C om pile-tim e P erform ance P red iction
3.3.2 A lgorithm Overview
Medellín es la estrategia de planeación urbana más exitosa del siglo XXI en Colombia; más allá de los metrocables, los parques biblioteca o los espacios públicos; el éxito de Medellín, responde a su consolidación como un producto urbano. En Medellín la estrategia no radica tanto en las intervenciones puntuales, o en la simple promoción de su imagen, como lo hace en su capacidad de diseñarse como ciudad en pro de satisfacer las necesidades de los mercados.
El marketing urbano para la competitividad más que un ejercicio de elaboración de la imagen corporativa, consiste en desarrollar una serie de productos y servicios en la ciudad para satisfacer las necesidades del que se identifica como su público (Gold & Ward, 1994). En este sentido, las ciudades para ser competitivas no requieren tanto aprovechar sus realidades territoriales, sino más bien reestructurarlas y rediseñarlas, bajo los criterios impuestos por el modelo neoliberal y su racionalidad estratégica.
El éxito de Medellín radica precisamente en esta premisa, la ciudad se ha reestructurado con el fin de adecuarse a la generación de un producto urbano comercializable. La estrategia es Medellín, es su creación y consolidación como un modelo urbano, y su proyección y apertura hacia nuevos mercados y escenarios antes reservados para grandes metrópolis globales; su éxito se explica en la medida en que ha logrado atraer no solo turistas e inversores, sino también la mirada global del mercado.
¿Cómo logró Medellín pasar de ser la capital del homicidio a convertirse en un popular destino vacacional alternativo? Con esta pregunta arrancaba el titular de un informe del periódico británico The Thelegraph sobre Medellín en enero del 20182; a este informe le
acompañan numerosos artículos que diversos diarios de gran relevancia a nivel global, le
2 “How Medellin went from murder capital to hipster holiday destination” era el titular de un artículo
publicado por el escritor de viajes Stanley Stewart para el diario The Thelegraph el 4 de enero de 2018. https://www.telegraph.co.uk/travel/destinations/south-america/colombia/articles/medellin- murder-capital-to-hipster-destination/
han dedicado no tanto a la ciudad y a su configuración física y social, sino más bien a la transformación que esta ha experimentado en los últimos años. Podría decirse entonces que lo llamativo, y por ende lo competitivo, más que el resultado, Medellín como producto urbano, es el proceso de diseño y creación de este.
Si lo que resulta atractivo de la ciudad son las estrategias de producción; para comprender la dimensión espacial desde la racionalidad urbana neoliberal, es pertinente aproximarse a los elementos discursivos que han configurado a Medellín como una estrategia, ya que en estos se encuentra parte de la respuesta a las preguntas sobre el aparente milagro3
ocurrido en la ciudad.
Para abordar este fenómeno es necesario una mirada espacial al desarrollo discursivo de la racionalidad estratégica en Medellín desde la acción estatal, a través de dos conceptos que, si bien son temporal y espacialmente convergentes, pueden ser diferenciados en dos etapas, planteadas a partir de Medellín como una como una ciudad estratega en la década del 2000; y a Medellín como una ciudad estratégica en la segunda década del siglo XXI. Esta diferenciación temporal no necesariamente implica un límite estricto, sino que ambos procesos son continuos y complementarios, y conforman en conjunto el proceso de producción estratégico de la ciudad.
3.2.1.1 Medellín es estratega: el urbanismo social
A finales del siglo XX, La era global a través del modelo neoliberal ponía a las ciudades en una situación de crisis y restructuración, lo que las obligaba a cambiar el paradigma en su modelo de organización espacial y desarrollo territorial; las ciudades se veían abocadas así a pensar, y a actuar estratégicamente. En Colombia y particularmente en Medellín, todo este proceso global ocurre además en medio de un periodo de crisis interna, marcada por la violencia, los altos índices de pobreza y la deslegitimación del Estado.
¿Cómo enfrentar los desafíos que plantea la globalización para las ciudades? Alrededor de esta pregunta giran la gran mayoría de políticas urbanas de comienzos del milenio en
3 Algunos autores e instituciones han hablado del “Milagro Medellín” para referirse al devenir de la
ciudad entre los años 90 y la actualidad. Ver: https://labgov.city/theurbanmedialab/on-the-medellin- miracle-and-the-social-urbanism-model/
el país. Justamente en el marco del reconocimiento de la condición globalizadora, llega el plan estratégico a Medellín, y a partir de este punto de quiebre, todas las iniciativas y planes posteriores, desde planes de desarrollo, pasando por iniciativas puntuales, hasta el plan de ordenamiento territorial, se ajustan de una u otra manera a la idea de una ciudad en el entorno global competitivo, que requiere por ende actuar estratégicamente en pro de la competitividad, el posicionamiento y la proyección anhelada.
Desde 1998, con el plan de desarrollo del alcalde Juan Gómez Martínez, criterios asociados a la competitividad, la globalización y el pensamiento estratégico ya se constituyen como las principales directrices de la acción en la planeación urbana. Este no solo toma como punto de partida al plan estratégico, ya que lo considera una alternativa a los retos de la gestión urbana tradicional, sino que además mantiene la línea en términos ideológicos y políticos de pensar la acción urbana del Estado, como una estrategia de mitigación de los efectos negativos de la globalización y la búsqueda del posicionamiento competitivo. Esto se expresa tanto en el mejoramiento de las condiciones de atractividad como uno de los principales retos de la ciudad, como en el hecho de que el desarrollo económico y la competitividad sean uno de los objetivos estratégicos del plan (Alcaldía de Medellín, 1998).
Medellín comienza el nuevo milenio no solo con un nuevo plan de ordenamiento territorial (POT) y la consolidación del metro como referente urbano, sino también con una recuperación en términos fiscales, que impacta en el gasto social del municipio, aumentando la inversión en temas como la educación, la cultura y el deporte (Corporación Región, 2007). Este contexto comienza a pavimentar la vía para los desarrollos urbanos posteriores que permitirían que Medellín se convirtiera en una ciudad estratega, y darían cabida a una nueva forma de entender la institucionalidad, el gobierno y con ello la ciudad.
El primer POT formulado en 1999, cuando el desarrollo conceptual y empírico del ordenamiento territorial en el país eran apenas incipientes a raíz de la reciente Ley 388 de 1997, denominada como la Ley de Desarrollo Territorial, sería la guía para la organización espacial de la ciudad en los años siguientes, consignando y reconociendo los esfuerzos adelantados por el Plan Estratégico, y planteando los primeros elementos que en términos espaciales serían de gran alcance en la comprensión de una ciudad con miras a la estrategia y la competitividad.
A la par con el POT, el plan de desarrollo 2001-2003, del gobierno de Luis Pérez Gutiérrez, se denomina “Medellín Competitiva”; lo cual más allá de la evidente resonancia conceptual que tiene en tanto sitúa la competitividad como la guía central de toda la acción institucional; también visibiliza y posicional la idea bajo la cual “…la gestión urbana consiste en situar a la ciudad de Medellín en condiciones de afrontar la competitividad global de la que depende, en buena parte, el bienestar de sus ciudadanos” (Alcaldía de Medellín, 2001); la competitividad entonces ya no es un solo un reto impuesto por los agentes globales, sino que es vista como una oportunidad – la única- para lograr una mejora de las condiciones de vida y la equidad social.
Desde las acciones prácticas, estos años pavimentan la vía, bien con violentas estrategias de pacificación de asentamientos populares, por medio del uso de la fuerza represiva como la operación orión en el año 2002; o bien con la germinación de proyectos como la Ciudadela Nuevo Occidente o el Metrocable de la Zona Nororiental, una estrategia que se convertiría en uno de los principales referentes del urbanismo social y de la ciudad como modelo urbano.
La racionalidad estratégica en Medellín había llegado para quedarse, el convulsionado momento que vivían el país y la ciudad, generaban transformaciones territoriales de gran impacto que reconfiguraban constantemente la idea que se tenía de Medellín como espacio urbano. En este contexto la institucionalidad local y el Estado aún trataban de adaptarse al cambio, y de buscar un lugar cada vez más esquivo, que les permitiera posicionarse en la red urbana global.
Mientras que el país vivía un agitado momento a comienzos del siglo, a raíz de la transformación política, de un país que se debatía alrededor de una ofensiva contra los grupos guerrilleros, después del fallido proceso de paz del Cagúan, cuando ya parecía superada la etapa más crítica del narcotráfico de los años 90; Medellín parecía encontrar una estrategia que finalmente le daba resultados y la posicionaba como una ciudad ejemplo en el país, marcando así el proceso de transformación del Estado en su forma de abordar el espacio.
La estrategia de Medellín, se puede entender a partir del urbanismo social, una estrategia discursiva, que surge para denominar el proceso de transformación de la ciudad desde el
año 2004, cuando asume por primera vez las riendas del gobierno municipal, el movimiento independiente Compromiso Ciudadano en cabeza del alcalde Sergio Fajardo. Este discurso engloba todo el proceso de planeación y gestión urbana en Medellín entre 2004 y 2011, no solo bajo el periodo de gobierno de Fajardo, sino también en el de Alonso Salazar, quien continua con una línea política y practica similar.
El urbanismo social consiste en el direccionamiento de grandes inversiones en proyectos urbanísticos puntuales hacia los sectores populares de la ciudad bajo el argumento de una deuda histórica con estos sectores olvidados, y la apuesta por cancelarla mediante la construcción de obras infraestructurales y arquitectónicas de alta calidad y fuerte impacto tanto estético como social (Brand, 2013). En términos discursivos este pretende, un cambio de paradigma respecto al Estado y su papel en la gestión y regulación social, así como en la intervención espacial que este ejerce en la ciudad.
En la práctica, el urbanismo social, es una forma de abordar la realidad social, reestructurando un discurso alrededor de la inclusión, los derechos, la participación ciudadana, la efectividad, y la transparencia en el manejo de recursos públicos con el fin de lograr un ambiente de gobernabilidad (Cano, 2010), que le permita al Estado legitimarse a través de un renovado patrón de gestión. Esta fórmula discursiva tiene además profundas implicaciones espaciales, en tanto asume esa deuda social, también como una deuda espacial, que atiende sectores específicos de la ciudad ampliando el ámbito de intervención de un Estado antes reservado para algunos territorios; por lo que representa un ejercicio de territorialidad del Estado, como forma de reafirmación de su poder en la disputa simbólica por los territorios marginados (Quinchía, 2011).
El urbanismo social es una forma que adopta el Estado estratega, una formula discursiva que le permite legitimar su papel e incidir en la producción espacial de la ciudad, y mediante esto, adaptarla y adecuarla con miras a las demandas de la globalización. Medellín se convierte así en estratega, empieza a pensarse como un sujeto, compite, ejerce estrategias de marketing y se proyecta en el mundo; el urbanismo social es la fórmula que adopta, la estrategia que la posiciona, una especie de Estado mixto que atiende demandas sociales con el objetivo de atraer inversiones. Medellín es estratega y su estrategia es el urbanismo social.
3.2.1.2 Medellín es estratégica: el modelo Medellín
La segunda década del siglo XXI, es decisiva para Medellín; las estrategias emprendidas en los años precedentes, empiezan a dar resultados, la ciudad comienza a consolidarse como un centro de importancia regional, y logra captar cada vez más la atención mediática en escenarios antes impensables. A este periodo, lo denominaremos “Medellín estratégica”, entendido como la consolidación del “modelo Medellín”, una segunda etapa dentro de la producción estratégica del espacio urbano, donde ya superadas las iniciales estrategias de atractividad, le corresponde a la ciudad posicionarse y consolidarse como un espacio estratégico que pueda sobrevivir más allá del entusiasmo inicial provocado por su condición de novedad.
El urbanismo social y todas las intervenciones asociadas a este (metrocables, parques biblioteca etc.), representan una primera etapa donde la ciudad requiere ser estratega, la competitividad es aún incipiente y por tanto recurre a acciones puntuales en busca de atraer inversión y recursos. Cuando la estrategia comienza a dar sus primeros frutos, se puede hablar de los inicios de la ciudad estratégica, que nace como resultado de las intervenciones precedentes, cuando ya la inversión y la atención mediática son un hecho. Esta segunda etapa da lugar a la creación de la ciudad como un concepto, que ya no refiere tanto a la acción, sino al resultado de la producción estratégica del espacio urbano. Este concepto es lo que se denomina “Modelo Medellín”, un término acuñado por la Organización de Estados Americanos (OEA), durante su XXXVIII Asamblea General, realizada en la ciudad en 2008, y que pretende describir un “recetario convencional pero diligentemente ejecutado de buen gobierno (planeación, orden fiscal, transparencia, participación y comunicación), con énfasis en educación, inclusión, cultura, convivencia, emprendimiento y urbanismo social” (Brand, 2013).
Las estrategias iniciales de atractividad que se engloban alrededor del urbanismo social, lograron posicionar a la ciudad, atraer atención mediática, e instituir el “Modelo Medellín”. Sin embargo, estos esfuerzos son apenas el comienzo del proceso para lograr una verdadera consolidación de la ciudad como un espacio urbano estratégico; ya que, si bien la atención y el posicionamiento inicial le brindan a la ciudad una plataforma de visibilización, esta requiere de algunas acciones que le ayuden a solidificar la atractividad inicial, y generar una apuesta de mediano y largo plazo. Estas estrategias para el caso de
Medellín, se expresan en la realización de grandes eventos de escala global, la creación de una marca-ciudad y la restructuración material de la organización espacial de la ciudad a partir de conceptos asociados a las “Smart Cities” como la innovación y la creatividad.
Los eventos de ciudad. La realización de grandes eventos se posiciona cada vez más
como una estrategia urbana desde la política pública. Más allá de atraer turismo momentáneo, estos eventos son vistos como una forma de estimular la inversión, promocionar la ciudad dentro de su plataforma competitiva, y detonar procesos de regeneración urbana (Smith, 2012). Como parte de la agenda Plan de Desarrollo Cultural de Medellín 2011-2020, la ciudad establece como prioridad la realización de eventos de gran resonancia internacional (Alcaldía de Medellín y Universidad de Antioquia, 2011). Esto se suma por un lado a la apuesta dentro de la institucionalidad local a la consolidación de eventos tradicionales como la feria de las flores, y ferias del sector textil como Colombiamoda y Colombiatex; y por el otro a la realización de mega-eventos deportivos, así como congresos y asambleas de organismos internacionales de gran importancia política y económica.
La Asamblea General de la Organización de los Estados Americanos (OEA) en 2008, la Asamblea del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) en 2009, los Juegos Suramericanos en 2010, el Foro Urbano Mundial en 2014 y la Asamblea General de la Organización Mundial del Turismo (OMT) en 2015; han sido los eventos más significativos realizados en Medellín en los años recientes como parte de la estrategia de consolidación de la plataforma de competitividad de la ciudad.
La importancia de estos eventos radica tanto en su condición de estrategias de marketing urbano, empleadas con el fin de promocionar la ciudad ante instancias internacionales, sino que también se expresa en la circulación de ideas y modelos de planeación y gestión urbana, ya que es en uno de estos eventos que nace el concepto de “Modelo Medellín”; así como en sus impactos sobre la estructura espacial de la ciudad, lo cual se evidencia por ejemplo, en la experiencia de renovación urbana que acompaño la realización de los juegos suramericanos que incluyó tanto la construcción de nuevos escenarios deportivos, como la adecuación de espacios públicos en el entorno próximo alrededor del “Boulevard La 70” y la construcción de vivienda social en el caso de la “Villa Suramericana”.
Los grandes eventos son una característica propia de la ciudad estratégica, por dos razones, por un lado para su realización se requiere de haber superado una primera etapa de atractividad inicial (la ciudad estratega), que la posicione como una candidata competitiva frente a otras ciudades; y por el otro aportan en la construcción de un concepto o modelo de ciudad, que apunte a la competitividad desde una sostenibilidad estratégica, basados en el anhelo de convertirse en la ciudad donde las cosas ocurren.
La Marca-Ciudad. El concepto de marca ciudad o city branding, se refiere a los medios
para lograr una ventaja competitiva en orden de incrementar la inversión y el turismo, a la par con un desarrollo comunitario que refuerce la identidad local (Kavaratzis, 2004), por lo que requiere la identificación de las características de la ciudad, que permitan diferenciarla de otras ciudades (Loreto y Sanz, 2005: p.4). Dentro del contexto colombiano, Medellín ha sido un caso paradigmático de la creación de una marca ciudad; en los últimos años, numerosas estrategias discursivas han servido a este propósito, configurando a la ciudad como un producto, una marca que pretende venderse al mundo a partir de sus características particulares que la posicionen competitivamente.
De la más educada, a la más innovadora, múltiples han sido los adjetivos que desde el discurso se le han otorgado a la ciudad, con el fin de promocionar su proceso de transformación del espacio urbano. Desde las primeras iniciativas de carácter más social como “Medellín, la más educada”4, que, dirigidos también a la ciudadanía como el público
interno, pretendían reconstruir las relaciones de confianza entre la sociedad y el Estado y desencadenar un circulo virtuoso en temas como la violencia y la pobreza; hasta discursos dirigidos casi en su totalidad a firmas económicas externas, como el de Medellinnovation, una estrategia dirigida desde la corporación Ruta n, que pretende atraer inversiones del sector tecnológico.
La creación y consolidación de una marca-ciudad, es un elemento fundamental dentro de la producción estratégica del espacio, ya que, bajo esta lógica, si una ciudad aspira a ser un espacio estratégico, requiere de una marca que la identifique, la posicione y le permita así, venderse. Para el caso de Medellín, una ciudad que venía de un turbulento pasado, el
4 Medellín la más educada fue el emblema de la alcaldía de Sergio Fajardo, y se materializa en una
principal reto consistía en desligarse de esa imagen que la asociaba con la violencia y el narcotráfico, y reconstruir su imagen a partir de nuevos referentes positivos.
La estrategia discursiva empleada en Medellín consistió en aprovechar la aparente dificultad y convertirla en una oportunidad; si la racionalidad estratégica y el marketing, implican la búsqueda de un elemento diferenciador; la ciudad encuentra en su pasado violento, y su proceso de transformación, la singularidad que atraiga la atención deseada y la posicione competitivamente. “Medellín logra pasar del miedo a la esperanza” reza uno de los emblemas publicitarios de la gestión de Sergio Fajardo en el gobierno municipal5, y
resume así la raíz discursiva que sirve de base para la estrategia que construye la marca Medellín, y que la posiciona como una ciudad estratégica. Medellín no vende tanto su localización, sus capacidades económicas, su configuración urbana o sus ventajas