Part II. The Present Study
Chapter 6. Methodology
6.4 Phase Two: Semi-structured interviews
Una vez que la Metafísica general ha estudiado de manera científica el ente
en cuanto ente, la Filosofía pasa al estudio científico del logos, que compete a
dos ciencias y artes filosóficas: la Dialéctica y la Retórica.
Zúñiga considera que la Dialéctica es ciencia y arte a la vez. Es arte en cuanto que configura de manera perfecta la práctica racional humana. Pero tam- bién es ciencia, en cuanto que perfecciona la actividad científica y trata su ob- jeto de manera científica, es decir, definiendo, dividiendo y demostrando. Una ciencia, claro está, que se ocupa de entes racionales, como enunciados o razona- mientos, pero no de entes reales. Esta posición no era muy frecuente en el peripatetismo escolástico, que tendía a considerar a la Dialéctica como un mero instrumento metódico y propedéutico de las ciencias.
Zúñiga es partidario de la unión de los estudios filosófico-científicos y retóricos. Por eso completa la parte analítica de la lógica con un extenso trata- miento de la doctrina de la inventio y la dispositio, y considera arte y ciencia filosófica, no sólo a la Dialéctica, sino también a la Retórica. El objeto de la Dialéctica es el logos, al que trata desde el punto de vista de la ratio, no del
sermo, que es el punto de vista específico de la Retórica. Esta distinción estoica
del Logos en ratio y sermo, trasmitida por Boecio, presente en Vives y que Do- mingo de Soto y el Brocense difundieron singularmente en Salamanca, le sirve a Zúñiga para distanciarse de la tendencia a unificar la Dialéctica y la Retórica. Pero el agustino no se detiene en la distinción estoica15 entre los aspectos
psicológico y lógico de la razón.
Dialéctica y Retórica son dos ciencias y artes distintas: mientras aquélla es el
ars ratiocinandi o ars intelligendi que enseña el uso racional perfecto del inte-
lecto, ésta es el ars dicendi o ars loquendi, que enseña el uso elegante del len-
14 D. de Zúñiga, Metafísica, I, c2, p. 112.
15 En términos escolásticos –seguimos a Bochensky– diríamos que los estoicos diferenciaron
entre el concepto subjetivo, de carácter psíquico o mental, y el concepto objetivo o lekton de carácter lógico o formal, y que es el auténtico contenido de la lógica. I. M. Bochensky, Historia de la lógica formal, Gredos, Madrid, 1967, c3: La Escuela Megárico-estoica, p. 116.
Gerardo Bolado 122
guaje. Sin embargo, la Dialéctica y la Retórica no son dos especies distintas de un mismo género, como pensaba Quintiliano16, pues la ratio y el sermo rebasan,
según Zúñiga, la limitación del género y son tan universales como el ente. Frente a la tendencia humanista a poner en función, cuando no a absorber, la Dialéctica en la Retórica, Zúñiga hace depender ésta de aquélla. La Retórica se subordina a la Dialéctica, como el sermo se subordina y depende de la ratio que se vierte en él. Así que aquélla se desarrolla suponiendo la exposición de los elementos de la razón que son objeto de ésta.
Zúñiga se distancia así no sólo de la tendencia retorizante del humanismo –el caso de Cicerón17 entre los clásicos, de Trebisonda en el Quattrocento, o del
Brocense18 en Salamanca– sino también de la tendencia a tratar los temas
referentes a la inventio y a la dispositio tanto en la Dialéctica como en la Retó- rica, como es el caso de Aristóteles y buena parte de los retóricos españoles del siglo XVI o del XVIII. Pero con buen cuidado de no caer en el extremo contra- rio de los que, como Simón Abril, reducen la Dialéctica a los Analíticos, exclu- yendo de la misma los Tópicos por su irrelevancia para el conocimiento cientí- fico.
La Dialéctica es el arte que enseña a razonar, mientras que la Retórica en- seña a expresar lingüísticamente lo razonado o concebido. La Retórica sigue, pues, y depende de la Dialéctica, como el razonamiento expresado depende del razonamiento simpliciter19. Zúñiga convierte de hecho la Retórica en una teoría
de la elocutio, dejando el tratamiento de la inventio y de la dispositio, que se
16 Quintiliano, Institutiones Oratoriae, c17, p. 32: “Quod fere constat cum ab ea [la retórica
respecto de la dialéctica] specie magis quam genere differat”.
17 Cicerón, Dialogi tres de Oratore, Dyonisio Lambyno, Lutetiae, 1565-1566, vol. I, p. 108:
“Ac mea quidem sententia nemo poterit esse omni laude cumulatus orator nisi erit omnium rerum magnarum atque artium consequutus”. La retórica no es sólo el arte de hablar, sino también y sobre todo el arte de pensar con corrección, y no es una ciencia especial, sino un arte general que debe ser guiado por la sabiduría. Las Institutiones Oratoriae de Quintiliano difundirán en la se- gunda mitad de nuestro siglo XVI este ideal del orador como “vir bonus dicendi peritus”. Ver R. Verdú, La Retórica española de los siglos XVI y XVII, CSIC, Madrid, 1973; V. Muñoz Delgado, “Lógica hispano-portuguesa hasta 1600. Notas bibliográfico doctrinales”, en Repertorio de Histo- ria de las Ciencias Eclesiásticas en España, Salamanca, 1972, p. 12.
18 El Brocense unifica la dialéctica y la retórica en una teoría de la inventio, dispositio y elocu-
tio. F. Sánchez de las Brozas, Organum Dialecticum et Rethoricum cunctis disciplinis utilissimum ac necessarium, Miguel Serrano Vargas, Salamanca, 1588.
19 Esto le lleva a R. Verdú (La Retórica española de los siglos XVI y XVII, p. 243), a decir que
“llega a confundir la Retórica con la Dialéctica, ya que la primera es como un espejo en que se refleja ésta, por lo cual debe estar subordinada a ella”.
La relación entre Metafísica, Dialéctica y Retórica en la Filosofía de Diego de Zúñiga 123
extiende a los géneros en prosa, para el libro tercero y cuarto de su Dialéctica; con lo cual introduce en ella elementos que no se encuentran en los Tópicos de Aristóteles.
La influencia de la tradición humanista20, además de estar detrás de la
simplificación a que somete el tratamiento de los parva logicalia, hace que esta Dialéctica conceda una amplitud inusitada al tratamiento de la argumentación tópica.