Se considera de fundamental importancia analizar la cultura de los mestizos ecuatorianos, ya que son ellos quienes en su mayoría forman la sociedad de acogida de los inmigrantes colombianos y cubanos. Más aún, al final de este apartado se hace un acercamiento a la sociedad quiteña. Por lo cual, se explica a continuación en primer lugar bajo qué conceptos se regirá este análisis.
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La identidad cultural está determinada por el hecho de que el entorno sociocultural es el campo en donde se construye la identidad individual y grupal, entendidas como un fenómeno subjetivo. Dentro del mismo se incluyen elementos como las ideas acerca de los atributos del grupo y la memoria colectiva (ESPINOSA; 2000).
La Antropología Cultural define la identidad colectiva (social) como el proceso de subjetivación por el cual los miembros de un grupo determinado toman conciencia de sus diferencias con respecto a los atributos de otro grupo. Por consiguiente, se trata del autorreconocimento que hace un grupo de su especificidad, lo que implica en definitiva la formación del yo grupal (ESPINOSA; 2000: 10).
Esta conciencia grupal está vinculada igualmente a especificidades socioculturales objetivas como el ámbito lingüístico, tradiciones culturales y productos artísticos (ESPINOSA, 2000). Los elementos tanto subjetivos como objetivos mencionados, llamados señas de identidad cultural, permiten a “los miembros de una colectividad reconocerse entre sí y ser reconocidos por y desde otras colectividades‖ (ESPINOSA, 2000: 18).
El tema de las señas o rasgos culturales particulares de los mestizos ecuatorianos es bastante extenso, no obstante en este estudio se tratará únicamente los aspectos más relevantes y relacionados con la integración de inmigrantes colombianos y cubanos en el Ecuador. Como se mencionó anteriormente, los mestizos representan la mayoría dentro de la sociedad ecuatoriana (71.9%) (INEC, 2010). En términos generales, a este grupo ―se adscriben hombres de ascendencia indígena, española e hijos de inmigrantes recientes profundamente occidentalizados, así como individuos de raza blanca, amerindia y mixta‖ (ESPINOZA, 2000: 18). Sin embargo, dentro de este conjunto, el mayor número lo
constituyen los mestizos de ascendencia indígena quichua (ESPINOZA, 2000).
En este contexto, los mestizos ecuatorianos, sobre todo debido a la influencia histórica del clasismo colonial, conciben a la sociedad estratificada, por lo cual se tiende a resaltar la raíz blanca y negar u ocultar la raíz indígena. Así mismo, siempre se busca subir en la escala social y económica. De igual manera, mientras más oscuro es el color de piel menor estatus tiene la persona, y por lo tanto se la valora en menor medida. Esto además se vincula al hecho real de que indígenas y negros están más relacionados a la pobreza, como se mostró
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anteriormente. De ahí que la discriminación y el racismo se han arraigado en la sociedad mestiza ecuatoriana (ESPINOZA, 2000).
En este marco, los inmigrantes colombianos y cubanos están expuestos a la discriminación, pues como se señaló existen dentro de estos grupos tanto afrodescendientes como indígenas; esto no únicamente debido a su color de piel y origen étnico, sino que además, muchos de ellos por su condición de refugio, condición migratoria, bajo nivel de educación, subempleo, entre otros factores, viven en la pobreza.
Además, es marcada la división de la sociedad ecuatoriana en cuanto a la región a la que se pertenece. Así, se considera que existe una identidad costeña más liberal y una identidad serrana más conservadora. Por una parte, los costeños ven de manera despectiva a los serranos catalogándolos como más lentos e ingenuos, así mismo los responsabilizan por el aumento de la pobreza debido al éxodo de los empobrecidos al puerto principal. Por otra parte, los serranos, ven despectivamente a los costeños vinculándolos a la pereza, excesiva celebración, libertinaje y delincuencia. Igualmente, desagrada su vestimenta de colores más fuertes vista como escandalosa y su tono de voz más elevado considerado como grito (ADOUM, 2000).
En este sentido, ya que los inmigrantes colombianos y cubanos en su mayoría presentan rasgos culturales más similares a los de la Costa ecuatoriana tales como su vestimenta, acento y tono de voz; la sociedad serrana los vincula a los costeños y por ende se genera la misma consideración que se tiene hacia estos. Como se verá más adelante esto fue corroborado por los mismos inmigrantes, algunos de los cuales aseguraron haberse sentido más acogidos y menos discriminados en ciudades de la Costa.
Otro rasgo evidente en la sociedad ecuatoriana es el machismo, el cual se ve reflejado en la discriminación a la mujer. De esta manera, a pesar de que actualmente se ha logrado alcanzar altos niveles de educación e independencia económica femenina, aún se evidencia una mayor proporción masculina en cargos directivos empresariales y de Gobierno. Igualmente, esto está vinculado a
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la violencia física y psicológica, así “el 80 por ciento de las mujeres ha sido víctima de la violencia de género alguna vez, en forma de agresiones físicas o psicológicas, y un 21% de niños, niñas y adolescentes ha sufrido abuso sexual‖ (EFE, 2011: 1).
Este contexto en el cual se observa a la mujer como inferior y en muchos casos como objeto sexual, ha provocado que también a las mujeres colombianas y cubanas se las considere como tales, lo que genera actitudes irrespetuosas y un imaginario colectivo vinculándolas a la prostitución (SJRM et Al., 2012).
Una participante dijo, […] que el estereotipo de la mujer colombiana como prostituta era muy común. Muchas participantes dijeron escuchar a hombres y mujeres ecuatorianos decir que las ―colombianas son fáciles (sexualmente). […] ―Creen que la mujer colombiana es fácil, es más abierta, más jocosa, menos tímida, entonces es de fácil acceso, entonces se da el irrespeto.‖ […] Muchas reportaron que existía la expectativa de que ellas se involucrasen sexualmente con hombres para conseguir vivienda o para tener acceso a oportunidades de trabajo (SJRM et Al., 2012: 26, 27).
Sin embargo, también cabe resaltar rasgos positivos de la sociedad ecuatoriana que pueden contribuir a la integración adecuada de los inmigrantes. En este sentido, se puede mencionar por ejemplo la generosidad e idea colectiva de la sociedad que tiene su raíz en la minga. Esta forma de trabajo colectivo, se ha mantenido hasta la actualidad, como una forma de juntar el esfuerzo de todos para el beneficio de la comunidad. De igual manera, la hospitalidad de los ecuatorianos, se origina en la tradición indígena del tambo, una institución de albergue que acogía a caminantes de largas rutas que se hacían en varios días.
Así, la hospitalidad “se manifiesta en el convite del alimento, la bebida y el ofrecimiento de hospedaje‖ (ESPINOSA, 2000: 133). Estas características han sido tradicionalmente
exaltadas por los turistas extranjeros que llegan al país (ESPINOSA, 2000).
En efecto, varios de los ciudadanos extranjeros encuestados, especialmente de nacionalidad colombiana, expresaron que si bien sintieron discriminación por parte de algunos ecuatorianos, hubo otros que los acogieron, les brindaron una mano, les abrieron las puertas de su casa, los han tratado bien y son sus amigos. Esto se profundizará en el apartado final de este capítulo.
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La sociedad quiteña
Según el último Censo de Población y Vivienda del 2010, el Cantón
Quito cuenta con una población de 2’239.191 habitantes, de los cuales el 51,45%
son mujeres. De esta manera, la Capital del Ecuador es la segunda ciudad más poblada del país, luego de Guayaquil. En cuanto a su autoidentificación cultural
“el 82,8% del cantón se consideran mestizos, 6,7% blancos, 4,1% indígenas, 4,7% afroecuatorianos y 1,4% montubios‖ (SECRETARÍA DE COMUNICACIÓN, 2011: 1).
Mostrando así la presencia de personas que han llegado de todas partes del país y del exterior, configurando una ciudad diversa y de gran riqueza cultural (SECRETARÍA DE COMUNICACIÓN, 2011).
Más allá de que es evidente la mayoría mestiza en la ciudad, la diversidad no sólo étnica sino de origen es reconocida incluso por el Gobierno Local, el cual como se mencionó anteriormente, ha visto la necesidad de implementar políticas que faciliten la convivencia en este contexto; muestra de ello es la Casa de la Movilidad Humana (MUNICIPIO DEL DISTRITO METROPOLITANO DE QUITO, 2012).
La Casa de la Movilidad Humana está adscrita a la Secretaría de Inclusión Social, […] encargada de avanzar hacia una ciudad más incluyente […]
En el Distrito Metropolitano de Quito, convivimos con una población diversa compuesta por factores migratorios como la emigración, la inmigración, el desplazamiento interno y con personas en situación de refugio (MUNICIPIO DEL DISTRITO METROPOLITANO DE QUITO, 2012: 2, 3).
Si bien los rasgos de identidad mestiza ecuatoriana mencionados se aplican a los mestizos que habitan en la ciudad de Quito, también la riqueza histórica y cultural de la ciudad ha determinado una identidad propia de los quiteños, la cual mantiene ciertas características a través de las generaciones, pero también es un hecho social que está en constante construcción (CAMACHO, 2009).
Es importante mencionar que han existido símbolos de la ciudad en momentos específicos de la historia. Tal es el caso del Chulla Romero y Flores, protagonista de la novela igualmente titulada del escritor ecuatoriano Jorge
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Icaza. El “Chulla Quiteño” como se lo conoce, era un personaje de la sociedad
del Quito de los años 1930-1940, quien al ser mestizo trataba a toda costa de alejarse de su raíz indígena y vincularse a la sociedad aristocrática blanco- mestiza. Su principal anhelo era formar parte de la alta sociedad de la época, su apariencia era primordial y adaptaba su personalidad según la circunstancia. Todo esto en un contexto de contradicción social y la búsqueda de una identidad propia (CAMACHO, 2009).
Más allá de que se pueda generalizar la conducta de todos los quiteños, lo cual es inadecuado, el Chulla Quiteño se convirtió en un símbolo de unidad e identidad. Hoy en día no se encuentran símbolos que representen a la ciudad entera, como lo fue el Chulla Quiteño, sino que más bien se ha ido configurando una cultura basada en imaginarios colectivos vinculados al barrio o zona donde se habita. En efecto, el crecimiento y desarrollo de la ciudad han determinado una urbe dividida por zonas (CARRIÓN, 2003). Por ejemplo, se vincula al Norte de la ciudad y los valles aledaños con un mayor nivel económico y estatus, mientras que se relaciona al Centro y Sur con lo contrario. Generalmente es un anhelo el alcanzar no únicamente los espacios urbanos privilegiados, sino un estatus económico siempre mayor. En este sentido, se puede observar que persiste en la conciencia colectiva la estratificación socio-económica y el anhelo de subir en esta escala.
La construcción contemporánea de la identificación con Quito es un proceso conducido por las elites, comprendidas como orientadoras de comportamientos antes que solamente como estratos de altos ingresos.
Dentro de los subgrupos urbanos en Quito, el segmento que mayor identidad muestra son los habitantes mestizos de la ciudad, lo que corresponde a una tradición (CHIRIBOGA, 2009: 10).
En este sentido, es importante destacar que la ubicación de gran cantidad de los inmigrantes colombianos y cubanos en zonas periféricas de la ciudad, hace que se los identifique como de un estrato social pobre, lo que incide en la discriminación. Por ejemplo, en el siguiente párrafo se mencionan algunos de los barrios donde habitan refugiados colombianos:
…nos encontramos con sectores en áreas de periurbanización o que, en algún momento, hicieron parte de ese proceso (Comité del Pueblo, Carcelén, San Antonio de
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Pichincha, en Quito; […], en los cuales reside una población de clase media-baja y baja. Sin embargo, existen algunos extremos, […] sectores del Comité del Pueblo (Quito) y El Guasmo (Guayaquil), evidencian profundos procesos de segregación étnica y socioeconómica, allí hay una alta presencia de población afroecuatoriana generalmente pobre, y también se asienta población refugiada afrocolombiana (ORTEGA y OSPINA, 2012: 64).
Así mismo, se considera que los prejuicios raciales de blancos y mestizos que habitan en la ciudad de Quito hacen que haya una predisposición a la discriminación y actitudes negativas hacia los negros e indígenas. De esta manera, se considera a los primeros como criminales y violentos y por lo tanto peligrosos. Por otra parte, se vincula a los afrodescendientes como hipersexuales, muestra de ello es la estigmatización de las mujeres como prostitutas (DE LA TORRE, 2002). Así, los miembros de este grupo étnico
“están constantemente expuestos a agresiones sutiles o burdas que denigran su humanidad y limitan el acceso a recursos importantes tales como la educación y puestos de trabajo‖ (DE LA TORRE, 2002: 31). Por su parte, generalmente se asocia a los indígenas ―con la ruralidad, pero además […] con los valores más bajos de la escala social, recreando elementos de dominación de unos grupos sobre otros‖ (GÓMEZ, 2008: 108).
Sin duda, estos rasgos de racismo y exclusión, así como los anteriormente mencionados de regionalismo y machismo, afectan a la integración de inmigrantes. Sin embargo, también los rasgos de hospitalidad y generosidad están presentes en la ciudad y constituyen un factor beneficioso para la acogida de los mismos.
3.1.4 Dimensiones culturales de Hofstede aplicadas a la sociedad ecuatoriana
Debido a la diversidad cultural mencionada, ha sido difícil configurar una cultura ecuatoriana única, sin embargo, hoy en día se han realizado estudios culturales que tratan de caracterizar las sociedades de cada país. Uno de los parámetros cuantitativos más utilizados en este sentido son los indicadores culturales de Geert Hofstede. El mismo realizó una investigación entre 1967 y 1973 para una empresa multinacional en más de 70 países, con el fin de determinar las características culturales de acuerdo al país de origen, para así contribuir a mejorar la eficiencia y empatía en grupos de trabajo multiculturales, así como en negociaciones entre personas y empresas de distintas naciones. A