CHAPTER 2 FINITE ELEMENT BASED MODELLING OF SURFACE
2.3 Refinement of finite element modelling parameters using an absolute coil
2.3.3 Mesh assignment
ARGENTINA, 1930
Diseñad
o p
or Lucinda Morrisse
a restituir un chico a su verdadera familia, porque eso era un fenómeno nuevo para ellos”.
El banco de ADN creado por las Abuelas, junto a varios organismos gubernamentales, ha sido uno de los avances mayores en su lucha. La ley que se elaboró en 1987 “nos permite dejar estable- cidas las condiciones prácticas que posibiliten la identificación de nuestros nietos aunque no es- temos, ya que es imposible saber cuándo serán localizados”. Este banco tiene como función el almacenamiento y la conservación de muestras de sangre de cada uno de los miembros de los grupos familiares, para realizar estudios de iden- tidad genética hasta el año 2050.
“Cada nieto que se encuentra es un triunfo sobre la dictadura argentina. Los 97 localizados son el mejor alimento para el alma. Es el milagro de un nuevo nacimiento para que ellos caminen li- bres, recuperen su identidad y sus derechos. Es el mejor premio para esta tarea nuestra”, añade emocionada mientras recuerda sus innumera- bles viajes para denunciar la violencia que vivió su país, para pedir ayuda y para buscar fuera de las fronteras de Argentina a nietos que podrían estar en otros lugares como España.
Piensa que en España podría haber unos 50 chi- cos de entre 25 y 35 años que desconocerían ser hijos de argentinos detenidos y asesinados. “Por eso siempre repito a los jóvenes”, comenta con coraje y risueña, “que no permanezcan nun- ca indiferentes a las atrocidades”. A raíz de es- tas sospechas, “hemos creado en España la Red Argentina-Europea por el Derecho a la Identidad con sede en Madrid. No hemos encontrado nin- gún nieto todavía, aunque hay jóvenes que dudan de su identidad y recurren por correo electrónico a esta Red”.
“Estimamos en 500 los bebés robados durante el terrorismo de Estado. Ya han pasado 31 años del comienzo de la búsqueda, y hemos elaborado sitos, su pelo, cerré el duelo”, confiesa Estela,
emocionada.
Guido, su nieto, no ha aparecido, pero el General Guillermo Suárez Mason, Jefe de la Primera Zona del Ejército Argentino, bajo cuyo mando se en- contraba el centro de detención La Cacha, donde estuvo detenida Laura, fue condenado en Italia a cadena perpetua.
Años más tarde, en 2004, en el Juicio de la Ver- dad, Estela Banes de Carlotto pidió que se inves- tigase al equipo de médicos del hospital militar que atendió a su hija y especialmente a un militar de alto rango que podía ser la persona que se apropió de su nieto Guido, pues según un solda- do, que había declarado ante la justicia, el militar entró en la habitación donde se encontraba Lau- ra y salió con un bebé.
Tres meses antes de la desaparición de Laura, es- tudiante de Historia en la Universidad de la Plata y militante de la Juventud Universitaria Peronista, su padre, Guido Carlotto, fue secuestrado por los militares y liberado, muy enfermo, tras el pago de 30.000 dólares y tras haber sido sometido a te- rribles torturas.
Desde el momento en que Laura desapareció, Estela se puso en marcha junto a miles de abue- las argentinas cuyo objetivo era encontrar a esos chicos que nacieron en prisión y que en la mayo- ría de los casos fueron dados en adopción a fa- milias de militares o policías. Hasta el momento han encontrado a 96. “Cada encuentro ha sido una larga lucha, con mucho esfuerzo, trabajo y dedicación”, añade. De esa forma el escritor ar- gentino, Juan Gelman, Premio Cervantes 2008, pudo recuperar a su nieta Macarena Gelman García Iruretagoyena en Montevideo, tras años de búsqueda. La chica había sido adoptada por un comisario de policía uruguayo y su esposa.
Estela ha repetido en numerosas ocasiones que su vida estaba “comprometida para siempre”. Quizás por eso en septiembre de 2002, cuatro desconocidos tirotearon su casa estando ella dentro. “Creo que fue obra de esos que aún pre- tenden callar voces”, comentó en su momento. Desde el 1977 la organización Abuelas de Plaza de Mayo está en marcha. Comenzaron siendo un colectivo muy austero y pequeño pero poco a poco fueron reuniendo personas y fuerzas hasta convertirse en un elemento esencial de la lucha contra la impunidad en Argentina. “Hace ya 31 años que busco junto a las Abuelas a los cente- nares de bebés robados por motivos políticos y sus padres, nuestros hijos. Junto a ellas, trabajo incansablemente y sin pausa ya que se nos van los años y aún falta mucho para llegar a la ver- dad, la justicia y mantener viva la memoria. Los miedos, el cansancio y la vejez no nos impiden seguir este camino que sólo dejaremos cuando Dios nos llame”, afirma con la misma fuerza del primer día.
Pero nada ha parado a esta mujer que recibió el Premio Derechos Humanos de las Naciones Uni- das en 2003 y ha sido candidata al Premio Nobel de la Paz 2008. “Efectivamente en ese año fui- mos propuestas para el Premio Nobel de la Paz. Este año se ha renovado esa candidatura y es muy importante el apoyo de los Premios Nobel del mundo”.
En 1983, un seminario en Nueva York probó que era posible reconstruir el mapa genético, ADN, de los padres desaparecidos con la sangre de los familiares aún vivos y a partir de ese momento las Abuelas comenzaron a presentar denuncias ante la justicia argentina, enfrentándose a mu- chos jueces “heredados de la dictadura” que no abrían causas o las retrasaban. “Tuvimos que ir abriendo camino”, comenta Estela, “en el sentido jurídico y en el psicológico. Los psicólogos venían a nosotras a preguntarnos cómo podían aprender
ESTELA BARNES DE CARLOTTO
estrategias institucionales según la situación po- lítico-social del país y la edad de los niños busca- dos. Hoy son hombres y mujeres que en muchos casos dudan de su identidad y vienen a nuestras oficinas a buscar ayuda. El ritmo de nuestro tra- bajo es cada día más intenso, con nuevas diná- micas innovadoras para que ellos y el ciudadano que tiene información se acerquen a nosotras”, concluye Estela.
Psicóloga, periodista y escritora. Desde 1985 tra- baja en varios medios de comunicación en Arge- lia. En 2000 se convierte en directora de redac- ción del diario independiente Le Soir d’Algérie, puesto del que dimitirá en febrero de 2006 como protesta a la discriminación que sufría por el he- cho de ser mujer. Desde 2002 es miembro de la asociación Femmes en Communication (Mujeres en Comunicación), donde forma a jóvenes perio- distas sobre técnicas de reportaje. Es coordina- dora para el Magreb de la red Un altavoz para el silencio, proyecto de la Fundación Euroárabe en que participan once mujeres periodistas de Áfri- ca, el Magreb, Europa y Oriente Próximo. Actual- mente trabaja en una novela sobre la violencia contra las mujeres en Argelia.
MALlKA
BOUSSOUF
ROSA MENESES
Psicóloga de formación pero con alma de perio- dista, Malika Boussouf ha consagrado su carrera a defender los derechos de las mujeres en Ar- gelia. Por propia convicción. Pero también para luchar contra los obstáculos que ella misma ha ido encontrando en su camino. En 1985, compa- ginándolo con su trabajo como redactora en el semanario Revolución Africana, comenzó a pro- ducir y presentar un programa sobre la literatura feminista en el mundo en una cadena de radio francófona. “Este fue un primer acto de militancia por el derecho de las mujeres en mi país”. Un año después, Boussouf se daría de bruces con el lado más sucio de la sociedad machista argelina: su jefe le exigirá el “derecho de pernada”, como ella misma cuenta: “Para tener autorización de parti- cipar en un congreso de cultura argelina en París,
“La paz contra la guerra y el genocidio,
pero no la “paz” entre comillas, como
se ha impuesto en Argelia”
ARGELIA, 1954
Diseñad
o p
ella escondía en su apartamento, fue asesinado por los islamistas. El dramático acontecimiento desencadenó la enfermedad de la anorexia, que superaría años más tarde.
Por todo esto, Malika Boussouf no entiende la “paz” así, escrita entre comillas. Para ella sólo existe la paz. “La paz contrapuesta a la guerra y el genocidio. Pero no la paz entre comillas, en el sentido que le se le ha dado en Argelia, tras amnistiar a los asesinos de miles de personas”. Ella ha visto demasiadas cosas: “Niños de 10 años que han visto cómo degollaban a su padre y cómo violaban a su madre, mujeres que se han vuelto locas tras ser violadas…”. Por eso, la “paz” entre comillas no es suficiente para ella. Exige el establecimiento de una Corte Penal Internacional especial, como las creadas para la ex Yugoslavia o para Ruanda, al abrigo de La Haya, para investi- gar las matanzas que ambos bandos perpetraron en aquella época, acabando con la vida de más de 150.000 personas. “No habrá paz ni democra- cia en Argelia si los militares no salen del poder y dejan su lugar a los jóvenes”, reclama.
Por ejercer el periodismo fue golpeada y herida por la policía, agredida por los islamistas, llevada ante los tribunales… Pero la peor agresión para esta reportera le vino de su propio periódico, cuando se enteró de que su sueldo era menor que el de un compañero, hombre, que ejercía el mismo cargo que ella. Dimitió sin dudarlo. Había superado los años más negros. Era febrero de 2006. “Tras 16 años de lealtad descubrí por azar que era víctima de sexismo y de discriminación salarial. Mi homólogo masculino había llegado hacía cuatro años y no poseía ni mi experiencia ni mi competencia. Pero ganaba el doble de mi sueldo”.
No se ha rendido. Desde 2002, trabaja como for- madora de jóvenes periodistas en la organización Femmes en Communication. Y está escribiendo el libro más importante de su vida. Una novela el director del periódico en el que trabajaba me
puso como condición acostarme con él”. Dimitió inmediatamente. La denuncia contra el director no prosperó en ninguna instancia.
Comenzó entonces a trabajar en la emisión en francés de la radio estatal. Por aquel entonces, todos los medios de comunicación eran públi- cos. Se quedó hasta 1991, especializándose en política y sociedad. Pocas mujeres en la época cubrían la información política. “Es allí donde ver- daderamente comprendí y descubrí todas las for- mas de injusticia social: los barrios chabolistas, el racismo de los habitantes del norte contra los argelinos del sur… Trabajé mucho sobre la discri- minación y sobre los sentimientos que tienen las personas que no se sienten independientes”. Boussouf denunció las terribles condiciones en que vivían los habitantes de uno de los poblados de chabolas que rodean Argel. Desde la época co- lonial, los hijos recibían esta mísera herencia de sus padres, generación tras generación. “Como por un feliz azar, eran las mujeres las que se re- belaban contra esta situación y tenían el coraje de hablar. No los hombres”, rememora. La perio- dista sorteó la censura y difundió su reportaje. El escándalo hizo caer al corrupto alcalde de Argel y los habitantes de las chabolas fueron realojados decentemente. “Fue para mí la victoria más gran- de de mi vida”, dice Boussouf.
Llegó 1989, la época en que el régimen decide “dar la impresión de acceder a la reivindicación popular de permitir la democracia y la libertad de expresión”, en palabras de Boussouf. Es el tiem- po de los periódicos independientes y la radio le confía Show Débats, un espacio semanal de dos horas donde debate sin tapujos sobre los proble- mas más candentes. El ministro de Educación de la época tuvo que dimitir después de que la pe- riodista denunciara que sus hijos disfrutaban de una beca de estudios en Francia mientras él de-
fendía en Argelia la promoción de la enseñanza en árabe y del Corán.
Boussouf continuó enfrascada en la denuncia de la corrupción, de la censura, de la miseria, de los delitos cometidos por la policía. Pero entonces, el terrorismo hizo su aparición en escena. Los ima- mes señalaron a la periodista y llamaron abierta- mente a su linchamiento público. En 1993, tras recibir cientos de amenazas, le hicieron llegar a su casa una sentencia de muerte. El documento fue verificado por los servicios de seguridad arge- linos y franceses. Francia le propuso concederle asilo político, pero ella rehusó la oferta: “Estimé que no se podía luchar por la democracia fuera de tu propio país y que no se podía construir una muralla contra el integrismo estando conforta- blemente instalada en el extranjero”. Había que luchar sobre el terreno.
Comenzó una pesadilla diaria. La periodista, ya demasiado conocida en Argelia, se desplazaba con una tarjeta de identidad falsa. Perseguida por el poder y por los islamistas, escapó a cinco tentativas de asesinato. “En tres ocasiones inten- taron matarme las fuerzas de seguridad”, recuer- da. Esta mujer menuda, delgada y de blanca tez se vio obligada a permanecer en la clandestini- dad, sin domicilio fijo, cambiando constantemen- te de hábitos. “Nunca dejé de trabajar a pesar del miedo que me atenazaba”.
En 1995 se convirtió en redactora jefe del dia- rio independiente Le Soir d’Algérie y publicó en Francia el libro Vivre Traquée (Vivir acosada). El Gobierno, persuadido de su imagen en el exterior, intentó entonces ganarse su favor y le ofreció un Ministerio que ella rechazó. Boussouf permaneció fiel al periodismo, pese a la amenaza constante. Durante aquellos terribles años en que la muer- te habitaba en cada esquina, ella se levantaba a las cuatro de la mañana para acudir al periódi- co. Pero su vida daría un giro más trágico si cabe cuando uno de sus compañeros periodistas, que
MALlKA BOUSSOUF
sobre mujeres. “Un libro que agrupa todas las for- mas de discriminación contra las mujeres a lo lar- go de cuatro generaciones en Argelia. Si no hago este libro, mi lucha contra la discriminación, mi lucha por la paz, quedará en nada”, concluye.
Periodista, feminista, escritora y defensora de los derechos humanos. Especialista en temas de gé- nero y violencia en UNIFEM (Fondo de Desarrollo de Naciones Unidas para la Mujer). Cofundado- ra de la Red de Periodistas de México, Centro- américa y Caribe. Es fundadora y directora en la actualidad del Centro de Atención Externa para Mujeres Maltratadas en Cancún, CIAM. Ha sido galardonada con premios como Human Rights Watch 2007, el Premio Mundial UNESCO-Guiller- mo Cano de Libertad de Prensa 2008 y el Premio Libertad de Expresión 2008 que cada año otorga la Unión de Periodistas de Valencia.
Conocí a Lydia en 2006, mientras preparaba el viaje a México con la Plataforma de las Mujeres Artistas para denunciar los crímenes contra las