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4.4 Levels of Provenance

4.4.4 Level 3 – Understandability & Specificity

El desarrollo local emerge como una crítica y una alternativa a la forma convencio- nal en la que se venían movilizando los recursos para emprender los procesos de desarrollo. Aceptando las bases conceptuales y los objetivos últimos que propone

4 Según Albuquerque (1999) “Esta es una nueva fase de reestructuración tecnológica y organizativa

que afecta a las formas de producción y gestión empresarial, a la naturaleza del Estado, a la re- gulación socio-institucional y al funcionamiento eficiente de cualquier tipo de organizaciones, ya sean públicas o privadas. En la base de esta reestructuración se debe identificar la introducción de innovaciones que abren nuevos horizontes en lo relativo a los óptimos de producción y funcio- namiento competitivo. Ellas alientan la emergencia de nuevos sectores y actividades económicas, como también el declive de sectores maduros. Es un conjunto de procesos de ‘destrucción crea- dora’ (Joseph Schumpeter) con movimientos de desestructuración y reestructuración del tejido productivo y empresarial preexistentes, de desinversión y reinversión de capitales, de destrucción neta de empleos, etc. Todo ello, con ritmos y amplitud que son diferentes de acuerdo al territorio, pero que, sin embargo, constituyen exigencias y retos que caracterizan la actual fase de transición tecnológica y organizacional a escala mundial”.

el desarrollo, tales como la posibilidad del crecimiento perpetuo o la apropiación de la Naturaleza, cuestiona la aplicación neoliberal del concepto de desarrollo, que concebía a los seres humanos como entes descontextualizados y ahistóricos, sim- ples autómatas en procesos productivos; el desarrollo local recupera la importan- cia del territorio y sus actores como sujetos y no objetos del cambio social.

El desarrollo local concibe el territorio como un espacio de hombres y mujeres con una cultura, historia y saberes específicos que se deben valorar, aunque sea para diseñar instrumentos más apropiados para su inserción en las dinámicas globales. Así, Arocena (1995) plantea que “El desarrollo local no es pensable si no se inscribe en la racionalidad globalizante de los mercados, pero tampoco es visible si no se plantean sus raíces en las diferencias identitarias que lo harán un proceso habilitado por el ser humano”. Sergio Boisier (1999), desde su concep- to de la “irreductible lógica territorial del desarrollo” plantea que los territorios pequeños, de naturaleza proxémica, son los más eficientes porque los contactos cara a cara, las costumbres y las tradiciones son muy importantes. Indica que “el crecimiento puede ser inducido desde arriba y también desde abajo, pero el de- sarrollo se mostrará siempre como un proceso local, endógeno, descentralizado, capilar y continuo o discontinuo sobre el territorio”.

Según Vázquez-Barquero (1990), el enfoque de los Distritos Industriales del Modelo de Industrialización Descentralizada o el de los Polos Tecnológicos o Technopols son algunas de las teorías que introducen por primera vez la noción de localidad en la Teoría del Desarrollo. Más allá de ser un simple soporte físico, el territorio es concebido como un “espacio activo” en el que el desarrollo local se “materializa en un proceso de crecimiento y cambio estructural que afecta a una comunidad territorialmente definida, y que se concreta en una mejora del nivel de vida de sus habitantes” (Vázquez-Barquero, 1990). Según este autor, el paradigma del desarrollo local se fundamenta en cuatro premisas:

• El desarrollo potencial de una zona depende de sus propios recursos. • Ofrece una perspectiva, además de territorial (y no funcional), microeconó-

mica (y no macroeconómica) y de producto (no sectorial).

• Se muestra relevante el protagonismo y actuación de las administraciones públicas, sobre todo de la local, pero también de la regional y central. • Es necesaria la actuación conjunta de los gestores públicos y los agentes

privados a través de una “interacción colectiva”.

Con este concepto cambia el paradigma del desarrollo enfocado en atraer recur- sos externos, en especial capital financiero y recurso humano calificado, hacia un enfoque centrado en el proceso de movilización de los recursos existentes a

través de una acción concertada entre diversos actores presentes en el territo- rio. Según Coraggio (1987), “El paradigma de desarrollo local propone no sólo otras escalas (microrregiones, la escala humana) sino otros actores del desarro- llo: Gobiernos Municipales, ONG, Organizaciones Vecinales, Redes de Solidari- dad y Autoayuda, Centros de Educación e Investigación, etc. Un gobierno local democrático participativo aparece en algunas propuestas como una condición indispensable adicional a la presencia de una densa red de actores de la sociedad civil”. Se pone énfasis en la construcción de un sentido de pertenencia territorial, en la recomposición del mosaico de individuos, comunidades y pueblos que con- forman un territorio tanto a nivel rural como urbano, en una identidad común que posibilite la acción colectiva.

El desarrollo local también cuestiona las prácticas de los programas de desarrollo clásicos que fueron concebidos e implementados “a partir de la cima (top- down development) con base en políticas trazadas e implantadas por agencias tecnocráticas nacionales e internacionales sin la participación de las comunidades afectadas por estas políticas” (De Souza, 2002). Propone darle un lugar central a la “participación” de los actores en la definición de proyectos y políticas de desarrollo de sus territorios. Esta práctica parte de una valoración del conocimiento empírico y local como medio para lograr los objetivos del desarrollo. Como lo indica J. Scott (1988) “Muchas instituciones, prácticas y métodos funcionan no sólo por su precisión, sino, sobre todo, porque hay un conocimiento informal y prácticas que lo hacen funcionar […] los esquemas autoritarios y altamente modernistas son potencialmente tan destructivos porque ignoran que hay habilidades prácticas que subyacen en cualquier actividad compleja”. Según Robert Chambers (1994), los principios de la participación a nivel local permiten cambiar el sentido del aprendizaje, aprender rápidamente, eliminar las desviaciones en la percepción de la realidad por el intermedio de la visión del personal técnico, apreciar la diversidad, generar una conciencia crítica en los actores y compartir recursos e ideas. En su versión más avanzada, se considera que en procesos verdaderamente participativos las definiciones, categorías de análisis y parámetros de acción son definidos por la misma gente. Por medio de la participación, el personal técnico podría aplicar metodologías que permitieran, en un tiempo cortísimo, identificar las habilidades de la gente, su cultura y comportamientos y, a partir de ahí, diseñar conjuntamente los procesos de desarrollo (Chambers, 1994).

Pese a estos aportes interesantes, el concepto de desarrollo local no se propuso distanciarse radicalmente de la pretendida neutralidad de los objetivos de creci- miento económico ni de la colonialidad en el concepto evolucionista del desarro- llo. Por lo tanto, es un concepto que permite una adaptación y una reconfigura- ción bajo una nueva imagen del paradigma del desarrollo, pero que no resuelve sus problemas fundamentales. Así, en el mundo se desarrollaron experiencias

que, bajo el paradigma del desarrollo local, lograron generar crecimiento econó- mico e incluso que han puesto énfasis en el empleo digno en sus territorios, pero que continúan funcionando bajo un modelo de depredación de la naturaleza, de explotación del ser humano en otros territorios y de profundización de las desigual- dades en el acceso a los recursos y al poder.

1.4. Los emprendimientos económicos en el marco del desarrollo local: