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Lessons for Crowdsourcing Taken from the Five Formative Studies

4.4 Crowdsourcing Studies

5.1.5 Lessons for Crowdsourcing Taken from the Five Formative Studies

Dada la prevalencia del abuso sexual en nuestro país, son gotas disper- sas en medio de un océano. Se desaprovecha así el gran potencial que esfuerzos más sistematizados y generalizados tendrían en la prevención de los abusos sexuales. Y es que la experiencia internacional nos dice que los programas preventivos, si se llevan a cabo con una serie de ca- racterísticas, funcionan.

Revisando los programas de prevención en países como Canadá o Es- tados Unidos, en los que estos programas se han ido generalizando paulatinamente desde la década de los 80 del siglo pasado, se identifi- can una serie de contenidos comunes.XX Entre los contenidos claves que

se incluyen están qué son los abusos sexuales, la necesidad de contarle a una persona adulta de confianza lo que pasa si se cree que es malo, y cómo resistirse o rechazar insinuaciones (desde cómo decir “no” a cómo escaparse o gritar en determinadas circunstancias). Además, en muchos programas se les enseña a niños y niñas que no es culpa suya si son abusados, que el perpetrador puede ser alguien en quien confían y conocen, que hay formas de tocar correctas e incorrectas y que hay secretos “buenos” y secretos “malos”, siendo estos últimos todas aque- llas cosas que dan miedo o hacen sentir mal al niño o niña y que deben, por tanto, contarse a una persona adulta protectora.

Las muchas y variadas evaluaciones de impacto que se han hecho a

estos programas han demostrado sus beneficios.XX Por un lado, en la

infancia que participa en actividades de prevención se aprecia un mayor conocimiento sobre qué es el abuso y qué estrategias poner en marcha para evitarlo. Además, es común que los niños y niñas muestren más control y seguridad. Si se comparan grupos de niños y niñas que han pasado por estos programas con niños y niñas que no lo han hecho, en un caso de abusos los primeros lo comunican antes y, por tanto, los

abusos se extienden menos en el tiempo.XX

Por último y más importante, ha quedado demostrado que un aumento de conocimiento sobre lo que es el abuso repercute en una menor pre- valencia de este tipo de violencia. Una encuesta llevada a cabo entre unas 1.000 estudiantes universitarias en Estados Unidos concluía que aquellas que no habían participado en programas de prevención tenían el doble de posibilidades de haber sufrido abusos que las que sí habían participado en los mismos.XXI

La experiencia de décadas de este tipo de iniciativas en otros países hace posible saber qué diferencia a un programa de prevención exitoso de uno que no lo es.XXII

Adaptar los materiales a las edades de los niños y las niñas es funda- mental, siendo más efectiva para los niños y niñas más pequeños la formación explícita en comportamientos (qué es correcto, qué no, qué hacer si…) y dejando el contenido más abstracto o reflexivo para eda- des más avanzadas. Se constata que los niños y niñas de a partir de tres años obtienen beneficios de este tipo de actividades.XXIII

Aquellas actividades de prevención que se dan de forma ocasional y una única vez producen un menor conocimiento y habilidades en los niños y niñas que aquellas que se repiten en varias ocasiones. La educación preventiva tiene un efecto acumulativo, de forma que programas con se- guimiento y repetición generan más capacidades y conocimientos en la infancia. Lo que se relaciona con otro factor que ha demostrado su efi- cacia: que la prevención esté integrada en el currículum académico, con un tiempo designado para su administración y con contenido y materia- les estandarizados, y que sea impartida por personal con formación.XXIII

Por último, los distintos estudios sobre este tema apuntan a que para mejorar la apropiación de esta prevención es fundamental que padres y madres se involucren, especialmente cuando hablamos de niños y niñas en edad preescolar que aprenden habilidades más de sus progenitores que del profesorado.XX

Hay quien pueda considerar que introducir estos contenidos en la edu- cación infantil podría tener también efectos negativos e interferir en el desarrollo de una sexualidad sana por la incorporación de mensajes negativos en torno al sexo o por hablar de él “demasiado pronto”. Sin embargo, comparando los comportamientos y el nivel de satisfacción sexual de personas adultas que pasaron en su infancia por programas de prevención y personas adultas que no pasaron por ellos, se observa que entre los dos grupos no hay diferencias en las edades a las que se tienen las primeras relaciones sexuales o en la satisfacción que mani- fiestan respecto a su vida sexual.XXI

Los distintos estímulos o información sobre sexualidad que niños y niñas reciben de medios de comunicación, internet, amigos, familia, sociedad o religión, junto con la historia romántica y sexual de cada persona, in- fluyen mucho más en la vivencia consentida de la sexualidad en las y los adolescentes y adultos jóvenes que cualquier programa de prevención.

…a la transversalidad de la prevención en la

educación afectivo-sexual

Es más, todos estos estímulos (desde la publicidad hipersexuada y en la que los roles de género están fuertemente definidos por clichés, a la pornografía de fácil acceso por Internet y redes sociales) serían una “mala educación sexual” a la que niños y niñas están expuestos sin re- medio y sin poder contar con criterios para filtrar ese contenido.

La amplia información sobre sexo y sexualidad a la que acceden niños, niñas y adolescentes no está legitimada por las dos instituciones que deberían dar pistas a las niñas y niños sobre qué es correcto y qué no, a qué es muy importante que se haga caso y qué se debe ignorar: la escuela y la familia.XXIV

Contar con educación sexual reglada y normalizada en colegios e ins- titutos permitiría compensar la “mala educación sexual” y promover la igualdad de género, al tiempo que garantizaría que los esfuerzos preventivos contra el abuso sexual cumplen con las características que hacen que puedan tener éxito: formación regular, estandarizada, adap- tada a las distintas edades e incluida en el currículum académico. Es más, personas expertas en sexología alertan de que la ausencia total de educación sexual en el aula, o limitar ésta a hablar de violencia se- xual, abusos o riesgos, deja en las y los alumnos la impresión de que “el sexo es malo”, ignorando todos los aspectos positivos de la sexualidad humana.XXIV

A pesar de que la Ley de Salud Sexual y Reproductiva e Interrupción Voluntaria del Embarazo de 2010 incluye la recomendación de que la educación sexual esté presente en colegios e institutos, la realidad es que o está ausente en el currículum académico y queda relegada a una actividad paralela que depende de la disponibilidad de fondos o de la voluntad de profesores o AMPAS, o se limita a unas cuantas clases, para alumnado con edades ya avanzadas, de contenido biologicista o centrado en la prevención de riesgos como embarazos o enfermedades transmisibles.XXV

En el marco de esta investigación, Save the Children ha preguntado a 35 familias afectadas por el abuso sexual infantil si consideran que sus hijos e hijas hubieran estado más protegidos si hubieran recibido educa- ción sexual: 28 de esas familias consideran que la educación sexual es bastante o muy eficaz para prevenir o enfrentarse a los abusos sexuales infantiles.

INTRODUCCIÓN DE LA EDUCACIÓN SEXUAL EN