Chapter 2: The Role of Memory in Retrospective Evaluations
2.2. Introduction
En cuanto a la relevancia del aporte profesional del psicólogo en el campo jurídico los informantes coinciden en describir un desempeño claramente representado a través de un rol orientado a demandas, escenarios y tareas precisas. Como en los campos indagados previamente su participación activa al interior de equipos interdisciplinarios legitima la necesariedad de su aporte.
Cuando se indaga la caracterización de la demanda de la tarea aparece el
psicólogo como un profesional que debe “ocuparse” del padecimiento subjetivo, en
contextos en los que su alta complejidad confirma diariamente la insuficiencia que revisten los abordajes aislados.
Se refiere que con frecuencia se lo suele convocar para “dilucidar” el “motivo” de
determinadas conductas, ante lo cual resulta necesario realizar una evaluación psicodiagnóstica, emitiendo un informe pericial destinado a informar o asesorar a un profesional que debe tomar decisiones ulteriores ponderando la información recibida. Se presenta esta dimensión de la tarea en términos de alta complejidad y con alta incidencia sobre las consecuencias implicadas.
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Constituyen demandas frecuentes la atención de víctimas de violencia sexual y su tratamiento psicológico, ya sea en el caso de niños, adolescentes o adultos, así como el asesoramiento en problemas que conciernen a menores y familias. Se describen ámbitos de desempeño en los que se solicita la asistencia psicológica desde una comisaría, juzgado o fiscalía, porque la victima está realizando la denuncia en ese momento, o en instancias de reconocimiento del agresor en individualización criminal. También aparece, desde el aporte de otro informante, la intervención del psicólogo en el acompañamiento de procesos de resolución de disputas en el marco de la mediación.
Se demandan en consecuencia en términos de competencias clave de un perfil deseable habilidades para comprender la especificidad de un campo complejo y a los sujetos en contexto; se describe un escenario de intervención que requiere de intervenciones conjuntas de un equipo multiprofesional; se destacan valores personales ligados a la ética, así como habilidades comunicacionales acordes con los sujetos y las situaciones planteadas. Se advierten recurrencias en dimensiones ligadas al adecuado diagnóstico de la situación que amerita intervención, así como en relación a la necesidad de disponer de estrategias de intervención ajustadas al contexto y a sus complejidades, a la capacidad para funcionar cooperativamente con otros
profesionales de campos “no próximos” y aptitud para el ejercicio del asesoramiento.
Si se indagan los aspectos críticos en términos de requerimientos de la tarea se destaca como prioritario el desarrollo de intervenciones desde marcos científicos legitimados para el contexto jurídico, en ausencia de juicios valorativos personales. Según los entrevistados la complejidad y especificidad del escenario de intervención impone el desarrollo de habilidades específicas ajustadas a las particularidades de la interfaz psicología/ ciencias jurídicas. Se menciona el desafío que representa la construcción de un vínculo con el sujeto de la intervención que posibilite el sostenimiento de una estrategia de abordaje a lo largo del tiempo necesario. Se describen entramados situacionales que presentan un alto grado de complejidad desde distintos puntos de vista. Uno de ellos remite a ámbitos, escenarios y modelos
de intervención algo “alejados” de otros ámbitos más tradicionales. Estas demandas interpelan al profesional tanto en su saber como en su dimensión personal y la resolución de estos conflictos convoca con insistencia la mirada de la ética y la deontología profesional (por ejemplo el compromiso ligado al mantenimiento del secreto profesional)
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En lo que concierne a los patrones de actuación frecuente se describen intervenciones eficaces al interior de equipos de trabajo, con prácticas específicas construidas conforme los requerimientos de la demanda en contexto. Un informante destaca el compromiso generalmente asumido por el psicólogo en el abordaje que asume.
Se señala como aspecto deficitario la elaboración de Informes sobre la base de acuerdos terminológicos que contribuyan a la comprensión del proceso desde la perspectiva del conjunto del equipo y de otros actores más alejados del campo de la psicología. Nuevamente aparece el grado de satisfacción ante intervenciones logradas toda vez que se desarrollan conocimientos y prácticas propias del fenómeno objeto de intervención y el conocimiento experiencial en los escenarios de las demandas.
Analizando la efectividad de dichas intervenciones en términos decompetencias requeridas y logradasla mayoría de las opiniones relevadas destacan la aptitud para intervenir en la emergencia, en el abordaje posterior del sujeto y/o de las partes
involucradas y en el proceso de recuperación. Se marca como fortaleza la capacidad para desarrollar habilidades para el funcionamiento interdisciplinario, aunque siempre este aspecto representa escollos a superar. También aparece el compromiso ético del psicólogo desde sus valores personales al servicio de la tarea. Suele ser descripta su intervención en términos de facilitador del diálogo al interior de situaciones altamente conflictivas, o de enfrentamiento de intereses.
La elaboración de informes, como tarea inherente al rol, aparece como requerida aunque no siempre lograda, según los estándares exigidos por distintos actores involucrados en la tarea.
Las competencias requeridas y no logradas, en términos de aquellas demandas de la tarea que no logran ser abordadas exitosamente, se refieren a dificultades emanadas del desconocimiento de las particularidades del campo y de la tarea; en esa línea se describen situaciones cuya complejidad estructural torna dificultoso cualquier abordaje desde saberes no específicos al contexto. Contextos de alta vulnerabilidad social, sujetos en situación de profundo desvalimiento, conductas delictivas, reafirman
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la necesidad de conformar equipos interdisciplinarios, dada la multidimensionalidad de las problemáticas que se manifiestan.
Se describen obstáculos que devienen de la falta de acuerdos entre campos científicos y actores intervinientes en la situación, por ejemplo con la intervención del abogado o el juez, o con la normativa jurídica en general.
También aparece mencionada la necesidad de desarrollar habilidades vinculares y comunicacionales que permitan el abordaje de sujetos y entornos de extrema vulnerabilidad. La visualización de falta de compromiso referida por un informante podría vincularse con la falta de disponibilidad de herramientas y estrategias para el
afrontamiento de situaciones y tareas que “desbordan” o exceden su dominio.
Considerando eldiferencial en la formación a lo largo de los años se describe a un graduado de años anteriores más apegado al modelo psicoanalítico, diferenciable de otros más recientes que evidencian conocimiento de otros modelos teóricos; un entrevistado relaciona a aquel modelo con actitudes dogmáticas y de poco respeto por las otras profesiones que transitan el campo. Aparecen allí dificultades, desde su perspectiva, para la ponderación de las problemáticas que allí se desarrollan. Otra opinión considera al graduado más antiguo mejor capacitado para la conformación de equipos de trabajo y para el afrontamiento de situaciones críticas.
En relación a las demandas emergentes y áreas de vacancia se menciona que el propio campo en sí mismo constituye una fuente de problemáticas que convocan saberes expertos y conocimientos científicos para la contribución en su solución o mejora. Se menciona como campo de interés por el desarrollo científico que evidencia
la psicología del testimonio. Se menciona como problemática preocupante la ligada a
las violencias de diverso tipo y en particular la violencia y el abuso sexual en niños, jóvenes y adultos. Como problemáticas crecientes se menciona la minoridad en riesgo, las adicciones, los delitos en niños, los abordajes en victimología y la mediación en espacios comunitarios vecinales, asambleas, etc.
En el área jurídica intervienen trabajadores sociales, asistentes sociales, abogados, personal de las fuerzas armadas, entre otros, con lo cual la relación con intervenciones profesionales de campos próximosconstituye la matriz sobre la que
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se asienta el quehacer específico cotidiano. La construcción de marcos referenciales compartidos constituye siempre un desafío, aunque se destaca que se respetan los alcances de cada campo y se intenta nutrir los esquemas interpretativos de la propia disciplina y profesión, en pos de alcanzar mejores y más eficaces abordajes. Al interior del equipo el psicólogo es muy eficaz, según la opinión de los entrevistados, toda vez que, cuando conoce el terreno en el que debe intervenir, lo hace desde la comprensión de la conducta humana.
En síntesis
El campo de la psicología jurídica se presenta consolidándose a partir de la generación de conocimiento propio y sobre la base de intervenciones profesionales de psicólogos que dan respuesta a demandas identificadas que son de su incumbencia.
Se trata, desde la mirada de los entrevistados, de un campo de alta complejidad y especificidad que reclama de forma casi imprescindible abordajes cooperativos. Estos ponen en diálogo diversidad de enfoques, perspectivas, instituciones y sujetos requiriéndose la construcción de conocimiento genuino en las fronteras de las profesiones convocadas.
Las tareas demandadas incluyen desde la evaluación y diagnóstico de actores jurídicos, hasta la elaboración de informes y el asesoramiento, toda vez que se demanda orientación como experto hacia órganos judiciales que deben tomar decisiones en base a ellos.
La intervención a través de la realización de tareas, programas o tratamientos y rehabilitación, también representan demandas de intervención claramente reconocidas en el ámbito, así como la atención a las victimas y la participación en instancias de mediación. Aspectos ligados a la minoridad y problemas penales, y del derecho de familia constituyen áreas de interés y en expansión. Como tópicos no explicitados aparecen los referidos a la valoración psicológica
de medidas legales respecto a menores, la intervención del psicólogo en la planificación conjunta de sistemas jurídicos y la perspectiva preventiva.
177 5-2- ANALISIS DE INDICADORES CURRICULARES EN PLANES DE ESTUDIO 5-2-1 Introducción
De Alba (1997) establece que el campo de conformación estructural curricular es un conjunto de contenidos culturales (conocimientos, tecnologías, valores, creencias, hábitos y habitus), que se articulan en torno a un determinado tipo de formación o capacitación que se pretende obtengan los alumnos.
En este caso, considerar los Planes de Estudio como uno de los niveles intermedios de concreción del curriculum demanda entender el campo desde las múltiples tensiones y singularidades propias de las construcciones culturales. Implica referirse al curriculum desde enfoques que contemplen su complejidad, diversidad conceptual y las distintas perspectivas que permiten comprender la relación existente entre educación y sociedad, entre formación y demandas de la comunidad. En este sentido, el plan de formación se comprende como una propuesta teórico práctica que opera como
mediador entre una determinada intencionalidad educativa, explícita o subyacente y los
procesos prácticos de socialización cultural que se desarrollan al interior de las aulas. En acuerdo con Zabalza (2003) se entiende que el Plan de Estudios constituye un punto complejo de confluencia entre intereses divergentes. Se expresa a modo de entramado discursivo y prescriptivo, como conjunto integrado de conocimientos destinados a ser abordados en un determinado período temporal. Se asienta sobre determinados puntos de partida, y se dirige intencionalmente hacia metas que se desea lograr. Comporta también la previsión respecto al proceso a seguir, que habrá de concretarse a través de una estrategia en la que se incluyen las tareas a realizar, la secuencia de las actividades y alguna forma de evaluación o cierre del proceso.
La elaboración de un Plan de Estudios, en la conceptualización del autor, está contextualizada en un conjunto de condiciones, variables socio históricas y aspectos normativos que regulan la praxis. De este modo, las condiciones de partida
(denominadas inputs en su esquema) aparecen claramente en: 1- las condiciones normativas que delimitan y rigen el proceso (contexto de legitimación), y 2- las condiciones institucionales que lo enmarcan y sitúan en un aquí y ahora (contexto de sentido y de viabilidad).
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En la experiencia nacional del campo de formación universitaria en Psicología, el marco
normativo está constituido por las regulaciones propias de cada institución estudiada,
en acuerdo con las normativas ministeriales vigentes respecto del título del Licenciado en Psicología o Psicólogo en el país.
El segundo marco de referencia está constituido por las condiciones institucionales que dan sentido y viabilidad a la propuesta curricular. De este modo, se deja explícito que la historia de cada centro de formación, sus particularidades, los sesgos a raíz de la experiencia acumulada y sus tradiciones, constituyen aspectos de importante consideración, si se propende al análisis de un sistema formativo. Sin embargo no son objeto del presente estudio, centrándose la mirada en este caso en el relevamiento de
indicadores curriculares que permitan establecer relaciones posibles entre aspectos
curriculares, que se entienden sustantivos por sus consecuencias formativas, y requerimientos sociales sobre la intervención del psicólogo en distintos campos.
Cabe mencionar que se reconoce claramente la distancia que existe entre la propuesta
a nivel de prescripción documental y la praxis de los sujetos que “le otorga vida” a la
misma a través de las trayectorias personales e institucionales particulares, al interior de contextos situacionales determinados.
Sin embargo, a los fines del presente estudio, se pretenden analizar los contenidos y procesos que establecen los Planes de Estudio, ya que si bien éstos no determinan unívocamente los procesos de enseñanza y aprendizaje que bajo su esfera se desarrollan (lo que se entiende como curriculum en acción), constituyen el primer marco de referencia y regulación, con fuerte impronta sobre ciertos aspectos nodales de la formación.
Camilioni (2001) afirma que el plan de estudios es un objeto complejo. Lejos de tratarse de una simple secuencia organizada de asignaturas, es un verdadero programa de formación, y como tal, cuando es llevado a la práctica, genera diversas experiencias en los estudiantes, evidenciando consecuencias respecto del tipo de aprendizajes que bajo su ámbito se desarrollan.