• No results found

Pasemos ahora a estudiar las posibilidades combinatorias que existen entre otro y dema-

siado. El ejemplo (22a) muestra que otro no puede seguir a demasiado. Como ilustra-

mos en (4), que repetimos aquí como (22b), el orden inverso tampoco es posible:

(22) a. *He visto ya demasiadas otras desgracias. b. *He visto ya otras demasiadas desgracias.

En primer lugar, la mala formación de (22a) no es debida a la adscripción categorial de demasiado, puesto que, como refleja su capacidad de admitir complementos parti- tivos (23a) y legitimar sujetos preverbales (23b), funciona inequívocamente como cuantificador:

74 60 problemas de gramática

(23) a. Demasiados de sus votantes están ya cansados. b. Demasiados clientes han puesto una reclamación.

En este caso, y de un modo parecido a lo que ocurría con el uso adjetivo de bastan-

te, el problema tiene que ver con la semántica de demasiado y otro. Ya hemos señala-

do que demasiado es un cuantificador epistémico e inespecífico que denota que se ha superado un determinado límite en grado excesivo. Como señalan Eguren y Sánchez López (2003: 95), otro es un determinante indefinido con al menos dos valores distin- tos. En contextos específicos, equivale siempre a ‘un N distinto’, por lo que posee un valor de contraste o alteridad. Esto es lo que sucede en (24), donde la oración explica- tiva fuerza la interpretación específica del sintagma nominal, por lo que se la interpre- ta como ‘un especialista distinto’:

(24) Hablé con otro especialista, que trabaja en una clínica privada.

Pero cuando otro se encuentra en contextos inespecíficos, el valor de alteridad no es el único posible y puede haber en cambio una lectura aditiva. Obsérvese el siguiente ejemplo:

(25) Necesitamos otro becario que sepa francés.

El sintagma nominal de esta oración es necesariamente inespecífico, ya que contiene una oración de relativo en subjuntivo en un contexto intensional. Como consecuencia, el indefinido tanto puede tener valor de alteridad como aditivo, es decir, (25) puede pa- rafrasearse como ‘necesitamos un becario distinto que sepa francés’ o ‘necesitamos un becario más que sepa francés’.

Esta última situación, es decir, aquella en que los dos valores de otro están disponi- bles, es la que encontraríamos cuando otro va precedido por demasiado, puesto que, como ya hemos mostrado, este último es inespecífico. Ahora bien, el valor de exceso de

demasiado es incompatible con el de adición de otro en la medida en que también inclu-

ye la idea de adición (Brucart, 2003: 4.2). De este modo, salvo que la lectura de alteridad resulte favorecida, la combinación demasiado otro sería imposible por redundante, como lo es de hecho la de demasiados con el adverbio de valor aditivo no ambiguo más:

(26) a. *He visto demasiados otros pisos. b. *He visto demasiados más pisos.

Como decíamos, si construimos enunciados que fuercen la lectura de alteridad de

otro, la secuencia demasiados otros debería mejorar y esto es lo que parece ocurrir,

como se ve en la oraciones siguientes, que son aceptables para algunos hablantes:

(27) a. ?En cuanto a los cinturones, los rojos se venden muy bien, pero demasiados otros no. b. ?No quiere que tenga demasiadas otras ideas que no sean las que él le inculca.

La agramaticalidad del orden inverso (*otros demasiados) sí puede explicarse, en cambio, a partir de la adscripción categorial de demasiado. Esta pieza se comporta como un adjetivo en (28), pero lo cierto es que ese uso está muy restringido en la actualidad. Así, demasiado rechaza la posición posnominal (29a) y ser modificado por lo (29b):

(28) El recorrido de esa carretera es demasiado. (29) a. *Han encontrado problemas demasiados.

b. *He comprobado lo demasiado que la quiere.

Su limitada distribución como adjetivo explicaría, pues, por qué no aparece tampo- co tras otro:

(30) *Ha pintado otros demasiados cuadros.

Una situación similar es la que presenta varios, que tampoco puede aparecer con

otro determinante:

(31) */??Ha compuesto otras varias canciones.

Al igual que sucede con demasiado, el antiguo uso de varios como adjetivo (‘diver- sos, variados’) ya no existe o está muy limitado en el español contemporáneo. Prueba de ello es que, al menos para ciertos hablantes, resulta extraña la posición posnominal de esa pieza léxica (32a) y su coordinación con adjetivos (32b):

(32) a. */??Ha diseñado estuches varios.

b. */??Ha comprado embutidos varios y sabrosos.

En el estadio actual del español, varios funciona prácticamente solo como cuantifi- cador y por eso puede encabezar construcciones partitivas (33a), legitimar sujetos pre- verbales (33b) y aparecer delante de adjetivos prenominales (33c):

(33) a. Varios de sus primos han tenido un accidente. b. Varias persianas están rotas.

c. Varios otros despachos.

Y de la adscripción de varios a la clase de los cuantificadores se sigue también que pueda preceder a otros:

(34) Ha recibido varios otros premios.

4. Conclusión

Recapitulando, pues, la distribución de otro con respecto a los cuantificadores impre- cisos responde, por una parte, a la adscripción categorial de esas piezas léxicas y, por otra, a sus propiedades semánticas. Si estas funcionan como cuantificadores, podrán preceder a otro. En el caso de que se usen como adjetivos, seguirán a ese indefinido. El hecho de que muchos de esos cuantificadores presenten una doble adscripción cate- gorial es lo que explica su doble distribución respecto a otro. Ahora bien, ese esquema puede verse alterado por razones semánticas. Así, por ejemplo, bastante, a pesar de te- ner usos adjetivos, no puede seguir a otro debido a las restricciones distribucionales que le impone su naturaleza modal. Y demasiados como cuantificador sólo podría pre- cederlo cuando sea semánticamente compatible con él, es decir, allí donde se fuerza el

76 60 problemas de gramática

valor de alteridad de otro y no cabe la lectura aditiva. El carácter excepcional en la len- gua actual de los usos adjetivos de demasiado, y aún más de varios, explica finalmen- te que ninguno de los dos pueda seguir a otros.

Referencias bibliográficas

BOSQUE, I. (1996), «On degree quantification and modal structures», en C. Parodi et al.

(eds.), Aspects of Romance linguistics, Washington, Georgetown University Press, pp. 87-106.

BRUCART, J. M. (2003), «Adición, sustracción y comparación: un análisis composicio- nal de las construcciones aditivo-sustractivas del español», en F. Sánchez Miret (ed.), Actas del XXIII Congreso Internacional de Lingüística y Filología Románica, Tübingen, Max Niemeyer, pp. 11-60.

EGUREN, L., y SÁNCHEZLÓPEZ, C. (2003), «La gramática de otro», Revista Española

de Lingüística 33, pp. 69-122.

GUTIÉRREZRODRÍGUEZ, E. (2006), «Bastantes no siempre son suficientes», en M. Villa-

yandre Llamazares (ed.), Actas del XXXV Simposio de la Sociedad Española de Lin-

güística, León, Universidad de León, pp. 872-895 [http://www3.unileon.es/dp/dfh/

SEL/actas.htm].

RAE y ASOCIACIÓN DEACADEMIAS DE LALENGUAESPAÑOLA(2009), Nueva gramática

10

Las interpretaciones de mucho