4.6 Methodological Approach
4.7.4 Language Assessments
2.4.1 Antecedentes sobre el tema. Las teorías y los “mitos” que se tienen de la inteligencia (Dueñas, 2002) han variado a lo largo del tiempo; uno de éstos por ejemplo, es el que considera a la inteligencia como una capacidad unitaria que ayuda de manera general a la adaptación y resolución de los problemas, ya sea de tipo lógico, de tipo social,
emocional, entre otros. Otros consideran a la inteligencia como multidimensional, cuyas dimensiones están representadas por una capacidad general.
De acuerdo a Sternberg (1982) la inteligencia es un conjunto de habilidades de pensamiento y aprendizaje que sirven para solucionar problemas de la vida real ó académica y se clasifica en tres dimensiones: la componencial, que se refiere a los
mecanismos cognitivos que permiten al individuo aprender y desarrollar tareas inteligentes; la experiencial, que permite abordar una tarea o situación dándole una respuesta adecuada; y la contextual de tipo práctico o social, que explica la adaptación al ambiente y ayuda a resolver los problemas cotidianos.
Asimismo, las últimas investigaciones que se tienen consideran a la inteligencia como una “Modularidad de la Mente” y/ó “Modularidad de la Inteligencia” (Inteligencias Múltiples) mencionado por Dueñas (2002) la cual establece que la mente es modular, que funciona por módulos interrelacionados en mayor o menor medida, aunque con su grado de independencia entre si y que poco a poco ha substituido a la idea de la inteligencia
unimodular con enfoque abstracto-académico.
La teoría de las inteligencias múltiples manifiesta que existen seis tipos de inteligencia (Dueñas, 2002) los cuales son considerados como bloques con los que se construye el pensamiento y la acción; considerándose como la base de las capacidades humanas al utilizar los símbolos. Estos bloques o inteligencias son la inteligencia
lingüística, musical, lógico-matemática, espacial, corporal-cinestésica y personal (que abarca tanto el conocimiento de uno mismo: intrapersonal; como el de los otros: interpersonal); siendo ésta última la que da paso al concepto de Inteligencia Emocional (IE).
Siendo así, es imposible considerar a la cognición y a la emoción como entidades separadas que no tienen nada que ver una con la otra. Esto ha quedado relegado puesto que las investigaciones empíricas en el tema han demostrado que el ser cognitivamente
inteligente no garantiza el éxito académico, profesional y personal (Fernández-Berrocal y Extremera, 2011), sino que depende mucho de las habilidades emocionales en el individuo para lograr ese objetivo. Así es como la IE es considerada ese constructo que abarca ambas entidades y le permite al ser humano funcionar adecuadamente en su medio.
Dentro del contexto educativo, Jiménez y López, (2009) mencionan que Salovey y Mayer fueron los que iniciaron el estudio de la relación entre IE, el éxito académico y el ajuste emocional de los estudiantes, en donde se promovían las habilidades de la IE a través de programas de educación emocional, que se integrarían en los currículos antecedida de una iniciación del aprendizaje de las habilidades emocionales en el contexto familiar, ya que esto ofrecería al individuo destrezas emocionales que les permitirían llevar una vida adulta satisfactoria acorde a las demandas de la sociedad.
El “cómo se siente” el individuo (Fernández-Berrocal y Extremera, 2011) guía los pensamientos posteriores a la experimentación de la emoción, por lo que influirá en la creatividad que tengan los estudiantes en el trabajo, dirigiendo la forma de razonar y afectando la capacidad diaria de deducción lógica. De acuerdo a estos autores, el hecho de que los estudiantes se sientan tristes o felices, enfadados o eufóricos, hagan o no un uso
apropiado de su IE para regular y comprender sus emociones, puede determinar el resultado final de sus notas escolares y su posterior dedicación profesional.
2.4.2 Beneficios de la inteligencia emocional en el contexto educativo. Jiménez y López (2009) hacen mención de las contribuciones que las habilidades emocionales hacen a la adaptación social y académica en los siguientes ámbitos:
1. La facilitación del pensamiento. Las condiciones académicas implican el utilizar y regular las habilidades emocionales en los estudiantes para lograr la
concentración, control de los impulsos, facilitar la fluidez de las ideas y los pensamientos y el lidiar con el estrés.
2. Motivación intrínseca. La IE le brinda al estudiante la habilidad para motivarse a sí mismo y a seguir estableciéndose metas para realizar el trabajo escolar.
Influye también en la autoeficacia en cuanto al desempeño lo que permite al estudiante creer en su propia capacidad para tener un buen rendimiento y en fomentar la constancia para llevar a cabo las actividades. En este mismo rubro, Extremera y Fernández-Berrocal (2004) mencionan que en estudios realizados en Estados Unidos, los alumnos con un mayor índice de IE, resultado arrojado por el test TMMS-24, perciben menos síntomas físicos asociados con la
ansiedad social y la depresión, tienen una mayor autoestima, mayor satisfacción interpersonal, mejoran su uso de estrategias para solucionar problemas. Se recuperan más fácilmente de los estados de ánimo negativos que les acechan, tienen una mejor empatía y satisfacción ante la vida.
3. Interacción social. Facilita al estudiante la interacción social con sus
De acuerdo a Extremera y Fernández-Berrocal (2004), un estudiante con un alto nivel de IE es más hábil en la percepción de las emociones propias y ajenas, posee mejores habilidades de regulación, tiene mejor calidad en sus relaciones sociales así como las interacciones con los amigos son más positivas.
Igualmente Extremera y Fernández-Berrocal (2004) hacen mención que una falta de IE influye en la aparición de conductas disruptivas en el estudiante teniendo mayores niveles de impulsividad y deficientes habilidades
interpersonales y sociales.
4. Influencia indirecta con el rendimiento académico. La fuerte presión que tienen los estudiantes y el efecto que esto tiene con sus procesos emocionales, influyen para provocarles un desajuste emocional afectándoles el lado cognitivo, lo que les impide concentrarse y recordar obteniendo un desempeño académico pobre. Estudios realizados en España ( Jiménez y López, 2009) acerca de la IE como factor explicativo del rendimiento en estudiantes de la Enseñanza Secundaria Obligatoria mostraron que un alto índice de IE provocaba un mejor bienestar psicológico y emocional en los adolescentes ya que les reducía la ansiedad y tenían una menor tendencia a tener pensamientos negativos.
Un alto índice en las habilidades que comprenden la IE les aporta a los estudiantes facilidad de pensamiento y de ideas, concentración para realizar las tareas escolares; habilidad para motivarse a sí mismo, creencia en su propia capacidad para alcanzar los retos académicos; interacción social con relaciones positivas y de calidad con las demás personas, e influencia indirecta con el rendimiento académico ya que les proporciona bienestar psicológico y emocional, reduciéndoles así la ansiedad y obteniendo resultados satisfactorios en sus estudios.
2.4.3 La inteligencia emocional en el contexto universitario. Anteriormente, se ha mencionado como la IE apoya al individuo a tener resultados satisfactorios en su vida tales como el éxito en el trabajo, la tolerancia al estrés en relación con las personas que le rodean, la productividad del grupo, la efectividad de los equipos y un bienestar en términos generales.
Así también existe la creencia en la educación, que las habilidades de la IE pueden ser desarrolladas y adquiridas durante el transcurso de cualquier curso de desarrollo educacional, es importante conocer un poco más a través de investigaciones empíricas, la influencia que la IE tiene en los estudiantes del contexto educativo a nivel universitario.
Pérez y Castejón (2006) en su investigación con estudiantes de nivel superior en donde el objetivo era analizar por una parte las relaciones de las pruebas de IE con una medida de la inteligencia y estas a su vez con el rendimiento académico, se encontraron que normalmente se producen relaciones positivas y significativas entre las distintas variables que comprenden la IE; igualmente no se encontró relación entre el cociente intelectual y las variables de la IE.
En un tercer hallazgo que está relacionado con nuestra investigación, se encontraron relaciones significativas entre varias de las variables referentes a la IE y el rendimiento académico en el estudiante. Pérez y Castejón (2006) comentan que aunque el valor de la correlación entre las variables es moderado, esto pone de manifiesto que las variables de la IE si guardan relación con el logro académico en los estudiantes a nivel universitario.
Otra investigación que muestra la relación de la IE a nivel universitario, es la que se llevo a cabo por Preciado, Chávez y Vázquez (2010) con estudiantes de la carrera de
Enfermería en una universidad pública de México, cuyo objetivo era indagar la relación entre la IE y los factores psicolaborales.
El estudio proporciona evidencia de que la IE, la exigencia de las tareas y la definición del rol profesional del estudiante, fueron percibidas por los participantes como necesarios para ejercer en el futuro su actividad laboral. El tener claridad en los
sentimientos propios y los referidos por los compañeros tiene implicaciones con el rendimiento tanto académico como en su actividad profesional.
Otra de las interpretaciones que se hicieron fue que los estudiantes de Enfermería son los más afectados en cuestión de estrés y del Síndrome de Burnout, por lo que es conveniente establecer programas durante la formación académica de intervención para el control, manejo y gestión de las emociones puede ayudar a facilitar el proceso de
aprendizaje en los estudiantes de enfermería.
Por otra parte, Fernández y Ramos (1999) recopilaron una serie de investigaciones empíricas en el ámbito de la IE, las cuales fueron organizadas con relación a las habilidades básicas del modelo de Mayer y Salovey; de la que sobresale el estudio que se refiere a la percepción de las emociones.
Mayer, DiPaolo y Salovey citados por Fernández y Ramos (1999) realizaron un estudio con alumnos universitarios quienes tenían que identificar las emociones que mostraban diferentes estímulos visuales que les fueron enseñados. El resultado arrojó que existen reglas universales para identificar las emociones. Asimismo, la capacidad que mostraron los estudiantes para identificar las emociones tenían relación con la empatía; lo que demuestra que para comprender las emociones de los demás, se requiere identificar primeramente las emociones propias.
Es de esperarse entonces, que las habilidades relacionadas a la IE una vez que se interrelacionan con el desempeño personal en la vida diaria del estudiante, constituyen modelos de competencias emocionales importantes ávidos de ser transmitidos ya que tienen su efecto en la carrera profesional, la inserción laboral y la empleabilidad de los estudiantes existiendo así un interés por que se incluya en el currículo universitario.