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Roberto Savio, romano de nacimiento y nacionalizado argentino, es secretario general de la Sociedad para el Desarrollo Internacional, además de asesor de varias agencias de la ONU y otros organismos, siempre en áreas de información y comunicación.

En 1964 fundó la agencia Inter Press Service (IPS) para "colaborar con la tarea de mantener el equilibro informativo glo- bal, como servicio internacional e independiente de noticias, reportajes y artículos de fondo sobre sucesos y procesos globales que afectan la economía y el desarrollo político y social de las naciones, con especial atención al Sur".

En los mismos ámbitos que vinculan comunicación y Sur, ha estado también en el inicio de varios proyectos, como el pio- nero sistema de información tecnológica y económica Technological Information Pilot System (TIPS), la red de sistemas de información nacional para América Latina y El Caribe (ASIN), ALASEI y el Women's Feature Service (WFS). Con TIPS, dirigió uno de los mayores proyectos implementados por IPS y las Naciones Unidas (NNUU) para el intercambio de infor- mación sobre comercio, ciencia y tecnología entre organismos gubernamentales y empresariales de países en desarrollo. Fiel a su trayectoria, no se limita a mirar con esperanza fenómenos como el Foro de Porto Alegre, sino que desde el prin- cipio ha estado entre sus organizadores.

“Es la primera vez que todos lo seres humanos tienen acceso a la comunicación, lo que constituye una revolución del mismo nivel que la de

Gutenberg”

El desequilibrio informativo era el problema de fondo que se quería resolver con la bús- queda de un "nuevo orden informativo" hace más de dos décadas. A la vista de cómo va la globalización, no parece que tuvieran mucho éxito...

Aquel debate hay que situarlo en la pers- pectiva de las relaciones Norte-Sur. En los años 70 había la ilusión de que era posible disminuir los desequilibrios Norte-Sur, del que formaba parte el nuevo orden informa- tivo. Los países del Tercer Mundo se que- jaban, con toda razón, de estar totalmente excluidos del flujo internacional de la infor- mación. Por ejemplo, en la conferencia de Tlatelolco participaban los Estados Unidos y América Latina. Ningún país de América Latina tenía agencias de prensa. Resultado: los peruanos, los colombianos, los ecuatorianos, sabían lo que había dicho Kissinger, pero no lo que había dicho su propio primer ministro.

Cuando se había logrado entender que había problemas estructurales más allá del debate ideológico en las relaciones Norte- Sur y se estaba llegando al acuerdo de que había que reequilibrar este flujo infor- mativo buscando una mayor producción de información del Sur para el Sur mismo, además de para el Norte, llega la Administración Reagan (1981-89), muy de derechas, que ve todo esto como un esfuerzo ilegítimo porque iba contra el mercado. Y de aquí parte el debate sobre el nuevo orden informativo.

El Informe McBride (1980), Un solo mundo, voces múltiples, aunque con problemas, llegó a publicarse y alimentó este debate. ¿Se logró algún cambio estructural para que más voces fueran oídas?

Hubo, efectivamente, el debate, pero el orden informativo no ha cambiado. El pro-

ceso de concentración de los medios conti- núa. En cualquier país que uno mire, los medios se han concentrado de manera dramática; disminuye el número de diarios para integrarse, y obviamente esto supone un proceso de homogeneización creciente del tipo de información, alcanzando incluso al lenguaje.

Todo el mundo ha aceptado que todo lo tiene que hacer el mercado. Y ya no es nacional; ahora es un mercado globalizado cada vez más fuerte, de modo que el Sr. Murdoch tiene diarios en todo el mundo, porque ahora lo que hay son grandes con- glomerados, como Bertelsman, presentes en todo el mundo, y en el ámbito nacional se va reduciendo la democracia.

¿Hacia dónde vamos en este terreno?

Estamos en un momento de transición muy importante, en el que la globalización ten- drá más fuerza, pero que aún es algo muy magmático, muy caótico, muy confuso, que tomará aún mucho tiempo hasta que alcan- ce una categoría de sistema organizado. Al mismo tiempo, es la primera vez que todos los seres humanos tienen acceso a la comunicación, lo que constituye una revo- lución del mismo nivel que la de Gutenberg, en la que, en un mundo en el que los manuscritos estaban inaccesibles en los monasterios, a la gente les llegaban por primera vez hojas impresas a su casa. Yo soy optimista, porque creo que este pro- ceso está acompañado por una nueva generación diferente de la anterior, con inte- reses diferentes, y creo que los valores de este mundo de comunicación que se está creando, en un periodo que no sé cuánto va a durar, van a crear un mercado en el que se harán con toda naturalidad diarios y todo tipo de medios de comunicación. El día que haya un mercado para este tipo de valores,

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esto habrá cambiado. Así es como creo que vamos a generar un cambio en el mundo de la información, como consecuencia del desarrollo de la comunicación.

¿Cómo usar la comunicación para crear ciudadanía participa- tiva global?

Este tema es muy sencillo: antes teníamos la comunicación interpersonal. Pero tenemos hoy, por primera vez en la histo- ria, la posibilidad de una comunicación, podemos decir, infini- ta. Yo creo que el mundo está dividido en personas activas y personas pasivas. Si las activas se meten hoy en el tema de la comunicación: compartir, debatir, intercambiar, leer, buscar, se crea una masa crítica muy importante, de millones de per- sonas, que va a tener un peso enorme. Se está creando todo un sistema alternativo a la prensa tradicional. Si lográramos que el flujo de comunicación y de participación se alimentara cada vez más de gente con sus preocupaciones que son el trabajo, la cultura, el medioambiente… En fin, las cosas de la vida real, podríamos darle a la comunicación un contenido muy importante y determinar una información diferente. Si no hacemos eso, la nueva tecnología servirá como redifu- sión del sistema de información tradicional, sin capacidad de participación ni discusión, en un mundo en el que el ciudada- no se está retirando de las instituciones políticas, de modo que la gente va a estar cada día más bloqueada en su capa- cidad de ver y condicionada en su capacidad de pensar. Esto a mí me preocupa mucho porque es un arma de doble filo: puede ir muy, muy bien si nos apoderamos, o muy, muy mal si lo dejamos a las fuerzas del mercado, que hoy es tam- bién política. Antes el mercado tenía su vida, aunque se com- prara a los políticos. Ahora el mercado no es economía sino política. Y si el mercado va a ser el único contenido de Internet, veo muy difícil que un ciudadano en su vida diaria pueda tener acceso a instrumentos de participación, más allá

de votar cada cuatro años. No puede haber democracia sin participación. Y a menos que la participación se produzca por telepatía, la comunicación es el enlace entre participación y democracia.

Hay algunos signos positivos, que las movilizaciones contra la invasión de Irak dejaron ver.

Sin Internet esto no habría pasado, y esto es así incluso para la gente que no tiene Internet, porque conoce y está en con- tacto con otros que sí tienen, y les sirve también como siste- ma de intercambio, de modo que yo estoy convencido de que este es el camino futuro, y de ahí mi campaña para que entre- mos en una cultura de mundialización, porque si no las nue- vas tecnologías nos van a atomizar aún más. Sentarse ante el ordenador no es un acto de congregación social, es un acto de individualización.

Pero está actuando como instrumento de congregación social, poniendo de manifiesto que la comunicación es horizontal (como usted dice), frente a la información, que es vertical.

Por eso: depende de qué uso hagamos de la comunicación. Si usamos la comunicación para ver y entender, que pienso que de eso se trata, el mundo va a vivir, gracias a la nueva tecnología, un nuevo momento de florecimiento de los ciuda- danos en una parte creciente de la sociedad. Si no logramos hacer esto, la nueva tecnología corre el riesgo de ser el ins- trumento de la mercantilización de la cultura, de la atomiza- ción ciudadana.

La capacidad de saber ver, que es la capacidad importante del ciudadano, se está transformando en la capacidad de saber escuchar. Y saber ver y saber escuchar son dos ejercicios muy diferentes, porque ver es activo y escuchar pasivo. Y nos estamos acostumbrando todos a escuchar.

Inter Press Service (IPS), ¿surge para plantar cara al desequilibrio informativo?

En este proceso de la globalización mi tarea siempre ha querido ser contribuir a reducir el desequilibrio, pero con unas características muy precisas: dar más fuerza a los procesos que a los acontecimientos, dar la voz a quienes no la tenían, por lo tanto a los actores sociales, no al mundo del poder, y procurar poner el acento en la integración nacional, la economía digamos de liberación del sistema de dominación económico. Esto ha funcionado con un cierto nivel, haciendo, eso sí, importantes ajustes estratégicos. Después de la caída del Muro de Berlín hablar de las relaciones entre el Norte y el Sur ya tenía un sentido diferente y hemos pasado a ocuparnos de temas globales, que son temas para los cuales no hay solución sin los países del Sur. La cuestión ya no son las relaciones Norte-Sur. El debate ahora se plantea en otros términos, y hay dos res- puestas: la del sistema de poder de fuerza de los Estados Unidos y la del consenso, la ley, los acuerdos inter- nacionales, la gobernabilidad. Eso significa reconocer que hay temas como el medio ambiente o como los derechos humanos, que no se solucionan con la fuerza sino con la participación de la gente, que tiene que hacerlos propios.

IPS sigue con su trabajo informativo, pero, además hemos abierto un gran sistema de comunicación con la sociedad civil que ha organizado redes de comunicación, una mesa conjunta con Le Monde Diplomatique, la página web del Foro de Porto Alegre, entre otras tareas. Digamos que tiene una política que consiste en hacer a la vez información y comunicación, que es lo que considero que las otras agencias no están haciendo, que se limitan a ser un mecanismo de distribución.

¿Es ésa una información a la medida de los tiempos que corren?

Creo que estamos en un momento en que la globalización obliga a la información a un desafío nuevo: la capa- cidad de leer el mundo, de ver el mundo, de entender el mundo. Tal como está marchando el mundo de la infor- mación ahora, no me parece que tenga para nada esa capacidad, por razones estructurales -cada medio no tiene corresponsales suficientes, depende de pocas agencias de prensa, que siguen siendo muy tradiciona- les porque el mercado lo que pide es eso, de forma que es un círculo vicioso- y, por encima de eso, no hay en muchos de los periodistas de las agencias de prensa la cultura de entender el mundo del cambio. Están entre- nados para correr detrás de la noticia, del acontecimiento, para llegar tres minutos antes que el otro, cosa que a la mayoría de la gente le interesa tres pepinos.

de tecnologíapara el desarrollo humano

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