CHAPTER FIVE
5.6 Locating Race in the Memory of
ambiental
Los eventos vitales estresantes (entendidos como experiencias de vitales como haber sufrido la muerte de una persona cercana, haber sido víctima o testigo de algún evento traumático, haber sido despedido del trabajo, sufrir problemas graves de dinero etc…) han sido también
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identificados de forma consistente como uno de los factores que influye en el curso y resultado de los trastornos psicóticos. Si bien el mecanismo de acción a través del cual estos fenómenos influyen en el curso de la psicosis no es del todo conocido todavía, sí parece claro que un aumento en el número de eventos vitales estresantes sufridos por la persona, está relacionado con niveles más altos de sintomatología y tasas más altas de recaídas (Bebbington et al., 1993; Lukoff, Snyder, Ventura, & Nuechterlein, 1984).
Las limitaciones metodológicas a la hora de evaluar y medir estos eventos vitales son muy numerosas. A pesar de esto, parece existir consenso generalizado a la hora de afirmar que dichos eventos pueden jugar un papel importante a nivel etiológico en los trastornos afectivos (Bebbington & Kuipers, 1988; Brown, Harris, & Peto, 1973). En el caso de la esquizofrenia, Bebbington y Kuipers (1988) realizaron una revisión de siete estudios encontrando resultados que sugieren una mayor presencia de eventos vitales estresantes durante las tres semanas previas a la aparición de la enfermedad. En esta misma línea, otros tres estudios sugieren la asociación entre eventos vitales estresantes y la aparición de esquizofrenia, aportando algunas mejoras metodológicas en el estudio de estos fenómenos (Malla, Cortese, Shaw, & Ginsberg, 1990; Ventura, Nuechterlein, Lukoff, & Hardesty, 1989). No se han encontrado asociaciones específicas con ninguna categoría diagnóstica concreta, si bien sí parecen observarse mayores tamaños del efecto en las psicosis
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afectivas que en la esquizofrenia (Brown et al., 1973; Dohrenwend, Shrout, Link, Skodol, & Stueve, 1995; Paykel, 1978).
Más recientemente, Raune, Kuipers y Bebbington (2009), estudiaron una muestra de cuarenta y un pacientes con primer episodio psicótico, analizando la presencia de eventos vitales estresantes durante el año previo a la aparición de la enfermedad, encontrando que los eventos vitales estresantes e intrusivos eran muy frecuentes en el año previo a la aparición de la enfermedad y además eran más frecuentes en los 3 meses previos al primer episodio que en los meses anteriores. Los pacientes con primer episodio psicótico informaban con bastante mayor probabilidad de un evento estresante en los tres meses anteriores a la aparición del episodio (OR = 17.1, 34% v 3%) frente al grupo control.
Los estudios acerca de la relación entre eventos vitales estresantes y la evolución de la enfermedad, no han sido sin embargo tan concluyentes. En este sentido, algunos estudios reportan una asociación positiva entre ambos fenómenos (mejor evolución de la enfermedad tras eventos vitales estresantes (Day et al., 1987; Stephens, Mangrum, & Astrup, 1966), mientras que otros estudios relatan resultados poco concluyentes al respecto (Cole, Swenson, & Pascal, 1954; Serban, 1975).
En el “Estudio colaborativo de psicosis de Camberwell” (Van Os et al., 1994), se estudió una muestra de 59 pacientes con esquizofrenia de corta evolución. La mitad de los participantes habían experimentado un evento vital estresante previo a la aparición del episodio. En dicha mitad de la muestra se observó una probabilidad 10 veces mayor de presentar
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síntomas leves o recuperación durante los cuatro años de seguimiento. El hecho de que los eventos vitales estresantes sean predictores de buen pronóstico de la enfermedad en seguimientos de varios años, no resulta a priori congruentes con las líneas de investigación que sugieren los eventos vitales estresantes y otros factores psicosociales de estrés como elementos asociados a mayores tasas de recaída durante la evolución de la enfermedad. (Van Os, Jones, Sham, Bebbington, & Murray, 1998).
Como ha sido expuesto previamente, tanto las experiencias traumáticas como los eventos vitales estresantes han sido ampliamente reconocidas como factores de riesgo, no sólo del desarrollo de síntomas psicóticos (Bebbington et al., 2004; Hardy et al., 2005; Spauwen et al., 2006), sino que también están relacionadas con altos niveles de esquizotipia. (Kocsis-Bogár, Miklósi, & Forintos, 2013; Startup, 1999). En un estudio reciente, Kocsis-Bogár et al. (2013) estudia en una muestra de 198 estudiantes en qué grado los eventos vitales adversos estaban relacionados con el desarrollo de la personalidad esquizotípica, encontrando que el número de eventos vitales adversos estaba significativamente relacionado con la medida de esquizotipia en general, además de con la dimensión positiva de la esquizotipia.
Un área emergente de investigación surge alrededor de los mecanismos que subyacen a esta relación entre síntomas psicóticos tanto clínicos como subclínicos y la mayor vivencia de eventos estresantes y traumáticos. En esta línea, propuestas como la de Myin- Germeys, Krabbendam, Delespaul y Van Os (2003), sugieren que los
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eventos vitales estresantes producen su efecto en los pacientes con psicosis a través de un incremento de la reactividad emocional ante el estrés diario, sugiriendo así una relación entre ambos fenómenos mediada por mecanismos biológicos generales.
Bebbington et al. (2004), sugieren que las personas que desarrollan un trastorno esquizofreniforme en la vida, suelen haber sido víctimas de distintos sucesos adversos como el acoso escolar, atribuyéndolo a su pobreza en habilidades sociales y de afrontamiento. En esta misma línea, podría sugerirse que las personas con niveles más altos de esquizotipia, a los que se les presupone menos habilidades de afrontamiento como la búsqueda de apoyo social, sería esperable que sufriesen mayor número de eventos vitales adversos con una peor vivencia subjetiva de los mismos (Kocsis-Bogár et al., 2013).