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Large Strain Analysis of Discontinuous Foundation Punching

Large Strain Analysis

6.3 Large Strain Analysis of Discontinuous Foundation Punching

Siguiendo la semejanza de la vida natural, que tiene un origen, un crecimiento y necesita un sustento; de la misma manera el cristiano que se bautiza nace a la vida de la gracia por el bautismo, crece por el sacramento de la confirmación, se nutre y fortalece por el sacramento de la Eucaristía. La Iglesia ha entendido desde la Sagrada Escritura, concretamente desde el Nuevo Testamento, que el bautismo cristiano hace referencia a una incorporación o pertenencia a una comunidad nueva de creyentes. Incorporación o agregación que imprime y exige del bautizado agregado una nueva manera de relacionarse y de actuar136.

Para llegar a esta construcción dentro de la Iglesia pasó mucho tiempo, acontecieron situaciones históricas concretas que se fueron dando y mejorando en el camino. El bautismo cristiano no se puede comprender sin la persona de Jesús de Nazaret. Por eso, se hace referencia a Él durante su vida, su misión, su muerte y su resurrección, y aunque a los discípulos les costó entender su misión al lado del Maestro, tiempo después la fueron comprendiendo y se comprometen totalmente con ella. “Porque el recuerdo de Jesús fue transformado por dos acontecimientos: por su ejecución y por sus “apariciones” después de su muerte. La cruz y la resurrección se convirtieron en datos originarios de la fe cristiana.

Por medio de ellos la imagen de Jesús terreno experimentó una profunda transformación. Recibió estatus divino”137.

Todo cristiano bautizado se siente llamado a incidir políticamente por medio de la proclamación del Reino de Dios tal como Cristo lo hizo. El deber de todo creyente es aportar con su vida a la solución de todas las problemáticas que aquejan las realidades en las que está inmerso. Así, acrecentar la esperanza de un pueblo agobiado por los flagelos del anti-reino. Por tanto, quien está inmerso en el seguimiento debe esforzarse para que por medio de su vida lleguen a reconocer a Dios cuando vean las buenas obras que en ella se están dando. Puesto que, si el bautismo nos configura con Cristo, ningún bautizado puede ser indiferente ni mucho menos aislarse de la situación política del entorno, por lo que se hace un esfuerzo grande de formar y motivar a la Iglesia en un proceso de toma de conciencia social y política (Cfr. Mt 5,16; 28,19; Mc 12,17; Jn 14,27; 18,33-38; Rom 13,1- 2).

Por consiguiente, ser cristiano en esta realidad que se está viviendo significa un trabajo común, una clara actitud de rechazo y denuncia de las realidades injustas que hoy se quieren imponer. Los bautizados saben y son conscientes que la fe tiene un gran valor liberador, y mediante ella se busca destruir el pecado personal y estructural que hoy denigra la imagen de Dios en cada hombre y mujer. De igual forma, son concientes de que la fe no ofrece recetas sociales, políticas, económicas, ecológicas concretas. Tampoco se puede pretender que del Evangelio se desprenda un sistema socio-político, socio-económico concreto, pero sí existe la certeza que estos horizontes son acompañados por la fuerza del

Espíritu del Resucitado que va madurando las historias concretas de hombres y mujeres de hoy. “Jesús tiene un proyecto, una misión: anunciar y realizar el Reino de Dios (Mc 1,15). Este es el plan que el Padre le ha encomendado: formar una gran familia de hijos y hermanos, un hogar, una humanidad nueva, los nuevos cielos y la nueva tierra que los profetas habían predicho (Is 65,17-25)”138.

Por ello, la experiencia bautismal ligada a la vida activa de la Iglesia produce en la persona un compromiso con un nuevo estilo de vida, nuevo tipo de relaciones intercomunitarias y una nueva forma de ser y estar en el mundo. La naturaleza de dicha incorporación es afectiva y efectiva, es decir, lanza a la persona bautizada hacia una pertenencia una adherencia a la Iglesia que gracias a su testimonio y el trabajo comprometido por hacer cercano el Reino de Dios se hace discípula y misionera. Así:

La comunidad cristiana no debe ser abstracta, sino concreta en la vivencia cristiana de la pequeña comunidad, donde las personas centradas en Cristo, llenas del Espíritu Santo, se identifican mutuamente, comparten lo que son y lo que tienen, son testigos de Cristo resucitado, individual y comunitariamente, para la edificación total del cuerpo de Cristo, son personas convertidas al Señor, con un corazón y un espíritu nuevos y, consecuentemente, con una escala de valores para descubrir y crear un nuevo orden humano139.

Con todo y esto, dentro de la Iglesia anunciadora del Reino se concluye que no hay bautismo sin compromiso, no hay compromiso sin seguimiento. Así mismo, se percibe que el bautismo termina comprometiendo al bautizado con la realidad en la que está viviendo,

138 CODINA, Víctor, Fe y discipulado, En: Theologica Xaveriana, nº 161, enero-marzo 2007, Pág. 177. 139 GUERRERO, Marco Antonio, La identidad cristiana del discípulo misionero, Ed. Paulinas, Bogotá, 2009, Pág. 13.

que quien quiera salvarse tiene que amar su realidad, su Iglesia, tiene que amar a Jesús. Siendo así, el bautismo vivido en una Iglesia comunidad, arrojan hombres y mujeres comprometidos, enamorados, apasionados por la causa de Jesús. En este sentido, los bautizados piensan que esta nueva realidad, estos nuevos desafíos requieren cristianos que se dediquen con sencillez a seguir a Jesús de Nazaret, dejando de lado toda comodidad, todo privilegio y sobre todo toda ideología.

En este sentido, todos los esfuerzos de esta Iglesia deben estar encaminados a trabajar para que todos se reconozcan como hijos de Dios, donde todos pueden vivir en armonía, unión y gozar de la herencia de Dios Padre. Parece que este debe ser el querer de una Iglesia comprometida en el seguimiento y que debe retomar los caminos del discipulado y la misión. Para ello sabe que tiene que revalidar y darle un nuevo sentido al compromiso bautismal y poder tomar en serio el seguimiento de Jesús, es decir, que a todos abrigue un mismo amor y el ser bendecidos por un mismo Dios que es Padre de todos.