and study of urban climatology of Klang Valley
3.3 Model validation, results and discussions
19 Concreto surge a partir de un grupo de estudiantes de “La Esmeralda”, y distingue a sus miembros entre fundadores, participantes y colaboradores. Los fundadores fueron: Lorena Orozco, Fernando de Alba, Víctor Martínez, Roberto de la Torre, Ulises Mora, y Luis Barbosa. Entre los participantes se cuentan en distintos momentos: María Ana Ruiz, Alejandro Sánchez, Ángel Flores, José Enrique Gómez, Héctor Velarde, Leopoldo Ordóñez y Osvaldo Hernández. En la actualidad, los que conservan el nombre de 19 Concreto son: Víctor Martínez, Lorena Orozco, Fernando de Alba, Roberto de la Torre, Ulises Mora y Alejandro Sánchez, sin descartar a los colaboradores que aparecen a lo largo de su trayectoria.
Fue en 1989 cuando los integrantes Víctor, Lorena y Fernando, de entre 19 y 22 años, se conocieron como condiscípulos de la generación 87-92 en la Escuela Nacional de Pintura, Escultura y Grabado “La esmeralda”22, ubicada23 en el callejón de San Fernando de la colonia Guerrero en la delegación Cuauhtémoc, sobre la zona centro de la Ciudad de México. Roberto de la Torre y Ulises Mora24 se hicieron amigos de igual manera, pero pertenecían a la generación 89-94. No obstante, el grupo se formó gracias a la relación de
22Escuela Nacional de Pintura Escultura y Grabado "La Esmeralda" Escuela del INBA.
23Actualmente “La Esmeralda” se ubica dentro del CENART en Av. Río Churubusco esquina con Calzada de
Tlalpan.
24 Ulises Mora y Roberto de la Torre ingresaron a “La Esmeralda” siendo compañeros de generación, con la
convivencia creativa, amistosa y lúdica que el ambiente favorecía. Por su parte, Alejandro Sánchez,25 aunque también había sido estudiante dentro de “La Esmeralda”, pertenecía a la generación 85-92, por lo que no compartió el espacio directamente con el resto de los miembros, sino que, al enterarse de la existencia del grupo, los buscó por iniciativa propia, para integrarse y experimentar dentro del área del performance, sin tener ningún vínculo previo. El trabajo como estudiantes decantó en exploraciones más profundas, donde se dio la hibridación del arte plástico y el video, además de experimentar con cualquiera de las ideas que aparecían en forma de ocurrencias.
Una de las principales preocupaciones de los fundadores del colectivo, era la educación que les impartían dentro de “La Esmeralda”; si bien estaban conscientes de que la institución como tal, no enarbolaba una promesa académica del arte contemporáneo, a ellos les interesaba de forma primordial. De ese modo, advertían la falta de consideración en su contexto, de las nuevas tendencias disciplinares del arte, como la recuperación de la indagación plástica a partir del happening, performance e instalación, y veían anquilosadas las metodologías supeditadas a la pintura y a la escultura. Las fiestas, los viajes y los puntos de reunión en común, fueron espacios de oportunidad para generar vínculos con otros compañeros, e indagar un nuevo lenguaje en el plano artístico. Entre las referencias importantes tenían a la Fura dels Baus, como ejemplo de que en colectivo los alcances podrían ser mayores en todo sentido; en ideas, en producción y en fuerza de trabajo. Siendo prácticamente inconscientes al inicio, sobre la generación de los grupos mexicanos como Suma, Proceso Pentágono, No grupo, etcétera.
La necesidad de generar nuevos lenguajes de comunicación, los orientó hacia una forma abierta, libre y tolerante con respecto a la creación y a las opiniones, en donde la práctica de lluvia de ideas era fundamental. Dentro de las dinámicas de grupo se logra un desarrollo personal, vencer las inhibiciones y pasar a una conciencia creativa. Fernando de Alba comenta al respecto:
El proceso del grupo era muy… ¿cómo decirlo? democrático podíamos decir cualquier cosa que se nos ocurriera en ese momento, no teníamos miedo, pudor o empacho, alguien
25 Alejandro Sánchez Vigil, es el único integrante que sin tener relación de amistad con los miembros del
grupo, los busca y les pide integrarse. Sánchez Vigil pertenecía a la generación de ingreso de 1985, finalizando sus estudios en 1992; es necesario tener en cuenta que estuvo un año ausente de actividades por la beca obtenida a Moscú en el curso de 1988 a 1989.
escuchaba y modificaba decantando en un cuerpo de ideas a través de una línea aparentemente sin mucho sentido hasta que se encarnaba en un solo cuerpo, una sola idea. Era un proceso vital (Entrevista, 2013).
La perspectiva de los integrantes del grupo era un descontento con la educación que recibían como la describen en diferentes entrevistas. Sabían que existían nuevas formas de expresión; si bien las artes plásticas asumen a un espectador alejado de la acción, “los concretos” estaban dispuestos a encontrar nuevos canales de comunicación. Su formación dentro del performance tampoco era muy precisa, Víctor Martínez comenta al respecto, que todo parecía como una búsqueda a oscuras, la información era obtenida de forma imprecisa y aleatoria:
Nosotros comenzamos a hacer performance sin referentes no había los medios de información, algunos compañeros que traían algún libro de Europa, o algún maestro nos daba pautas, luego nos enteramos que había una generación de accionistas mexicanos pero nosotros no los conocíamos ni seguíamos sus líneas de trabajo, fue conforme la marcha, los festivales que fuimos descubriendo que había cosas que se estaban haciendo décadas atrás pero que no había medios accesibles para obtener la información (Entrevista, 2013).
El significado del nombre 19 Concreto es un elemento que los integrantes no necesitan esclarecer; querían un nombre que reflejara el anonimato, y a la vez cuantificara un material humano, un número de serie:
[…] el nombre pudo haber surgido de una casualidad, un error, en torno al terremoto del 19 de septiembre del 1985; puede ser juego de numerología evocando el eterno retorno, el inicio y el fin. No importa, todas las respuestas son correctas y falsas. Tampoco corresponde directamente al número de integrantes, porque quizá en alguna ocasión fuimos diecinueve, pero no era la intención, y tal vez no volvió a repetirse (Ulises Mora, entrevista, 2013).
Por otra parte, ya existía un grupo que utilizaba la palabra “concreto”, lo que puedo observar como una coincidencia: era el grupo Japonés Gutai26.
26Gutai fue un grupo de artistas japoneses que realizaban arte acción. Surge posterior a la experiencia de la
Segunda Guerra Mundial en 1955 en la región de Kansai (Kyöto, Osaka, Köbe). Rechazaban el consumismo capitalista, realizando acciones irónicas con un sentido de agresividad latente. Influenciarán a grupos como
La agrupación se convierte en su segunda escuela, en un laboratorio, en el cual pueden aportar desde su individualidad, una riqueza para el conjunto; todas las ideas son probadas y llevadas hasta las últimas consecuencias. El entorno comenzaba a ser más dinámico y propositivo:
En la escuela formal, este tipo de conocimientos se fomentaron en “La Esmeralda” gracias al maestro Alberto Gutiérrez Chong, quien fue maestro de Roberto de la Torre y Ulises Mora. Gutiérrez Chong tenía una visión crítica y reflexiva a la cuasi-decimonónica visión que existía en “La Esmeralda” sobre las formas tradicionales (clásicas): pintura, escultura y grabado; ellos empezaron a hablar de las propuestas de Marcel Duchamp, Andy Warhol y su taller, de grupos como Fluxus (Alemania), que para la década de los 90 ya habían hecho historia. El intercambio con otros grupos de performance sucedía en el marco de la fiesta y la creación; así nos relacionamos con “Inseminación artificial”, SEMEFO, Lorena Wolffer, Verena Grimm, entre otros creadores coetáneos (Sánchez Vigil, entrevista, 2012).
Ulises Mora agrega que ve en el trabajo docente de Gutiérrez Chong una importancia preponderante, dado que retó a De la Torre y a Mora constantemente en el área del performance. En paralelo, Eloy Tarcisio, también profesor, y Gustavo Prado con Hortensia Ramírez, alumnos, propiciaron que el primer festival de performance en torno a la celebración de los 50 años de “La Esmeralda”, se diera en el Museo del Chopo.
Josefina Alcázar y Fernando Fuentes llamarían “la segunda ola grupera” a colectivos como 19 Concreto, SEMEFO, Inseminación Artificial, entre otros grupos que se consolidaron en la década de los 90; los teóricos mencionados ven una consecuencia en torno a la conformación de agrupaciones entre los 70 y 80. Por su parte, 19 Concreto no concuerda con dicho análisis ni consideran que exista un seguimiento entre una “ola” y otra, sino que señalan un encuentro sorpresivo de ambas generaciones. Desde mi punto de vista comprendo ambas posturas, dado que en los procesos de creación en México no hay una investigación profunda de los antecedentes locales; sin embargo, en el ámbito nacional la idea de colectivo sigue prevaleciendo y desarrollándose con nuevas formas o maneras recicladas de comunicación; considerarse un movimiento aislado es seguir viendo el
Fluxus y a artistas como Joseph Beuys y Wolf Vostell. Sus principales miembros fueron Jirō Yoshihara, Sadamasa Motonaga, Shozo Shimamoto, Saburō Murakami, Katsuō Shiraga, Seichi Sato, Akira Ganayama y Atsuko Tanaka.
proceso humano con un halo de ingenuidad.
La identidad del grupo 19 Concreto se centra en acciones públicas que evocan el anonimato y la colectividad. Los miembros de la agrupación argumentan que no buscaban una identidad en el sentido nacionalista, sin embargo, su comportamiento responde a lo que Bauman (2003) denominaría identidad liquida, pues los valores que ensalzan son los de la globalización, la ruptura de continuidad y la mezcla de diferentes entornos de convivencia. Un referente importante para poder vislumbrar la transformación de identidad es, sin duda, el trabajo de Gilberto Giménez, quien en su libro Estudios sobre la cultura y las identidades sociales, expone un panorama histórico del término, su uso, vértices y perspectivas.
Lo relevante, desde mi punto de vista, es la vinculación activa de la práctica con la teoría, es decir, la relación que se produce entre las experiencias humanas y la consecuencia en los paradigmas teóricos. Si bien, existe una necesidad humana de distinguirse, de hacerse diferenciar de los otros, esta necesidad tiene su paradoja en la búsqueda de un sentido profundo de pertenencia. La etiqueta nos señala, nos marca, nos separa, pero también nos une a una comunidad a la que pertenecemos. Como hemos podido leer, el recorrido de 19 Concreto va intuitivamente enlazando una identidad artística a partir de los valores del anonimato, la masificación y la colectividad; elementos que iré desarrollando a lo largo del documento, y que fortalecerán la perspectiva de la creación performática, así como sus obras.
Los colectivos que surgen en la década de los 90, tienen como característica la búsqueda del otro para generar no sólo fuerza de trabajo, sino piezas en torno a la creación mancomunada. Igualmente, surge la particularidad de la unión de artistas que ya tienen procesos individuales y cuya cohesión es acotada a ciertos proyectos que la justifican. Esta forma de asociación es entendida por Ulises Mora como acoplado.
También es importante destacar que el colectivo 19 Concreto enfocó su mirada en la producción de piezas para intervenir espacios públicos o institucionales, en contraste con los acoplados, que buscaban generar propiamente espacios físicos de creación, investigación, producción o demostración de arte acción. La visión mostrada por Ulises Mora con respecto al acoplado, nos describe la unión de fuerzas creativas, “talentos”, que tienen caminos autónomos estéticamente, pero cuya asociación en colectivo busca el
desarrollo de objetivos individuales. Las dinámicas de convivencia son diferentes en el acoplado, ya que se cumplen sólo ciertas funciones, se optimiza la logística, pero la indagación interpersonal es de un carácter más enfocado a lo individual.