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9 Method and procedure

9.1 Method

El 26 de mayo de 1972 se han cumplido veinte años de la muerte de Amado Alonso. Aunque nacido en España, en 1896

(el mismo año que Roman Jakobson, así como Huidobro y Mayacovski, nacidos en 1893, eran rigurosamente coetáneos), y residente, al morir, en los Estados Unidos, donde había sido profesor en la Universidad de Harvard, Alonso estuvo vinculado a nuestra América desde que en 1927 fuera nombrado director del Instituto de Filología de la Universidad de Buenos Aires. Probablemente no sea exagerado decir que fue el más activo animador y orientador de estudios lingüísticos y filológicos en nuestras tierras durante lo que va de siglo. Baste recordar, entre sus realizaciones, la fundación de la Biblioteca de dialectología

hispanoamericana, de la Revista de Filología Hispánica (1939-

46) y de la Nueva Revista de la Filología Hispánica (1947- ); las admirables traducción y presentación del Curso de lingüística

general, de Saussure; la publicación de sus propios Estudios lin- güísticos (Temas españoles, 1951, y Temas hispanoamericanos,

1953), e incluso, con fines didácticos elementales y en colabora­ ción con Pedro Henríquez Ureña, su Gramática castellana, que, editada por primera vez hace más de treinta años, sigue teniendo considerable vigencia.

Formado rigurosamente en disciplinas lingüísticas, en es­ pecial fonética, la tarea principal de Alonso, sin embargo, fue luchar contra esa separación entre la filología (en su sentido de interpretación de textos y estilos individuales) y la lingüís­ tica, a que aspiraban las tendencias positivistas. Es por ello que

* Publicado originalmente en Casa de las Américas, núm. 74, septiembre- octubre de 1972.

este lingüista, coetáneo y amigo de los poetas de la generación vanguardista de la lengua — Salinas, Dámaso Alonso, Lorca, en España; Borges, Neruda, en Hispanoamérica—, dirigió también, en su mejor momento, la colección Poetas de España

y América (de la Editorial Losada) y la Colección de estudios estilísticos, e incluso realizó él mismo estudios literarios notables

(véase su póstumo Materia y forma en poesía, preparado para la impresión por su discípulo y entrañable compañero Raimun­ do Lida, y aparecido en 1955), el más singular de los cuales, y el mejor estudio estilístico del idioma, es Poesía y estilo de

Pablo Neruda. Interpretación de una poesía hermética (1940).

Ese criterio suyo no sólo de no desgarrar los estudios lingüísticos y filológicos sino de hacer que se alimentaran mutuamente, encontraba apoyo en la práctica de la escuela lingüística es­ pañola centrada en Menéndez Pidal, en la cual se formaron incluso estudiosos como los poetas Dámaso Alonso y Pedro Salinas, y que tanto influiría en nuestro Alfonso Reyes; pero acaso por la carencia de una teorización de tal criterio en la lengua española, y por la familiaridad de Alonso con los estu­ dios de lengua alemana, entre los que sí se desarrolló dicha teorización, fue a buscar respaldo ideológico en la escuela ale­ mana encabezada por Vossler, cuyas más valiosas realizaciones se deberían a Leo Spitzer. Hace algún tiempo que las deriva­ ciones de esta escuela parecen ser ya cosa del pasado. El autor de estas líneas intentó, hace quince años, un balance de los estudios estilísticos sobre todo desde esta perspectiva, la pers­ pectiva de Amado Alonso (Idea de la estilística, 1958).

La temprana muerte de Amado Alonso (la cual sin duda ha tenido alguna responsabilidad en el descenso de la difusión y el nivel general de los estudios lingüísticos y filológicos en nuestra América durante los últimos años) 1, ocurrió precisa-

1 Ello no quiere decir que no existan contribuciones interesantes en estos

años. Baste recordar algunas ediciones de la Editorial Siglo XXI, de México, como la pintoresca Introducción a la lingüística transformacional, de CARLOS PEREGRÍN OTERO (México, 1970), y la versión española de los excelentes Princi-

pios de lingüística general, de ÉMILE BENVENISTE (México, 1971). Por cierto

mente en el momento en que se iniciaba una considerable ex­ pansión de la lingüística, e incluso una invasión suya en otras ciencias. Tales hechos, unidos a cuestiones que ya he mencio­ nado en otros trabajos, contribuyeron a traer a primer plano a escuelas de estudios literarios que habían estado también, como la estilística germanohispánica, vinculadas a la lingüística, y señaladamente el formalismo ruso y el Círculo de Praga 2. Hoy

no podemos sino lamentar que el múltiple Amado Alonso, quien tan aguda y combativamente propagó y practicó los pos­ tulados de la estilística, desconociera en gran medida las reali­ zaciones que en teoría y crítica literarias debemos a aquellos movimientos3. Es, desde luego, conjetural suponer que, de haber

vivido unos años más, Alonso hubiera dado a conocer entre nosotros — e incluso aplicado al estudio de nuestra literatura — los logros metodológicos de formalistas rusos y estructuralistas checoslovacos, como antes había hecho con los de los estilísticos alemanes; cabe incluso aceptar que asiste no poca razón a An- Argentina. 1971) incluye dos trabajos de Benveniste que aparecieron en el anterior libro, pero, a pesar de tratarse de la misma editorial, utiliza traduc­ ciones distintas: en general, inferiores.

2 En el mundo anglosajón y en Francia existieron movimientos críticos

afines a éstos, pero con escasa o ninguna relación con los estudios lingüísticos, los cuales se desarrollarían paralelamente. Un buen ejemplo de ello es la llamada New Criticism anglosajona. En Francia, habría que esperar prácti­ camente a la década del 60 para ver crecer un movimiento similar al de los formalistas rusos, los estructuralistas checoeslovacos o los estilísticos germano- hispánicos. El Círculo Lingüístico de Copenhague, por su parte, cercano al de Praga en determinados aspectos, se ciñó, en general, a lo lingüístico. Curiosamente, sería el italiano GALVANO DELLA VOLPE quien en 1960, en su

Crítica del gusto, desplegaría, en cuanto a lo literario, la virtualidad teórica

y crítica de los enfoques lingüísticos daneses.

3 ALONSO sí conocía bien las elaboraciones lingüísticas del Círculo de

Praga: cf., por ejemplo, su "Prólogo de la edición española" del Curso de lin-

güística general de FERDINAND DE SAUSSURE, 2ª ed., Buenos Aires, 1955, págs.

13-16, y especialmente la larga y aguda nota al pie, donde, además de ofrecer un buen resumen de algunos criterios centrales de la fonología praguense, anuncia una traducción de los Principios fundamentales de fonología de N. TRUBETZKOY, la cual sería publicada en la misma colección (Filosofía y teoría

del lenguaje) dirigida por Alonso, donde había aparecido el Curso. (Ignoro

el destino de ese proyecto.) Cf. también de ALONSO SUS "Notas de fonemática", en sus Estudios lingüísticos. Temas españoles, Madrid, 1951, págs. 288-314.

derson Imbert — quien, dicho sea al pasar, fuera discípulo de Amado Alonso — cuando, al presentar en 1968 sus Métodos

de crítica literaria (Madrid, 1969), dice:

Si hace diez años él enfoque sociológico se ponía a la defensiva ante el triunfante avance del formalismo, hoy es el formalismo el que tiene que defenderse. A la concepción dinámica del historicismo siguió la con­ cepción estática del estructuralismo; pero he aquí que, de pronto, las sincronías se hacen diacronías, y las redes estructurales vuelven a abrirse a la historia (pág. 16).

Pero lo cierto es que es con posterioridad a la muerte de Amado Alonso, en estos últimos veinte años, cuando se pro­ duce la amplia irradiación de los trabajos de formalistas rusos e integrantes del Círculo de Praga. Si los primeros habían in­ fluido ya decisivamente sobre los segundos (quienes en algunos casos eran los primeros); y si figuras como el ruso Roman Jakobson y como el checo René Wellek (con la famosa y po­ lémica Teoría de la literatura, 1949, de la que es coautor), radi­ cados desde antes de la Segunda Guerra Mundial fuera de sus países, habían transmitido más allá de las fronteras originales ideas de aquellos movimientos, pueden señalarse a partir de

1954 los principales hitos de la expansión de ambos. En lo que

toca al conocimiento del formalismo ruso (1916-1930), resulta­ ron decisivos dos libros: el estudio de Víctor Erlich Russian

formalism (La Haya, 1954), y la antología Théorie de la litté- rature (París, 1965), con textos de formalistas rusos. Ambos

libros conocerían variadas traducciones4, mientras paralela­

mente aparecían traducidas obras de Shclovski, Tinianov, Eijenbaum, Tomashevski y otros formalistas y paraformalistas. En cuanto al Círculo de Praga (1926-1947), no existe aún una

4 En español ha sido publicado el segundo de aquellos libros, con el

nombre Teoría de la literatura de los formalistas rusos, traducido del francés por ANA MARÍA NETHOL, Buenos Aires, 1970. El primero es un libro con abundante información, pero en lo tocante a lo político el autor incurre en expresiones tan originales como "cortina de hierro", y en el resto no vacila en decir cosas como que Jean Cocteau fue "uno de los mayores poetas y críticos del surrealismo francés".

obra comparable, por su impacto y difusión, a lo que fueron aquellas para el formalismo ruso: aunque el libro de Erlich también se ocupa algo del Círculo. En 1955, y en limitada edi­ ción mimeografiada, Paul L. Garvin publicó A Prague school

reader on esthetics, literary structure, and style (Washington,

1955); Josef Vachek publicó el Dictionnaire de linguistique de

Vécole de Prague (Utrecht/Amberes, 1960, en colaboración con

Josef Dubský), el Prague school reader of linguisties y The lin-

guistic school of Prague. An introduction to its theory and prac- tice (Bloomington/Londres, 1964 y 1966 respectivamente), pero

estos tres libros, como sus títulos indican, están limitados a las investigaciones lingüísticas (por otra parte notables) de la escuela; un intento por ofrecer también ejemplos de sus inves­ tigaciones literarias y estéticas apareció en francés en Le cercle

de Prague, número 3 de Change (París, 1969). Todavía en

1970 René Wellek consideró necesario ofrecer al mundo de habla inglesa un polémico panorama de "La teoría literaria y la estética de la escuela de Praga", estimando que, si bien sus contribuciones lingüísticas se hallaban relativamente difundidas, es, sin embargo, menos conocido que el Círculo lingüístico de Praga incluyó a varios investigadores literarios y que ellos hicieron una ambi­ ciosa tentativa de desarrollar una coherente teoría de la literatura y una estética que llamaron "estructuralismo" al menos desde fecha tan tem­ prana como 1934 5.

De ahí el interés que para nuestra lengua tiene la antología

El Círculo de Praga, que se ha publicado recientemente en

Chile 6. La existencia de este pequeño volumen (menos de cien

páginas) no puede sino ser saludada con gratitud, a pesar de que, en general, la edición carezca de suficiente rigor — ese rigor a que nos tenía acostumbrados Amado Alonso en la pre­ sentación de materiales similares —. En primer lugar, los textos

5 RENÉ WELLEK: "The Literary Theory and Aesthetics of the Prague

School", Discriminations (1970), 2ª ed., New Haven/Londres, 1971, pág. 274.

6 El Círculo de Praga, traducción de ANA MARÍA DÍAZ y NELSON OSORIO,

5

han sido traducidos todos del francés: lo que si bien es obvio que ocurra en cuanto a "Las tesis de 1929", la "Inaugu­ ración . . . " de Vilém Mathesius y "La fonología y la poética", de Jan Mukařovský, trabajos que fueron publicados original­ mente en aquella lengua en los Travaux du Cercle Linguistique

de Prague (por cierto, en su número 1, 1929, el primero, y los

otros dos en su número 4, 1931, datos que no se ofrecen y que es importante tener en cuenta para comprender la evolución del Círculo), no es recomendable en los otros casos (trabajos en checo y alemán), en los que el lector se halla ante las difi­ cultades de toda retraducción, la que debe evitarse, sobre todo en un libro. En segundo lugar, la versión española adolece de algunos galicismos y descuidos: "jugar" un papel (págs. 27, 30, 83), cuando no "jugar un rol" (pág. 64); abuso del demostrativo "aquel" en vez del artículo (págs. 48, 54, 89); prescindencia de la preposición "de" en construcciones como "por la simple razón [de] que es un sistema" (págs. 73, 74, 82), etcétera. Y, sobre todo, la selección misma de los textos es dis­ cutible. La razón única para ella parece ser que sigue de cerca la ofrecida en el número citado de Change, donde aparecen todos los trabajos de esta antología en español —algunos, in­ completos — y otros más. Aunque era evidente que ciertos ma­ teriales debían repetirse —en primer lugar las ya clásicas y admirables "Tesis de 1929" —, se echa de menos el fundamental trabajo de Mukařovský "La función, la norma y el valor esté­ ticos como hechos sociales" (trad. it., Turín, 1971) —o siquiera una selección de él—, considerado generalmente como la mejor exposición de su teoría hasta esa fecha; en cuanto a Troubetzkoy (¿no es Trubetzkoy en español?), no se ve por qué incluir su (relativamente) poco interesante "Nota para una ciencia de la escritura", en vez de las páginas sobre "fonología y fonoestilística", por ejemplo, de sus Principios de fono-

logía (1939). Se explica que Change no procediera así, porque

en francés se cuenta con la notable traducción que de esta obra realizara J. Cantineau (París, 1949). Ese no es nuestro caso. También, desde el punto de vista de la teoría de la literatura, se hubiera enriquecido el volumen, según hizo Garvin en su

reader de 1955, con algún texto reciente. Por último, era nece­

saria una presentación de conjunto de los materiales y del Círculo de Praga en general — que hubiera podido realizar el profesor Nelson Osorio, buen conocedor del tema —, pues el lector es arrojado sin más preámbulo in medias res, y la res es compleja y llena de riqueza.

Y hechos estos comentarios — nacidos más que nada del interés que esta antología tiene para nuestro continente—, subrayo sobre todo la utilidad que trabajos de esta naturaleza deben reportarnos en lo que toca al enseriamiento de nuestra magra crítica literaria. Especialmente si se tienen en cuenta ob­ servaciones como esta de Jakobson (1934):

El estructuralismo [checoeslovaco] se nutre mucho del formalismo [ruso], pero no debe conservar aquellas de sus tesis que no han sido más que una enfermedad infantil de esta nueva tendencia de la ciencia literaria. El formalismo evolucionaba hacia el método dialéctico, aunque perma­ neciendo muy marcado por la herencia mecanicista. Es con justa razón que Bém califica "la evolución literaria" de abstracción artificial. Pero ¿no lo es igualmente "la obra literaria"? Una obra literaria presupone una evolución de la literatura, del mismo modo como la evolución de la literatura presupone la obra (El círculo de Praga, pág. 77). O esta de Mukařovský, en el mismo texto:

Una explicación de los cambios sucesivos, si no quiere atenerse al prin­ cipio siempre repetido de la aspiración a lo nuevo, debe trasladar la atención sobre lo que está fuera de la literatura en cuestión, desde la in­ fluencia de las otras literaturas hasta las relaciones con las diferentes ramas de la cultura humana [... ] No se puede [... ] ni aun en la teoría, aislar la literatura del campo de la cultura sin suprimir al mismo tiempo la antinomia dialéctica indispensable en toda evolución. Pero como la cultura en su conjunto está llevada por la evolución de la socie­ dad, es necesario tener en cuenta también las relaciones entre la litera­ tura y la sociedad (pág. 72-73).

El abordaje de estas relaciones, que indudablemente el Círculo de Praga se propuso realizar, y que revela su superación del formalismo ruso — superación que algunos trabajos sobre todo de Tinianov ya anunciaban, en el momento de madurez

del formalismo —7, es una de sus importantes contribuciones

a los estudios literarios, porque si bien tales relaciones habían sido señaladas y consideradas desde mucho antes, siendo ello lo habitual en el enfoque sociológico, las tendencias paraforma- listas, centradas en el estudio del cuerpo verbal — trátese del formalismo ruso, de la estilística germanohispánica o de la New

Criticism anglosajona —, las habían soslayado, subrayando, para

explicar la evidente evolución, razones inmanentes.

Otro punto capital que abordó el Círculo de Praga en lo tocante a los estudios literarios, es el de la valoración — punto apenas representado en la antología chilena que comento—. Ambas cuestiones, la articulación de la literatura con su circuns­ tancia — de la "serie literaria" con las otras "series históricas", según el vocabulario de Tinianov—, y la valoración de la obra, permanecen en gran medida abiertas actualmente a la discusión — o, vueltas problemas gordianos, son zanjados con menos suti­ leza que inmediatez: en este último caso, en rigor, no es que no se sepa cuáles son las obras buenas: es que no se sabe decir por qué lo son—. En algunos secuaces contemporáneos del neoformalismo, que a veces más parece simple neoimpresionis- mo, se ha llegado a un rechazo total del juicio — esa "corona de la crítica" que dijo Reyes —, en favor de la mera descripción, cuando no de la recreación de la obra 8, criterio en verdad ina-

7 Cf. J. TINIANOV: "Sobre la evolución literaria", J. TINIANOV y R.

JAKOBSON: "Problemas de los estudios literarios y lingüísticos", Teoría de la

literatura de los formalistas rusos, citada en nota 4. En Cuba se publicaron

en el número 100 de La Gaceta de Cuba, febrero de 1972.

8 Por ejemplo GEORGES POULET, después de considerar que la nueva crítica

francesa "es, sobre todo, una crítica de participación, mejor aún de identifi­ cación", expresa su acuerdo con "un pensamiento crítico que no es ya infor­ mativo, enjuiciador, biográfico, o impresionista, que se quiere el duplicado espiritual de la obra estudiada, la transposición integral de un universo del espíritu al interior de otro espíritu" ("Une critique d'identification", Les

chemins actuels de la critique, Paris, 1967, págs. 9 y 11). Como se ve, no

se trata sino de otra versión del impresionismo. En el mismo libro, GERARD GENETTE postula que "las fronteras entre la obra crítica y la obra no crítica tienden cada vez más a borrarse [...] la obra crítica podría bien aparecer como un tipo de creación muy característico de nuestro tiempo" ("Raisons

ceptable. Le asiste toda la razón a Wellek cuando, al comentar el estudio sobre el soneto "Los gatos", de Baudelaire, debido a Jakobson y Lévi-Strauss, dice:

Admiro la ingeniosidad con la que Roman Jakobson y Claude Lévi- Strauss analizaron "Los gatos" de Baudelaire. Ellos han demostrado los paralelismos, correspondencias, reiteraciones y contrastes convenientemen­ te, pero no acierto a ver que ellos hayan estudiado o pudieran haber estudiado nada sobre el valor estético del poema 9.

Y sucede que para nosotros, aquí y ahora, tienen impor­ tancia relevante esas dos tareas: la remisión de la "serie lite­ raria", a las otras "series históricas", y la valoración de las obras: concretamente, de nuestra serie literaria y de nuestras obras. Un enfoque crítico que entre nosotros pretenda eximirse hoy de esas labores, las minimice o las realice insuficientemente, es por lo menos defectuoso.

Llegamos así a un punto ciertamente capital en lo que toca a las categorías y métodos elaborados para el análisis de la obra literaria por estas tendencias. Tales categorías (e incluso tales métodos) han sido revelados o forjados en relación estrecha con una determinada praxis literaria: de cierta manera, cabría decir que ellos constituyen (o contribuyen a) la teoría literaria

de determinada literatura: es bien sabido que, así como hay

una crítica neoclásica, una crítica romántica, etcétera — nacidas de la conceptualización de la literatura neoclásica, la romántica, etcétera —, los formalistas trabajaron en relación simbiótica con los futuristas rusos y sus pariguales (Brik, Jakobson, Eijenbaum, Tomashevski, Tinianov, junto a Mayacovski, Aseyev, Pasternak; el travieso Shclovski, teorizante, escritor, gnomo, yendo de unos