Chapter 4: Discussion
4.7 Limitations
PRINCIPAL.
Simultáneamente a la negociación y planes de sabotaje de Bartolomeo Brutti se van desarrollando los de Martín de Acuña, que desembocarán en las treguas que firmará Giovanni Margliani con los turcos. El punto de partida de Acuña como protagonista de los tratos hispano-otomanos está en la liberación de su cautiverio en Constantinopla el 23 de julio de 1575:
A los 23 de julio pasado, por la bondad de Dios, alcancé libertad, la cual tengo por tan gran merced [...] para emplearla como fiel y humilde vasallo en servicio de Vuestra Magestad, prosiguiendo el camino que en este particular mis padres y passados mostraron.
Siendo esclavo y estando rescatado, procuré de emplearme en entender con curiosidad todas las cosas a mi parecer ymportantes al servicio de Vuestra Magestad, y en este exercicio me detuve mes y medio después de rescatado. Los avissos que envío son verdaderos. El celo y cuidado con que los he buscado merece que Vuestra Magestad les de crédito145.
Acuña era liberado y decidía permanecer en la capital otomana sirviendo al Rey Católico mediante la recopilación y el envío de avisos de Levante. Entre ellos despunta la opinión positiva sobre Joseph Nasi o José Micas, “el Gran Judío”, del que habitualmente se destaca su actitud ambivalente ante los servicios secretos hispanos y del que el nuevo informador, sin embargo, recalca su honestidad, gran fortuna e
intención de ofrecerse a Felipe II146:
Este Judío es discretísimo y tenido por hombre de verdad. Y vive con miedo, ansí de la persona como de la hacienda, y desea coyuntura de poderse escapar con el dinero y muebles. Y dello me dió grandísima quenta, ofreciéndose de avisarme de todos los movimientos de Constantinopla.
Y para ello me dio contraseñas y señales para que de acá se le escribiese y él respondiese, lo qual yo no he hecho ni haré, aunque estoy seguro que escribirá verdad, sin orden expresa de Vuestra Magestad147.
145 AGS, Estado, Nápoles, legajo 1072, f. 228. Martín de Acuña a Felipe II, Nápoles, 30 de agosto de 1575.
146 Emrah Safa Gürkan, “Touting for Patrons, Brokering Power, and Trading Information: Trans-Imperial
Jews in Sixteenth-Century Istanbul”, en Sola y Varriale (eds.), Detrás de las apariencias. Información y espionaje (siglos XVI-XVII) (Alcalá de Henares: Universidad de Alcalá, 2015): pp. 127-151. Nicole
Abravanel, “João Micus, duc de Naxos, ou l’odyssée des marranes entre péninsule Ibérique, Anvers et
l’Empire ottoman”, en Alain Servantie (coord.), L’Empire ottoman dans l’Europe de la Renaissance. El
Imperio Otomano en la Europa Renacentista (Leuven: Leuven Univ.Press, 2005): pp. 327-338. Norman
Rosenblatt, “Joseph Nasi, Friend of Spain”, en Lagnas y Sholod (eds.), Studies in honour of M. J.
Bernadete (Essays in Hispanic and Sephardic Culture) (New York: Las Americas Publishing Company,
1965): pp. 323-332.
147 AGS, Estado, Nápoles, legajo 1072, f. 232. “Avisos que embia don Martín de Padilla de cosas de Constantinopla. Trata de algunas personas particulares”, fecha y lugar inciertos.
El Gran Judío se ofrece así a informar a Acuña y pide que se le escriba desde la península Ibérica, a la vez que insinúa un poco probable, tras su periplo cuasi forzado, desde Portugal, por tierras flamencas y venecianas, deseo de regresar a tierra cristiana. De momento, le da noticia de la condición de dobles espías de Andrea Gasparo Corso y
Aurelio y Giovanni Antonio di Santa Croce148:
En Argel hay un cierto Andrea Corça. Tiene parientes en Valencia mercaderes, que él y ellos tratan con Argel. Por esta vía se vienen a Constantinopla grandísimos avisos. Ojo. Siempre se ha sospechado algo desto, aunque no creo que los pueden dar muy importantes […]
Vuestra Magestad, entre otros hombres y espías que debe dar sueldo en Constantinopla, tiene dos hombres hermanos tenidos y reputados por tales espías de Vuestra Magestad. Y a éstos los turcos, el Bajá Grande, les consienten hacer mercancías, y tienen sus casas reservadas de todas las demás braveças a que están sujetos los demás christianos. Y los embajadores de todos los príncipes que allí están saben que son espías de Vuestra Magestad, y claramente me dixeron que heran dobles. Y el uno de ellos se llama Aurelio de Santa Cruz, y el otro Juan Antonio de Santa Cruz149.
Los jefes de los servicios secretos hispanos en los principales frentes de lucha contra el Imperio Otomano, Berbería y Estambul, los Gasparo Corso y los Santa Croce, se supone que están también al servicio del Gran Señor, al menos a decir de Joseph Nasi y, en el caso de los Santa Croce, del propio Acuña y los embajadores europeos de la ciudad del Bósforo. Por otra parte, ya vimos la desconfianza que generaban los conjurados en autoridades hispanas como los virreyes de Nápoles.
Un año después, en agosto de 1576, cuando Brutti y Avellán habían partido ya de Constantinopla para abrir una nueva ruta a los avisos de Levante y plantear el negocio de Mehmed Bey y Argel al Rey Católico, encontramos a nuestro protagonista en la Corte de Madrid.
Allí Acuña presenta un memorial que contiene varias posibles actuaciones en relación al Turco: quemar su armada, servirse del Gran Judío para obtener avisos, hacer una Santa Liga con el Zarato ruso y el Sacro Imperio, planear un gran rescate de cautivos
148 Martín de Acuña apunta también la traición de Juan de Zanoguera, al avisar a los turcos del estado del fuerte de la Goleta cuando fue encargado de defenderlo, junto con Pedro de Portocarrero, por Gabrio Serbelloni: AGS, Estado, Nápoles, legajo 1072, f. 232. “Avisos que embia don Martín de Padilla de cosas de Constantinopla. Trata de algunas personas particulares”, fecha y lugar inciertos. AGS, Estado, Sicilia, legajo 1144, f. 212. Avisos de fray Diego de Mallorca y Martín de Acuña, fecha y lugar inciertos. AGS, Estado, Sicilia, legajo 1144, f. 335. Felipe II a don Juan de Austria, San Lorenzo, 30 de diciembre de 1575.
Gennaro Varriale, Arrivano li turchi. Guerra navale e spionaggio nel Mediterraneo (1532-1582), (Novi
Ligure: Città del Silenzio, 2014).
149 AGS, Estado, Nápoles, legajo 1072, f. 232. “Avisos que embia don Martín de Padilla de cosas de Constantinopla. Trata de algunas personas particulares”, fecha y lugar inciertos. El subrayado aparece en el original.
cristianos que dejara a los otomanos sin mano de obra en sus galeras o aligerar las de Su
Majestad mediante la eliminación de la pavesada o escudos de defensa150.
Aunque el Rey duda del método expuesto por Acuña y no sabe quién es el Gran Judío, él y Antonio Pérez terminan resolviendo «que de todo ello pareçe que hay que hechar
mano es lo del quemar la armada»151. Se le conceden 200 ducados en Madrid y 300 en
Nápoles de ayuda de costa, así como 40 escudos mensuales de entretenimiento152 y la
compañía del artillero y polvorista Baltasar de Herrera, a quien a su vez se dota de 100
ducados de ayuda de costa y 15 escudos de entretenimiento153.
Felipe II informa al Virrey de Nápoles, el Marqués de Mondéjar, y le ordena que pague las cantidades que faltan a Acuña y Herrera, que les asista y ayude en lo necesario para el viaje a Constantinopla y el desenvolvimiento de su plan, y que informe también al Duque de Sessa:
Haviendo entendido de don Martín de Acuña, que […] ha estado preso en Constantinopla, algunos advertimientos de las cosas de Levante y de la armada del Turco, y pareciéndome que lo que propone de poner fuego a la armada del enemigo y a los magaçanes della sería de tan grande importançia, y viendo quanto lo facilita y que ha offreçido de yr él mismo en persona a ello, […] me ha paresçido que no se deve dexar de probarlo, y que, aventurando él su persona y vida por el servicio de Dios y Nuestro, se puede muy bien aventurar de mi parte lo que para ello fuere menester. […]
Y […] le hagáis dar y proveer todo lo que para este effecto […] él os advirtiere y vos viéredes será menester, ordenando que esto se haga con muy gran secreto y recato […] Y, porque halládose ay el duque de Sessa será bien que tenga entendido la orden que lleva el dicho don Martín, yo os encargo que vos se lo digáis y comuniquéis154.
No se olvida tampoco el monarca de su desconocido Gran Judío, para quien entrega a Acuña una carta genérica:
Por relaçión de don Martín de Acuña he entendido la voluntad y afficción que mostráys siempre en lo que se offresce a las cosas de mi servicio, lo qual os agradezco mucho y encargo que lo continuéys con la misma de aquí adelante, que yo os asseguro que tendré dello, y de todo lo que os tocare, la quenta y memoria que es razón, […] como más particularmente lo entenderéys del dicho don Martín, a quien daréis entera fee y creençia en lo que de mi parte os dixere155.
150 Luca lo Basso,
Uomini da remo. Galee e galeotti del Mediterraneo in età moderna (Milano: Selene
edizioni, 2004).
151 AGS, Estado, Castilla, legajo 158, f. 36, “Sobre lo que propone don Martín de Acuña”, fecha y lugar inciertos (ver anexo transcripciones, documento 18).
152 El Rey quería darle menos dinero, pero Antonio Pérez le señala que no se le puede pagar menos de 40 escudos habiendo sido capitán en Túnez y siendo caballero.
153 En principio se fijan 10 o 12 escudos de entretenimiento, pero se sube la cantidad asignada en las instrucciones al virrey: AGS, Estado, Castilla, legajo 158, ff. 20-21. Felipe II al Marqués de Mondéjar, San Lorenzo, 28 de agosto de 1576.
154 AGS, Estado, Castilla, legajo 158, ff. 20-21. Felipe II al Marqués de Mondéjar, San Lorenzo, 28 de agosto de 1576.
Conforme a la orden del rey a don Íñigo López de Mendoza y Mendoza, Marqués de Mondéjar, acerca de proveer a Acuña de todo lo obligatorio para llevar a cabo su proyecto con disimulo, el vallisoletano plasma sus peticiones en un memorial, donde solicita primero que se junten los artilleros y polvoristas que hubiere en Nápoles y se hagan «algunos instrumentos y artificios que yo he menester y les ordenaré». Pide después servirse de las dos fragatas de Otranto para ir a Corfú y Zante, una carta en su creencia para Aurelio di Santa Croce que no revele la verdadera intención de su viaje y 800 ducados para aquellas ciudades,
ansí para sacar de allí las dos personas que me han de guiar, llevar y traer y servir de comprar lo nezesario, y de lenguas, y de ganar voluntades de los que nos han de hazer plazer vendiendo cosas proscritas y peligrosas, como es pólvora, plomo, pez, estopa, resina, azeite de pudra, alcritán, cesogue y otros materiales, y para gastar por el camino en comprar caballos, vestidos y lo demás nezesario y forzoso, sin poderse escusar156.
Para Constantinopla, por último, necesitaría 4000 ducados, para sobornar a cuantos hombres hiciera falta, los que reclama con presteza, igual que el resto de lo solicitado, pues había de llegar pronto a Estambul, antes de que la flota otomana estuviera organizada para la siguiente campaña.
El Marqués de Mondéjar, por su parte, constata que Martín de Acuña llegó al Reino de Nápoles el 1 de diciembre de 1576, le informó de su plan y le entregó la carta de Felipe II de 28 de agosto. Pasa a continuación a valorar al protagonista de la aventura, a quien presenta como un rufián, según claman casi al unísono las voces en la península Itálica:
Y, aunque él está aquy tan desacreditado que, en llegando, me avisaron algunos que me recalase dél, porque es hombre de poca verdad y gran embaucador, y que havía hecho mil embustes para sacar dyneros, y quando comuniqué al Duque de Sesa el negocio a que viene, […] me dixo lo mismo, todavía, pareçiéndome que lo que ofreçe […] no trae imposibilidad, […] y considerando que quien más aventura es él, yendo como va en persona a executállo, y lo poco que se aventura […] respecto de lo que se ganaría sy oviese efecto, me he resuelto en dálle parte dello y despachálle, con lo que él se contenta y a my parecer bastará157.
El embajador en Roma, Juan de Zúñiga, confirma a Mondéjar en esta opinión apenas un mes después, ya que, aunque no está seguro de la identidad del vallisoletano, dice
conocer a un don Martín que es «muy gran vellaco y muy indecente»158.
Es entonces cuando el Virrey de Nápoles duda, a pesar de la filosofía que se desprende de sus anteriores palabras, que ya vimos referida a los Occulti, esto es, que, no obstante
156 AGS, Estado, Nápoles, legajo 1070, f. 164, “El memorial que don Martín de Acuña dio al Virrey de
Nápoles sobre lo que havía menester para su viage”, Nápoles, 1 de diciembre de 1576.
157 AGS, Estado, Nápoles, legajo 1070, f. 171. Marqués de Mondéjar a Felipe II, Nápoles, 19 de diciembre de 1576.
158 AGS, Estado, Nápoles, legajo 1073, f. 11. Juan de Zúñiga al Marqués de Mondéjar, Roma, 10 de enero de 1577.
la consideración que se tenga sobre los protagonistas, se han de tentar todas las propuestas para dañar al Turco porque dichos protagonistas arriesgan más que la Monarquía Hispánica y ésta pierde poco en comparación con lo que podría ganar. Cuando recibe la misiva de Zúñiga, a 17 de enero de 1577, habiendo ya despachado a Acuña hacia Constantinopla, Mondéjar vacila sobre la conveniencia de haberle dejado ir, tanto por las palabras del legado en la Santa Sede como «por averme dicho muchas
personas desapasionadas […] mucho mal de él» y «por haverme puesto Bartolomeo
Bruti, veneciano de quien él se confió y le descubrió a lo que yva, los inconvenientes,
[…] aviéndome el dicho don Martín aprovado mucho la persona del dicho Bartolomeo
Bruti por muy inteligente y de mucha verdad»159.
Aun así, Mondéjar despacha a Martín de Acuña con 3000 ducados, 2000 menos de los que le solicitó don Martín, y una carta credencial para el también desacreditado jefe de
los Occulti Santa Croce160 porque se lo ordenó el rey, que, en el paroxismo de la
paradoja, apuntará cuando reciba esta carta de Íñigo López de Mendoza y Mendoza que
hubiera sido mejor no dejarle ir estando tan adelantada la estación161.
Es esto, entre otros puntos, lo que objetaba el albanés Brutti, a quien vimos que el virrey retenía en Nápoles sin dejarle pasar a Madrid pero de quien se fía en sus indicaciones sobre el plan de Acuña, ya que éste mismo le había loado la calidad de su persona y sus conocimientos.
Es claro que Brutti y Acuña coincidieron en Nápoles entre diciembre de 1576 y enero de 1577. A partir de ahí cada uno da su versión sobre su encuentro y desecuentro y la posibilidad de tener éxito en la quema de la armada turca planeada por Acuña.
El albanés refleja en su memorial dirigido al Marqués de Mondéjar que Acuña le pidió que le acompañase, pero no hace más referencia a su negativa que los fallos que el proyecto presenta, seguramente porque no quería confesar que, en el fondo, la razón de aquélla era el interés por su propio negocio, el de Mehmed Bey, que no quería contar ni al virrey ni a Acuña.
De esta forma, centra su crítica en la ida del vallisoletano en pleno invierno, que dice “fuera de estación”, pues, además de los inconvenientes climatológicos del viaje, cuando arribase, allá por febrero, las galeras otomanas estarían ya asignadas a sus
159 AGS, Estado, Nápoles, legajo 1073, f. 15. Marqués de Mondéjar a Antonio Pérez, Nápoles, 17 de enero de 1577.
160 Para que le ayudara y asistiera en su misión: AGS, Estado, Nápoles, legajo 1071, f. 192. Marqués de Mondéjar a Aurelio di Santa Croce, Nápoles, 31 de diciembre de 1576.
161 AGS, Estado, Nápoles, legajo 1073, f. 15. Marqués de Mondéjar a Antonio Pérez, Nápoles, 17 de enero de 1577.
capitanes, y éstos no las abandonarían. Además, estas galeras se hallarían en el agua, lo que complicaría prenderles fuego tanto por su situación como por la prohibición de andar en barca por la noche en Constantinopla, menos cerca del arsenal. Por si fuera poco, Acuña pretendía que Brutti comprara todos los artificios necesarios para prender fuego a la flota él solo, con lo que sin duda sería descubierto y condenado por los turcos. Finalmente, añade Brutti que los contactos que dice tener don Martín con renegados de la casa de Uluj Alí no son de fiar, dado que dichos renegados solían ser traicioneros. En resumen, el poco calibrado plan de Acuña no haría más que poner en peligro a los que realmente sirven a Su Majestad en Constantinopla, la duradera Conjura de los Renegados.
Si Acuña quería prender fuego a la armada turca, concluía Brutti, debía hacerlo en un día frío y ventoso de diciembre, cuando las galeras están aún en tierra y la guardia se
confía y se retira a refugiarse del frío162. El mismo Acuña había dicho algo parecido en
la corte el verano anterior:
Y que la forma que para esto se ha de tener es estar en Constantinopla para Navidad, que es el tiempo más a propósito y quando hay más navíos assí en tierra como en el agua […] Que se ha de esperar un tiempo obscuro y ventoso, que ally reyna mucho, en el qual tiempo no hay guardias ni parece hombre en calle ni ventana163.
La versión de Acuña sobre Brutti y sus objeciones a su misión se ve en una carta suya al soberano desde Nápoles, de 3 de enero de 1577. Comienza ésta contando que lleva consigo tres hábiles polvoristas y dos guías acreditados para su viaje y plan, que partirá ese mismo día para Otranto y Bríndez y que se proveerá allí de vestidos acordes a los
usos otomanos164.
De Brutti dice que le conoció durante su estancia en Constantinopla y le identificó como «inteligente y hábil y temeroso de Dios, y válido entre turcos». Ya entonces pensó en emplearle para la misión de la quema de la armada turca y, al encontrárselo en Nápoles el 18 de diciembre,
que no fue para mí de poco contento, le acordé lo pasado, representándole la ocasión. Y ni más ni menos le hallé gratísimo a acompañarme y ayudarme, con condizión que yo hiciese que se le diesen treinta escudos de oro al mes, y que él iría y me tendría y bolbería de Constantinopla segurísimo; y que nos diésemos gran priesa en
162 AGS, Estado, Nápoles, legajo 1073, f. 22. “Copia del memorial que Bartholomé Bruti dio a su Excelencia sobre la yda de don Martín de Acuña a Constantinopla”, fecha y lugar inciertos (ver anexo transcripciones, documento 19).
163 AGS, Estado, Castilla, legajo 158, f. 36, “Sobre lo que propone don Martín de Acuña”, fecha y lugar inciertos (ver anexo transcripciones, documento 18).
despacharnos, pues el tiempo lo requería y yo sabía que en Constantinopla presteza y dineros hazían las cosas165.
A continuación, el vallisoletano convino con el Marqués de Mondéjar un sueldo para Brutti, pero, poco después, el día de pascua, el albanés muda su opinión y se niega a acompañar a Martín de Acuña argumentando lo avanzado del tiempo. Acuña le contesta que apenas unos días antes no opinaba así, y que, de todos modos, la consignación de las galeras a sus capitanes no se producía hasta abril.
Por fin Brutti le revela que ha intervenido en los negocios de la Monarquía Hispánica en Constantinopla, mediando con la carta que Avellán llevó para Morat Ağa y ofreciendo las promesas para aquél y Kiliç Ali Paşa a otro personaje turco, sin especificar a quién, con la condición de que pasase al servicio de Felipe II, y le espeta:
(¿) Cómo queréis vos que yo buelba a donde vos vais sin haber visto a Su Magestad ni haber hecho el servizio, a riesgo de no efetuar nada y a peligro de que me mate el que me embió (?)166.
Acuña refiere la confesión al Virrey de Nápoles, y de ahí el enfrentamiento entre éste y Brutti y el empeño del marqués en indagar en los papeles del albanés, que en definitiva acabaría causando el apartamiento de Mendoza y Mendoza del negocio de Mehmed Bey y, en última instancia, de las treguas que establecería Giovanni Margliani.
Una vez partido de Nápoles, Martín Vázquez de Acuña sigue especulando sobre el