE LA DEUDA SOCIAL ARGENTINA ■119 La confianza depositada por las personas en las instituciones públicas constituye un indicador clave de las condiciones de integración social, en la medida en que dicho aspecto da cuenta de la le- gitimidad otorgada a las mismas por los ciudadanos, como resultado de la eficacia lograda en el cum- plimiento de sus cometidos (Botana, 2006). Este indicador toma especial relevancia en los regí- menes democráticos, donde tanto la participación ciudadana como la confianza política se pre-
sentan como factores cuasi constitutivos del mismo60.
La existencia de confianza política generalmente es considerada como un signo de democracia sana y condición necesaria para una mayor gobernabilidad. Esto es así porque se supone que la con- fianza ciudadana en las instituciones de gobierno permite a las diferentes agencias públicas actuar con mayor libertad y, al mismo tiempo, porque cuanto más confíen los ciudadanos en sus represen- tantes, más dispuestos estarán a cumplir con sus obligaciones y participar activamente en la vida pú- blica (Nye et al., 1997). Una salvedad especial merece realizarse en este punto, en el sentido que, la confianza política como signo de una democracia sana, puede devenir en su contrario si tal confianza se transforma es un laissez-faire a las instituciones públicas y órganos de gobierno, sin ningún tipo de control sobre sus acciones. Tal situación podría traer aparejado como consecuencia un gobierno con posibilidades de ejercer su función de modo discrecional, desvirtuando así las características que dan origen y fundamento a la noción de gobierno democrático.
En este sentido, si en el caso anterior una extrema confianza podría generar consecuencias no de- seadas, del mismo modo la desconfianza, como extremo contrario, implicaría resultados adversos. Como señala Sen, desde una perspectiva del desarrollo humano, la desconfianza política entraña condiciones de desigualdad al generar efectos de exclusión o formas adversas de participación en es- feras relevantes de actividad (Sen, 2000). Asimismo, elevados niveles de desconfianza podrían de-
CAPÍTULO 7
CONFIANZA POLÍTICACarolina Moreno y María Florencia Rossaro
60 Esta línea de análisis en la ciencia política remonta a una tradición en la cual se puede reconocer en el siglo XIX a Tocqueville (1996) y en las últimas décadas a Dahl (1980; 1989), Bobbio (1986), Sartori (1992), entre otros.