Persistent Intelligence, Surveillance and Reconnaissance Family of Systems Services
U. S Immigration and Customs Enforcement (ICE), the largest investigative arm of the Department of Homeland Security (DHS), is responsible for eliminating vulnerabilities in
4.2 Key Performance Parameters (KPPs) 1 LRGCS
Si nos saltamos algunas décadas de estructuralismo conquistador, con su cuestionamiento del sujeto, pero que ven también, después de una última llamarada, el desvanecimiento de la idea de revolución, el observador se ve de pronto sorprendido por una inesperada reapertura de la filosofía de la historia, justo después de 1989 (que simboliza la caída del muro de Berlín). La iniciativa viene esta vez de los politólogos. En el papel de heraldo, el artículo sobre «el fin de la historia» de Francis Fukuyama ha dado la vuelta al mundo, probablemente en menos de 80 días.30 Esta acogida, en su confusa rapidez alrededor de un título mal comprendido, es por
lo menos índice de algo. La tesis general nos interesa en la medida en que era una defensa de la existencia de una historia universal, a la que se quería volver. El autor pretendía en efecto enlazar con reflexiones olvidadas o desacreditadas desde hacía tiempo e intenta retomar, a su manera, el punto de vista cosmopolita de Kant (en su opúsculo de 1784).31 Proceso simple y
coherente, la historia, teniendo en cuenta la experiencia de todos los pueblos simultáneamen- te, termina por conducir a la mayor parte de la humanidad hacia la democracia liberal. La historia ciertamente no ha finalizado, no hace falta decirlo, pero se sabe a partir de ese mo- mento que no hay alternativa a la democracia liberal, que constituye el telos. Se lleva a recono- cer un proceso coherente en marcha en la Historia. Amén.
27. F. Hartog, Anciens, modernes, sauvages, París, Galaade, 2005, pp. 16-17.
28. Salvo quizá para un filósofo como Karl Jaspers, Origen y meta de la historia, trad. esp., Madrid, Revista de Occidente, 1950.
29. Michel Foucault en una conversación con Roger-Pol Droit en 1975, publicada en Le Point, 1.º de julio 2004.
30. Francis Fukuyama, artículo publicado en National Interest, después retomado y desarrollado en
El fin de la historia y el último hombre, trad. esp., Barcelona, Planeta, 1992.
31. Emmanuel Kant, Idée pour une histoire universelle d’un point de vue cosmopolitique, en Histoire et
Pero tan sólo cuatro años después del libro de Fukuyama, una nueva fórmula encuentra eco, posiblemente más amplio y sobre todo más duradero, a través del mundo, ya que un mayor número de protagonistas pueden reconocerse en ese modelo. Este fenómeno tiene igualmente valor de índice. Procedente también de los Estados Unidos, esta tesis (que como en el caso anterior ha circulado primero como artículo) es lanzada por otro politólogo cono- cido, Samuel Huntington, del que Fukuyama fue además alumno. Se trata del choque (clash) de civilizaciones (y de la «reconfiguración del orden mundial», subtítulo de la obra).32 No
estamos ya del lado de Kant ni de las Luces, ni siquiera de Hegel, sino, en un sentido mucho más tardío, próximos a Spengler y a Toynbee precisamente. No sin precisión, el politólogo francés Pierre Hassner lo ha calificado como un «Spengler para la post-guerra fría».33
Huntington, que reactiva y retoma el enfoque de la civilización, realiza en efecto una aproximación de tipo holístico para aprehender este mundo de finales del siglo XX y princi- pios del XXI donde «la cortina de terciopelo de las culturas ha reemplazado a la cortina de hierro de la ideología».34 Firme en la convicción de que los «paradigmas» aun simplificados
o los «mapas» son indispensables para quien quiera comprender el mundo, o a fortiori ac- tuar sobre él, el politólogo cita entonces con aquiescencia a Braudel subrayando que hay que comenzar por saber reconocer en un mapamundi cuáles son las civilizaciones —aquellas realidades más englobalizadoras y de larga duración— existentes en la actualidad.35 Gracias
al paradigma civilizacionalista se puede, por ejemplo, determinar dónde acaba Europa (ahí donde termina la cristiandad occidental y comienzan la ortodoxia y el Islam). De este enfo- que se deriva, según una definición nada original, que las «civilizaciones constituyen las tribus humanas más grandes», y que el choque de civilizaciones no es otra cosa que un «conflicto tribal a escala global».36 Semejante orden internacional es al mismo tiempo gene-
rador de inestabilidad (conflictos tribales, pero a escala global) y un «cortafuegos contra una guerra mundial».37 Terminados los tiempos de las conquistas, Huntington invita a una gue-
rra de posiciones, reciclando a la escala de las civilizaciones la teoría del containment. ¿Qué hacer en realidad? Tomar conciencia de que el mundo se está volviendo «más moderno y menos occidental» y que, si existen de hecho civilizaciones, la idea de que el mundo constituyera «una sola y misma civilización universal no sería defendible». De ahí el mensaje dirigido a los americanos. «La supervivencia de Occidente depende de la reafirma- ción por parte de los americanos de su identidad occidental; los occidentales deben admitir que su civilización es única, pero no universal, y unirse para darle nuevo vigor frente a los desafíos planteados por las sociedades no occidentales».38 ¿Pero qué más? Huntington vis-
lumbra un «enemigo interno», a saber los partidarios del multiculturalismo, que no ven en el legado occidental sino crímenes de Occidente: quieren que «los americanos se deshagan de la vergonzosa herencia europea y busquen la redención en las culturas no europeas». Cita a este propósito a Arthur Schlesinger, recordando la divisa de los padres fundadores, e pluri- bus unum. América no debía dividirse jamás en una pluralidad de civilizaciones, porque entonces no sería los Estados Unidos, sino las Naciones Unidas.
De esta manera, se ve que el objetivo principal de Huntington es la llamada a preservar, proteger y revigorizar la civilización occidental a partir de Estados Unidos.39 Esta actitud, en la
que se trasluce cierto miedo al futuro, es también una invitación al repliegue. La gran diferen- cia con Fukuyama se deduce de su enfoque spengleriano. Si las civilizaciones son las «tribus
32. Samuel P. Huntington, Le choc des civilisations (1996), trad. fr., París, Odile Jacob, 2000 (trad. esp. El choque de civilizaciones y la reconfiguración del orden mundial, Barcelona, Paidós, 1997).
33. Pierre Hassner, «Un Spengler pour l’après-guerre froide», Commentaire, 18, 66, 1994, p. 263. 34. Huntington, op. cit., p. 178.
35. Ibíd., p. 42. 36. Ibíd., p. 22. 37. Ibíd., p. 10. 38. Ibíd., p. 18. 39. Ibíd., pp. 461, 470.
humanas» más vastas, y si el choque de civilizaciones se explica como «un conflicto tribal a escala global», la renuncia al universalismo es el precio a pagar por Occidente para defenderse mejor, es decir para proteger mejor a una América que, reafirmando con fuerza su pertenencia a la civilización occidental, podrá escapar, dentro de casa, de la trampa mortífera del multicul- turalismo. Si la civilización occidental es única, no puede ser universal.40 La existencia de
civilizaciones (en plural) contradice las pretensiones universalistas, y no hay por consiguiente ni civilización universal (concepto falso y peligroso) ni historia universal. En su robusta sim- plicidad, la tesis puede convenir a muchos tanto en el Norte como en el Sur.