CHAPTER 1 LITERATURE REVIEW
1.1 Eddy current testing
1.1.5 Model-based studies of split-D differential eddy current probe
ESTADOS UNIDOS, 1934
Diseñad
o p
pasar de una cultura de la violencia a una cul- tura de paz”. Y en segundo lugar, se introdujo la dimensión de género en las acciones de paz. “No podíamos aceptar que las mujeres siguieran es- tando excluidas de los procesos de negociación y que no pudieran participar en decisiones que afectaban a sus vidas de una forma tan directa”. Se reunieron organizaciones y personas que ela- boraron propuestas que favoreciesen una mayor participación de las mujeres en los procesos de negociación de la paz. Cora trabajó en esos años de forma incansable para que estas propuestas llegasen al Consejo de Seguridad.
Finalmente, el trabajo de esos años culminó con la aprobación por unanimidad en el Consejo de Seguridad de la Resolución 1325 sobre el papel de las mujeres en la construcción de la paz en el año 2000. Esto fue considerado un gran triunfo de los movimientos pacifistas y feministas que durante estos años habían trabajado codo con codo para lograr que esta Resolución saliera ade- lante. Sus puntos clave se sintetizan en las tres “P”: “Participación”, “Prevención” y “Protección”. Participación, porque las mujeres tienen derecho a participar en todos los niveles de toma decisio- nes en los procesos de paz. Prevención, porque se debe prevenir la violencia contra la mujer en el plano local y global. Y protección, porque se debe proteger a las mujeres en los conflictos ar- mados, donde la violación se ha convertido en un instrumento de guerra para humillar al enemigo. Por esto la Resolución 1820, aprobada durante 2008, complementó la Resolución 1325 al consi- derar la violencia sexual como un crimen de lesa humanidad.
“Han pasado casi 10 años desde que la Reso- lución fue aprobada”, explica Cora, “y los avan- ces han sido importantes”. Muchos países han elaborado un Plan de Acción, con acciones de formación y capacitación para incentivar la par- ticipación de las mujeres. Ha habido logros im- portantes, pero todavía queda mucho camino por mundo mejor. En la vida cuando mantienes una
dirección con sentido, todos los caminos, el de los derechos humanos, el de la justicia y el de la igualdad acaban siendo el mismo. Para mí la paz forma parte de mi vida”.
Siempre ha sido una mujer muy combativa. En sus años de estudiante de Derecho era la única mujer de su clase de 90 alumnos. Era la época del macartismo y de la caza de brujas emprendi- da por el senador Mc Carthy en su persecución de comunistas e izquierdistas. Los estudiantes, aprovechando un resquicio constitucional, logra- ron reunir un número importante de firmas para tratar de destituirle. Aunque el juez invalidó por “ilegibles” parte de las firmas e impidió su ex- pulsión, aquella experiencia fue un importante aprendizaje para ella, que se dio cuenta de que juntos se pueden cambiar las cosas. “Si todos so- ñamos lo mismo, podemos hacer realidad misio- nes imposibles”.
Después fue madre y la paz vino de la mano de la preocupación por la salud de sus hijos. Eran los años sesenta, y Estados Unidos realizaba pruebas nucleares, cuyas radiaciones se sospe- chaban perjudiciales para la salud. Un científico les propuso a algunas mujeres que participaran en un programa para enviar los dientes de leche de sus niños, para determinar mejor el grado de contaminación radiactiva y los efectos sobre la salud. Surge así la organización Mujeres por la Paz que facilitó la colaboración de muchas mu- jeres en enviar los dientes de sus hijos para que fueran examinados. Los resultados del estudio fueron devastadores y confirmaron la sospecha: los niños tenían restos de productos tóxicos en sus dientes. Este hecho movilizó a miles de mu- jeres estadounidenses que se organizaron para protestar contra las armas nucleares y contra la realización de estas pruebas. Se logró finalmente que el presidente Kennedy firmase una ley que prohibiese estas pruebas. Luego llegó Vietnam y muchas de estas mujeres, entre ellas Cora, pasa-
ron a involucrarse en poner fin a esta guerra, que devolvía a sus jóvenes en ataúdes.
Cora es una mujer firme e independiente y esto la llevó a aceptar ser la presidenta de un progra- ma de desarme que impulsaba una importante iglesia protestante de Nueva York. Recuerda con mucho cariño aquellos años. No dejaba de ser paradójico que ella, una mujer judía, fuese la pre- sidenta de la campaña y anduviese organizando actividades y ceremonias en la iglesia protestan- te. Pero esto no fue un obstáculo sino un elemen- to positivo que permitió aparcar las diferencias y promover espacios de encuentro en la comu- nidad, independientemente de la religión que se profesase. Fue una campaña creativa, cargada de ilusión, en una búsqueda constante de hacer las cosas de otra manera teniendo en cuenta a la gente.
En la década de los ochenta, cuando en Nacio- nes Unidas se estaban planificando las cumbres que abordarían los grandes temas como el me- dio ambiente, la mujer, el desarrollo social y el hábitat, entre otros, se planteó que el último de ellos fuera la paz. Sin embargo, esta propuesta fue bloqueada y la paz salió de la agenda de las cumbres. Esta decisión llevó a que las organiza- ciones de la sociedad civil tomaran la iniciativa de organizar ellas mismas una cumbre sobre paz. Era complicado porque ninguna de las orga- nizaciones tenía ni los recursos ni las capacida- des para llevarlo a cabo. Pero la coalición entre varias organizaciones y el empeño de algunas personas como Cora permitieron que en 1999 se reunieran en la Haya más de 10.000 personas a favor de la paz. Fue una de las mayores conferen- cias que jamás se hayan organizado a favor de la paz. Las propuestas de este encuentro fueron adoptadas posteriormente por Naciones Unidas. Hubo muchos logros, pero Cora resalta particu- larmente dos: “Se estableció un valioso progra- ma de educación para la paz que sigue vigente en la actualidad y que ofrece 50 propuestas para
CORA WElSS
recorrer. “Mi meta final sería lograr la abolición de la guerra. De igual modo que se logró acabar con la esclavitud, el siglo XXI debería ser el siglo en el que la guerra desaparezca y se dé paso a la diplomacia”. Para Cora la paz podría representar- se como una gran mesa de cristal, en la que las personas se reúnen para resolver sus conflictos. Porque el cristal es frágil y transparente, como son los procesos de construcción de la paz.
Nacida de una familia humilde, impulsó junto a Mairead Corrigan-Maguire un importante mo- vimiento en favor de la pacificación de Irlanda del Norte. A ambas se les concedió, en 1976, el premio Nobel de la Paz. Ha sido distinguida con numerosos premios en diversos países como la Medalla Carl von Ossietzky (Carl-von-Ossietzky- Medaille) de la Liga de Derechos Humanos de Berlín (Internationalen Liga für Menschenrechte) o el Premio del Pueblo Noruego de la Paz. Es doc- tora honoris causa por la Universidad de Yale, en Estados Unidos. Fue candidata laborista en las elecciones generales de 1997. En el año 2006 fundó “Nobel Women’s Initiative”, junto a las otras mujeres vivas Premio Nobel de la Paz, en defensa de los derechos de las mujeres en todo el mundo.
BETTY
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LAURA ALONSO CANO
La fatalidad también se presentó aquel día, no parecía dispuesta a perder la oportunidad de en- sombrecer un martes como aquel. Andaba me- rodeando aquí y allá, escondiéndose detrás de una esquina, asomándose a un balcón, incluso, no muy lejos, esperó largo rato donde rompían las olas del mar.
Como tantas veces, jugaba a hacerse la encon- tradiza, nadie la esperaba, nadie la llamó, pero llegó justo a tiempo haciendo alardes de puntua- lidad. No sabe de compasión ni quiere, aunque algunos dicen que cierra sus ojos antes de ases- tar su golpe.
Sí, es posible que incluso la fatalidad necesitara cerrar sus ojos ante el reguero de muerte con el