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Meta-Directory Sequence Diagrams

CHAPTER 4 IMPLEMENTATION

4.2 M ETA D IRECTORY S YSTEM I MPLEMENTATION

4.2.1 Meta-Directory Sequence Diagrams

El Tres, el tipo de la imagen por excelencia, se caracteriza por una preocu pación dominante sobre la manera en que se muestra, sobre su aspecto y sobre el impacto que produce en los demás. Es el típico hombre o mujer que se ha hecho a sí mismo, que ha progresado y ganado una posición gracias a sus esfuerzos. Los Tres son camaleónicos, pues adoptan los colores que sean necesarios para causar una impresión positiva. A menudo, es difícil discernir lo que sienten de verdad o incluso quiénes son realmente, pues parecen ser lo que haga falta para dar la imagen con la que puedan lograr el resultado que desean. Tienden a cambiar la forma en que se presentan de acuerdo a la situación y a las personas con quienes estén, de modo que a menudo los demás tienen experiencias e impresiones muy diferentes de la misma persona.

Tienen empuje y actúan orientados hacia un objetivo, y valoran el éxito en el terreno particular en el que hayan decidido invertir más. Lograr lo que se han propuesto hacer es prioritario por encima de cualquier problema, ya se trate de restricciones físicas, debidas al origen económico o de clase, o relacionadas con lo sentimientos de los demás o de ellos mismos. A menudo se esfuerzan sin piedad en la persecución de una meta, y pueden ser percibidos por los demás como implacables, calculadores y con una determinación inflexible. Los Tres son pragmáticos y prácticos, hacen l o que sea preciso para realizar una tarea, incluso recurrir a la manipulación y al enga ño. Aunque a veces son conscientemente tramposos, a menudo no saben lo es que realmente cierto para ellos, pues con frecuencia sienten las emociones o adoptan las actitudes que les parecen apropiadas para la situación.

Los Tres son personas de acción, y la perspectiva de la realidad a la que son sensibles -su Idea Santa- tiene que ver con la actividad. Como con el Punto Seis, hay más de un nombre para la Idea Santa asociada con el Punto Tres del eneagrama. Dos de ellos, la Ley Santa y la Armonía Santa, son percepciones sobre la realidad; y la tercera, la Esperanza Santa, se refiere al efecto sobre el alma cuando se integran estas comprensiones de la realidad. Los tres a spectos de esta Idea Santa se relacionan con el aspecto dinámico del Ser, con el hecho de que no es algo estático sino algo que se transforma constantemente, y este esplendor es el universo del cual formamos parte. Esta dimensión del Ser en el Enfoque del Diamante se llama Logos. Así que esta Idea se asocia al funcionamiento de la realidad y su significado tiene muchos matices -muchos más que los de otros puntos- que describiré brevemente. En pocas palabras, esta Idea nos habla de la realidad como un todo unificado que se desarrolla constantemente y de que las acciones, cam bios y movimientos de cada uno de nosotros son inseparables de los movimientos de la totalidad. Si participamos de forma consciente en este desarrollo incesante, lo cual significa que si nuestras fijaciones, que vuelven rígida el alma, se relajan, nuestra conciencia se adentrará naturalmente cada vez más en nuestras profundidades, en nuestra esencia natural; y experimentaremos más armonía, interior y exterior. Este movimiento progresivo para acercarse a la verdad última de nuestra naturaleza constituye la potencialidad del alma humana.

Vamos a examinar cada una de las características de esta Idea en más detalle. La Ley Santa es la comprensión de que el Universo es una entidad completa y unificada que está constantemente en un estado de cambio. Las percepciones de que toda manifestación es una unidad y que todos nosotros somos, en definitiva, células diferentes de un cuerpo del universo se centran en las Ideas Santas de los Puntos Ocho y Cinco, la Verdad Santa y la Omnisciencia Santa, respectivamente. Aquí, en el Punto Tres, entendemos que esta unidad está siempre en movimiento y no se mantiene quieta. Toda la sustancia de la realidad, en todas sus dimensiones, está perpetuamente fluyend o, como un gran océano cuya superficie está hecha de muchas olas diferentes y cuyas profundidades están constituidas por muchas corrientes. Todos los desplazamientos y movimientos de las distintas formas son parte del desarrollo del todo.

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Para la mayoría de las personas, es difícil entender esta percepción, pues desafía algunas de nuestras creencias fundamentales sobre nosotros mismos, cualquiera que sea nuestro eneatipo. En primer lugar, desafía nuestras ideas de causa y efecto, ya que desde el punto de v ista libre de la Ley Santa, vemos que nadie ni nada es afectado ni puede hacer nada de manera inde pendiente. Cualquier cosa que ocurre forma parte del tejido del universo que se está revelando a sí mismo. De forma que nada ocurre aisladamente del todo de este tejido, y nadie inicia una acción por su propia voluntad, ni hacemos que ocurran las cosas independientemente del impulso de este todo. Es más fácil entender que somos inseparables de la unidad del universo, que entender que en realidad no hacemos nada de forma aislada del dinamismo de la totalidad de la realidad. Volveremos a comentar esto un poco más adelante.

Percibir el dinamismo del Ser -el hecho de que se trata de una presencia en un constante fluir- también desafía nuestra idea del tiempo, algo que trataremos en más detalle en el capítulo 10, cuando exploremos el Plan Santo, que tiene que ver con el patrón de este dinamismo. La comprensión de la Ley Santa también pone en cuestión cualquiera de nuestras ideas de Dios como una entidad fuera del tejido del universo, ya que esto claramente no es posible. También nos muestra que no tiene ningún sentido concebir a esta entidad separada, Dios, como alguien que en algún momento de un pasado distante creó el mundo. Cuando vemos que el universo es una ú nica cosa que continuamente está produciendo, vemos que la creación ocurre todo el tiempo. Esto es algo que comentaremos más a fondo en el capítulo 10. Si comprendemos la Ley Santa, nuestras Ideas sobre la vida y la muerte cambian, como vemos en la siguiente cita de Almaas:

Comprender que la totalidad del universo está constantemente renovándose a sí misma cambia de forma radical nuestra idea de la muerte. La muerte personal es simplemente el Ser manifestándose en un momento en una persona concreta como parte del paisaje, y en el momento siguiente sin esa persona. Desde esta perspectiva, todo lo que tiene que ver con la muerte cambia de carácter. La muerte desaparece en el flujo continuo del desarrollo, en el cambio que

se origina a sí mismo.1

De modo que todo lo que existe es una manifestación del Ser, formas que surgen del misterio del Absoluto y vuelven a él. A partir de la nada, surge algo. Ésta es la creatividad del Ser, expresándose a Sí Mismo en todas las formas del mundo, incluidos nuestros cuerpos y nuestras almas. El Ser no sólo se manifiesta a Sí Mismo en todos nosotros y en todo lo que nos rodea, sino que además la Ley Santa nos dice que también se revela a Sí Mismo. Toda las maravillas del mundo físico; todas las estrellas, las galaxias y planetas, todas las bellezas de la naturaleza y todas las criaturas de la tierra -incluidos nosotros mismos- son el Ser revelándose a sí mismo en toda su magnificencia. Su naturaleza interior se despliega a sí misma en toda su grandeza en el mundo de la forma. El mundo de la manifestación, por tanto, es la expresión de esta creatividad del Ser que constantemente se autorrevela.

Cuando percibimos la relación armoniosa entre todo lo que se manifiesta, estamos en contacto con la Armonía Santa, el siguiente matiz de esta Idea. Según ella, lo que pueden parecer conflictos e incongruencias entre las distintas partes del todo, que constituye el universo, sólo tienen este aspecto cuando se miran desde la superficie. Como el desarrollo del universo es el movimiento y el dinamismo de una unidad, ninguna de sus partes puede estar fundamentalmente en desacuerdo con otra. Todas son partes del mismo flujo armonioso.

También se refiere a la comprensión de que existe una atracción magnética sobre el alma humana que, si no se obstaculiza, nos arrastrará hacia las profundidades en las cuales este funcionamiento de unidad, y por tanto armonioso, es evidente. Si se da apoyo al alma para que se despliegue y se revele, será atraída de forma natural hacia su Esencia, que es su verdadera naturaleza. El desarrollo espiritual, por tanto, es en realidad una cuestión de no hacer y de eliminar los obstáculos y obstrucciones que impiden el fluir de nuestras almas. La mayoría de las personas experimenta el movimiento y el cambio, pero generalmente se mantiene dentro de unos límites más o menos estrechos, como comentamos en la

Introducción, lo que da a nuestras vidas una sensación de vetustez, de monotonía y de estancamiento. La expansión de nuestras conciencias, por tanto, cuando la vemos desde el ángulo del Punto Tres, es una cuestión de incrementar el movimiento o el flujo de nuestras almas de manera que experimentemos en mayor medida las diversas dimensiones del universo. El objetivo final del trabajo espiritual, entonces, no es un estado particular sino una capacidad de moverse, libre y fácilmente, desde un estado a otro. Esto nos da una sensación de impulso y dinamismo, reflejando el del Ser cuando somos sensibles a él.

Cuanto más nos abrimos al fluir de nuestras almas, más experimentamos nuestras conciencia y a su vez más armoniosas se vuelven nuestras vidas. Esto nos conduce a la Esperanza Santa, que describe el efecto que tiene sobre nosotros integrar la Ley Santa y la Armonía Santa. Cuanto más nos adentramos en nuestras profundidades, más alineados nos sentimos con el universo, funcionando de forma armoniosa dentro de su patrón de desarrollo. Esta proximidad con nuestra verdad más profunda es un deleite para nuestro corazón, pues así respondemos a su llamada para conectar con su más supremo amor. Como un amante que es atraído de forma irresistible, el alma humana es conducida como un imán hasta su Amado, el Ser. Al acercarnos a él, el mundo que habitamos se convierte en un mundo de belleza, gracia y armonía.

Otro significado de la Esperanza Santa es que el impulso innato de volver a conectar con nuestra Naturaleza Verdadera y comprenderla es el potencial más profundo de la humanidad y a la vez su salvación. Cuanto más estemos en contacto con nuestras profundidades, más entenderemos que funcionamos como partes de un cuerpo mayor, y esto nos afecta dando a nuestras almas una sensación de optimismo acerca de nosotros mismos, del mundo y de todo el universo.

Al retomar la pérdida de la Idea Santa, volveremos a la Ley Santa. La mayor consecuencia de la Ley Santa es que nada en el universo ocurre de forma aislada y que las acciones de una parte afectada están relacionadas con las acciones de todas las partes del conjunto. Por lo tanto, nada ni nadie puede funcionar independientemente del cuerpo del universo, y tampoco es posible que haya leyes que se apliquen sólo a una parte. Como los eneatipos Tres son sensibles a esta Idea Santa, cuando pierden el contacto con el Ser también pierden esta comprensión, y llegan a sentirse como entidades separadas e independientes que actúan de forma autónoma, sin tener relación con el funcionamiento de todo y de todos los demás. Llegan a creer que ellos son las leyes para ellos mismos, más allá de la moral, las restricciones y los principios que gobiernan a los demás. Esta sensación fundamental de que pueden funcionar con independencia del todo es la creencia fijada y básica sobre la realidad, la fijación de este eneatipo, y se describe con la palabra vanidad en el Eneagrama de las Fijaciones, en el Diagrama 2. (El término secundario ir de Ichazo se refiere a la característica de los Tres de estar siempre ocupados: yendo.)

Con la pérdida de la percepción de la Armonía Santa, los eneatipos Tres, que se experimentan a sí mismos como jugadores aislados en la vida, según hemos visto, pueden ser inconscientes de las ramificaciones y los efectos de sus acciones sobre los demás o sobre el mundo en general. Hoy en día vemos esto en la actitud que desprecia las consecuencias medioambientales mientras se logren ganancias personales, perdiendo de vista el hecho de que si los ecosistemas se degeneran, no habrá nada más que explotar ni ningún lugar para disfrutar de lo que uno ha ganado. Quizá esto pueda verse más claramente en la actitud de la persona que apoya las «buenas causas» y al mismo tiempo se comporta de forma despiadada con sus socios más próximos, sintiéndose virtuosa, aunque en lo personal actúe de forma deshonesta. Este tipo de pensamiento limitado, característico de los Tres, aunque no exclusivo de ellos, sólo es posible con la pérdida del conocimiento de que uno es parte de un gran todo, en el cual las acciones de cada parte afectan a la totalidad. Trepar hasta la cima de la montaña a expensas de los demás puede experimentarse como un triunfo personal -algo común en un Tres-, pero difícilmente puede considerarse como un éxito si se tiene en cuenta a todo el sistema. Esta definición del éxito egoísta, típica del Tres, al final no tiene mucho sentido: una parte del todo se beneficia a costa de otra parte de sí mismo. Sin la sensación de que formas parte del desarrollo de la trama de toda la realidad y de que tu naturaleza interna está constituida por la misma presencia que todo y que todos los demás, puedes verte como Atlas, sosteniendo tu propio pequeño mundo separado. Esto es una realidad para el Tres. Estás solo, sin relacionarte esencialmente con nadie y con nada, e incluso superando a Atlas, depende de ti crear y mantener tu propio universo. No hay actividad, revelación o desarrollo si tú no haces que ocurra. Si no te generas a ti mismo y a tu vida -antes de que no ocurra nada-, tú y tu mundo se derrumbarían. Por lo tanto,

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tienes que estar constantemente activo, incesantemente ocupado, tanto interna como externamente, y de ahí el apodo de este tipo: Ego-Ir. Sea lo que sea lo que ocurra en tu vida, depende de ti, no hay ningún sustento más allá de lo que tú impulses, y no hay ninguna salvación más allá de ti mismo. Dicho de otro modo, no hay Esperanza Santa. El yo que hace todo esto es el alma identificada con la personalidad, desconectada de la conciencia del Ser. Para un Tres que se identifica con la personalidad, no existe nada más profundo, y la personalidad es la única base desde la que puede funcionar.

He asociado la sensación de autocreación, con una función cognitiva interna y con la sensación del Tres de que le instigan los acontecimientos externos, y lo que esta relación implica conduce a mirar más profunda mente. Si pensamos en la acción externa resulta fácil entender la creencia de un Tres de que si no hace que ocurran las cosas, nada ocurrirá. La mayoría de nosotros, como estamos identificados con la personalidad, damos por sentado que nosotros hacemos que ocurran las cosas, que nuestras acciones determinan lo que sucede en nuestras vidas, y que en este sentido somos dueños de nuestro destino. Sin embargo, si nos apartamos de la perspectiva de la personalidad, vemos que esto no es así. El Ser actúa a través de nosotros. Ésta es una de las cosas más difíciles de entender para la mayoría de las personas. Quizá, utilizando nuestra anterior metáfora, nos resultará más fácil comprenderlo: cada uno de nosotros es una manifestación individual del Ser, olas que surgen y desaparecen en la superficie del océano. El movimiento de cada ola individual no se autogenera ni se decide independientemente; es parte del movimiento de todo el océano. De la misma manera, todo lo que ocurre es parte del movimiento de una trama mayor de la realidad. Desde este punto de vista, la diferenciación entre el hacer interno y externo - una diferenciación basada en si la acción se manifiesta de manera física o no- se pierde. Una de las implicaciones de esto es que nuestros pensamientos y emociones forman parte de este movimiento exactamente igual que las acciones, una comprensión que se refleja en la a menudo mal entendida idea del karma.

Cuando nos identificamos con la personalidad, la acción externa está siempre impulsada por la acción interna. La acción interna de la personalidad es lo que, en el lenguaje espiritual, se llama actividad del ego. Es la generación incesante de contenido psicológico, que se basa en nuestra identificación con una persona determinada, y a la vez también favorece la identificación. Es decir, apoya nuestro sentido de quiénes somos, y es lo que yo defino como autogeneración o autocreación. A veces de forma consciente, pero más a menudo de forma inconsciente, generamos continuamente imágenes internas de nosotros mismos que han sido modeladas por nuestra historia. Estas imágenes, como comentamos en la Introducción, son como hologramas, están compuestas por las tonalidades de los sentimientos, la textura afectiva, los patrones de tensiones físicas y otras sensaciones, y se basan en nuestras creencias. Podemos experimentarnos como alguien que no es comprendido, o como alguien que no gusta a los demás, alguien que nunca hace nada bien o alguien a quien le cuesta iniciar la acción; o de forma más positiva, como alguien que es más brillante que los demás, alguien que es muy amable o alguien que es fuerte. También, como se ha comentado antes, estas imágenes, que forman las representaciones que hacemos de nosotros mismos, surgen en contraposición a nuestra sensación de lo que no somos, formando las relaciones objetales que constituyen los elementos básicos de la personalidad. Como ya dijimos, asociado a la dinámica de producir estas relaciones objetales y como responsable de ellas, está el impulso fundamental que subyace a la actividad del ego de evitar el dolor y experimentar el placer.

En la personalidad la actividad del ego es incesante, y mientras no experimentemos momentos en que ésta se detenga, poco sabremos lo agotadora que puede llegar a ser. Incluso cuando dormimos, nuestro inconsciente está ocupado procesando las experiencias del día y anticipando las del día siguiente en forma de sueños. Sólo en el sueño profundo se detiene esta acti vidad en una persona normal y, como han demostrado los experimentos de privación del sueño, sin este respiro, se llega al derrumbe psicológico. Esta interrupción de la actividad del ego es el objetivo de muchos tipos de trabajo espiritual, lo que se conoce como experiencias de iluminación, pues sólo cuando nos percibimos sin esta actividad, nos experimentamos totalmente más allá de la personalidad. En tales momentos, conocemos nuestra naturaleza de forma pura, sin cualquier filtro del pasado, y nos experimentamos como Ser.

Una vez sabemos que el Ser es nuestra naturaleza fundamental, la siguiente etapa es darse cuenta de que la sensación del «yo» que nuestra actividad egoica ha estado tan ocupada en crear y apoyar

ya no es necesaria para que funcionemos. Como nuestro sentido del yo se desarrolla de forma

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