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4.2 Methodologies

El performance tiene como esencia sintáctica la acción y el cuerpo. Si bien existen debates con respecto al origen disciplinario del performance, un argumento pone énfasis en la rebeldía que tuvieron los artistas plásticos sobre la imagen estática y representada; en consecuencia, la búsqueda del movimiento, así como de nuevas composiciones estéticas incorporando el cuerpo y el comportamiento del artista. Aunque los miembros de 19 Concreto conceden la posibilidad de que al performance llegaran creadores de las artes escénicas que necesitaban también romper el paradigma de la representación.

La acción dentro del performance puede ir desde gestos mínimos, hasta dispositivos complejos; las acciones, por lo general, rompen con el contexto de lo cotidiano, produciendo en él un nuevo significado de orden estético. Significado que está íntimamente ligado con la experiencia de quién produce la acción y del que observa. El performance nace con la intención de cuestionar, confrontar y reformular los viejos paradigmas artísticos, y, aunque en apariencia su activación está en la línea de la improvisación, la espontaneidad y las técnicas del absurdo, los artistas de performance han concebido previamente un campo de incidencia en el que han analizado su construcción estética e ideológica. El público puede encontrarse a su paso el arte acción de forma azarosa, pero desde luego, también tiene la posibilidad de ser convocado a su presentación. Independientemente de ello, el encuentro entre el público y el artista, proporciona al acontecimiento otra relevancia en tiempo y espacio, una nueva dimensión, en la cual el arte

se inserta en la vida y la vida en el arte; generando así la retroalimentación social que satisface la necesidad de experiencias estéticas no controladas en nuestro devenir contemporáneo.

Con respecto a los procesos creativos de 19 Concreto, podemos encontrar algunos antecedentes en las premisas que André Lepecki desarrolla en “We’re not ready for the dramaturgy”, artículo incluido en el libro Rethinking the dramaturgy, en que habla de procesos que se desarrollan a partir del error, la casualidad y, por lo tanto, de la experimentación. Las narraciones de los integrantes entrevistados, coincidieron en que partieron de un proceso lúdico e impreciso que fue desarrollándose hasta que llegaba a ser una idea depurada, potente y sólida conceptualmente. No se trataba de una lucha de poderes entre los miembros del colectivo, sino de un juego compartido que los impulsaba a modificar sus propias percepciones: “La dinámica del proceso de percepción da un nuevo giro en cada transición, en cada estado de inestabilidad. Pierde el carácter azaroso y se orienta a un objeto, o bien pierde su carácter de proceso orientado a una finalidad y empieza a descontrolarse” (Fischer-Lichte, 2011, 299).

Así, Fischer-Lichte coloca como conceptos dinámicos al orden y al azar; de ese modo, la creación se mira como un punto frágil de estabilidad en las acciones performativas, por ello mismo, la armonía va a alcanzarse luego de un caos natural, que permanecerá por poco tiempo, de forma efímera, como la vida misma y su curso. Lorena Orozco describe en entrevista, los momentos previos a la presentación de una de sus obras más representativas llamada De Etiqueta: “[…] en la prueba técnica varias cosas no funcionaban, esto se resolvió por completo en el momento de la presentación con público. Los elementos y partes de la obra ensamblaron perfectamente (2013)”. La pieza fue realizada el 20 de octubre de 1993 durante el segundo festival Mes del Performance en Ex Teresa Arte Alternativo.

Las creaciones del grupo tenían intenciones de jugar con la ironía, el humor negro y el inminente azar; muchas veces esa parte abierta era la que lograba conectar con el

público, ya que él mismo completaba el sentido de las piezas.

Cabe mencionar que las acciones provienen de un proceso de diálogo, de ideas que se van entretejiendo unas con otras, para llegar a ser concretas o con altas posibilidades de resolución. Los artistas se convierten en invasores emergentes de una ciudad articulada por el caos; las modificaciones espaciales que ellos proponen también tienen un sentido de reidentificación con la naturaleza, pero además, una severa crítica a nuestros modos de consumo de los recursos naturales.

19 Concreto pertenece a una generación posterior a los primeros accionistas mexicanos, quienes a partir de los 70 y 80, habían realizado una intensa, aunque dispersa actividad dentro del campo de la performance. Creadores como Maris Bustamante, Mónica Mayer, Guillermo Gómez Peña, entre otros, ya habían hecho un recorrido e indagación práctica dentro del arte acción.

La maduración paulatina del grupo en cada pieza, es un proceso cercano a las máquinas y su relación con lo humano; poco a poco comenzaron experimentos con cámaras de video y televisiones, entre otros dispositivos. El grupo 19 Concreto tenía la necesidad de trascender el trabajo plástico individual, a un trabajo colectivo con diferentes alcances; intentaron una alternativa a la tradición plástica imperante, enriqueciendo y retroalimentando el proceso creativo al conjugar distintas visiones de la realidad y de los fenómenos artísticos. El contexto social, las problemáticas cotidianas, así como el juego con lo efímero, el azar, la ironía y la crítica, fueron de sus motores más importantes como creadores de performance y son, a mi juicio, sus características más destacadas como artistas mexicanos.