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que se mandan a todos, pero con cierta flexibilidad.

Los padres se comprometerían a intentar que el niño cumpla con todos los deberes que les ha puesto la profe­ sora, pero sabiendo que tienen cierta flexibilidad para adaptarlos a la situación del niño de modo que se consiga el mayor avance en su aprendizaje. Así pues, los días en los que el niño parece agotado o que, por alguna razón de

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peso, no ha podido terminarlos, el padre puede seleccio­ nar aquellos deberes que piensa que son más útiles. Qui­ zá el padre prefiera dejar un problema porque, por su complejidad, es preferible explicárselo el fin de semana, cuando el niño y él estén más descansados, o porque exija tener claro conceptos previos que el niño todavía no tie­ ne; puede preferir centrarse en el problema más difícil porque el resto parezca redundante y sea preferible dedi­ car el tiempo a otra asignatura, o bien puede elegir reali­ zar los más sencillos porque el niño necesita consolidar los aprendizajes, realizarlos él solo para practicar en auto­ nomía o porque su consecución con éxito contribuya a re­ forzar su autoestima.

3. Lo óptimo sería que, especialmente en niños con dificul­ tades, el profesor y los padres pudieran acordar cómo

adaptar parte de los deberes a las necesidades del chico o chica. De este modo, los chicos con retraso o di­

ficultades en áreas específicas podrían sustituir parte de los deberes por los de un plan de trabajo programado. Así, por ejemplo, se les podría permitir realizar la mitad de los problemas de matemáticas (aquellos más adecuados para ellos) para poder dedicar más tiempo al plan de orto­ grafía, podrán hacer el trabajo de literatura sobre una ver­ sión más breve del libro que se les encargó (en el caso de un chico con dislexia), reducir al mínimo los deberes de inglés si su buen nivel permite sustituirlos por otra tarea más adecuada (como un trabajo extra y voluntario sobre un experimento de química para subir nota) o bien reali­ zar un cuaderno de cálculo de un nivel anterior para refor­ zar la base y que no siga acumulando frustración y errores. El último punto exige unos padres y un profesor muy com­ prometidos con el niño, que conozcan muy bien sus dificultades, que tengan claro cómo ayudarle y que mantengan una excelente relación de confianza mutua, además de una comunicación fluida. A veces no se darán las condiciones ideales, pero debemos pensar

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que obligar al niño con TDAH y con dificultades específicas a realizar más tareas, además de las ya extensas que se mandan a to­ dos, nos conducirá al mismo fracaso académico que conseguiría­ mos si no funcionara la estrategia anterior, pero con un deterioro emocional añadido.

En ocasiones, no son los padres sino los profesores particulares los que apoyan al niño en los deberes. La comunicación entre ellos y el profesor suele facilitar que se realicen estas adaptaciones por­ que, como profesionales, hablan el mismo lenguaje y se entien­ den con mayor facilidad y porque, seguramente, se reduzca la desconfianza o el miedo de los profesores a que el niño no trabaje en casa lo suficiente. Cuando el niño tiene un profesor de apoyo en el colegio la situación se simplifica, puesto que éste puede de­ dicar algunas sesiones a coordinarse con el profesor tutor de cara a ajustar la exigencia en los deberes, determinando a qué activida­ des de refuerzo hay que dar prioridad.

Qué hacer cuando los deberes se multiplican con lo que no termina en el colegio

La solución comienza por conseguir que el niño rinda más en el colegio para que no se acumule el trabajo en casa. Eso se puede facilitarse del siguiente modo:

1. Analizando cuál es la causa de que el niño no termi­ ne las tareas en clase. El TDAH se caracteriza por una

mayor inmadurez en la capacidad de autorregular la pro­ pia conducta. Los niños con TDAH tienen dificultades para terminar las tareas a tiempo porque necesitan un en­ trenamiento específico para conseguir ser tan autónomos en el trabajo como sus compañeros de edad. Por su tras­ torno, no controlan el paso del tiempo como los niños de su edad, son más desorganizados, se distraen más con es­ tímulos irrelevantes, se fatigan antes cuando tienen que realizar tareas que requieren estar concentrados y son

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emocionalmente más dependientes de la aprobación de los demás (no se automotivan como sus compañeros) y de la tarea (se frustran con más facilidad y tiran la toalla). Se comportan como niños más pequeños: su trabajo es irregular, comienzan con ganas pero se distraen, tardan más en sacar el material (o no tiene boli o tarda una eter­ nidad en sacar punta o va a pedir una goma al otro extre­ mo de la clase), se saltan ejercicios por despiste, se pier­ den en las instrucciones y tienen que releerlas de nuevo y se fatigan enseguida. No es infrecuente que se molesten en ayudar en las tareas al compañero y dejen las suyas in­ conclusas. Los profesores suelen percibir este comporta­ miento como vaguería: «¡Míralo!, ¡no ha hecho nada en toda la mañana y, cuando le pongo las pilas y le amenazo con no bajar al recreo, lo hace todo en un periquete! ¿Qué problema de atención?, ¡este es un jeta!». Por eso es importante que el profesor se dé cuenta de que el niño con TDAH tiene un procesamiento cerebral más lento y un cerebro más in­ maduro, que funciona de forma más desorganizada, pro­ duciendo un mayor desgaste cuando tiene que enfrentar­ se a las tareas escolares. En realidad, ese niño que no ha hecho nada en toda la mañana demuestra que no ha sido capaz de regularse solo y responde bien cuando el profe­ sor aumenta la motivación hacia la tarea (porque la ame­ naza de un castigo aumenta la motivación) y cuando le ayuda a regularse externamente (al colocarse a su lado para ver si cumple con lo que se le ha dicho). Los niños con TDAH necesitan una supervisión mayor para conse­ guir realizar las tareas.

2. Entrenándole en el trabajo autónomo aumentando la supervisión, al principio, para luego ir espaciando el control. En este caso, en lugar de dedicar tiempo a rega­

ñarle durante toda la mañana recordándole que vuelva a su sitio o al trabajo, el profesor puede fragmentar las tareas y supervisarlas más frecuentemente («haz el primer ejercicio y me lo enseñas», «bien, ahora los dos siguientes»).

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3. Además de ayudar al niño a regularse y optimizar el tiempo y el trabajo, podemos motivarle por terminar

las tareas con un refuerzo (poniéndole una nota en la

agenda cada día que termine), con un autorregistro,

para que vea que progresa, y con una consecuencia positiva en casa («como hoy no tienes deberes que recuperar

tenemos tiempo para jugar una partida a la Wii o puede subir tu amigo a jugar un rato»).

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