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Nuestra generación no se habrá lamentado tanto de los crímenes de los perversos, como del estremecedor silencio de las personas buenas. Martin Luther King 1. LOS ORÍGENES DEL FEMINISMO DE GÉNERO

Tras la caída del socialismo europeo con el desmoronamiento de la URSS con el muro de Berlín y la Europa del Este, los dirigentes socialistas del mundo occidental se quedaron sin un modelo a seguir. Para ellos era como el fin del mundo.

Puesto que mostraban una marcada inclinación por las comodidades y privilegios del poderío económico capitalista, ya no les era posible defender una lucha de clases en base a la opresión económica del más rico sobre el más pobre.

Decidieron entonces arrebatarle al feminismo de equidad sus reivindicaciones transformándolo en

feminismo socialista que ya se había iniciado en los setenta, pero sustituyendo la lucha de clases por la

lucha de sexos y cambiando al capitalismo por un patriarcado dominante y omnipresente, como símbolo de opresión de los más débiles y el enemigo a derrotar.

Los analistas en esta materia coinciden en atribuir la unión marxismo-feminismo a Friederich Engels, en El Origen de la Familia, la Propiedad y el Estado, publicado en 1884, al afirmar lo siguiente:

El primer antagonismo de clases de la historia coincide con el desarrollo del antagonismo entre el hombre y la mujer, unidos en matrimonio monógamo, y la primera opresión de una clase por otra, con la del sexo femenino por el masculino.

Como se ha tenido ocasión de exponer, acoge y reajusta esta idea, la ya referida Shulamith Firestone en su libro La dialéctica del sexo (The dialectic of sex. Bonton Books, Nueva York, 1970, pág. 12) afirmando que:

Para asegurar la eliminación de las clases sexuales se requiere que la clase subyugada (las mujeres) se alce en revolución y se apodere del control de la reproducción: se devuelva a la mujer la propiedad de sus propios cuerpos, como también el control femenino de la fertilidad humana… La meta definitiva de la revolución feminista debe ser acabar… con la misma distinción de sexos.

Difundida políticamente esta idea por las feministas de la época, le fue atribuida a la mujer una «superioridad moral» frente al hombre, y un carácter permanente de «víctima» debido a la «opresión patriarcal e histórica sufrida».

Así promovieron intensamente las políticas basadas en el género (gender-based), proponiendo la deconstrucción de las estructuras «patriarcales» (familia, religión, ciencia, lenguaje), interpretando todas estas funciones como meras construcciones sociales.

Con la palabra «Género» se definieron los «roles masculino o femenino» aprendidos, calificados de estereotipos o prácticas consuetudinarias, específicamente en torno a la familia, pero con posibilidad social de cambio a través de políticas correctivas.

El feminismo socialista, al quitar toda reprobación al consumismo y materialismo, advirtió que ahora sí podría penetrar el pensamiento marxista en la sociedad occidental desde la perspectiva de género, por lo que el feminismo socialista se apresuró a desvincularse de los partidos políticos, con el objetivo de conseguir transversalidad y acogida en todo el espectro político incluidos los conservadores, y penetrar en la sociedad en general. Fue una táctica indisimulada en todo el mundo y promovida intensamente también en España por las más importantes feministas socialistas de la época, que habían organizado una conferencia en Madrid en tono al tema, tal y como lo recoge el diario El País del martes 28 de septiembre de 1982, en su reportaje titulado «El feminismo socialista se define vinculado a la sociedad, no a los partidos políticos» (http://www.mujeresenred.net/IMG/pdf/feminismo_socialista.pdf).

Eso explica que haya políticas del PSOE que expresamente se declaren que son feministas socialistas antes que socialistas feministas. Su militancia principal no se encuentra en su partido, sino dentro de las filas de la ideología de la dictadura de género. El partido, a fin de cuentas, no es sino un instrumento útil para alcanzar sus fines. Si después, además, se tiene la suerte de encontrar un candidato dócil y sumiso, que llega a presidente de gobierno, y lo primero que hace es proclamarse feminista radical, mejor que mejor; la consecución de esos fines se ponía a su alcance. Después la jugada no la pudieron repetir con Carmen Chacón, ahí se estrellaron contra un hueso duro de roer.

Como puede comprobarse en el reportaje, las dirigentes feministas abiertamente instruyeron a sus seguidoras en la conveniencia de penetrar en otros movimientos sociales como el antinuclear, el de la lucha contra el racismo, o el de la defensa de la vivienda, para difundir su ideario basado en el sistema

sexo-género, tal y como lo planteaba en la época Gayle Rubín, profesora de Antropología de la

Universidad de Michigan.

Al pertenecer casi todas estas dirigentes feministas a los departamentos de «woman studies» de ámbito universitario, fue allí donde se desarrolló y creció el concepto de «género», extendiéndose mundialmente mediante tesis doctorales, libros, revistas científicas y seminarios; promoviéndose después por vías masivas como eslóganes de publicidad, informativos, internet, series de televisión y películas de Hollywood.

A medida que se difundía este pensamiento en los mass media, ha ido aumentando el desprecio

contra la figura del hombre como símbolo opresor, y actualmente no solo ha hecho que el tratamiento

informativo de la violencia doméstica sea absolutamente sesgada en los periódicos y noticiarios de todo el mundo, sino que inclusive es corriente ver en las películas y series de TV de todos los países, escenas de agresión, ridiculización y maltrato hacia los hombres (patadas en los testículos, bofetones, insultos, etc.), como si fueran escenas divertidas, a las que inclusive se le incorporan risas de fondo (http://www.manwomanmyth.com/video/domestic-violence/stalking-tv-and-film/). ¿No recuerdan el anuncio en el que a un hombre se le retira como un electrodoméstico viejo e inservible?

Hoy es Gilda la que da soberbios bofetones al personaje de Glenn Ford, y la sociedad lo aprueba e incluso hace hasta gracia.

Volviendo a los orígenes del concepto género como sostén de todas las políticas aparentemente igualitarias de la actualidad, el concepto identidad de género en realidad existe desde muchísimo antes que se convirtiera en lo que es hoy, pues fue expuesto ya en 1950 por el ya mencionado doctor John Money de la Universidad John Hopkins de Baltimore, que decía que la identidad de género se puede cambiar sencillamente con «educación correctiva», independientemente del sexo de la persona. En el capítulo anterior, se expuso el resultado de sus experimentos.

Por tanto es evidente que las políticas de género no solo han sido creadas en torno a la pertenencia de los individuos a uno u otro sexo-género, sino también dependiendo de la orientación sexual de la persona es decir, que hablar de ‘género’ no significa hacer un corte limpio entre masculino y femenino, sino también entre heterosexual y las demás orientaciones sexuales, porque la posición de dominación y

subordinación en la pareja, tal y como lo exponen los promotores de las políticas de género, solo ocurre en relaciones heterosexuales y nunca en hombre-hombre o mujer-mujer.

Por lo expuesto se puede concluir entonces, que las teorías de género han surgido de un «feminismo de género» diseñado a partir de la intersección de tres teorías generales: la teoría de las diferencias

respecto al género, entre ellas, la teoría biológica, institucional y socio-psicológica del género; la teoría de las desigualdades entre los géneros, aportadas por entre otros, el feminismo liberal y el feminismo marxista, y las teorías de la opresión basado en el género, que incluye la teoría psicoanalítica, la teoría feminista radical, el lesbofeminismo y el feminismo socialista. 2. IMPLANTACIÓN DE LAS POLÍTICAS DE GÉNERO EN LAS INSTITUCIONES OFICIALES Y ORGANISMOS INTERNACIONALES

Muy pronto la filantropía norteamericana se interesó por las teorías de género como instrumento de control geopolítico, basada en su preocupación por el desequilibrio entre el crecimiento demográfico y los recursos para la supervivencia, puesta de manifiesto en la Conferencia Internacional sobre la Población y el Desarrollo organizada por Naciones Unidas en Roma, del 31 de agosto al 10 de septiembre de 1954.

Para ello creyeron necesarias políticas de planificación familiar y derecho al aborto basadas en el género (gender-based) que, vinculado a un derecho sexual y reproductivo de la mujer, podría cumplir perfectamente con una agenda antinatalista.

Fue entonces que desde septiembre de 1969, la filantropía norteamericana constituida por poderosas fundaciones, fue dotando de grandes partidas presupuestarias a los woman studies de universidades como la de San Diego (California), con el diseño y apoyo financiero específico de la Fundación Ford, seguido después de decenas de fundaciones que hoy en día están integradas en el llamado «Conseil on Foundations», de la que forman parte la Rockefeller Foundation, Carnegie Foundation, Turner Foundation, McArthur Foundation, Bush Foundation, Bill y Melinda Gates Foundation, Kellogg Foundation, IBM International Foundation, The Hitachi Foundation y la George Soros Foundation, entre otras muchas; todas ellas evidentemente concernientes al hipercapitalismo mundial de mercado, con notable influencia política en instituciones internacionales como Naciones Unidas o la Unión Europea.

Fue por ello por lo que los woman studies de las universidades norteamericanas y europeas, financiados por las fundaciones de la filantropía norteamericana, experimentaron un enorme cambio apartándose del feminismo marxista de los ’70, aceptando el capitalismo como sistema en la medida que vaya «empoderando» (empowering) económicamente a las mujeres e implantando principalmente, el aborto y la planificación familiar como derechos sexuales y reproductivos de las mujeres.

Así las feministas de género, fuertemente financiadas por la filantropía norteamericana y por las subvenciones públicas, respaldadas además ideológicamente por las instituciones oficiales internacionales como Naciones Unidas, les arrebataron todo el espacio de difusión al resto de

feminismos, los cuales actualmente tienen una existencia meramente residual como es el caso del Feminismo de Equidad, dentro del cual muchas madres heterosexuales de convicción pro-vida, se preguntaron qué tenía que ver el aborto con la igualdad entre hombres y mujeres, pero fueron ignoradas y acusadas, como vimos, de ser «feministas que se acuestan con el enemigo».

Este ataque desde el feminismo de género, fue denunciado por Cristina Hoff Sommers, Profesora de Filosofía de la Clark University, en su libro ¿Quién se robó el feminismo? (Who stole feminism?, Ed. Simon & Schuster, 1997):

El feminismo de equidad es sencillamente la creencia en la igualdad legal y moral de los sexos. Una feminista de equidad quiere para la mujer lo que quiere para todos: tratamiento justo, ausencia de discriminación.

Por el contrario, el feminismo del género es una ideología que pretende abarcarlo todo, según la cual la mujer está presa en un sistema patriarcal opresivo. De la misma opinión fueron otras feministas como Camille Paglia, Elaine Showalter, Erin Pizzey (a quien ya se ha hecho referencia), Elizabeth Badinter y Doris Lessing, pero fueron atacadas, censuradas y calificadas de herejes por el feminismo de género, dejándolas aisladas y sin recursos. De hecho la web www.equityfeminism.com, no presenta ninguna actividad desde el año 2006. Respecto al proceso de imposición de las políticas de género en las instituciones internacionales, se puede decir que tuvo su origen cuando Naciones Unidas sacó como conclusión en la Primera Conferencia Internacional sobre la Población y el Desarrollo en Roma, que existía desequilibrio entre el crecimiento demográfico mundial y los recursos para la supervivencia. Fue entonces cuando Naciones Unidas compartió al instante, objetivos de cuestión preferente (major issue) con la filantropía norteamericana y el feminismo de género, por lo que se puso en funcionamiento un juego a tres bandas, donde las fundaciones del hipercapitalismo norteamericano imponían las reglas a base de dinero. No en vano, la Fundación Ford financió directamente con becas millonarias, miles de proyectos de los cuales más de la mitad se basan en el apoyo directo y específico a movimientos feministas de género. Inclusive personalidades de influencia como Kofi Annan (anterior presidente de Naciones Unidas) y la hindú Irene Kahn (secretaria general de Amnistía Internacional (AI) entre 2001 y 2009), también realizaron sus estudios con becas de la Fundación Ford.

Todas las grandes organizaciones civiles internacionales como Amnistía Internacional tienen entre sus objetivos las políticas basadas en el género, compartiendo idénticos objetivos con la filantropía norteamericana que financiaba los women studies universitarios, por lo que no tardaron en dar el salto a Naciones Unidas para transformarse en política internacional prioritaria.

Trazaron un plan por el cual inmediatamente después de cada Conferencia de Naciones Unidas sobre la población mundial que concluían todas con el crecimiento demográfico mundial como grave

problema, se sucedía sistemáticamente una conferencia sobre la Mujer donde se reivindicaba como

criterio rector, el aborto y la planificación familiar como derechos sexuales y reproductivos de las

mujeres.

Y es que Naciones Unidas y las fundaciones norteamericanas, notaron que utilizando las políticas basadas en el género con la excusa de buscar la igualdad de la mujer, podrían promover el aborto para frenar el crecimiento demográfico sin ponerse en evidencia por eludir la solución de la redistribución de la riqueza mundial, que privilegia a los países del norte y por supuesto no interesa para nada al hipercapitalismo de mercado, integrado en las fundaciones «filantrópicas».

Por eso trazaron una agenda perfectamente calculada, donde las conclusiones de una conferencia eran la excusa para la siguiente, con el objetivo de que lenta e imperceptiblemente pudieran ir introduciéndose las políticas basadas en el género (nótese la equivalencia en años con los estudios, libros y autoras mencionadas antes):

Conferencia Internacional sobre la Población y el Desarrollo (Bucarest, 19 al 30 de agosto de 1974): Se concluyó que los objetivos y políticas demográficas son parte integrante (elementos constitutivos) de las políticas de desarrollo social y económico.

Primera Conferencia Mundial sobre la Mujer (México, de 19 de junio al 2 de julio de 1975): La conferencia dio lugar al establecimiento del Instituto Internacional de Investigación y Capacitación para la Promoción de la Mujer (INSTRAW) y del Fondo de Desarrollo de las Naciones Unidas para la Mujer (UNIFEM) y abrió las Naciones Unidas a organizaciones no gubernamentales de mujeres para que

accedan al proceso de elaboración de las políticas.

El 18 de diciembre de 1979, las Naciones Unidas proclamaron la Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer, implantando todas las reivindicaciones reformistas del feminismo socialista de la época («Reconociendo que para lograr la plena igualdad entre el hombre y la mujer es necesario modificar el papel tradicional tanto del hombre como de la mujer en la sociedad y en la familia»), pero siendo especialmente interesante el artículo 5, que si bien insistía en el punto a), en «Modificar los patrones socioculturales de conducta de hombres y mujeres (…) o en funciones estereotipadas de hombres y mujeres», al mismo tiempo reconocía en su punto b), que había que «Garantizar que la educación familiar incluya una comprensión adecuada de la maternidad como función social y el reconocimiento de la responsabilidad común de hombres y mujeres en cuanto a la educación y al desarrollo de sus hijos…», y esto enfureció a las feministas de la época que intentaban por todos los medios despojar a las mujeres de su maternidad y de cualquier vínculo con la familia, que consideraban una carga al servicio del patriarcado.

De todas formas pocos años más tarde lograron eliminar la maternidad como función social para convertirla en derecho individual exclusivo de las mujeres, sin ninguna capacidad de decisión de los hombres sobre su paternidad.

Inmediatamente después se realizó la Segunda Conferencia Mundial sobre la Mujer (Copenhague, del 14 de julio al 30 de julio de 1980): En esta Conferencia se reconoció que había disparidad entre los derechos garantizados y la capacidad de la mujer para ejercerlos y se incluyeron recomendaciones para servicios específicos y adecuados de atención a la salud, en lo que sería el preámbulo al reconocimiento del aborto y la planificación familiar como derecho a la salud. Conferencia Internacional sobre la Población y el Desarrollo (México, 6 al 14 de agosto de 1984): Naciones Unidas empezó ya a vincular los derechos humanos individuales y familiares, con necesidad de mayor eficacia y determinación en la toma de decisiones políticas sobre población, cuyo número siguió significando un problema.

Tercera Conferencia Mundial sobre la Mujer (Nairobi, del 15 al 26 de julio de 1985): En esta conferencia en el punto 18, directamente se estableció la devaluación del papel de la mujer debido a sus

funciones reproductivas, y se incorporó una agenda fuerte de acciones que no se revisaría hasta el año

2000, aunque se hizo finalmente bastante antes, en 1995, en la IV Cumbre de Pekín, que marcó un hito histórico.

Entretanto, la Asamblea General de Naciones Unidas proclamó el 20 de diciembre de 1993, la Declaración sobre la eliminación de la violencia contra la mujer, en base al reconocimiento de que: «La

violencia contra la mujer constituye una manifestación de relaciones de poder históricamente desiguales entre el hombre y la mujer, que han conducido a la dominación de la mujer y a la discriminación en su contra por parte del hombre e impedido el adelanto pleno de la mujer, y que la violencia contra la mujer es uno de los mecanismos sociales fundamentales por los que se fuerza a la mujer a una situación de subordinación respecto del hombre», por lo que quedaba declarada de forma oficial y a nivel internacional, la demonización del hombre como enemigo a batir, declaración largamente perseguida por las feministas de género.

Y así, el artículo 1 de la Declaración, establece que:

A los efectos de la presente Declaración, por «violencia contra la mujer» se entiende todo acto de violencia basado en la pertenencia al sexo femenino que tenga o pueda tener como resultado un daño o sufrimiento físico, sexual o sicológico para la mujer, así como las amenazas de tales actos, la coacción o la privación arbitraria de la libertad, tanto si se producen en la vida pública como en la vida privada.

Este artículo instaura un grave quebrantamiento del principio de seguridad jurídica, pues considera todo acto de violencia sobre la mujer cualquier acto que pueda producir molestia en la mujer, sin ofrecer

ninguna capacidad posible de predicción sobre su alcance. Pero sirvió de base a todas las políticas

basadas en el género y a las legislaciones de los Estados en la materia. En el caso de España, como se verá, fue el precepto inspirador de la Ley de Violencia de Género y del principio de derecho penal de autor que introdujo.

Entre el 5 y el 13 de septiembre de 1994 en El Cairo, se llevó a efecto la V Conferencia Internacional sobre la Población y el Desarrollo, poniendo énfasis en la relación integral entre la población y el desarrollo, con objeto de imponer la idea de que el crecimiento de las poblaciones significa un atraso en su desarrollo.

Inmediatamente después se realizó la conferencia más polémica jamás vista en Naciones Unidas, pues abundó el fraude y el engaño orquestado hábilmente por el feminismo de género.

Fue la IV Conferencia Mundial de las Naciones Unidas sobre la Mujer, celebrada del 4 al 15 de septiembre de 1995 en Pekín, donde fue aprobada la Declaración de Beijing y su Plataforma de Acción en torno a 12 estrategias decisivas y transversales, que dieron por fin, legalidad internacional a la «ideología de género» y todos sus supuestos, lentamente introducidos en las conferencias anteriores.[12]

El interés fue enorme: 184 países y 2000 organizaciones no-gubernamentales, pero en realidad la mayoría no sabía el porqué de tanta expectación, solo que algo importante ocurriría porque ya en los trabajos preparatorios de la Conferencia se presentó una gran batalla entre los países del Norte y del Sur