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1.8 RESEARCH PROCESS AND STRUCTURE OF THE THESIS

2.6.5. Measuring Urban Inequality

En la inmensa mayoría de los casos, la afirmación de una identidad propia

implica la existencia de una realidad histórica construida mediante la legitimación de un

poder autónomo, de un modelo de organización social individualizado y de unos

elementos culturales particulares. En la concepción moderna de la identidad nacional

adquiere también una importancia significativa la continuidad espacial y temporal de

esa misma identidad.

En el caso del Líbano, estos requisitos pueden ser establecidos como anteriores a

la construcción de la nación libanesa. Sin embargo, al sustentar el conflicto sobre un

problema de identidad en torno a lo libanés, surgen los primeros problemas. Si existen

los elementos preformativos de una nacionalidad libanesa, ¿por qué la experiencia

histórica desemboca en un enfrentamiento entre las distintas visiones que del Líbano se

hacen los diversas comunidades?

Para entender la cuestión debemos aceptar que la historia es un proceso

complejo que se construye a sí mismo, y en el que intervienen tanto fuerzas renovadoras

como inercias conservadoras, que modulan en cada momento sus resultados. Por esto es

necesario desarrollar una relación de los hechos con una teoría de análisis social, de

forma que los acontecimientos concretos se vinculan a concepciones como las de

autoridad o poder, como la de sistema multidimensional, la de equilibrio estructural o la

de solidaridad, que son las que ponen en marcha las potencialidades en uno u otro

sentido, en función también de la presencia o ausencia de fuerzas externas que apoyan o

contrarrestan las dinámicas internas. Sobre estas ideas los propios historiadores

Líbano como realidad. La investigación de Ahmad Beydun2, clave para el conocimiento

de la imbricación entre el discurso histórico y el ideológico, nos muestra el desarrollo y

alcance de algunas de estas visiones que se construyen en torno a las distintas

combinaciones de los elementos antes mencionados en el marco que definen el espacio,

la unidad del poder y el sistema comunitario. De hecho la escritura de una historia

libanesa común y compartida es una cuestión central en la propia elaboración de la

identidad de este país, hasta tal punto que el historiador Kamal Salibi habla de una

guerra sobre la historia libanesa3, en la que surgen los elementos recurrentes que iremos

viendo en la construcción de la nación libanesa, y cuya manifestación más destacada se

ha dado en el discurso político: su originalidad o su pertenencia al mundo árabe y los

delicados balances de fuerzas intercomunitarias que han determinado gran parte de la

dinámica histórica de esta sociedad.

Por todo lo anterior, trataremos de establecer aquellos elementos que

consideramos más importantes para dar forma a una identidad de lo libanés: la

existencia de un poder autónomo que diseña una memoria política esencial para

vertebrar el discurso histórico, una estructura de la autoridad que determina la forma en

que se mueven gran parte de los intereses y de unas solidaridades, las cuales están

presentes y actúan determinando la forma que adoptan, o no, los acontecimientos

concretos, que en último término son los que inmediatamente percibimos. Todos estos

elementos son los que permiten reconstruir la intriga que subyace en nuestra narración

histórica.

2

BEYDOUN, AHMAD, Identité Confessionnelle et temps social chez les historiens libanais

contemporains, 1984, Beyrout, Publications de L’Université Libanaise.

3

I.1.1. Los hechos. La constitución de un poder autónomo.

Las reivindicaciones de una personalidad propia se encuentran insertas en un

contexto marcado por dos realidades vinculadas entre sí. La primera de ellas, la política

reformadora del Imperio Otomano durante el siglo XIX; la segunda, la presencia

colonial europea.

La primera de esas realidades, las reformas iniciadas por el poder otomano,

tenían como fin modernizar el Estado y mantener un dominio que comenzaba a

desintegrarse. Pero en la práctica, su efecto fue contrario, dichas reformas favorecieron

el levantamiento de ciertas áreas -Servia, Armenia, Bulgaria, El Líbano, Siria o

Palestina-, apoyadas en sus acciones y expectativas por los intereses en la zona de las

potencias europeas4.

Esas reivindicaciones independentistas precisaban de un discurso ideológico e

histórico que demostrara la legitimidad de las pretensiones. Se trataba de un discurso de

valores múltiples, uno de los cuales hacía referencia a la existencia de un poder

autónomo dentro del conjunto del Imperio Otomano, y del cual se derivarán elementos

justificadores para un autogobierno de tipo nacional. Es a partir de aquí, como se puede

reconstruir la historia política del Líbano como la constitución y reafirmación de un

principado auténticamente libanés en su liderazgo, formas y objetivos.

Es, por otro lado, sobre ese poder autónomo, donde las memorias colectivas, en

oposición al poder dominante, asientan gran parte de su contenido; no podemos olvidar

que las reconstrucciones históricas de carácter político han sido siempre componentes

importantes en la elaboración de los discursos sobre las identidades de los pueblos.

4

DUMONT PAUL, “La période des Tanzimats (1839-1878)” en MANTRAN, ROBERT (dir), Histoire

Veamos a continuación las principales etapas del desarrollo histórico de este

poder.