Chapter 2: Literature Review
2.2 Features Representing Image Content
2.2.1 Low-Level Features
Nuestro trabajo se enmarca en la teoría de los géneros63, un enfoque que ofrece principios teóricos y metodológicos para el estudio de los textos y la variación funcional de la lengua en contextos sociales específicos. En las últimas décadas el área se ha expandido
63 El enfoque se ha desarrollado a partir del trabajo en campos aplicados y no aplicados del análisis del discurso, con el objetivo de estudiar la interacción entre la lengua y el contexto mediante el análisis de textos escritos y orales (Bhatia, 1993; Swales, 1990). En la lingüística aplicada los estudios de géneros se originaron a comienzos de la década del 80, con trabajos señeros como el de Swales (1981) sobre la organización retórica de la sección introducción del artículo de investigación y el de Miller (1984) sobre la función retórica y social de los géneros. Posteriormente, tomaron un fuerte impulso en la década del 90 (Bhatia, 2012; Swales, 2004), a partir de publicaciones como las de Swales (1990) y Bhatia (1993).
109 desde la lingüística aplicada hacia diversos campos disciplinares, como la retórica, la comunicación, la sociología, la traductología, la publicidad y las teorías cognitivas (Bhatia, 2002, 2004). En el campo de la lingüística aplicada, la teoría ha ganado reconocimiento como un enfoque teórico ampliamente consolidado para la investigación de géneros convencionales en el contexto de determinadas prácticas disciplinares, institucionales y culturales a fin de comprender cómo las comunidades discursivas construyen, interpretan y usan los géneros para lograr determinados objetivos (Bhatia, 1993, 2001, 2004; Hyon, 1996; Johns, 2002; Swales, 1990). La teoría ha alcanzado el mayor desarrollo en el campo de los estudios sobre géneros académicos y profesionales (Bhatia, 1993, 1997b, 2001, 2004, 2012; Dudley-Evans, 1994; Hyon, 1996; Johns, 2002; Swales, 1990, 2004). Las investigaciones se han enfocado en géneros y disciplinas específicas y han proporcionado, principalmente a partir del trabajo de Swales (1990, 2004), importante evidencia acerca de géneros asociados al proceso de investigación, siendo el género más estudiado el artículo de investigación, que analizamos en este estudio. Los hallazgos se han aplicado pedagógicamente para la enseñanza de lenguas, particularmente lenguas especializadas en contextos académicos y profesionales, ya sea en primeras lenguas, segundas lenguas o lenguas extranjeras (Hyon, 1996; Bhatia, 1993, 1997b, 2001, 2004; Swales, 1990, 2004).
Inicialmente, los trabajos orientados al análisis de los géneros se centraban en el estudio de recursos microtextuales, extendiéndose luego hacia el estudio global de los textos, particularmente los mecanismos y procedimientos retóricos de textualización y organización textual, tales como la encapsulación y rotulación y los rótulos cohesivos analizados en nuestro estudio. En la actualidad, es cada vez mayor la tendencia hacia la descripción lingüística de los géneros complementada con el estudio de los contextos culturales, sociales e institucionales donde circulan los géneros, empleando una diversidad de metodologías para abordar la investigación desde una perspectiva multidimensional (Bhatia, 2001, 2002, 2004, 2008a, 2008c, 2010, 2012; Swales, 1990, 2004). La consideración de aspectos no lingüísticos permite interpretar y fundamentar las descripciones de los textos sobre la base de las normas, valores y prácticas socio-culturales e institucionales que dan origen a los géneros y determinan su funcionamiento (Berkenkotter y Huckin, 1995). Esto, a su vez, se capitaliza en aplicaciones pedagógicas más relevantes a cada contexto.
110 3.1.1. La noción de género
Central en la teoría de los géneros es entender las prácticas sociales mediadas por los géneros, que constituyen instrumentos y mecanismos de acción en diversos contextos sociales e institucionales. El valor del concepto de género como constructo teórico radica en que permite ganar conocimiento sobre cómo y por qué se producen determinados textos (Freedman y Medway, 1994; Swales, 1990).
El concepto de género discursivo, introducido por Bajtín (1920) y luego reelaborado por especialistas de diferentes áreas -por ejemplo, retórica, lingüística y estudios literarios-, tal lo señalado por Swales (1990), ha llegado a ser una noción controvertida, a veces contrastada o asociada a otros términos, como por ejemplo tipo de texto (Paltridge, 2002) y registro (Biber, 1988; Eggins y Martin, 2000; Martin, 1992). En el área de la lingüística, los géneros son generalmente definidos como eventos comunicativos estandarizados, escritos u orales, creados en respuesta a actividades sociales rutinarias mediante las cuales los individuos interactúan en contextos culturales e institucionales específicos (Berkenkotter y Huckin, 1995; Bhatia, 1993, 1997a, 1997b, 2001, 2004; Devitt, 2004; Martin, 1992; Miller, 1984; Swales, 1990). Desde esta perspectiva, los textos se conciben no simplemente como productos lingüísticos sino como actividades retóricas socialmente contextualizadas que permiten regular y estabilizar la experiencia y darle significado. El énfasis en el contexto y en el rol social de los textos destaca tres aspectos axiomáticos en la conceptualización de los géneros: el propósito comunicativo, la estandarización de las actividades comunicativas y el contexto cultural e institucional.
El propósito comunicativo, que fundamenta la existencia de cada género y determina los rasgos lingüísticos y retóricos que lo identifican, representa un aspecto central que distingue los distintos textos como ejemplares de un género (Askehave y Swales, 2001; Bhatia, 1993, 1997a, 2001; Miller, 1984; Swales, 1990). Es una variable no lingüística que indica los objetivos por los cuales un género se origina y se emplea periódicamente en contextos específicos. Representa el criterio prototípico que determina la identidad de un género y que permite agrupar los textos de acuerdo a características en común, dependiendo de los contextos sociales donde son creados y utilizados (Hyland, 2002a; Devitt, 2004; Swales, 1990). Por otra parte, el propósito comunicativo está relacionado con la designación de cada género mediante un nombre particular, como por ejemplo artículo de investigación.
111 En cuanto a la estandarización de las actividades comunicativas, los géneros se caracterizan por ser estructurados y por poseer determinados recursos lingüísticos y patrones convencionales de organización que los distinguen de otros géneros y que sistematizan las distintas situaciones de comunicación. Estos rasgos estandarizados han sido objeto de análisis de los estudios sobre géneros, los cuales se han centrado en identificar y explicar el valor funcional de los mecanismos lingüísticos en determinados textos, en caracterizar los géneros a base de evidencia lingüística e identificar aplicaciones pedagógicas, aspectos en los que nos enfocamos en este trabajo a partir del estudio de los RRCC en artículos de investigación de las ciencias agrarias (Bhatia, 1993, 2001, 2004; Swales, 1990). Cabe señalar que si bien los géneros poseen cierta estabilidad, no son constructos estáticos sino dinámicos, pues están en constante evolución en respuesta a cambios en los contextos culturales e institucionales (Berkenkotter y Huckin, 1995; Bhatia, 1997b, 2002, 2004; Swales, 1990, 2004).
Los contextos culturales e institucionales donde se construyen socialmente los géneros constituyen comunidades discursivas, definidas por Swales (1990) como redes socio-retóricas creadas por un grupo de individuos con el objetivo de interactuar para lograr propósitos comunes, siendo los ejemplos prototípicos las comunidades académicas y las profesionales, tales como las ciencias agrarias, disciplina que abordamos en nuestro estudio. Además de compartir propósitos comunicativos, los miembros de una comunidad discursiva están familiarizados con la estructura y las convenciones lingüísticas y retóricas de los géneros en los que participan para llevar a cabo actividades y lograr objetivos. En este contexto, los géneros regulan las prácticas sociales y constituyen propiedades de las comunidades discursivas. Su importancia tiene que ver no solo con el papel central que desempeñan como mecanismos de participación e interacción, sino también con la creación y permanencia de valores, normas y creencias que distinguen a cada comunidad.
Por último, señalamos que los géneros también se caracterizan por coexistir con otros géneros y funcionar en sistemas (Bazerman, 1994; Swales, 2004), colonias (Bhatia, 2001, 2004), grupos (Devitt, 2004) o familias (Bergmann y Luckmann, 1995; Ciapuscio, 2009), ya sea en el seno de una disciplina o a través de las fronteras de distintas disciplinas. Es decir, los géneros no funcionan de manera aislada sino en constelaciones, cuyos criterios de organización varían en función de los vínculos establecidos entre los géneros, sean estos de jerarquías o cronológicos, entre otros (Swales, 2004). Por ejemplo, géneros como el artículo
112 de investigación, la tesis, la reseña, la ponencia en un congreso, el resumen y el capítulo de libro interactúan de manera sistemática en las distintas comunidades académicas.
3.1.2. Tres tradiciones académicas en el estudio de los géneros
La teoría de los géneros se ha desarrollado especialmente a partir de tres grandes orientaciones: inglés con fines específicos, nueva retórica y escuela australiana o escuela de Sydney. Las tres tradiciones académicas han evolucionado independientemente para responder a diferentes intereses en contextos específicos. Existen diferencias y ciertos puntos en común donde las escuelas convergen, aspectos que han sido sintetizados por Hyon (1996), Freedman y Medway (1994), Hyland (2002a, 2004b) y Johns (2002). Las principales diferencias que distinguen a cada una de estas tradiciones tienen que ver, fundamentalmente, con la conceptualización de género, el objetivo de investigación, la metodología de análisis y los contextos en que se aplican los resultados de las investigaciones. En cuanto a los puntos de confluencia, que han comenzado a manifestarse principalmente en los últimos años, las tres orientaciones comparten el interés en los contextos donde se emplean los géneros y proponen una definición teórica de género que reposa fundamentalmente en la idea de que la lengua es una actividad humana central contextualizada socialmente (Bhatia, 2004; Hyland, 2004b; Johns, 2002; Freedman y Medway, 1994; Swales, 2009). Evidencia de las similitudes son las nuevas tendencias en los estudios de géneros, que combinan aspectos teóricos y metodológicos de los tres enfoques, como se observa, por ejemplo, en los trabajos de Bhatia (2004), Devitt (2004) y Swales (2004). Siguiendo la línea de estos trabajos, adoptamos en nuestro estudio un abordaje que integra aspectos de las tres escuelas.
En nuestro estudio adherimos a la noción de género elaborada por la escuela de inglés con fines específicos y la nueva retórica. La escuela de inglés con fines específicos (Bhatia, 1993, 1997a, 1997b, 2001, 2004; Dudley-Evans, 1994, 1997; Dudley-Evans y St John, 1998; Hopkins y Dudley-Evans, 1988; Hyon, 1996; Johns, 2002; Swales, 1990, 2004, entre otros) privilegia las convenciones lingüísticas y la estructura de los géneros. Esta escuela define los géneros como textos escritos y orales caracterizados por determinados rasgos formales y propósitos comunicativos y, en tanto eventos reconocidos socialmente, los identifica mediante una denominación específica (por ej., artículo de investigación, manual universitario). La nueva retórica (Bazerman, 1988, 1994; Berkenkotter y Huckin, 1995; Coe,
113 1994, 2002; Freedman y Medway, 1994; Miller, 1984, entre otros), por su parte, privilegia el carácter de acción social de los géneros en contextos particulares, y los considera como eventos o formas dinámicas en constante evolución ligadas a cambios sociales. Central en la conceptualización de género es la idea de tipificación de acciones retóricas y sociales. Desde estas perspectivas, en nuestro estudio entendemos los géneros como acciones sociales, determinadas por propósitos comunicativos específicos en contextos particulares. La concepción de género adoptada para el análisis del artículo de investigación en nuestro estudio es compatible con la conceptualización semántica y funcional de texto propuesta por Halliday y Hasan (1976), que constituye uno de los antecedentes teóricos de nuestro estudio (cfr. Capítulo 1).
Nuestros objetivos de investigación y metodología de análisis se enmarcan en la escuela de inglés con fines específicos y la escuela de Sydney. La escuela de inglés con fines específicos basa el estudio de los géneros principalmente en la descripción lingüística de los textos, en particular los rasgos microtextuales y la organización macroestructural de los géneros. La escuela de Sydney (Caffarel, Martin, y Matthiessen, 2004; Christie, 1997; Halliday, 1982; Martin, 1992, 1993, 1997; Martin y Rose, 2008; Rose, 1997, entre otros) privilegia el estudio de los rasgos genéricos para explicar el significado y función de la lengua en contextos sociales, apoyándose principalmente en las categorías de análisis de la gramática sistémica funcional de Halliday.
Por último, nos situamos en la escuela de inglés con fines específicos dado que nuestro interés en el estudio de los rótulos cohesivos en artículos de investigación es capitalizar en los resultados obtenidos para optimizar la enseñanza de escritura académica en Argentina, donde no se habla inglés como primera lengua, con el objetivo de concientizar y sensibilizar a los alumnos sobre las convenciones lingüísticas y funciones sociales del artículo de investigación de las ciencias agrarias.