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Managing Evaluations

Section IV Strengthening Evaluation

5. Managing Evaluations

Si consideramos la definición de lo que es un holon, como : "Un sistema que es un todo en sí mismo, así como también es parte de un sistema mayor. Cada sistema puede considerarse un holon, ya sea una partícula subatómica o un planeta. En un ámbito no físico, las palabras, ideas, sonidos, emociones y todo lo que puede identificarse es a la vez parte de algo y a la vez está conformado por partes."

Esto significa que, en un universo regido por leyes, nada de lo que ocurre es un evento aislado y mucho menos lo son

las necesidades y derechos de los demás y más cuando las mismas se ven avasalladas por nuestras decisiones y acciones.

Los místicos del medio oriente nos comentaban que nada de lo que ocurra en nuestra vida esta ajeno a esa realidad, aun para aquellos seres humanos que pretenden suponer que desconocen sus responsabilidades espirituales, toda situación vivida es parte de un holon, cada circunstancia experiencial supera en esencia nuestras percepciones narcisistas, aquellas conscientes y también las inconscientes que no conocemos de nosotros mismos y ellos consideran que toda situación que produce una respuesta emocional exacerbada en nosotros y que impide la acción en bien de nuestro entendimiento y voluntad, de seguro tiene un vector narcisista implícito.

Decía la mujer de la túnica azul que la matriz experiencial de hechos que provocan aquellas respuestas emocionales, mentales y/o conductuales que tenemos que superar, suelen configurarse como circunstancias de vida, que pueden ser aparentemente distintas en diferentes etapas de la vida, pero que en esencia responden a la misma necesidad espiritual. Cuando algo se repite de manera insistente en diferentes etapas y bajo diferentes circunstancias, es porque se nos hace evidente que es sobre eso en lo que debemos trabajar internamente.

También nos comentaba el hombre que cumplía la función de guía de montaña junto a su águila que muchísimas

personas pasan etapas de vida en donde todo parece una verdadera injusticia, las vivencias parecen conspirar contra su persona y a cada paso que dan parecen hallar un problema diferente en muchas áreas de su vida. Nos decía la mujer de la túnica azul que cuando las cosas no se suceden como lo esperamos, aún lo esperado sea algo que es parte de la vida normal de todo ser humano, es cuando más se debe internalizar el contacto autentico con uno mismo y con los planos espirituales elevados a través de la oración, la meditación y la elevación del estado de consciencia y el pensamiento.

De acuerdo a sus ideas no siempre cuando las cosas no salen como queremos que salgan se trata de mala suerte, mala energía o algún tipo de aspecto negativo operando en contra de nuestro destino. Según los conocimientos de los místicos de medio oriente, todo aquello bueno o malo que nos pasa en la vida fue planificado por nosotros antes de nacer y responde por lógica a una necesidad espiritual en relación a nuestras necesidades de evolución, pero no responde a expectativas transitorias propias de nuestra consciencia humana.

No toda expectativa no cumplida, proyecto que fracasa o anhelo postergado significa realmente que está ocurriendo algo malo, en más de una circunstancia en la vida de seguro hemos podido comprobar que tras una frustración se abrió una puerta inesperada hacia la felicidad y también de seguro hemos podido comprobar que atrás de cada hecho forzado

que nos significaba una felicidad aparente nos estábamos conduciendo hacia un destino incierto y de dolor.

Tal como los místicos de medio oriente nos comentaban, los occidentales estamos demasiado influenciados por ideas preconcebidas al respecto de la vida, que atentan por un lado contra nuestra individualidad y por otro contra aquellos destinos y vivencias que debemos experimentar de manera ineludible, que no son coincidentes con esas ideas preconcebidas ficticias mencionadas anteriormente y que ayudan a lograr el estado de consciencia que constituye la felicidad real.

Cuando nuestra visión de lo que es la vida y el mundo, se encuentra intoxicada de modelos externos a nosotros mismos y a nuestra seria y madura reflexión, se generan contenidos psíquicos en relación a la percepción de nosotros mismos que atentan contra nuestra estabilidad emocional, alimentan esquemas desadaptativos y sensaciones de infelicidad e inseguridad. Nuestra forma de percibir la vida, su finalidad y a nosotros mismos dentro de ella, es la clave para llegar a un punto de armonía interior que sea la plataforma de despegue hacia estados más elevados de consciencia.

A modo de ejemplo y tal como citamos en nuestro libro "el bosque una forma de ver la realidad", cuyo personaje principal es el Fantasma, citamos aquí y de acuerdo a sus palabras, su manera de abordar la vida, ya que la misma le permitía tener una visión de sí mismo adaptativa a pesar de

las circunstancias aparentemente disimiles y marginales y en discrepancia con su esencia que le tocaba vivir.

El Fantasma percibía la vida como un árbol, explicaba que el árbol esta plantado en la tierra que sería la realidad espiritual y tiene que tener raíces sólidas y para ello debe fortalecerse y prepararse de manera que el tronco tenga sustento por sí mismo, aun no posea ramas. Según su analogía, las ramas son las vías por donde se expresa la vida y pueden ser estas tan grandes y extensas como lo permita el tronco y la fuerza de las raíces.

De acuerdo a esta analogía las raíces son la familia, el origen, la tierra, lo básico de la vida, el lugar donde naciste, las primeras cosas que aprendiste humanamente, pero en un nivel más elevado de consciencia espiritual, es nuestra conexión con nuestra esfera esencial de la existencia, nuestro templo interno, nuestro interno libre de energías negativas. Si por algún motivo de ello se reniega, si se tiene oposición a ello, entonces todo el árbol pierde sustento y las ramas no pueden ser muy extensas producto de creencias irracionales asimiladas al respecto de nosotros mismos, es como si la consciencia quedara atada a la época de formación del árbol, ósea a los conflictos de la niñez y la discrepancia entre nuestro aspecto espiritual y nuestras creencias humanas, también puede tratarse de conflictos de índole transpersonal con origen en otras vidas o instancias intrauterinas, todas circunstancias que operan como fijaciones, como barreras a superar que atraen hechos ineludibles para que lo logremos.

Un Árbol puede tener un sin número de ramas infinito, sin limitación y pueden estas extenderse hacia cualquier lugar en el espacio, a conformar diferentes redes de ramas. Pero las circunstancias, el viento, el ambiente, todo aquello que proviene del afuera, va influenciando para que las ramas se orienten hacia la dirección donde tiende la copa del árbol, que es el destino escrito, como una especie de tendencia o más bien seria nuestro karma personal que se alimenta de la construcción de sincronicidades en cohesión con los demás y el ambiente.

Si nosotros fortalecemos el tronco y comprendemos la finalidad de las raíces en nuestra vida, ósea nuestra esencia espiritual y nuestro destino, se puede llegar a cualquier punto que uno se proponga, dentro del abanico de posibilidades que constituye nuestro destino.

De acuerdo a lo mencionado hasta aquí, cada fracaso o cada circunstancia en la vida que no coincide con nuestros anhelos, nos lleva nuevamente al punto de origen, al momento de ímpetu en que debemos buscar una senda nueva, una nueva oportunidad, un nuevo camino. Las sucesivas pruebas, los sucesivos intentos, errores, cambios y supuestos fracasos deben ser asimilados como la guía, como los choques del bastón blanco que una persona ciega tiene que dar para encontrar su camino seguro y libre de obstáculos.

Aquellas personas que alcanzan el punto interno en que han aprendido a percibirse a ellos mismos como dentro de un

todo del cual son parte activa y operante y comprenden que desde ese todo son orientados hacia donde los necesitan en función de sus capacidades y sus necesidades, logran encontrar su eje, saben desechar intuitivamente todo aquello que no les corresponde y alcanzar así las metas reales que realmente necesitan, sin percibir las vivencias difíciles como ajenas a sí mismos.

De esa manera percibía la vida alguien cuya existencia está marcada por fuertes contrastes energéticos y que tiene la capacidad de armonizar en una única expresión tendiente a la espiritualización y a la transmutación de lo negativo en positivo aquello que vive y que siendo un occidental más tiene una espiritualidad subyacente de gran relevancia a pesar de sus propios errores, imperfecciones y rebeldías.

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