4.1 Macro-invertebrate sampling and assessment
4.1.10 Laboratory macroinvertebrate sample processing
Examinemos ahora de la falta de cohesión social que existe en América Latina. A pesar de los avances realizados en materia macroeconómica y de reformas, la reducción de los coeficientes de pobreza desde principios de los años 90 ha sido decepcionante. En cifras absolutas, el número de pobres ha aumentado, la desi- gualdad y la exclusión social han empeorado en muchos países y la región sigue teniendo la distribución de renta más desigual del mundo.
América Latina es la región del mundo con los peores indicadores de desigual- dad de renta. A finales de los años 90, el 10% de la población con mayor riqueza ganaba el 48% de la renta total, mientras que el 10% más pobre sólo ganaba el 1,5% (Banco Mundial, 2004). Todavía no hay datos fiables para los primeros años de la presente década, pero se puede prever un cierto deterioro adicional por causa del desproporcionado efecto sobre los pobres de las recientes crisis económicas en varios países.
Los principales factores que explican el alto grado de desigualdad entre las ren- tas de la región son: la distribución de la tierra y de los recursos minerales entre una pequeñísima fracción de la población, herencia del período colonial; una dis- tribución asimétrica de la influencia política y del acceso a los servicios públicos, incluida la enseñanza; episodios crónicos de inestabilidad macroeconómica; una elevada incidencia de las catástrofes naturales que tienden a afectar en mayor medida las vidas de los pobres; la existencia de sistemas impositivos regresivos cuya escasa recaudación no permite la implementación de políticas sociales más ambiciosas; y un gasto social poco enfocado hacia los más necesitados.
Los países latinoamericanos han progresado en la lucha contra la pobreza desde 1990, pero sus avances han sido modestos. La desaceleración económica y las crisis de 2001-03 contrarrestaron en parte la mejora lograda en los años 90 y, si bien recientes proyecciones muestran una cierta disminución del coeficiente de pobreza en 2004, ésta sólo compensará en parte el deterioro de los tres años anteriores.
América Latina ha dado grandes pasos en los Objetivos de Desarrollo del Milenio de la ONU (ODM) centrándose en la enseñanza y la mortalidad infantil. Sin embargo, los avances en materia de mortalidad maternal, lucha contra el SIDA y contra otras enfermedades y sostenibilidad del medio ambiente han sido más dis- pares. En relación con el objetivo de reducir a la mitad entre 1990 y 2015 el por- centaje de personas que viven por debajo del umbral de extrema pobreza (un dólar al día) el avance ha sido demasiado lento. Chile es el único país latinoamericano que ha alcanzado ya este ODM y, según un informe reciente de la Organización Internacional del Trabajo (OIT, 2004), es poco probable que la región lo logre antes de 2015.
Además de los problemas morales implícitos, la desigualdad económica, la pobre- za y la exclusión económica tienen efectos negativos sobre los resultados económi- cos. Por otro lado, en combinación con el problema de la exclusión política (sectores importantes de la población se sienten marginados del proceso político y eligen a veces maneras no pacíficas de expresar sus opiniones), la pobreza y la desigualdad económica contribuyen a aumentar la inestabilidad política y las tensiones sociales. La inestabilidad política y social, a su vez, exacerba la inestabilidad macroeco- nómica de América Latina, que es la más alta del mundo. Y la inestabilidad macro- económica tiene un efecto reactivo negativo sobre la desigualdad, pues tiende a per- judicar más a los pobres, como hemos observado recientemente en Argentina, Venezuela y otros países víctimas de crisis financieras. Todo ello crea una especie de círculo vicioso. También reduce la eficacia de los programas de ayuda de la comunidad internacional en la región: se interrumpen a menudo los proyectos de desarrollo, se da marcha atrás a las reformas apoyadas por la ayuda exterior y no se dispone de la necesaria cofinanciación estatal en tiempos de crisis presupuesta- rias.
Ahora bien, ¿qué políticas concretas podría adoptar América Latina para esti- mular la cohesión social? En primer lugar, los países latinoamericanos deben esfor- zarse para reducir la inestabilidad macroeconómica. A este respecto, resulta esen- cial disminuir el fuerte sesgo procíclico mostrado por sus políticas fiscales, fortale- cer sus sistemas bancarios, reducir la dependencia de las exportaciones de mer- cancías y aumentar la resistencia a los cambios súbitos en los flujos de capitales internacionales. En segundo lugar, hay mucho margen para mejorar la orientación de los gastos sociales hacia los pobres, en especial en los gastos dirigidos a mejorar su capital humano. Esto implica aumentar el énfasis en la enseñanza primaria, la atención sanitaria básica y establecer sistemas de pensiones más progresivos (y/o reducir su peso en el gasto social). En tercer lugar, debería darse prioridad a la inversión en infraestructuras con el fin de aumentar el acceso de los pobres a ser- vicios básicos tales como agua, gas y electricidad y mejorar el sistema de transpor- te. Otras políticas que pueden tener un efecto positivo significativo sobre la pobre- za y la exclusión son las dirigidas a reducir las irregularidades del mercado labo- ral, mejorar la prevención y la gestión de las catástrofes naturales y la distribución de la tierra y de otros activos productivos.
La Comunidad ha hecho de la promoción de la cohesión social una de las dos prioridades de su estrategia política y de cooperación con América Latina, tal y como quedó reflejado en la declaración adoptada en la cumbre UE- América Latina de Guadalajara celebrada en mayo de 2004. Mientras que la responsabilidad de adoptar políticas adecuadas en este ámbito corresponde en primera instancia a los Gobiernos latinoamericanos, creemos que la comunidad internacional puede ayu- dar tanto a través de la ayuda financiera como a través del asesoramiento político. Así pues, la Comisión, el Banco Interamericano de Desarrollo y las instituciones de Bretton Woods han cooperado estrechamente a lo largo de los dos últimos años con el fin de destacar la importancia y la urgencia de abordar la falta de cohesión social en América Latina. El 27 de mayo de 2005, me reuní con los más altos fun- cionarios de estas instituciones en Washington para discutir las formas de reforzar nuestra cooperación en este ámbito y acordamos crear un grupo de trabajo técnico
conjunto para intercambiar experiencias sobre la materia y apoyar su consolida- ción en los países latinoamericanos.
La Comunidad ha adoptado recientemente un programa de cooperación que asciende a €300 millones, conocido como "Eurosocial", con el que pretende desa- rrollar la capacidad de las autoridades públicas de América Latina para definir y aplicar políticas que contribuyan a tener unas sociedades más inclusivas. Las acti- vidades se centrarán en compartir la experiencia y los conocimientos técnicos de la UE en determinadas áreas políticas que son de especial relevancia para la cohesión social. Éstas incluyen, en especial, la fiscalidad, la sanidad, la enseñanza, la justi- cia y el empleo. La Comunidad también se está planteando proporcionar asisten- cia técnica a la Comunidad Andina para ayudarla a aplicar el "método abierto de coordinación" de la UE (un proceso de evaluación paritaria que implica a la Comisión y a nuestros Estados miembros) a su Plan Integrado de Desarrollo Social, que aspira a luchar contra la pobreza y la desigualdad social en sus estados miembros de manera coordinada.