4.4 Levels of Provenance
4.4.1 Level 0 – Trust, Prospective Provenance & Reuse
El concepto de desarrollo ha sido utilizado como la versión contemporánea de las ideas de progreso y modernidad dentro del marco de un sistema capitalista1. A partir de un esfuerzo sistemático realizado por teóricos y empresarios del siglo XIX que buscaban la liberalización de los mercados para consumar el proceso de industrialización, se fue instaurando firmemente la idea de que el capitalismo era la única forma de orden social posible2. El capitalismo implica un proceso de transformación productiva y social en el que el fin último es el progreso entendido como la generación de capital para el enriquecimiento de los seres humanos y sus sociedades. Se sustenta en una concepción empobrecida del ser humano y sus relaciones con otros seres vivos y no vivos. Con relación al ser humano, Polanyi (1944) indica: “Una economía de mercado supone todos los elementos de la industria –trabajo, tierra y dinero– aglutinados. El trabajo no es, sin embargo, ni más ni menos que los propios seres humanos que forman la sociedad; y la tierra no es más que el medio natural en el que cada sociedad existe. Incluir el trabajo y la tierra entre los mecanismos del mercado supone subordinar a las leyes del
1 Vázquez-Barquero (1988) define el desarrollo como “un proceso necesariamente estructurado, a tra-
vés del cual se puede alcanzar el crecimiento y el progreso de una sociedad”.
2 Polanyi (1944) indica que, a partir del siglo XIX, “se deja a un lado en los estudios económicos las
visiones históricas de lo económico ligado a lo comunitario y sólo se toma en cuenta la visión de que el hombre tiene una predilección por hacer actividades lucrativas ligadas al capitalismo […]. Lo anterior hace que se anulen otras tendencias y se dé por sentado que el capitalismo es la única vía económica, y que es el proceso económico el centro de toda la vida social. Provoca una visión economicista de todos los fenómenos sociales”.
mercado la sustancia misma de la sociedad”. Las relaciones en el mercado se construyen sobre “una mezcla de codicia y de miedo […] Codicia porque las otras personas son vistas como amenazas. Estas son formas horribles de mirar hacia el otro, independientemente de que ya estamos acostumbrados a ellas, como resultados de siglos de capitalismo” (Cohen, 1994, citado en De Souza, 2002). En este enfoque antropocéntrico, el ser humano se presenta como un ser que se encuentra fuera de la naturaleza y tiene la potestad de subyugarla para alcanzar sus fines. Es un ser, que, como lo muestra Polanyi (1944), se mueve solo bajo “el lucro como móvil central, el principio del trabajo remunerado, el principio del mínimo esfuerzo”. Bajo este marco, el crecimiento económico se ha constituido como el objetivo indiscutible de los procesos de desarrollo, independientemente del lugar o la sociedad en que se enmarque. Las desigualdades sociales, la pobreza y la exclusión generadas por el sistema capitalista son consideradas como inevitables y en cierta manera “normales”. Al hablar de enriquecimiento, el discurso del desarrollo también se ha presentado con el objetivo de reducir la pobreza, asumiendo que el enriquecimiento de algunos tarde o temprano generará un “goteo” que remediará las consecuencias del deterioro socioeconómico de la mayoría y las desigualdades de recursos y de poder, generadas por el mismo sistema capitalista3.
Al enunciar objetivos supuestamente neutros y universales de desarrollo, este paradigma desconoce que la percepción sobre el ser humano, así como sus relaciones y objetivos de cambio social, son en realidad el producto de cosmovisiones y procesos de autodeterminación diversos que se enfrentan en las arenas políticas y de construcción de sentidos de cada sociedad para determinar el fin y el proceso del cambio social deseado. En el marco del desarrollo, se asumió que hechos como “la descomposición de formas comunitarias de organización que acompaña el proceso de recomposición bajo formas más eficientistas de producción agraria, los impactos ambientales generados por la aplicación de estrategias de renovación incesante y rápida de productos y procesos productivos que aceleran los ritmos de obsolescencia técnica y de deterioro del ambiente o los despidos masivos de personal asociados a la reconversión productiva […] simplemente son considerados como parte del ‘precio a pagar’ por alcanzar la deseada modernización” (Coraggio, 1987). De igual manera, se redujo el concepto de pobreza a la posesión de un determinado monto de dinero, ignorando la posibilidad de existencia de varios tipos de pobrezas ya que, como sugiere Max-Neef (1986: 239-240) “cualquier necesidad humana fundamental que no es adecuadamente satisfecha revela una pobreza humana: la pobreza de Subsistencia (debido a ingreso, alimentación, techo, etc. insuficientes); de Protección (debido a sistemas de salud ineficientes, a la violencia, la carrera
3 Schejtman y Berdegué, por ejemplo, han señalado que el desarrollo territorial rural debe ser visto
como un proceso de transformación productiva e institucional de un espacio rural determinado, cuyo fin es reducir la pobreza.
armamentista, etc.); de Afecto (debido al autoritarismo, la opresión, las relaciones de explotación con el medio ambiente natural, etc.); de Entendimiento (debido a la deficiente calidad de la educación); de Participación (debido a la marginación y discriminación de mujeres, niños y niñas y minorías); de Identidad (debido a la imposición de valores extraños a culturas locales y regionales, emigración forzada, exilio político, etc.) y así sucesivamente”.
El excesivo énfasis puesto en la generación de riqueza genera una visión seg- mentada de la realidad en la que la dimensión económica se establece como la punta de lanza desde la que se configuran los procesos políticos, sociales, cul- turales y ambientales de un territorio. Dentro de este marco, se asiste incluso a una reducción del hecho económico que se centra únicamente en las relaciones de mercado, minimizando otras formas de expresión de lo económico como la reciprocidad, la redistribución y la economía doméstica.