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4. The depth-profiling system and method

4.1 Measuring equipment

El Hierro es la isla de más reciente formación en el Archipiélago Canario. Todo el proceso de formación por actividad volcánica queda perfectamente reflejado en su geomorfología subaérea y submarina, constituyendo un testigo de gran valor científico y didáctico que se suma al valor de los sistemas naturales del Parque Nacional.

El factor tectónico más importante en la formación de El Hierro es la asociación de tres dorsales que dirigen las emisiones volcánicas en sentidos NE-SW, NW-SE y N-S, y que son el origen de la forma triangular de la isla. La datación más antigua de El Hierro se cifra en 1,2 millones de años, concretamente en el escudo de Timor, al noroeste de la isla, por tratarse de los primeros edificios volcánicos que emergieron en su proceso de formación. Parte de este escudo basáltico, que colapsó hace 880.000 años, fue rellenado por un nuevo escudo, que también colapsó hace unos 130.000-80.000 años, dando lugar a la gran bahía actual de El Golfo. Sin embargo, el vulcanismo de El Hierro se concentró en el sistema triple de dorsales o rifts comentado y cuya parte emergida es la continuidad de las cordilleras submarinas. Estas dorsales están punteadas por decenas de conos volcánicos, de hasta 275 metros de altitud, y se extienden hasta 40 kilómetros mar adentro, a más de 3.000 metros de profundidad. Entre ellas se enmarcan las bahías de Las Calmas, al suroeste, Las Playas, al sureste y El Golfo, al norte, formadas por grandes colapsos y deslizamientos del edificio aéreo hacia el mar.

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Figura 15: Mapa geomorfológico de El Hierro. (Elaboración propia a partir de Carracedo et al., 2001).

A pesar de ser la isla más joven de Las Canarias, El Hierro no tiene volcanismo subaéreo reciente, que sí existe sin embargo en La Palma, Tenerife y Lanzarote. Las erupciones subaéreas históricas más recientes en El Hierro se dieron hace 4.000 años en el complejo volcánico de Tanganasoga, en el rift noroeste, y hace 2.500 años en la localidad de San Andrés, en el rift noreste (Pérez-Torrado et al., 2011). La actividad sísmica de mayor intensidad registrada en El Hierro se produjo el 15 de junio de 1793, destruyendo edificios y provocando gran temor en la población. Se llegó entonces a temer por una gran erupción, que no fue registrada finalmente y que posiblemente se pudo dar tal como la ocurrida en la actualidad (en octubre de 2011), sobre el lecho marino. Esta hipótesis es la más valorada entre el sector científico dado que se creía poco probable que una isla joven, considerada en su primer estadio de desarrollo, hubiera registrado tan sólo una erupción hace 2.500 años.

El volcanismo más reciente de la isla se ha dado siempre en los tres rifts comentados, especialmente en el rift sur. En este sector se pueden observar plataformas costeras subaéreas correspondientes a erupciones posteriores al último máximo glacial (de 20.000 a 18.000 años) que se conocen en la toponimia local como “islas bajas”; mientras que las coladas de lavas más antiguas caracterizan las costas más acantiladas. Entre el sector noroeste del futuro Parque (punta Orchilla) y el rift sur, se encuentra la rada de El Julán, caracterizada por una gran uniformidad morfológica, con laderas de pendiente de entre 30 y 45% que se acentúan en algunos sectores muy puntuales. Destaca la formación de veriles marcados en la parte submarina de este sector, especialmente frente a Orchilla y bahía de Naos, hasta llegar al rift sur de La Restinga. Los arrecifes, bajones y elementos relativamente erosionados por la actividad marina como roques y bajas son frecuentes, destacando por su singularidad

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geomorfológica el Roque de la Bonanza, en el margen noreste de la zona periférica de protección, y los bajones de punta Verodal y La Restinga.

La parte submarina del rift de La Restinga presenta un recorrido de 38 kilómetros de longitud, alcanzando una profundidad máxima de 3.700 metros. Los primeros kilómetros del rift se encuentran dentro del Parque Nacional y su zona periférica de protección, y corresponden a la continuación del rift subaéreo, formando una cresta que se eleva hasta 1 kilómetro y veriles con pendientes de más de 30º. Este sector del rift es el más joven, en comparación con el sector más profundo, que pertenece a un edifico volcánico más antiguo.

Sin duda uno de los valores naturales a destacar dentro del ámbito del Parque Nacional es la formación de un nuevo volcán cuyo seguimiento científico ha permitido registrar procesos geológicos y oceanográficos de gran interés que históricamente habían sido difíciles de monitorizar in situ. La erupción submarina de El Hierro ha supuesto la última manifestación volcánica en Canarias después de la de la isla de La Palma de 1971. Todo el proceso ha sido estudiado por distintas instituciones públicas de investigación (Instituto Geográfico Nacional, CSIC, Instituto Español de Oceanografía, Universidad de La Laguna, Universidad de Las Palmas de Gran Canaria) y constituye en su conjunto un patrimonio documental de gran interés científico cuyo análisis contribuye al conocimiento de la misma formación de la isla.

Figura 16: Erupción volcánica de El Hierro. (NASA Earth Observatory image by Jesse Allen and Robert

Simmon, 2012. http://earthobservatory.nasa.gov/NaturalHazards/view.php?id=77171).

Uno de los análisis más pormenorizados se encuentra en el estudio de Pérez-Torrado

et al., (2012). Según estos autores, el proceso de formación del volcán submarino se

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detectó con un incremento de la actividad sísmica de baja intensidad en julio de 2011, que se incrementó en septiembre y fue perceptible especialmente en el norte de la isla. El 8 de octubre se produjo un terremoto de magnitud 4,4 a unos 3,5 kilómetros al suroeste de La Restinga que pudo ocasionarse por una importante fractura hidráulica al inyectarse el magma en su camino hacia la superficie. Finalmente, el 10 de octubre se inició un tremor armónico considerado por el Instituto Geográfico Nacional como el inicio de la erupción submarina, y que ha acompañado al proceso en todo su desarrollo. El total de sismos registrados durante el período pre-eruptivo ascendió a unos 10.000 aunque al tener profundidades hipocéntricas superiores a los 10 kilómetros, no revistieron peligro alguno para la población.

La elevación del magma hacia la base de la corteza oceánica produjo deformaciones de hasta 40 milímetros en algunos sectores de la isla. Esta elevación se inició en el norte (El Golfo) y al no poder romper la corteza sufrió un proceso de migración hacia el sur, emplazándose en el mar de las Calmas y por último en el rift sur de La Restinga, cuando se produjo el terremoto arriba comentado y el magma pudo atravesar la corteza. A partir de Las primeras imágenes de satélite que captaron la erupción se observó que ésta tenía un carácter fisural, con varios focos alineados en la dirección del rift, a unos 2 kilómetros del puerto de La Restinga.

Figura 17: Restingolitas. (Instituto Geográfico Nacional, 2011

http://www.ign.es/ign/resources/volcanologia/Galeria_Fotos/fotos/20111127_IGN_048_L.jpg)

En la superficie del mar se pudieron observar bombas y escorias volcánicas juveniles de 10 a 40 centímetros de diámetro, bautizadas como “restingolitas” y caracterizadas por tener recubrimiento basáltico e interior poroso (traquita). Con el transcurso de la erupción estas “restingolitas” fueron substituidas por bombas huecas de corteza

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delgada y tamaños de entre 30 y 200 centímetros que se deshacían fácilmente con el contacto del agua marina y se hundían. Toda la aportación de lava en el fondo marino fluía hacia el suroeste, siguiendo depresiones del mismo rift.

El cono volcánico recién formado en el fondo marino fue cartografiado por el buque oceanográfico Ramón Margalef, que inicialmente situó dos cráteres a unos 220 metros de profundidad, sobre una base de unos 650 metros y una elevación de unos 100. En un mes y medio el cráter había ascendido hasta los -160 metros de profundidad para situarse al final del proceso, ya en marzo de 2012, sobre los -88 metros.

Todo el proceso eruptivo llevó asociado una desgasificación que podía observarse en superficie en forma de burbujeo. Según Santana-Casiano et al., (2013) se llegaron a observar burbujas de gas magmático de hasta 10-15 metros de altura, compuestas básicamente por CO2 y gases de azufre reducido. En el agua también se registraron

incrementos importantes de Fe2+. Toda esta incorporación de elementos reductores

produjo un desequilibrio en el sistema carbónico-carbonatos, observándose una bajada muy significativa del PH (hasta un valor de 5,1), una fuerte desoxigenación, un descenso de la alcalinidad y aumento de temperatura de 2 a 3 ºC por encima de los valores normales. La mortalidad de peces fue importante en los primeros días, apareciendo mictófidos y calamares en superficie, si bien cesó poco después. En abril de 2012, una vez cesó la aportación de lava y material piroclástico, el sistema evolucionó hacia un sistema hidrotermal y todos los parámetros fisicoquímicos retornaron a la normalidad a excepción de registros realizados justo encima del cráter. También es importante apuntar que todo el proceso llevó parejo un incremento de nutrientes básicos (nitratos, fosfatos y silicatos) en un radio de unos 500 metros respecto al foco de erupción, y cuya concentración y evolución sigue todavía en estudio, cabe decir, dentro un contexto regional totalmente oligotrófico.

La ubicación de este nuevo sistema natural surgido por actividad volcánica en las clasificaciones de hábitats nacionales e internacionales, y vistas sus características, residiría en el Hábitat (1170)-Arrecifes ya que en su definición se integran desde elevaciones infralitorales e intermareales hasta montañas submarinas batiales. El volcán submarino de La Restinga no debe confundirse con el Hábitat 1180 (Estructuras submarinas producidas por el escape de gases), según la descripción que realizan Mata et al., (2009). La diferencia principal con estas estructuras es que éstas se forman por la emanación de gas metano desde el fondo marino, que es aprovechado por bacterias oxidantes que, a su vez, cementan el sedimento en estructuras tipo chimeneas o pequeños arrecifes burbujeantes. Ninguno de estos elementos se ha observado en el caso que nos ocupa.

La continuidad o no de las emisiones hidrotermales en el cráter del nuevo volcán, así como la proporción de elementos reducidos (Azufre, Hierro) determinarán en el futuro la posible aparición de nuevas comunidades adaptadas a estas condiciones.

Es obvio subrayar que todo este nuevo sistema submarino se ha convertido en un preciado laboratorio natural donde desarrollar investigaciones oceanográficas, ecológicas y geológicas de capital interés para la ciencia; y que puede convertirse en

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un importante foco de conocimiento, dada su mayor accesibilidad respecto a sistemas similares situados lejos de los márgenes continentales y a grandes profundidades.