En 1979 es secuestrado y luego asesinado, a manos de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia- Ejército del Pueblo (FARC-EP), Jesús Antonio Castaño. Se trataba, a juicio de uno de sus hijos, de un campesino emprendedor, dueño de una finca no muy grande y padre de doce hijos. Este crimen terminó por convertirse en la causa política e ideológica de un proyecto liderado por tres de sus hijos -Fidel, Carlos y Vicente-, quienes decidieron conformar un ejército para vengar dicha muerte. Así lo declaró Carlos Castaño:
1 No se adelantará un análisis exhaustivo histórico, sino se identificarán ciertos hitos del proyecto
paramilitar, a través de los cuales se pueda evidenciar la utilidad o no de los fundamentos teóricos tratados en las dos partes anteriores de este trabajo.
Sí, ese fue el triste comienzo de todo. Es que si a papá no lo hubieran secuestrado y asesinado, seguro yo no estaría aquí liderando la lucha antiguerrillera. Yo puedo perdonar todo lo que ha pasado en estos veinte años de guerra, pero la muerte de mi padre, no. Los tiempos cambian y uno no sabe qué pueda pasar, pero al mirar a los ojos del asesino del viejo, no sé… A veces lo veo como el culpable de todos lo que yo he tenido que matar. (Araguren, 2001, pág. 58)
Para él, ese fue el “comienzo de todo”. En otras palabras, fue el hecho fundante de la reciente violencia política del país. A partir del mencionado acontecimiento proclama la lucha en contra de la guerrilla. Ésta es declarada enemiga, no sólo propia, sino de todos los colombianos. En adelante, los ojos de cualquier guerrillero deben ser vistos como los de un culpable.
Testimonia el mismo Carlos Castaño que él y su hermano Fidel identificaron al asesino directo, Conrado Ramírez, miembro de las FARC-EP. Lo denunciaron y lo hicieron capturar. Pero luego un juez lo dejó en libertad. Entonces, los hermanos Castaño hicieron justicia por su propia mano y lo mataron. Reconoce que fue una venganza.
La muerte de Conrado le encantó al pueblo entero y a los militares, más. Trataron de investigar quién había sido pero todos guardaron silencio y algunos hasta lo celebraron. Como sucedió en la obra maestra… de Félix Lope de Vega… cuando la justicia le [sic] indagó a sus habitantes quién fue, contestaron todos a una, “Fuenteovejuna, Señor”. Así sucedió con el pueblo de Segovia. (Araguren, 2001, págs. 66-67)
Fue quizás la primera señal de que se podría construir una voluntad colectiva de respaldo a la violencia.
Hasta acá explica la teoría clásica. El hecho muestra que aún no se ha establecido un pacto político y racional de convivencia pues la justicia no
funciona. Por tanto, reina un estado de naturaleza determinado por la violencia. De éste hacen parte no sólo los individuos directamente implicados sino también todos los que los rodean, ya que no denuncian asesinato alguno y, al contrario, lo aceptan como condición natural de sobrevivencia. El deseo violento es intrínseco al ser humano y sólo se puede salir de allí mediante un acto racional que no aparece a primera vista.
Pero el deseo, según Girard, tiene más matices. Carlos Castaño alude a la existencia primigenia de un deseo cercano entre quienes luego serían enemigos acérrimos:
Es que le digo una cosa: secuestro de más amistad no ha existido. Cuando ellos [los guerrilleros] iban de paso mi padre los dejaba acampar en la finca El Hundidor. Uno amanecía y ahí se veían los toldos, las carpas y las hamacas guindadas. Por la mañana se les daba leche, quesito y, de vez en cuando, de regalo, una novilla…Mi hermano Fidel tenía un bar en Segovia que frecuentaba la guerrilla y se llamaba „Bar el minero‟… Éramos amigos de los guerrilleros por la sensibilidad social que trataban de inculcar, pero, viéndolo bien, esa era otra guerrilla, algo idealista. (Araguren, 2001, pág. 58)
El que fuera responsable político de las Autodefensas Unidas de Colombia da cuenta de un deseo común. Unos y otros deseaban lo mismo, el mismo bien. Este mismo deseo de bienestar para todos derivó en antagonismo y en rivalidad enconada, hasta el punto que guerrilleros y paramilitares se olvidaron del mismo objeto de deseo y empezaron a desear eliminar al otro. Carlos Castaño, entonces, los va descalificar como verdaderos otros, como seres humanos: “¡Es que a estos sinvergüenzas se les daba claro, guarapo y hasta revuelto! Al secuestrar a mi padre sólo hubo irracionalidad y codicia, maldad” (Araguren, 2001, pág. 58). Todo esto ocurre, según la teoría mimética, porque culturalmente se ha aprendido a desear lo que el otro posee y lo que el otro es; y no ocurre porque necesariamente la justicia y la ley sean inoperantes. En la base de todo se encuentra la construcción cultural.
La situación, de modo contrario, tomará otro curso. Los abusos cometidos por la guerrilla en las regiones donde hacía presencia, y cuya acción principal para los Castaño fue el asesinato de su padre, promovió, durante los dos primeros años, una organización de espíritu exclusivamente vengativo, que más adelante encontró en ello una manera de hacer “verdadera” justicia:
Hermano, Conrado fue el guerrillero que secuestró a papá, el mismo que lo sacó de la finca. El Juez penal lo va a soltar y no hay más de otra ¡Lo vamos a matar! Nos corresponde en nombre de la auténtica justicia moral, actuar como jueces y aplicar el castigo: su ejecución. (Araguren, 2001, pág. 65)
Pero más adelante se iría a buscar una justificación más general que permitiera involucrar a muchos otros. Para ello, la vuelta a hechos con los cuales se pudiera establecer un círculo permanente de violencia; en este caso, los acontecimientos de los años cuarentas y cincuentas, los cuales tenían que ver con la formación que habían recibido de sus padres. El hecho natural de la violencia de los Castaño trataría de ser comprendido como una condición general de la sociedad colombiana. De tal modo, el asesinato de Jesús Antonio Castaño significaba la amenaza contra un orden naturalizado representado en el poder político y eclesial que se configuró en Colombia:
Ella [su madre] es una mártir, y la pena ya la anestesió. Se le murió su esposo y la guerra le ha quitado cinco hijos, cuatro hombres y la niña menor. Lo de papá fue lo más duro para ella, casi se nos muere. Ellos habían logrado formar un hogar católico y conservador laureanista. En esa época decían de mi papá que su palabra era una escritura. Él sigue siendo mi ejemplo ideal de rectitud, de ética y valores. (Araguren, 2001, pág. 78)
La ética, la rectitud y los valores se encarnaban en el sistema católico y laureanista. En conjunto, este era el orden natural que intentaba derribar la guerrilla. Por tanto, la guerrilla debía ser declarada como el mal a combatir. Si los medios institucionales vigentes no eran eficaces, se debía recurrir a la violencia extra-institucional, provenientes del ejercicio de imitación del rival
antagónico. El espíritu de Hobbes parece estar presente. De allí que los hermanos Castaño hicieran que:
Lo inesperado sucediera. La guerrilla nunca imaginó que le naciera un enemigo irregular, en forma de resistencia civil armada. De igual tamaño y con sus mismos métodos irregulares para enfrentarlos. El ejército siempre llevaba las de perder, por que representaba lo legal, ¡pero nosotros actuábamos como ilegales! (Araguren, 2001, pág. 87)
Seguidamente se iría a precisar otro motivo fundamental de confrontación armada: el progreso. Se trata del argumento que originalmente formuló John Locke en torno al derecho natural a la propiedad. El deseo convergente por el control de la propiedad agraria se exhibirá como causa natural que justifica la guerra. Los paramilitares lo asumen y se presentan como quienes lo van a garantizar de manera correcta, al contrario del enemigo social:
La guerrilla destruye todo lo que se llame progreso. ¿Qué sucede? Ellos son Gulliver en el país de los enanos. Donde hay una sociedad medio estable económicamente, con empleo, ellos ahí no son nadie, no tienen espacio para la revolución. Pero si la gente está sin un solo líder, sin fuentes de empleo y sin recursos, ellos entran. Al principio saben manejar recursos y logran poner a la gente a trabajar. Pero pasan los días y se ve que no tienen ni idea de lo que es enriquecer a una región… (Araguren, 2001, pág. 89)
En cambio, los paramilitares se erigen como representantes naturales de la producción de la riqueza. Sólo que ahora explicitaron que la misma estaba unida a la violencia necesaria:
Antes del secuestro de papá, Fidel no le quitaba un peso a nadie, era un hombre rebuscador, pero, después, todo cambio. Mi hermano nunca buscó la guerra como una forma de hacer negocio y volverse un hombre rico, él se la encontró en el camino. Lo primero que uno descubre es que ninguna guerra se financia lícitamente. ¡Jamás! Generalmente, todos los ideales son nobles y, aunque no siempre son los más justos, tiene presentación. (Araguren, 2001, pág. 82)
En este sentido, la justificación de la violencia paramilitar, crea la representación de un “verdadero culpable”, que en su mimetismo acepta la violencia como algo natural, adoptando maneras inconscientes de violencia bajo la idea de lo sagrado, ya que si no existiera más venganza, no habría más enemigos, lo cual justifica el exterminio de un otro que, de ser eliminado, acabaría con esta encarnación del mal. Este propósito se hizo mucho más evidente a partir del año 2001, fecha de publicación del texto que hemos venido siguiendo y en el que el proyecto paramilitar lanzó su ofensiva en procura de consolidar una mayoría a favor de su violencia y en contra de la ejercida por la guerrilla colombiana, como clara exponente del mal social.
3.2 De las crisis miméticas y del largo proceso de exacerbación de los