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III: Results – the data & what we found III.I Our sample

IV.III Limitations of our study • Data analytic challenges

Cabe aclarar que la historia propia es la que ha sido invisibilizada, por lo tanto, no aparece en los libros o ha sido sesgada por la mirada colonizadora, sin embargo, los pueblos originarios a lo largo de su existencia en los territorios la han mantenido viva a través de la tradición oral y su resistencia a la imposición cultural. Del mismo modo, el hecho de que la academia vea la cultura Mhuysqa como una cultura muerta, nos guía a la sabiduría de los mayores y mayoras que dice que el tabaco fue cortado, pero no fue arrancada su raíz, por tal razón, a pesar del mestizaje en la tradición oral de los campesinos del altiplano cundi-boyacense, perviven relatos y costumbres de nuestros antepasados.

Esto nos guía a la razón por la cual, asumimos la responsabilidad como aprendices y docentes de rememorar y revitalizar los saberes ancestrales, ya que por el hecho de ser mestizos asumimos una posición crítica frente a la colonialidad, con la que se generó una opresión a la forma de pensar de los pueblos de Abya Yala, presentándonos una contradicción por el hecho de imponer un sistema de pensamiento y costumbres, proveniente de otro territorio a este contexto.

Lo anterior, ha generado los problemas sociales, ambientales y económicos actuales que han originado el desorden en el territorio, como se evidencia en la contaminación del agua, las técnicas de agricultura dañinas, la extinción de flora y fauna, la minería, el cambio notorio en las relaciones sociales, como el conflicto armado, la violencia intrafamiliar, las madres cabeza de familia y los embarazos no deseados, en el ámbito educativo, desde el enfoque mercantilista, genera en los jóvenes campesinos el olvido de su forma de vida, queriendo trabajar en las grandes urbes. Y en el tema de salud, hoy por hoy se proliferan enfermedades como el cáncer, y otras tantas a causa de sustancias químicas nocivas, presentes en los alimentos procesados y en el ambiente, provenientes de la industria química que interviene en la agricultura y muchos otros aspectos de la vida moderna.

Por ello, es menester acudir al llamado de los sabedores y mayoras de las diferentes comunidades indígenas de volver a ordenarnos a las leyes naturales del territorio, con el fin de encontrar sentidos de vida propios pertinentes para afrontar la realidad actual que procuren restaurar el equilibrio. El comienzo de este propósito se da en el hecho de reivindicar el nombre de Uxuameca (semilla del atardecer) para reconocerlo no como una localidad de Bogotá, sino como parte de un organismo vivo perteneciente al territorio de Sumapaz (Fusungá en lengua Mhuysqa), el cual nos muestra su ordenamiento territorial a través del agua por el hecho de ser una gran reserva de este elemento vital, amenazado hoy en día por la minería, igualmente se

busca resignificar este territorio para mantener su memoria como lugar sagrado por el hecho de dar vida.

Con ayuda de la re-construcción de la historia propia, se buscó hacer conscientes a los estudiantes del compromiso como humanos de ser guardianes del territorio, para que se difunda en las familias, con el fin de mitigar los daños hechos al territorio, por medio del fortalecimiento de la conciencia para lograr hacer resistencia a procesos tales como la minería, que desequilibran su relación con el entorno. Para esto, los saberes ancestrales entonces son herramientas con las cuales el sujeto histórico se reencuentra consigo mismo, permitiendo reconocer que hace parte de un tejido amplio,deshaciéndose de ideas de raza, clase y nacionalidad para generar el sentido humano que lo conecta no solo con sus antepasados sino también con su origen primigenio, el origen de la tierra.

Los saberes ancestrales no son conceptos, ni el simple manejo de artilugios sino prácticas que permiten al sujeto histórico una forma de relacionarse con todo lo existente y de re-existir en la historia. Este proceso se logra entre la práctica y la rememoración de estos conocimientos guiando el tejido histórico de lo local a la construcción de una conciencia e identidad histórica territorial. Lo anterior es la suna que como indicamos anteriormente, se hace a través del esquema que indica la re-construcción de la historia en este trabajo, es decir, el recorrido por la rueda de la medicina o los cuatro tamuy: tradición oral, palabra de origen, pensamiento y saberes ancestrales Mhuysqa.

Es de vital importancia aclarar que la re-construcción de la historia propia, partiendo de los saberes ancestrales que perviven en un territorio, no se desarrolla a cabalidad sino tiene los otros tres tamuy. Para comprender esto, imaginemos que necesitamos edificar una casa de pensamiento o chomsua, esta representa la historia propia de los pueblos, para esto, hay que

montar las bases que serían los cuatro tamuy nombrados anteriormente, por lo cual, si falta uno de los cimientos no cumplirá su función vital de recordarnos nuestro origen y el convivir en unos principios o leyes naturales con los otros y la madre tierra.

La re-construcción de la historia propia en un territorio, se da por medio de la rememoración de los saberes ancestrales, esta surge en el proceso de construcción de las memorias (Jelin, 2001) que por un lado, mostraron los saberes legitimados en la vereda los Arrayanes y las tensiones en las que son concebidos e insertos en el sistema económico y de pensamiento actual, adquirido por los campesinos, relacionado específicamente con las técnicas de agricultura así como los usos y costumbres presentes como el tejido y el turmequé que se mantienen en las familias. Por otro lado, están las narrativas colectivas (como se cita en Jelin, 2001, p. 4) tejidas entre el saber experiencial (Jaramillo, 2010) de docentes y estudiantes, que permiten mantener vivos los recuerdos y revivir lo olvidado, para hacer de estos conocimientos un saber colectivizado enraizado a la tradición Mhuysqa (Walsh, 2013) permitiendo la

resistencia y re- existencia en el pensamiento colonial y en la vereda los Arrayanes, evidenciando la relación complementaria entre la tradición oral y la palabra de origen.

El acto de rememorar, en este caso es recordar y practicar conocimientos de nuestro pasado ancestral, que pueden ser enlazados con conocimientos de occidente para dar origen a medios, formas y valores que procuren el equilibrio de la vida. Para lograr esto, en medio del diálogo de saberes evidenciamos que “el acto de rememorar presupone tener una experiencia pasada que se activa en el presente, por un deseo o un sufrimiento, unidos a veces a la intención de comunicarla.” (Jelin, 2001, p. 9). En la experiencia pedagógica esto se manifiesta en los recuerdos evocados por quienes participamos en este intercambio, con los cuales se reflejaba emotividad y aceptación a nivel colectivo a la hora de compartir las historias y cantos o

al momento en que los estudiantes contaban sus experiencias o conocimientos respecto a un saber.

Rememorar en este sentido, está ligado con la uta (familia en lengua), la cual, cumple un rol fundamental en la rememoración de los saberes ya que, mantiene el tejido intergeneracional en cuanto a su transmisión y desde la tradición de los pueblos

originarios, se conserva además la palabra de origen del pueblo de pertenencia. En este sentido, al evocar recuerdos o unir lazos con lo olvidado, los actores de este proceso expresan la emotividad como potencialidad (Zemelman, 2001), en cuanto a la relación con su origen o las raíces olvidadas y las que perviven a causa de las formas y los medios como fueron halladas, enseñadas y transmitidas en las familias, visto esto en los casos del hallazgo de la vasija labrando (D.C Núm. 16) y la experiencia del habitante que por ir a una piedra del territorio donde

antiguamente hacían la chicha, él aprende a prepararla (D.C. Núm. 3).

Hasta aquí, la historia propia parte de las experiencias que a través del diálogo de saberes se van transformando en discurso (Zemelman, 2004) y práctica, por lo tanto, la historia va más allá de lo conocido y atiende a una necesidad histórica, que, en este caso, es la mudanza en las formas como habitamos, nombramos y significamos el territorio. Desde esta perspectiva el

pensamiento histórico, nos permite romper con lo que nos determina, gracias a los espacios creados a través de la rememoración de los saberes ancestrales, los cuales, nos permiten colocarnos frente a la realidad para interpretarla y escribir nuestra historia en el presente

(Zemelman, 2014), logrando hacer el tejido de la conciencia histórica.

Hallamos que, para volver a la historia propia, es posible acudir a la historia oficial para reinterpretarla, no memorizarla, lo que permite tomar una posición crítica, y en efecto, generar cambios por medio de la rememoración y práctica de los conocimientos de nuestros ancestros,

con el fin, de entender nuestra historia a nivel macro, para lograr mudar las dinámicas históricas desde lo micro, lo local y la experiencia como habitantes del territorio, en el presente. Con esto,

queremos decir que la historia propia partiendo de la rememoración y práctica de los

saberes ancestrales toma el tiempo de forma cíclica, como vimos a nivel metodológico entre el ir y venir del desorden y el orden, así como la diferenciación entre Uxuameca y Usme.

En este punto, la conciencia histórica renace con la historia propia cuando tomamos

el tiempo en espiral:

De manera entonces que el tiempo en el mundo indígena no es unidireccional de pasado a futuro, sino que bidireccional. El futuro puede estar atrás y el pasado adelante o

viceversa. El hombre indígena vive el presente en una realidad de continuo movimiento cíclico de la naturaleza y de su cultura... el término del año es el inicio de una nueva vida y no la suma de años acumulados. (Gavilán, 2012, p. 20)