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educativos se enseña a leer y a escribir entre 2.º y 3.º de Educación Infantil, dándose por hecho que la mayoría de los niños entrarán en 1.º de primaria leyendo y escribiendo. Sin embargo, muchos de los niños con TDAH tienen dificultades para adquirir estas habilidades al ritmo de sus compañeros. Además, sabemos que aproximadamente la mitad de los niños con TDAH tendrán, con el tiempo, como segundo diagnóstico, un trastorno específico del aprendizaje (de la lectura, la escritura o las matemáticas). No es posible aventurar el diagnóstico de estas dificultades en edades muy tempranas, debido al hecho lógico de que, para diagnosticar una anomalía en la habilidad para aprender, por ejemplo, a leer, primero hay que dar al niño la oportunidad de que aprenda a leer, asegurándonos de que se le enseña con un método adecuado y con suficiente tiempo de práctica. Sólo si, a pesar de todo, el niño no aprende, sospecharemos una dificultad específica de este tipo. Por tanto, podemos encontrarnos con un grupo de niños con TDAH que tienen un desarrollo más inmaduro, que no presentan las di­

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ficultades propias de un niño con un retraso intelectual (casos en los que sí puede estar autorizada la repetición de 3º de infantil), para los que no se pueden diagnosticar dificultades específicas, pero que no siguen el ritmo de sus compañeros y necesitan de mucha dedicación y horas de práctica. En estos casos, y aunque la inmadurez afecte también a su comportamiento general, a sus re­ laciones sociales o a su autonomía física y emocional, es extrema­ damente difícil que el Ministerio autorice la repetición. Veamos un ejemplo:

Cuando Marcos terminó 1º de Educación Infantil en un colegio privado, se recomendó a los padres que buscaran ayuda especializada y se les invitó a llevarse al niño a otro centro. Ese mes de julio se le realizó una evaluación y se le diagnosticó un trastorno por déficit de atención con hiperactividad, comportamiento oposicionista y desafiante y un cociente intelectual de 83, medio bajo. Marcos tenía antecedentes de una afectación neurológica, aunque había sido operado siendo un bebé y, en principio, había recibido el alta médica. Con este diagnóstico, Marcos entró en un colegio concertado en donde lo ubicaron en el grupo en el que mejor encajaba, volviendo a cursar 1.º de Educación Infantil. Aunque costó, con el esfuerzo de todos Marcos consiguió terminar ese curso y 2.º de Educación Infantil con una evolución aceptablemente buena, aunque persistían los síntomas de TDAH y los problemas de comportamiento que le hacían ser un niño muy difícil de manejar. Cuando terminó 2.º de Educación Infantil estaba a punto de cum- plir los 6 años y le correspondería supuestamente comenzar 1.º de Prima- ria. El centro, de acuerdo con los padres, solicitó que se le concediera un año más para poder cursar 3.º de Educación Infantil. Tras estudiar el caso, el Equipo de zona decidió que no se ajustaba a los criterios de repetición, así que, desoyendo las recomendaciones de los profesores, la directora del centro, los padres y los especialistas que llevaban al chico, recomendó que promocionara a 1.º de Primaria (sin haber cursado 3.º de Educación Infan- til), eso sí, con apoyo escolar específico. Esto hubiera podido funcionar (con sesiones de apoyo y adaptación en el resto de las clases) si los proble- mas de Marcos se restringieran al ámbito de los aprendizajes, pero ninguno de los profesionales que conocían bien al niño imaginaba cómo podría es- tar en 1º de Primaria, sin saber leer ni escribir lo suficiente, con la inmadurez en el autocontrol que presentaba, sin capacidad para mantener la atención (con una exigencia muy diferente en Primaria respecto a Infantil), la actitud desafiante y los problemas de conducta que solía presentar. La familia tuvo que pelear mucho para conseguir que no promocionara a 1.º de Primaria.

Deberes, castigos y refuer

zos en verano

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En este caso, haber pasado a Marcos de curso hubiera sido un auténtico fracaso y una tortura para el niño, la familia y la profe­ sora que tuviera que recibirlo. Además, si hubiera pasado a 1.º de primaria, al final de este curso se habría planteado el problema de nuevo (puesto que no se permite la repetición en 1.º de Primaria y Marcos hubiera tenido que pasar a 2.º antes de que se le permi­ tiera repetir). Por muchos apoyos escolares que se le ofreciesen esos dos años, dudo que compensasen dicha situación.

En el caso de los niños con TDAH, en los que el problema de la inmadurez no es algo puntual y pasajero sino un problema más bien crónico, el sistema debería ser mucho más flexible y permi­ tir la repetición. Pero no se trata aquí de defender «café para to­ dos» y generalizar la repetición para todo niño con TDAH, ¡en absoluto!; de lo que hablamos es de que se permita la repetición si se considera la mejor opción tras realizar un estudio muy a fon­ do de la situación específica de cada niño, contando con la opi­ nión del colegio, de los padres y, sobre todo, de los profesionales que llevan su tratamiento (profesor tutor, profesor de apoyo o te­ rapeuta y médico). En algunos casos, eso implicará que perma­ nezcan un año más en Educación Infantil (repitiendo el curso que consideren más necesario), pero en otros puede suponer lo contra­ rio si se dictaminara que lo conveniente fuera, por ejemplo, que promocionará a 1.º de primaria para favorecer el ajuste social con­ seguido hasta el momento o porque, a pesar de no tener nivel de 1.º, se estime que lo más conveniente sea que promocione con esa maravillosa profesora que «le tiene cogido el aire» y que está sa­ cando el mejor partido de él.

Es cierto que algunos reputados profesionales americanos afir­ man tajantemente que el niño con TDAH se ve perjudicado si re­ pite curso, pero me parece muy poco prudente hacer genera­ lizaciones de este tipo para cualquier niño y en cualquier circunstancia. Además, debe tenerse en cuenta el marco educati­ vo en el que se desenvuelve el niño, pues no se puede comparar el sistema americano con el sistema de enseñanza español (muy car­ gado en materias, con una metodología poco experimental, más teórica y con gran sobrecarga memorística). Hay que presio­

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nar desde los centros educativos y las asociaciones de padres para que se permita un planteamiento más flexible, que pueda adap­ tarse partiendo del estudio a fondo de cada caso.

2. Cuando nuestro hijo termina un ciclo y no tiene el

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