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Part IV. Conclusions & Recommendations

Chapter 10 Recommendations

10.1 Limitations & Future Work

La Gran Depresión Mundial, de fines de la década del Veinte y principios del Treinta, puso a dura prueba a nuestras instituciones fundacionales.

La crisis agrícola derivó en una sostenida baja de los precios de los productos agropecuarios (lino, trigo, maíz, carnes, etc.). La brusca caída del comercio exterior redujo, a su vez, los ingresos aduaneros. Los valores inmobiliarios declinaron a mí- nimos históricos. El endeudamiento público, el desequilibrio fiscal y los créditos

incobrables de los bancos, en especial de los oficiales, agravaron aún más la situación. • Las ideologías partidarias de la economía de guerra y el autoabastecimiento, muy en boga en esa época en Rusia, Italia y Alemania, reanimaron las tendencias

nacionalistas49 y la animosidad contra las empresas de origen externo radicadas en el país.

El comunismo regía en Rusia desde fines de 1917. Después de la marcha sobre Roma, en 1922, quedó instaurado el fascismo en Italia. En 1929, se asistió al “crack” de la Bolsa de Nueva York.

En 1933, en Alemania, Hitler asume como canciller. Todo esto, fueron señales más que suficientes para hacer presumir a un vasto sector de ideólogos nacional-socialistas y políticos influyentes, tanto del definitivo ocaso del capitalismo, como el inevitable triunfo del auto-abastecimiento y las economías de guerra.

La miopía de los profetas del totalitarismo condujo a que no se encontraran mejores soluciones que el “desarrollo hacia adentro” y la “industrialización sustitutiva de

importaciones”.

Lejos de procurar el ingreso de capitales en la esfera de los servicios públicos, las fuentes de energía, y en todas las esferas de actividades útiles, se optó por lo contrario, por las regulaciones, las cargas fiscales y las estatizaciones.

Completaron el programa las trabas absurdas a la inmigración, cuando en Europa,

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se seguía aun imaginando a la Argentina como el país del futuro.

El Doctor Raúl Prebisch fundó, en la década del 30, una cátedra especial de

“Dinámica Económica”, en la Universidad de Buenos Aires en la que se enseñaba, con nuevo ropaje, los viejos dogmas del mercantilismo.

Esta cátedra se había convertido en un modelo de torpeza intelectual. Predicaban, con entusiasmo digno de mejor causa el abandono del patrón oro y su reemplazo por el patrón monetario de papel, de “circulación elástica”, ideas, qué son en gran parte las responsables de los tres cuartos de siglo de decadencia argentina.

Lo alarmante es que las consecuencias del triunfo de las tesis nacional-socialistas en nuestro país siguen hoy — 2006— con la misma frescura de principios de la década del 30 en las que se concibieron.

El Colegio de Graduados en Ciencias Económicas, el 4 y 5 de diciembre de 1980, homenajeo en su sede al Dr. Raúl Prebisch. En presencia del ex presidente doctor Arturo Illia y un gran número de simpatizantes del radicalismo, Prebisch hizo un relato pormenorizado de su trayectoria.

De ahí sus palabras: “Yo me he convertido y he ido desbaratando, desmantelando, las teorías neoclásicas, frente a la Gran Depresión Mundial, cuando, en 1931, tuve alguna actuación durante la gran depresión, de manera que tuve poca oportunidad de llevar las viejas teorías a la praxis”50

.

Lo del desmantelamiento de las teorías neoclásicas y la referencia a su actuación en 1931, contenían en el lenguaje del Dr. Raúl Prebisch, un significado especial.

Si se le da fe al testimonio del senador Lisandro de la Torre, “todos los proyectos financieros, fiscales e impositivos del gobierno de facto, entre 1930 y 1932”, fueron elaborados por el doctor Raúl Prebisch51.

Subsistentes en nuestros días, las instituciones totalitarias creadas en la época, el país sigue aún inmerso en el clima de la Gran Depresión Mundial de 1929, no obstante los más de tres cuartos de siglo transcurridos.

Lo más grave es que la ciudadanía culta argentina aún sigue ignorando que nuestra decadencia es un caso más dentro de la gran lista de frustraciones que registraron las

50 Meir Zylberberg, "Argentina, del General José E. Uriburu al Dr. Raúl Alfon- sín” en “La Prensa", sábado 22 de

febrero de 1981.

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distintas versiones del socialismo que se conocieron en el siglo XX.

Europa ya superó largamente las consecuencias de las hecatombes bélicas derivadas de las teorías del espacio vital y las economías cerradas y autárquicas, en boga entre las dos guerras mundiales del siglo pasado.

Ya hace más de quince años que la Guerra Fría dejó de ser tema de actualidad. La implosión de la Unión de las Repúblicas Soviéticas Socialistas y la caída del Muro de Berlín acabo con los setenta años de imperio bolchevique que incluyó, por más de cuatro décadas, el cautiverio de media Europa.

La fogosidad inicial de los seguidores de Mao, en la República Popular China pasó a la historia. Convencidas, o no, las autoridades de la China comunista proclaman a los cuatro vientos las virtudes del libre comercio internacional y la economía de mercado.

Hoy, 2006, en Argentina, todos estos acontecimientos influyeron muy poco. Se siguen sucediendo, sin cesar, las leyes de emergencia que, en ¡os hechos, derivaron en el vaciamiento constitucional y la suspensión por 75 años de los derechos y garantías individuales.

d) El Cierre de l a Caja de Conversión

Los primeros e importantes avances hacia la “autarquía económica” en nuestro país, se concretaron poco antes de finalizar el año 1929

El cierre de la Caja de Conversión se realizó mediante el decreto del 17 de diciembre de 1929, durante el gobierno constitucional de Hipólito Yrigoyen.

El fuerte drenaje de oro determinado por la prodigalidad demagógica que caracterizó su segunda presidencia, empujó a la virtual declaración de quiebra de la Hacienda Pública argentina.

Este tipo de prodigalidad demagógica tuvo como mejor aliado al Banco de la Nación Argentina.

Basta releer los textos de las conferencias pronunciadas por Federico Pinedo, en el Instituto Libre de Estudios Superiores, en 1931.

Pinedo no se cansó en denunciar, en estas conferencias, que el Banco Nación trastornó el mercado durante los años 1927 y 1928, al reducir la tasa de interés y que la mantuvo cuando todo indicaba la necesidad de elevarla.

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señalaba —acertadamente— que la consecuencia directa y fatal de esta medida fue la expulsión violenta del oro hacia otras partes del mundo.

El mismo Pinedo, en las conferencias de 1931, en el Instituto Libre de Estudios Superiores, de esta Capital Federal, sostenía que “Lo más urgente en materia bancaria y monetaria, en la República Argentina, es mostrar que se puede y que se es capaz de hacer jugar un. mecanismo sencillo: el cambio de papel por oro y viceversa”. “Pero mientras no hagamos eso y tengamos la moneda más corrompida del mundo, no podemos pensar en la creación de un Banco Central y un organismo bancario que prácticamente pueda ser superior al que existe, y que de acuerdo a nuestras prácticas, podía llegar a ser un instrumento para llenar el país de papel depreciado”, hecho que ocurrió en el período posterior a 1935.

En el año 1930, Federico Pinedo, como diputado denunció la última clausura de la Caja de Conversión en 1929, como un bochorno en nuestra historia monetaria.

La gran desilusión nacional lo constituyó el hecho que haya sido, precisamente, Federico Pinedo, quien montara el Banco Central, y con ello el punto de arranque de la inflación en la Argentina.

e) Abolición de la libertad de comercio: El Control de Cambios

La institución del sistema de racionamiento de los cambios tuvo comienzo con el decreto del Poder Ejecutivo del gobierno militar, del 8 de octubre de 1931.

La derogación de las garantías constitucionales se consolidó al atribuirse la Comisión de Control, la facultad de dar o negar divisas, fijar arbitrariamente tipos de cambio y designar bancos autorizados para estas operaciones.

Esta fue la orientación hacia donde apuntaban los decretos del 10 y 22 de octubre de 1931 y 25 de enero de 1932. Estaba ya en marcha la política del monopolio estatal del comercio exterior.

Al igual que en la constitución soviética de 1923, el comercio con otros países pasó a ser función del Estado.

La nueva constitución totalitaria que, de facto, aún nos rige, se fue así redactando, en forma de decretos, que luego se presentaron al Congreso como hechos

consumados.

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garantizada por la Constitución de 1853/60, resultó altamente efectivo.

Apelar a requisitos formales, como llamar a una Convención reformadora, hubiera llamado demasiado la atención de la opinión pública, circunstancia que había que evitar por todos los medios posibles.

Para más, tanto el General Agustín P. Justo y sus principales ministros eran aliadófilos y declarados enemigos del nazi-fascismo. Sin embargo, esto no fue obstáculo para que se dictara el decreto del 14 de marzo de 1933.

Con esta medida el presidente Agustín P. Justo y su Ministro de Hacienda, Doctor Alberto Hueyo, prohibieron todo tipo de operaciones de cambio que no tuviera la autorización del gobierno.

El 10 de noviembre de 1933, y ya Federico Pinedo en el Ministerio de Hacienda, se registró un hecho nuevo en nuestro camino de servidumbre. Se establecieron los

permisos previos de importación. Los importadores quedaron a merced de la voluntad y capricho de los miembros de la Comisión de Control de Cambios. Éstos decidían si los importadores podían —o no— efectuar sus pedidos de mercaderías al exterior.

Al entrar en vigor, el decreto del 28 de noviembre de 1933, el control de cambios deja de ser un simple instrumento coyuntural para abaratar los pagos del fisco al exterior.

Se concibió otro engendro dirigista. El régimen de diferencias de cambio en

beneficio del Tesoro Nacional, quien, a la vez, subsidiaba la producción agropecuaria. La institucionalización definitiva del control de cambios se concretó al ser incluido dentro de los proyectos de creación del Banco Central, a principios del año 1935.

El control de cambios había nacido para administrar la crisis derivada de la escasez y carestía de las divisas internacionales. Al perpetuarse el sistema, la Comisión de Control de Cambios se ocupó, con tenacidad digna de mejor causa, de combatir los riesgos de una imprevista abundancia y baratura de recursos externos que pudieran aportar beneficios s los argentinos.

El sistema de control de cambios se convirtió, en sus casi 75 años de existencia, en una fortaleza inexpugnable. Aliado con la degradación del peso, tuvo un papel

resonante. Constituyó uno de los instrumentos centrales para el logro del aislamiento argentino, el empobrecimiento colectivo y la base del clientelismo político.

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Se cumplió así en nuestro país el proceso que describió Ludwig Erhard, en su libro “Bienestar para Todos”, Según el autor de aquello que dio en llamarse “el milagro alemán”;

“El régimen del control de divisas es, para mí, el símbolo del mal, sea cualquiera el atavío con que se presente...trasciende a la maldición y al hedor de los preparativos de guerra y de la guerra, de cuyo desorden mortífero procede”.

“Esta mala economía, así originada, es la que llevó a las distintas economías nacionales a la idea perfectamente suicida de suprimir la competencia para poder medrar”.

“El comercio exterior se convirtió así, cada vez más, en una función de la política de poderío estatal y fue dejando de cumplir su misión de servir a la prosperidad

económica de todos los ciudadanos de un mundo libre”52

.

La valorización del peso moneda nacional, que se registró en la segunda mitad de la década del 30, no fue considerada buena noticia para nuestros estatistas de la época. La valorización del peso, producto de la caída de la libra esterlina y la irrupción de capitales monetarios en busca de refugio en nuestropaís, fue interrumpida por las “discretas” compras de divisas que realizaba ya, en ese entonces, el Banco Central53

. Con la incorporación a sus funciones del sistema de Control del Comercio Exterior, el Banco Central aportó las bases fundamentales doctrinarias y financieras al naciente Movimiento Nacional Justicialista.

La suerte, tanto de las divisas que se acumularon por las exportaciones en los años que duró la Segunda Guerra Mundial, como del derecho de propiedad, libertad de trabajar y de ejercer libremente el comercio, quedó sellada.

Las palabras de Alberto Hueyo, en el artículo de “La Prensa” del 3 de mayo de 1958, resultan más que ilustrativas. Decía Hueyo: “La dictadura (peronista) encontró

preparado el armazón para apoderarse de los depósitos bancarios, la existencia metálica y de divisas, elementos con los que emprendió la loca aventura de la compra de los ferrocarriles, teléfonos, empresas de transporte urbanos que son la causa de los desequilibrios del presupuesto y de la desenfrenada inflación”.

52 Ludwig Erhard, “Bienestar para Todos”, Ediciones Omega S.A., Capítulo XVI “El Fénix renace de sus Cenizas”, “El

Símbolo del Mal", página 277.

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