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Los roles asignados a los nobles se habrían representado simbólicamente en eventos públicos, donde se reproduce las jerarquía del Orden establecido. Son la oportunidad para satisfacer aquella obsesión de reconocimiento que busca este grupo: la exteriorización de su prestigio marca otra característica de los nobles coloniales. Dicha costumbre, según Büschges, propia de las sociedades europeas de la temprana Edad Moderna, habría tenido continuidad en Quito hasta finales del período colonial (Ibíd.: 119). En tal virtud, los nobles estaban presentes en las celebraciones oficiales, ocasiones que eran aprovechadas

234 Entre los nobles quiteños como capellanes Büschges menciona a Antonio Sánchez de Orellana y

Chiriboga (marquesado de Solanda) y José Manuel Flores en el monasterio de la Concepción, Antonio Román y Sánchez de Orellana en el monasterio del Carmen Bajo (Ibíd.: 191)

235 Büschges recoge algunos ejemplos del Archivo Nacional de Quito a propósito de las nobles

quiteñas en conventos: Josepha Matheu y Aranda deja una esclava mulata a su hermana Antonia del Espíritu Santo religiosa del monasterio de la Concepción en 1807, la monja Juana de la Encarnación Carcelén (marquesado de Villa Rocha) tenía también su propia criada, Clemente Sánchez de Orellana (marquesado de Villa Orellana) en 1763 compró una celda con cocina en el monasterio de Santa Clara por 500 pesos, Mariana de Aranda (marquesado de Maenza) había dejado una celda de varios miles de pesos de valor en su testamento. (Ibíd.: 193)

236 Büschges toma algunos ejemplos de esta dinámica social que prevalece en la administración

quiteña hasta entrado el siglo XVIII: el caso de José de Jijón y León quien postula a un cargo público resaltando los méritos de su padre Don Cristóbal Jijón, en otra ocasión José de Larrea Zurbano y León en una descripción de méritos recurre hasta el tatarabuelo de su bisabuelo, Juan de Vera y Mendoza, primer poblador de la ciudad (Ibíd.: 108)

94 por el grupo privilegiado para, ostentosamente, representar su condición junto a las

autoridades civiles y eclesiásticas238, y donde además era una oportunidad para mostrar su

La cuestión del honor caracteriza sustancialmente la identidad del noble, bajo esta normatividad se exige un reconocimiento simbólico socialmente determinado para este

grupoprivilegiado242, a la vez que se les demanda un comportamiento acorde a su posición social243. Esta condición se encuentra establecida a partir de la pertenencia a un grupo, transmitida por herencia, y por tanto exclusivo. El honor, en esa medida, viene a ser una

96 española, hizo que varios nobles tuvieran acceso a esta distinción246 (Ibíd.: 133); con ello,

no solo se apoyaba a económicamente a la realeza, sino que además ciertos aportes se

destinaban a la promoción de la causa evangelizadora247 (Ibíd.: 134), otros nombramientos

nobiliarios, en cambio, significaron el reconocimiento de la lealtad al Rey durante las revueltas independentistas de inicios del siglo XIX248.

Por otra parte, el reconocimiento de los títulos nobiliarios implicaba compromisos económicos tanto para garantizar el nivel de vida noble, como el cumplimiento de los

pagos de tasas y derechos relacionados con el título249 (Ibíd.: 140). Mas estos compromisos

económicos con la realeza habrían sido causa de endeudamiento para los nobles quiteños250, llegando incluso a renunciar a los títulos por sus precarias condiciones251. Con ello, hemos visto que el anhelo de estos sujetos se habría ubicado en el reconocimiento simbólico de su condición, tal evidencia puede darnos una idea de las consecuencias económicas que ello significó al Orden colonial.

246 Büschges indica que para comienzos del siglo XIX había en Quito un total de once poseedores

de títulos nobiliarios, y confirmando con el Archivo Histórico Nacional de Madrid, menciona el Marquesado de Maenza (1625), el Condado de Selva Florida (1692), el Marquesado de Solanda (1700), el Marquesado de Villa Rocha (1703 originalmente reconocido en 1574), el Marquesado de Lises (1745), el Marquesado de Selva Alegre (1747), el Marquesado de Miraflores (1751), el Marquesado de Villa Orellana (1753), el Condado de Real Agrado (1771), el Condado Casa de Jijón (1784), y, el Marquesado San José (1815) (Ibíd.: 134)

247 Büschges indica que de los once títulos, cinco se entregaron por servicios financieros, para el

Condado de Selva Florida se había entregado 22.000 pesos en 1692, para el marquesado de Solanda se habría cancelado 30.000 pesos en 1700, en 1745 fueron cancelados 22.000 pesos por el marquesado de Lises y entregados al convento carmelita de Madrid, 22.000 pesos para el monasterio de Santa Engracia de Zaragoza en 1753 pagados por la obtención del marquesado Villa Orellana, por el marquesado de Miraflores 25.000 pesos cargados a gastos de guerra (Ibíd.: 136- 137)

248 Büschges menciona el caso del marquesado de San José otorgado a Manuel de Larrea y Jijón

por su aporte de 6.500 pesos que ayudaron a restablecer el orden tras los sucesos quiteños de 1809 a 1812 (Ibíd.: 139), también el marquesado de Casa Fiel Pérez Calisto en 1832 entregado por la lealtad al Rey de los fusilados por la junta de gobierno quiteña Pedro Calisto y Muños y su hijo (Ibíd.)

249 De acuerdo con Büschges los pagos regulares incluyen el derecho de media anata, fijado en

1.220 pesos y un real para los títulos americanos, y el pago anual de las lanzas (Ibíd.: 141)

250 Büschges enlista las deudas de los títulos de Castilla para el año de 1774, basado en la Lista de

la Real Contaduría de Quito: el título de Lises adeuda 8.378,2 pesos, Real Agrado 2.813,1 pesos, Selva Alegre 15.557,1 pesos, Selva Florida 31.870, 2 pesos, Villa Rocha 26.994,3 pesos, Solanda 5.609,5 pesos (Ibíd.: 142)

251 Por ejemplo el caso del marquesado de Lises citado por Büschges, donde los sucesores se vieron

obligados a renunciar al título tras un fracaso en la condonación de la deuda acumulada hasta 1777 (Ibíd.: 142), otro fracaso en las condonaciones se presentó en el mismo año con el condado del Real Agrado, obligando a Juan Fernando Anselmo a la renuncia del título, tampoco se encontraron soluciones para las deudas del condado de Selva Florida y el marquesado de Villa Rocha en 1775 siendo suspendidos esos títulos (Ibíd.: 144).