Errors from Neglecting Polarization
7.6 Linear Sensitivity Analysis
La confidencialidad y el secreto profesional tienen su fundamento en los derechos a la privacidad y la intimidad0. En los instrumentos internacionales de derechos humanos se reconocen estos dos derechos: Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos (artículo 17): «Nadie será objeto de injerencias arbitrarias o ilegales en su vida privada, su fami- lia, su domicilio o su correspondencia, ni de ataques ilegales a su honra y reputación», Convención Americana sobre Derechos Humanos(artículo 11): «Artículo 11. Protección de la Honra y de la Dignidad (...) 2. Nadie puede ser objeto de injerencias arbitrarias o abusivas en su vida privada, en la de su familia, en su domicilio o en su correspondencia, ni de ataques ilegales a su honra o reputación.», Declaración Universal de los Derechos humanos(artículo 12): «Artículo 12. Nadie será objeto de injerencias arbitrarias en su vida privada, su familia, su domicilio o su correspondencia, ni de ataques a su honra o a su reputación. Toda persona tiene derecho a la protección de la ley contra tales injerencias o ataques.», Declaración Americana de los Derechos y Deberes del Hombre (artículo V): «Artículo V. Toda persona tiene derecho a la protección de la Ley contra los ataques abusivos a su honra, a su reputación y a su vida privada y familiar. Derecho a la protección a la honra, la reputación personal y la vida privada y familiar». Por su parte, el derecho a la confidencialidad se encuentra expresamente previsto en el programa de acción de la Conferencia Internacional sobre Población y Desarrollo (Cairo) relacionado con el acceso a métodos de planificación y a atención de mujeres con VIH/SIDA, y reiterado en la Conferencia Mundial sobre la Mujer (Beijing).
Estas definiciones muestran que los derechos a la intimidad y a la privacidad, a su vez se afincan en los derechos a la libertad y a la dignidad humana, en la medida en que son un requisito para que las mujeres puedan decidir de manera libre acerca de la continuación o no de un embarazo en general para que puedan desarrollar de manera autónoma su proyecto de vida, en condiciones de respeto y preservando su integridad.
La confidencialidad y el secreto médico son obligaciones que se desprenden de los derechos a la intimidad y a la privacidad, ya que impiden que la información que se proporciona a los profesionales de la salud en el acceso a los servicios médicos sea divulgada o utilizada para causarle perjuicios al o la paciente.
0 Sobre este punto en Uruguay se ha dicho «En nuestro ordenamiento jurídico, la protección del secreto profesional tiene su tiene fundamento en principios constitucionales que aseguran el derecho a la intimidad, libertad y seguridad (artículos 7 y 72 de la Constitución)». (31)
Párrafos 7.23; 7.45; 8.29 y 8.34.
Objetivo C1, medida f, como parte de las medidas para garantizar el acceso de las mujeres a servicios de salud.
También en Colombia, en la sentencia que despenalizó recientemente el aborto en los casos extremos se reconoció el derecho a la confidencialidad como un derecho derivado del derecho a la intimidad: «(...). El derecho a la intimidad también está relacionado con los derechos reproductivos, y puede afirmarse que se viola cuando el Estado o los particulares interfieren el derecho de la mujer a tomar decisiones sobre su cuerpo y su capacidad reproductiva. El derecho a la intimidad cobija el derecho a que el médico respete la confidencialidad de su paciente, y por lo tanto, no se respetaría tal derecho, cuando se le obliga legalmente a denunciar a la mujer que se ha practicado un aborto.»(32).
En cuanto a la importancia de la confidencialidad de la información y secreto médico, existe amplio consenso entre las asociaciones médicas, las organizaciones de mujeres y la ciudadanía, ya que además de ser una garantía para las usuarias de los servicios de salud, es una garantía para el ejercicio de las profesiones relacionadas con la salud. Es un tema en el que abundan, de manera particular, los pronunciamientos de grupos organizados. La información sobre la propia salud se revela en un ambiente de profunda intimidad y de exposición de la vida privada, por eso, debe ser protegida: «La intimidad es un valor ético y jurídico amparado por la Constitución y por la legislación vigente en nuestro país, y como tal hay que demandarlo y protegerlo por profesionales y usuarios. y El valor
supremo de la vida y la defensa de la salud son motivo de que en la intimidad de la consulta médica se revelen secretos que no se confían ni siquiera a los más allegados, por eso la confidencialidad y el secreto médico son imprescindibles en la relación mé- dico–paciente.»
No garantizar la confidencialidad pone en riesgo la salud de las mujeres, ya que la posibi- lidad de que sea revelada la práctica de una ILE o cualquier otro servicio de salud, reduce las probabilidades de que las mujeres acudan a dichos servicios cuando lo necesitan, o de que sean sinceras con los profesionales acerca de su estado o que confíen en ellos. Esto lo convierte en un componente de la calidad de los servicios de salud.
Un componente del derecho a la confidencialidad que se articula con el derecho a la información, es la autonomía para disponer de los datos sobre la propia salud. Esto
Reconocido en el Manifiesto en defensa de la confidencialidad y el secreto médico dado en Madrid a 23 de junio de 2003 y que está suscrito por: Consejo General de Colegios Oficiales de Médicos (OMC); Comisión de Libertades e Informática (CLI); Federación de Asociaciones para la Defensa de la Sanidad Pública (FADSP); Plataforma 10 minutos; Red Española de Atención Primaria (REAP); Sociedad Canaria de Medicina Familiar y Comunitaria; Sociedad Catalana de Medicina Familiar y Comunitaria (SCMFIC); Sociedad Española de Medicina General (SEMG).
Ver en Canadá por ejemplo: Confidentiality of Personal Health Information.(33). Este documento se orienta sobre todo a explicar las pautas bajo las cuales se puede revelar la información: «Maintaining confidentiality is fundamental to providing the highest standard of patient care. Patients who understand that their information will remain confidential are more likely to provide the physician with complete and accurate health information, which in turn, leads to better treatment advice from the physician.». Ver también en Declaración de Posición: pacientes informados.(34)«Toda persona tiene derecho al secreto y confidencialidad de la información sobre su salud. Compartir adecuadamente la información es un requisito previo para que las enfermeras y demás profesionales de salud establezcan relaciones sinceras y de colaboración con los pacientes y sus familias o con quienes les dispensa cuidados.» En el documento Información sobre su salud: Derecho a la confidencialidad(35), se ofrece a los usuarios
del sistema de salud una descripción de sus derechos en cuanto al manejo de la información de su propia salud: Leer su historia clínica y obtener una copia, Que se corrija la información sobre su salud, Que se le notifique sobre cómo se usa y comparte la información sobre su salud, decidir si autoriza que su información se utilice o comparta con ciertos fines, recibir un informe sobre cuándo y por qué se compartió información sobre su salud, solicitar que se lo contacte en otro lugar que no sea su casa, pedir que no se divulgue su información, presentar quejas. En el Manifiesto en Defensa de la Confidencialidad y el Secreto Médico(36)se señala: «El paciente tiene el derecho a ser informado de un modo que pueda comprender: acerca del responsable, destino y uso de sus datos personales; a que se requiera su consentimiento previo para la recogida y utilización de los datos, y el derecho a acceder, rectificar y cancelar dichos datos; en definitiva, el paciente tiene autonomía y poder de disposición sobre sus datos personales. Como establece el Tribunal Constitucional, todo paciente tiene el derecho fundamental a la protección de sus datos de carácter personal, que persigue garantizar un poder de control sobre los datos, su uso y su destino.». La Declaración de Posición: pacientes informados.(37), indica: «... La información dada al paciente y al dispensador ha de responder a las necesidades religiosas, étnicas, culturales, y otras del paciente, y a sus capacidades de lenguaje y de comprensión de dicha información. Los riesgos y beneficios de las intervenciones y opciones de atención de salud deben explicarse a los pacientes y, cuando sea necesario, a sus familias y a quienes les cuidan».
incluye el derecho a conocer qué datos han sido recaudados, cuál es el destino de esos datos, a acceder, rectificar y cancelar los mismos, a que se solicite autorización del paci- ente para revelar la información y a que éste sea informado en caso de que hayan sido revelados o publicados, en cumplimiento de obligaciones legales o judiciales.
Por otra parte, la fuerza vinculante de la confidencialidad surge de las diversas leyes relacionadas con la prestación de servicios de atención médica y con la responsabilidad profesional, que lo establecen como un derecho de las y los pacientes y una obligación a cargo de las y los profesionales de la salud.
Uno de los aspectos fundamentales de la protección de los derechos a la privacidad y a la intimidad a través de la confidencialidad, es la tensión entre el derecho de las mujeres a la confidencialidad, y el deber de los médicos de denunciarlas cuando se practican abortos ilegales. De manera unánime el aspecto ético, y en casi todos los casos también el jurídico, de este conflicto, se ha resuelto a favor de los derechos humanos de las mu- jeres. A pesar de ello, se siguen presentando casos en los que se vulneran los derechos humanos de las mujeres a la privacidad y la intimidad, revelando la información que ellas han proporcionado a los profesionales de la salud.
En Uruguay, recientemente ocurrió un caso especialmente relevante: un médico denunció a una mujer de 20 años que había interrumpido su embarazo porque consideraba que no tenía condiciones económicas para continuar con el mismo. Este acontecimiento, además de haber generado un importante movimiento de la ciudadanía, permitió que las y los médicos se manifestaron a favor de la protección de los derechos de las mujeres, rechazando la actuación del que interpuso la denuncia, y se pronunciaran como gremio a favor de la protección de la confidencialidad(40). En un documento público señalaron:
«La legislación nacional obliga y ampara el secreto profesional en general y, en particular, el secreto médico (...). y En este marco normativo el médico está obligado a no revelar
y mucho menos denunciar situaciones que puedan exponer a su paciente a un proceso penal o que le causen perjuicios de cualquier naturaleza. No puede ser relevado de su secreto por ninguna autoridad, ni siquiera la judicial. Debe también velar porque todo
En el Manifiesto en defensa de la confidencialidad y el secreto medico.(38). se señala sobre este punto:
«El secreto es un deber del médico y un derecho del paciente. El secreto médico se ha de proteger en el tratamiento de los datos sanitarios, ya sea en medios manuales o informatizados, como se establece en la legislación vigente, exigiendo las medidas de seguridad apropiadas que garanticen la protección de los datos personales de los pacientes. Sin estas medidas de seguridad no se deberán tratar los datos de salud.» En el Confidentiality of Personal Health Information.(39), a su vez se indica: «Physicians have always been obligated to keep their patients’ personal health information confidential, however, the introduction of PHIPA has also imposed a legal obligation on physicians to maintain and comply with information practices that, among other things, keep their patients’ personal health information: • accurate, current and complete; and protected against theft, loss or unauthorized use or disclosure. If personal health information is stolen, lost or accessed by, or disclosed to an unauthorized person, patients must, subject to specific exceptions, be notified at the first reasonable opportunity.»
Por iniciativa ciudadana se originó un movimiento orientado a la recolección de firmas para apoyar a la mujer denunciada. Como parte del mismo se creó una página web (http://www.despenalizar.blogspot. com/), en la que se lee el siguiente texto: «Yo Firmo. y El día 16 de mayo de 2007 una mujer uruguaya fue procesada por «delito de aborto». y Los y las abajo firmantes hemos infringido la Ley 9.763 de 1938 haciéndonos un aborto o financiándolo, acompañando a una mujer a practicárselo, conociendo la identidad de muchas y callándonos. y Todas y todos somos la mujer de 20 años procesada. y O todas y todos somos delincuentes o esa ley es injusta.». El movimiento ha recaudado casi 9000 firmas incluidas las de ministros y legisladores. Esta situación reabrió el debate sobre la penalización del aborto en el Parlamento y el pasado 6 de noviembre el Senado aprobó la despenalización, quedando pendiente el debate sólo en la Cámara de Representantes.
el personal observe el deber de sigilo. y En lo que refiere a los casos de aborto, existe legislación específica que obliga a notificar los casos al Ministerio de Salud Pública, sin revelar el nombre de la paciente (art. 3º de la Ley Nº 9.763). y 4– Por lo anterior, el secreto médico no es una opción, sino una obligación para los médicos y el equipo de salud. y La
Facultad de Medicina reafirma la necesidad de educar a los futuros médicos y médicas y demás profesionales de la salud en el respeto del secreto profesional.»
Otro país en donde el debate de si es obligación del médico denunciar ha sido importante, es Argentina. Con todo, de manera unánime los jueces han llegado a la conclusión de que un deber tal no existe, y adicionalmente, que hacerlo vulnera los derechos de las mujeres hasta tal punto que vicia el proceso penal, sin que sea posible continuar con el mismo. Uno de los aspectos más relevantes de la jurisprudencia de este país en la materia, es que entre los argumentos fundamentales para considerar la denuncia de las mujeres que terminan un embarazo por parte de sus médicos o de quienes atienden las complicaciones como violatoria de sus derechos, es que está práctica genera desigualdad ya que las más afectadas son las mujeres pobres que no pueden pagar abortos adecuados, allí donde el mismo se encuentra penalizado: «Allí se sostuvo, como ya ha sido expuesto, que el profesional, en cargos públicos o en el ejercicio privado de la profesión, debía guardar el secreto profesional. Se consideró inadmisible y contradictorio que el orden jurídico se valiera, para imponer penas, de denuncias delictivas, en violación a ese secreto; que la mujer se encontraba ante la opción de elegir entre la cárcel y la vida, frente al peligro de muerte si procuraba lograr la impunidad; y se destacó la discriminación sociológica que implicaba para las mujeres de escasos recursos, que terminaban lesionadas luego de abortos clandestinos, con escasa garantía de higiene y salubridad, en tanto las que gozaban de una posición acomodada, podían abortar impunemente en clínicas privadas, con auxilio profesional obligado al secreto.»
Estas tensiones muestran la extrema importancia de la protección de los derechos de las mujeres a la intimidad y la privacidad, en la medida en que si son vulnerados, afectan directamente su derecho a la salud. El valor de la relación entre estos derechos y el derecho a la salud, consiste en que su garantía asegura que la información que se proporciona en consulta no será divulgada, ni producirá efectos jurídicos que terminen en un perjuicio para las ellas, ni será usada para discriminarlas o estigmatizarlas. En los casos en que la interrupción del embarazo es requerida por una afectación de la salud, esta relación es aún mas importante puesto que si existen riesgos de que la información que las mujeres proporcionan en la consulta será usada en su contra, terminan puestas en la situación de elegir entre su salud y su bienestar, o su privacidad y su intimidad.