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Chapter 7 Conclusions and Recommendations for Future Work

7.3 Recommendations for Future Work

Baltasar Gracián y Morales

aforismo 80

Comentar un aforismo de un persona- je tan singular como Baltasar Gracián es tarea compleja, y que he querido abordar desde mi trabajo como inves- tigador en las ciencias matemáticas, en sus tres aspectos de buscador de nuevos conocimientos matemáticos, de formador de investigadores y de gestor.

aforismo 82

N U N C A L L E G U E S A L E X T R E M O ,

N I E N E L M A L N I E N E L B I E N

“M

oderación en todo” dijo un sabio para resu-

mir la sabiduría toda. Algo extremadamen- te derecho, se tuerce, y la naranja que mucho se exprime llega a saber amarga. Ni siquiera en los deleites debes ser exagerado. La misma inte- ligencia se agota si la presionan demasia- do, y sacarás sangre por leche si ordeña- ras al extremo.

La vida de un investigador es extremadamente exigen- te si se quiere mantener una posición en cabeza. A veces, se tiende a pensar que, al contrario, es una situación cómoda, con el investigador recluido en su despacho, rodeado de sus libros y sus artículos, sumido en el tra- bajo creador. Al contrario, estar al tanto de las noveda- des que otros investigadores aportan, y debatir con estos, es una de las tareas más decisivas. Ello supone viajes a congresos, invitaciones a impartir conferencias y semi- narios, organizar congresos, o recibir visitantes. En resu- men, estar en la frontera de la investigación nos incli- na a incumplir en cierta manera el aforismo que esta- mos comentando.

Sin embargo, estas exi- gencias deben estar moderadas por algo tan importante como lo es la generosidad del investi- gador. Este no es un ser celoso de sus conoci- mientos que los oculta al resto de su comunidad científica; al contrario, como decía el matemático alemán Adolf Hurwitz: “las grandes ideas de nuestra ciencia a menudo nacen y maduran en soledad; nin- guna otra rama de la ciencia, con excepción quizá de la filosofía, posee tal carácter introvertido como las mate- máticas. Y aun así, un matemático siente la necesidad de comunicarse, de participar en discusiones con los colegas”. Este compartir es lo que modera una vida dedi- cada a competir. Si el investigador no lo consigue, será como exprimir al máximo una naranja –su propio inte- lecto- que no producirá más que un zumo amargo.

Como investigador, uno debe además ser juez del tra- bajo de los demás. Ser prudente y constructivo es esen- cial en el delicado asunto de revisar artículos de inves- tigación de otros colegas. La máxima aquí debería ser siempre tratar a los demás como quisiéramos que nos trataran a nosotros. La soberbia intelectual es una mala consejera y más que maltratar a los autores que no lle- gan al nivel exigido, es mucho más enriquecedor pro- porcionarles guía para que sus resultados mejoren. Y si lo que llega a nuestras manos es obra de gran calidad, nuestra obligación es darle la salida más brillante que podamos. Obrar con equidad y generosidad en esta tarea es más meritorio que en ninguna otra, ya que se trata de una labor anónima que queda entre nosotros y los editores de la revista, y ningún reconocimiento públi- co se nos va a dar por ella.

Otra de las tareas –una de las más importantes- de un matemático es la formación de jóvenes investigado- res. Nos llega un estudiante, con notas brillantes, y nuestra obligación es convertirlo en un investigador, que no sólo significa enseñarle técnicas de trabajo, sino en transmitirle nuestros propios valores. La mode- ración y el equilibrio en esta tarea son las claves del éxito. Exigirle al estudiante de doctorado resultados como si fuese un esclavo atado a los remos de una galera no producirá el efecto deseado; no implantar una disciplina que regule esta etapa de formación será igual de estéril. Todos los que nos dedicamos a la inves- tigación hemos disfrutado con estudiantes con los que una hora de discusión en el encerado daba como resul- tado avances extraordinarios, y otros a los que hay que dedicar muchas horas cada día. Es esta, por tanto, una labor compleja y no siempre bien valorada por la aca- demia. Otro aspecto clave en esta etapa de forma-

85

NUNC

A LLEGUES

AL EXTREMO

,

NI EN EL MAL NI EN EL BIEN

ción es el transmitir una visión amplia de la discipli- na, no ponerle orejeras al estudiante para que sólo vea el área de trabajo que nosotros practicamos, sino al contrario, mostrarle toda la amplitud de las matemá- ticas para su propio enriquecimiento. Desgraciada- mente, no es esta la costumbre más extendida en nuestras universidades.

Finalmente, una tarea que suele aparecer cuando el mate- mático es algo más veterano (aunque a veces aparece antes de lo que uno se esperaba), es la gestión. Y ahí es donde todos los comentarios anteriores deben aplicarse en su grado máximo. Gestionar es complicado, y mi propia expe- riencia como director de un instituto de investigación así me lo ha enseñado. ¿Cómo conseguir un ambiente en el que cada uno de lo mejor de sí mismo? Porque, como digo muchas veces, lo peor de cada uno no es necesario convocarlo, nos sale de dentro de manera espontánea. Un centro de investigación con más de cien personas, de muy diversa procedencia, que incluye también personal admi- nistrativo y de servicios, con intereses tan diversos, ¿cómo conseguir que esos intereses particulares se coordinen en el interés común? La moderación del que está al frente es de nuevo la clave, aunque ésta sea a veces muy difícil de mantener. Un mensaje debe ser también claro para todos: nadie tiene derecho a exigir sino contribuye, es decir,“dar para recibir”. No es fácil conseguirlo, y el equilibrio entre ambas cosas, lo que se aporta al colectivo y lo que se reci- be de él, exige a veces llegar casi a los extremos que Bal- tasar Gracián nos pone como límites. El éxito estará con- seguido cuando todos se sientan orgullosos de pertene- cer al instituto en cuestión.

MANUEL DELEÓN

Investigador del Instituto de Ciencias Matemáticas – CSIC

«Moderación en todo»…

Baltasar Gracián y Morales

aforismo 82

aforismo 83

P U E D E S P E R M I T I R T E A L G Ú N

V E N I A L D E S L I Z

O

casiones hay en que un descuido puede ser reco-

mendable. Un poquito de envidia, por ejemplo, no hay por qué castigártela. Pues se nota en lo muy perfecto que peca de no pecar, y por ser perfecto en todo, todo lo ha de condenar. Hay gente que es exper- ta en buscar falta a lo muy bueno, para consolarse ante sus propios defectos. La censura hiere como el rayo hasta a las más empinadas virtudes. Pero duer- me tranquilo, pues tal vez hasta el mismo Homero haya cometido algún desliz, ya en la inteligencia, ya en valentía, pero nunca tendrá el desliz de falta de cordura. El único desliz que no debes permitirte es en el de la rabia que mata la cordura.

Todos los seres humanos tienen todos los defectos pero no en las mismas proporciones. El aforismo 83 de Gra- cián resuena en un texto célebre de Los Miserables. Habla Monseñor Myriel, obispo de Digne; siendo un ex peca- dor, como se calificaba a sí mismo sonriendo, no tenía ninguna de las asperezas del rigorismo, y profesaba muy alto, sin cuidarse para nada de ciertos fruncimientos de cejas, una doctrina que podría resumirse en estas pala- bras: “El hombre tiene sobre sí la carne, que es a la vez su carga y su tentación. La lleva, y cede a ella. Debe vigi- larla, contenerla, reprimirla; mas si a pesar de sus esfuer- zos cae, la falta así cometida es venial. Es una caída; pero caída sobre las rodillas, que puede transformarse y aca- bar en oración”.

Hace mucho tiempo, en una galaxia muy, muy lejana... era yo estudiante de doctorado cuando en una reunión de jóvenes químicos acudió un psicólogo quién nos “eva- luó”. Al final del congreso nos recibió uno a uno por sepa- rado (afortunadamente) y a mí me dijo que no inten- tara hacer una carrera científica pues me sobraba modestia. Pues hasta en los defectos hay que ser mode- rado.

Decimos los químicos próximos a la Farmacia que “no hay sustancias tóxicas, sólo hay dosis tóxicas” o que “la dosis hace al veneno”.Y todos los científicos, que no hay ciencia sin medida.

Aprendí de mi maestro, Robert Jac- quier, que no hay que buscar la per- fección. Que un proyecto de ley, una redacción de un artículo, un discurso académico... si alcan- zan el 80% de perfección ya son aceptables. Luego supe que eso es la Ley de Pareto

(o de Pareto-Zipf). ¿Por qué los pensamien- tos de Gracián nos resul- tan cercanos cuando nues- tra sociedad en poco se parece a la suya? A parte la forma y su proverbial concisión, hay que recono- cer que Gracián no fue un pensador original. Lo que nos une a él, es la cordura (cualidad de cuerdo, o sea del que piensa y obra con reflexión y acertadamente), el sentido común, que reflejan sus pensa- mientos. Por eso serán leídos y meditados durante mucho tiempo.

JOSÉELGUEROBERTOLINI

Profesor "ad honorem" del Instituto de Química Médica – CSIC

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