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Chapter 4 Time Model Elements and Key Performance Indicator Definitions

4.2 Key Performance Indicators (KPIs)

4.2.3 Mechanical Availability

Baltasar Gracián y Morales

aforismo 79

El carácter conceptista del escritor, una de las más noto- rias y brillantes plumas de nuestro barroco Siglo de Oro español, encuentra, en la comodidad que le ofrece el aforismo, un excelente vehículo para expresarnos ide- as y ofrecernos recomendaciones que expliquen y sir- van de reflexión a la conducta humana.

Los aforismos, entendidos como sentencias concisas que plantean reglas sobre diferentes artes y ciencias, ofrecen, al lector que se acerca a ellos, instrumentos que le permiten, incluso desde la reflexión crítica de las afir- maciones depositadas, contrastar vivencias propias y, en cierto modo, dotarse de mayor contenido y habili- dades para afrontar las que ha de vivir.

Baltasar Gracián utilizó en muchos de sus textos esta figura para hablarnos de agudeza, prudencia e inge- nio.

Nos podemos preguntar si esto es vigente, si, en reali- dad, su legado trasciende y resiste los tiempos actuales. ¿Les parecen alejados los aforismos del siglo XVII de los muchos y famosos,best sellerscontemporáneos, libros de autoayuda que podemos encontrar actualmente en nues- tra sociedad poblando los anaqueles de nuestra librerí-

aforismo 79

B U E N O E S Q U E S E A S G R A C I O S O ,

P E R O C O N I N T E L I G E N C I A

Y

si también tienes templanza, serás un virtuo-

so. Un poco de buen humor, todo lo mejora. Los grandes hombres saben jugar con donaire, que mues- tra el don de la gracia, pero llevando siempre los aires de la cordura y rindiendo culto al decoro. Hay muchos que jugando a ser graciosos, quedan mal con los que hablan, quienes interpretan sus frases como una burla, y en ocasiones realmente lo es. Sin embargo, una gracia inteligente conquista corazones.

as? Nosotros creemos que no.Quién me ha robado mi que- so,El monje que vendió su Ferrari,Sun Tzu, y un largo etcé- tera de corrientes occidentales y orientales mantienen viva esta forma de propuestas, metáforas y sentencias preocupada en que seamos mejores, al menos los que pueden estar deseosos de hacerlo o los que inevitable- mente lo necesitan – a veces conjuntos disjuntos -. Y sin más comentaremos este aforismo 79 de Gracián. Nos habla del carácter jovial, así lo introduce en su títu- lo, pero fíjense que antes de nada, antes de definirlo, pide templanza que, combinada con la jovialidad, será virtud. Ser jovial, según, el autor, es sinónimo de buen humor, de la gracia a partir del donaire. El donaire, lo hemos consultado en el diccionario de la Real Academia para ser precisos y no errar, supone una muy difícil combi- nación entre discreción y gracia en lo que se dicey, también implica una cierta soltura, agilidad y gallar- día al expresarlo.

Complejo equilibrio sólo apto, en su grado excelente, para el sutil y el inteligente, el observador hábil, que utiliza el instrumento de forma teleológica, un proceso elabora- do para un fin concreto, dominando el escenario, los per- sonajes que interaccionan, el objeto del encuentro y el resultado esperado de su actuación. Y en su justa mesu- ra, ni corto ni largo, ni espeso ni pesado, todo lo contra- rio: finura en la definición, incisiva en su aplicación y acer- tada en el efecto esperado sobre nuestros interlocutores. Estamos, entonces, hablando de gran agudeza mental, de tener claros nuestros objetivos, de capacidad de per- cibir las condiciones de nuestro entorno y, especialmen-

te el perfil y carácter de la gente con la que nos rela- cionamos.

También incorporamos la capacidad de medir lo que decimos antes de hablar, haciendo este ejercicio de for- ma extremadamente rápida, generalmente en el con- texto de una conversación, puesto que si no es así, pier- de su frescura y oportunidad.

La exactitud de la medida de la gracia, delicada e inteligen- te, profunda a la vez que incisiva, y su oportunidad son los factores clave para impactar adecuadamente en nuestro objetivo, consiguiendo, en la aceptación de la pieza ver- bal ofrecida, un retorno en forma de reacción positiva para los intereses pretendidos: aceptación sonriente,

reconocimiento sagaz, complicidad, o, la más deseada a nuestro parecer, nueva torna, en forma de contestación que ha de rivalizar en las virtudes ensalzadas en el aforismo.

No llegar a la medida supone incomprensión, excederla, puede suponer una grosería de consecuencias no deseables.

Por lo tanto nuestra expresión graciosa no es el terreno de la ocurrencia sobrevenida, ni de la utilización de la sal gruesa, ni del fácil recurso refranero o recurrencia trivial y manida. Estamos hablando de cosecha propia que nos ha de identificar y diferenciar, haciéndonos únicos en superposición y alejamiento a la general vulgaridad. Las formas en que se produce, y representa, la utili- zación de este modo de relacionarse y comunicar

BUENO ES Q UE SEAS GRA CI OSO , PER O C ON INTELIGENCIA

son innumerables y, muchas de ellas se han identifica- do con fórmulas que, de alguna manera, han sido estere- otipadas y reconocidas por todos como lugar común: la flema británica, la retranca, la fina ironía, el savoir faire…. ¿Sirve todo ello en nuestra vida cotidiana, ya sea per- sonal o profesional? Honestamente pensamos que sí. Y no solamente es efectivo, sino que resulta necesario. Nos planteamos actualmente modelos de gestión de problemas basados en la inteligencia emocional. Entendemos que, por lo expuesto, ese carácter propues-

to por el aforismo, se incorpora perfectamente en dicho contenido como aplicación para reco- nocer y manejar en positivo los senti- mientos propios y ajenos, como una habilidad, puede que en principio un don, que, adecuadamente des- arrollada y aplicada, nos puede acompañar de forma permanen- te y ayudar al éxito de nuestras empresas e iniciativas.

JOANCOMELLACARNICÉ Director del Institut de Recerca del Vall d’Hebron

FRANCESCIGLESIASGARCÍA Director de Innovación del Institut de Recerca del Vall d’Hebron

Y si también tienes…

Baltasar Gracián y Morales

aforismo 79

Conocer mejor el mundo que nos rodea ha sido desde los albores de la humanidad una característica propia del ser humano que nos ha permitido ser lo que somos: super- vivientes evolucionados. Desde la búsqueda de otro espa- cio físico más allá de la sabana africana o más allá de los confines de nuestro planeta en la reciente explora- ción espacial, la humanidad ha perseguido conocer más y mejor buscando superar sus limitaciones. Salvo en muy pequeñas parcelas ligadas al mundo físico o afectivo cer- cano, este conocimiento se obtiene de forma mediada y no directamente. Cada vez en mayor medida, depende- mos de otros para conocer. Lo que nos dicen y, sobre todo, quién nos lo dice y cómo lo dice adquiere un valor inmen- so: de lo que nos dicen depende la capacidad de progre- sar; de quién, depende nuestra confianza en la infor- mación obtenible u obtenida, y utilizarla posteriormen- te; del cómo, nuestra comprensión del mensaje. Ahora el espacio se ha ensanchado. El concepto de “aldea global” ha ido poco a poco haciéndose realidad para un

aforismo 80

C U Í D AT E A L I N T E R P R E TA R

L O Q U E T E C U E N TA N

D

ependemos mucho de lo que nos cuentan. Es muy

poco lo que podemos ver directamente, y hay por ello que oír lo que nos dicen. El oído es la segunda puerta de la verdad y primera de la mentira. La rea- lidad que se ha visto con frecuencia se exagera al ser oída. Rara vez te traen la verdad pura, y menos cuan- do viene de lejos. Siempre llega con alguna mezcla: del sentimiento de quien la lleva, de la pasión de las personas que la tocan, ya odiosa, ya favorable. Tien- de siempre a impresionar. Unos la alaban y otros la vituperan. Sumo cuidado has de tener en este pun- to, para descubrir la intención del que te la dice, y saber de antemano hacia dónde éste se inclina. Usa bien tu reflexión para saber qué le falta, para saber dónde es falsa.

otros muchos millones de personas, la vida transcurre, exceptuando algunos síntomas o efectos derivados de ello pero poco integrados en sus respectivas culturas socio-técnicas, muy alejada de esa idea. Pero en el mun- do desarrollado, los medios de comunicación y las nue- vas tecnologías de la información, sobre todo Inter- net, han ido creando una sensación de inmediatez: la acción, noticia u opinión se produce con una proximidad lógica al ciudadano que la siente como cercana; pero esa proximidad virtual es, asimis- mo, la causa de una dependencia aún mayor de la fuente y de la credibilidad concedida a la misma. En este proceso de acceso informacional se produce tam- bién un fenómeno dual con una fuerte componente de índole generacional. Para muchas personas adultas, edu- cadas en un periodo pre-internet, la información le lle- ga de forma pasiva salvo la escasa capacidad decisoria ligada al cambio de canales de TV o radio o la (cada vez más escasa) adquisición o lectura diaria de uno u otro periódico. Para una población más joven o formada ya en el uso de Internet esta búsqueda de información adquiere un carácter más activo; se busca la infor- mación deseada o presuntamente deseada en vez de recibirla pasivamente.

Este fenómeno de acceso incontrolado a cantidades ingentes de información se acompaña de otro más peli- groso: la dificultad de reflexionar sobre la información que se recibe de forma asíncrona con el propio conoci- miento de la misma. El escaso tiempo disponible hace que si se reflexiona, se hace al mismo tiempo que se consume la información. Pasado ese momento, la infor- mación deja de tener utilidad y la reflexión sobre la mis- ma, si es que se hubiera producido, también. Los pro- ductores de información de todo tipo conocen bien

consumidor de la misma en dosis que sean fácilmente digeribles en un tiempo limitado. El diseño de la forma en la que la información llega se convierte en un fac- tor más importante que la información misma para su

aceptación.

En resumen, pasividad, inmediatez, diseño adapta- do al usuario, tiempo escaso de asimilación y nula capacidad de reflexión configuran el panorama con el que se encuentra la mayor parte de los ciuda- danos actuales: meros consumidores de comida rápida e información rápida.

Esta situación nos conduce a otra aún más inquie- tante. ¿Cuál es el grado de credibilidad de la informa- ción que recibimos? En el pasado, la confianza residía en personas. De forma personal mediante contacto físi- co o en forma epistolar generalmente producida tras contactos personales que generaban un nivel de con- fianza suficiente, la información se transmitía de forma estrechamente ligada al transmisor y, en muchos casos, al generador de la información. Esto hoy ya no es posi- ble. Ni conocemos al generador de la información, ni en muchos casos al transmisor sino únicamente al medio de transmisión. La confianza se traslada al medio (el periódico, la revista científica, el partido político, etc.)

y no a quién la ha generado que es invisible. De nuevo pasamos a una situación dual de conse-

cuencias imprevisibles: por un lado, un exceso de información concreta y detallada que no se cuestio- na a pesar de no ser contrastada, y por otro lado, una credibilidad genérica escasa concedida a la infor- mación procedente de los medios de comunicación. No me refiero exclusivamente a aquellas situaciones en las que, históricamente, la información está (o debe estar) controlada, se conoce que eso es así, y se acepta de

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CUÍD A TE AL INTERPRET AR LO Q UE TE CUENT AN

forma natural como sucede con la información distribui- da en situaciones bélicas; recibir con profusión de deta- lles en el salón de casa el “parte militar del día” no es sinó- nimo de obtener un conocimiento real de la situación; tampoco se pretende. Existen otros ejemplos en los que la credibilidad se supone cuando se usa aunque nadie fir- maría su exactitud. El caso de Wikipedia es ilustrativo de esta situación: el uso sin comprobación de veracidad no cuestiona su importancia ni su uso para multitud de ciudadanos en los que los “errores” son despreciables. Se podría argumentar que esta situación de falta de cre- dibilidad a priori se da normalmente en aquellas cosas “opinables por su propia naturaleza” como ocurre en las ciencias humanas pero no en las ciencias exactas (posi- blemente por la mera contradicción en los términos que supondría su cuestionamiento). Es evidente que la infor- mación de carácter político o, mejor dicho, sobre la clase política, o ligado a los hechos de los mismos, tiene un enor- me carácter potencialmente cuestionable. El sesgo con el que se presenta la noticia o su comentario está implí- cito aunque, desgraciadamente, no siempre explícito. El problema es que también surge en otros aspectos liga- dos a la ciencia o a la técnica frente a los que la pobla- ción mundial se encuentra aún menos preparada para adoptar una postura sólida. Los ejemplos de las cau- sas o consecuencias del cambio climático y su origen antrópico, o los efectos derivados de los elementos trans- génicos y sus efectos adversos para el ser humano son, a menudo, cuestionados por ciudadanos de todo tipo sin entrar casi nunca a un análisis en profundidad: por falta e información, de formación, o de ambas.

GONZALO DELEÓN

Vicerrector de Investigación de la Universidad Politécnica de Madrid

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