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Language choice in contexts of second/foreign language acquisition

Part I. Literature Review

Chapter 1. Language choice in multilingual settings

1.2 Language choice in contexts of second/foreign language acquisition

La noción de causalidad tiene una importante función en la reflexión filosó- fica y científica a partir del siglo XVII; más bien, según Paul Natorp, debemos a Galileo el mérito de la primera formulación rigurosa de la ley de causalidad [das Gesetz der Ursachlichkeit]93. Más recientemente, Stillman Drake ha indivi-

duado la radical novedad galileana en la superación de la tradicional doctrina de las causas en favor de una explicación [explanation] basada en el contexto expe- rimental [by experiment]94, mientras que William A. Wallace ha sostenido la

continuidad de la concepción galileana respecto de la metodología de los docto-

res parisienses, de los salmantinos y de los jesuitas del Colegio Romano al final

del siglo XVI95. Peter Machamer, a su vez, ha enfocado el nexo de la física gali-

leana con la tradición de las “ciencias mixtas” (por ejemplo, la perspectiva y la

ultra mensuram propriae perfectionis et actionis, ut calor, quatenus concurrit ad producendam carnem, et in universum, accidens quatenus concurrit ad producendam substantiam”.

92 Cfr. R. Schnepf, “Zum kausalen Vokabular am Vorabend der «wissenschaftlichen Revolu-

tion»”, pp. 43-46; G. Olivo, “L’efficience en cause”, pp. 102-105.

93 Cfr. M. O. Helbing, “La ragione prodotta per causa vera dell’effetto”, p. 385, que cita P.

Natorp, “Galilei als Philosoph: eine Skizze”, Philosophische Monatshefte, 1882 (18), pp. 215- 217.

94 S. Drake, Cause, Experiment and Science. A Galilean dialogue incorporating a new English

translation of Galileo’s «Bodies That Stay atop Water, or move in it», The University of Chicago Press, Chicago / London, 1981, citado por M. O. Helbing, “La ragione prodotta per causa vera dell’effetto”, p. 384; R. Schnepf, “Zum kausalen Vokabular am Vorabend der «wissenschaftli- chen Revolution»”, p. 44.

95 Cfr. W. A. Wallace, Causality and Scientific Explanation. I: Medieval and Early Classical

Science, pp. 176-184; W. A. Wallace, “The Problem of Causality in Galileo’s Science”, Review of Metaphysics, 1983 (36), pp. 607-632; R. Schnepf, “Zum kausalen Vokabular am Vorabend der «wissenschaftlichen Revolution»”, p. 44.

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óptica), que hacía un uso escaso de los causas eficientes a favor de las formales y finales96.

Si consideramos algunos textos galileanos, podemos advertir analogías y diferencias con el vocabulario medieval de la causalidad. Un primer elemento de afinidad con el léxico suareciano se reconoce en el tratado juvenil De caelo, que se remonta al 1590, aproximadamente, y que ha sido incluido por el editor Antonio Favaro entre los Juvenilia97. En la cuestión An mundus potuerit esse ab

aeterno, Galileo aborda el tema de la creación utilizando la terminología de la

dependencia [dependencia]. Así él escribe:

“cuando decimos que el mundo puede haber sido creado desde la eternidad, con el término «creación» no entendemos cualquier acción que procede de Dios hacia las criaturas, sino la relación del mundo con Dios; de la misma manera, cuando decimos que la capacidad de reír procede del ser humano, queremos indicar solamente la dependencia de la capacidad de reír de él [el hombre], como de su principio intrínseco”98.

Por otra parte, en sus investigaciones astronómicas, Galileo individúa la “causa verdadera” [vera causa] en el cuadro de las leyes de los movimientos celestes: por ejemplo, la interposición de la tierra entre el sol y la luna consti- tuye la causa del eclipse lunar, mientras que la luz solar reflejada por el hemisferio iluminado de la tierra sobre la zona oscura de la luna es la causa del

96 P. Machamer, “Galileo and the Causes”, p. 177: “Only if Galileo were coming out of a tradi-

tion [scil. the mixed science tradition] where these principles [scil. mathematics and experience] are taken for granted can we make sense of his use of them. This must be, from the texts we have examined, a tradition that makes primary use of final, formal causes. A tradition which makes little use of extrinsic efficient causes. One that has a place for experience, but that does not re- quire experience in all cases. One that identifies formal causes with mathematical properties and that can take the identity of formal properties to constitute sufficient ground for using that pro- perty as a middle term in explanation”.

97 G. Galilei, Opere, A. Favaro (ed.), 1890-1909, reimpresión Barbera, Firenze, 1968, I, pp. 32-

37.

98 G. Galilei, Opere, A. Favaro (ed.), I, p. 33: “cum ponitur mundus ab aeterno creari, nomine

creationis non intelligitur actio aliqua proficiscens a Deo ad creaturas, sed tantum significatur habitudo mundi ad Deum; ad eum modum quo, quando dicimus risibile promanare ab homine, indicamus tantum dependentiam risibilitatis ab illo, tanquam a suo principio intrinseco”. Cfr. R. Schnepf, “Zum kausalen Vokabular am Vorabend der «wissenschaftlichen Revolution»”, p. 45: “Deutlich werden hier die Metaphern des «Ueberfliessens» oder «Herkommens» (promanascens) auf Abhängigkeitsverhältnisse reduziert und damit auf die Begrifflichkeit, die auch bei Suárez den Kern des univoken Begriffs der Kausalität ausmacht”.

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“candor” lunar99. De manera semejante, buscando la causa del flotar (descender

o ascender) de los cuerpos en el agua, el científico de Pisa rechaza la hipótesis de la “resistencia” del agua, a favor –dice– de una causa más “inmediata y próxima”, es decir la diferencia de gravedad (el peso) del agua con respecto a la de los cuerpos flotantes (por ejemplo, la madera)100. Se puede advertir, en esos

casos, el recurso a la terminología escolástica de “proximidad” e “inmedia- tez”101, que Galileo interpreta como una relación entre causa y efecto tal que

“puesta la causa, sigue el efecto” y “quitada la causa, falta el efecto”102.

En otro lugar, indagando sobre la vera cagione del flujo y del reflujo de las mareas103, Galileo busca individuar la causa primera [causa prima] independien-

temente de las causas segundas y concomitantes. Así escribe:

“el conocimiento de los efectos es el que nos conduce a la investigación y al hallazgo de las causas y sin él el nuestro sería un caminar a ciegas […]; a partir de ellas [scil., las observaciones] que tenemos seguras y que son las principales, me parece poder llegar al hallazgo de las causas verdaderas y primarias […] incluso si en otros mares remotos pueden darse los accidentes que no se encuentran en nuestro Mar Mediterráneo, no cesará de ser verda- dera la razón y la causa que yo produciré, cada vez que se verifique y satis- faga plenamente a los accidentes que se dan en nuestro mar; porque, final-

99 Cfr. G. Galilei, Dialogo sopra i due massimi sistemi del mondo (1632), en Opere, F. Brunetti

(ed.), Unione Tipografico-Editrice Torinese, Torino, 2005, vol. 2, Giornata prima, pp. 89-138; M. O. Helbing, “La ragione prodotta per causa vera dell’effetto”, p. 390.

100 Cfr. G. Galilei, Discorso intorno alle cose che stanno in su l’acqua o che in quella si muo-

vono (1612), en Opere, F. Brunetti (ed.), vol. I, p. 451; M. O. Helbing, “La ragione prodotta per causa vera dell’effetto”, p. 393.

101 Cfr. supra, notas 61 y 87.

102 Cfr. M. O. Helbing, “La ragione prodotta per causa vera dell’effetto”, pp. 394-395, que reco-

noce también en el De motu (1591) de Francesco Buonamici (1533-1603) tal principio. Cfr. V. Carraud, Causa sive ratio, pp. 78-85, quien reconstruye historiográficamente el principio remota causa, removetur effectus, a partir de Tomás de Aquino y Ockham, hasta Hobbes, según el cual la causa eficiente (entendida como principio de la inteligibilidad o de la “razón suficiente” de un fenómeno) equivaldría al conjunto de las condiciones necesarias para que se produzca el efecto y, por lo tanto, eliminadas tales condiciones, faltará también el efecto. Con respecto a Soto, cfr. D. de Soto, In Physicam Quaestiones, II, q3, f. 39ra-b: “Causa est qua<e> posita secundum rationem causae, ponitur effectus. Poni autem secundum rationem caus<a>e est quod omnia requisita ad agendum, vel causandum […] sint debite applicata ad opus”.

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mente, una y única debe ser la causa verdadera y primaria de los efectos del mismo género”104.

La causa primaria de las mareas, añade más adelante Galileo, reside en el movimiento de aceleración y deceleración a que está sujeta la tierra. Desde aquí es posible trazar un esbozo de teoría de la causalidad, basada sobre los siguien- tes principios: (1) el conocimiento de los efectos conduce al hallazgo de las causas; (2) hay una y única causa para cada efecto (o para efectos del mismo género) y ella es distinta de las causas accidentales; (3) existe una correspondencia entre las alteraciones de los efectos y las de las causas; (4) la causa es tal que, si es puesta, es puesto el efecto, y si es eliminada, es eliminado el efecto105.

Esa “teoría” se halla, sin embargo, de manera más problemática, con rela- ción a los efectos del vacío entre dos cuerpos. En la Primera Jornada de los

Discursos sobre dos nuevas ciencias (1638), el científico italiano busca la causa

de algunos fenómenos ligados a la perfecta adherencia entre dos láminas de vidrio: es decir, (a) cuando la lámina superior se desliza sobre la inferior sin hallar resistencia; (b) cuando la lámina superior es levantada arrastra consigo la inferior106. Pues bien, la “repugnancia del vacío” [horror vacui] –y no el vacío

en sí [vacuo] o bien unos adhesivos [glutine]– es la causa de la adherencia y de la inseparabilidad de las láminas, incluso si esa explicación parece insuficiente [non basta per sé sola] y además no parece adecuada al principio según el cual un efecto positivo debe tener una causa “positiva” y no “privativa”107.

104 G. Galilei, Dialogo sopra i due massimi sistemi del mondo, Giornata quarta, pp. 499-500: “la

cognizione de gli effetti è quella che ci conduce all’investigazione e ritrovamento delle cause, e senza quella il nostro sarebbe un camminare alla cieca […] da quelle [scil. osservazioni] che aviamo sicure, e che sono anche le principali, parmi di poter pervenire al ritrovamento delle vere cause e primarie […] che in altri mari, da noi remoti, possano accadere de gli accidenti che nel nostro Mediterraneo non accaggiono, non per questo resterà di esser vera la ragione e la causa ch’io produrrò, tuttavoltaché ella si verifichi e pienamente soddisfaccia a gli accidenti che se- guono nel mar nostro; perché finalmente una sola ha da esser la vera e primaria causa de gli effetti che son del medesimo genere”.

105 Cfr. M. O. Helbing, “La ragione prodotta per causa vera dell’effetto”, p. 399. 106 Cfr. M. O. Helbing, “La ragione prodotta per causa vera dell’effetto”, p. 404.

107 G. Galilei, Discorsi intorno a due nuove scienze (1638), en Opere, F. Brunetti (ed.), vol. 2,

Giornata prima, pp. 580-583. Cfr. M. O. Helbing, “La ragione prodotta per causa vera dell’effetto”, pp. 404-406; P. Machamer, “Galileo and the Causes”, p. 169: “The void, or better the horror vacui [ripugnanza al vacuo], is said to be the cause of this phenomenon. This cannot be a simple (extrinsic) efficient cause. It is, in fact, a final cause specifying an end state which cannot be allowed to occur”. Es útil notar que Soto había diferenciado la causa positiva y la pri-

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Esa tendencia galileana, propensa a concentrarse sobre las propiedades cine- máticas de los cuerpos antes que sobre la teoría de las causas, se reconoce tam- bién en el estudio de la aceleración de los cuerpos que caen, donde se puede advertir la notable proximidad al pensamiento de Soto108.

4. La causalidad “más allá de lo medieval”: de la física a la metafísica y de