Chapter 5 Client perceptions of the value of microinsurance
5.3 Methodology
Es ahora el momento de introducir en estas disquisiciones teóricas sobre la conceptualización del Estado, algunos elementos aportados por Philip Corrigan y Derek Sayer en su investigación sobre el papel del Estado en la etapa de ascenso y consolidación del capitalismo en Inglaterra. Estos autores afirman que el triunfo del capitalismo implicó también una sistemática revolución cultural masiva, tanto en la manera en que el mundo era entendido como en la manera en que los bienes eran producidos e intercambiados. 36
De manera que para ellos, es de suma importancia, insistir en que “la formación del Estado es una revolución cultural”, de ahí que se puede afirmar entonces que el conjunto de actividades e instituciones que suelen ser identificadas como “el Estado”, son formas culturales de particular centralidad para la civilización burguesa.
Los Estados afirman [The states state]; los antiguos rituales de una corte, la fórmula del ascenso real en el Acta del Parlamento, las visitas de los inspectores escolares, son todas ellas afirmaciones. Ellas definen, con gran detalle, formas e imágenes aceptables de actividad social e individual e identidad colectiva; ellas regulan, de maneras
36 Philip Corrigan y Derek Sayer, The Great Arch. English State Formation as Cultural Revolution, Oxford, Basil Blackwell, 1985, pp. 1 y 2.
específicas, mucho de la vida social. Es en este sentido que se afirma que “el Estado” nunca deja de hablar.37
Corrigan y Sayer observan que dentro del amplio rango en que la vida social puede ser vivida, el Estado alienta algunas formas y suprime o margina algunas otras. Cierto tipo de actividades llevan su sello de aprobación, mientras que otras son consideradas inaceptables. Esta selección moral de las actividades humanas que hace el Estado, tiene consecuencias culturales que son acumulativas en la forma en que la gente se identifica y con el lugar que ocupa en el mundo. La regulación moral es inherente a la formación del Estado y, por su parte, las formas de Estado están siempre animadas y legitimadas por un ethos moral particular. De manera centralizada, las agencias del Estado intentan dar unidad a aquello que posee una realidad multifacética de las experiencias de los grupos históricamente diferentes dentro de la sociedad, negando sus particularidades. La realidad es que la sociedad burguesa es sistemáticamente desigual y está estructurada a lo largo de líneas de clase, género, etnicidad, edad, religión, ocupación y localidad. Los Estados operan para borrar el reconocimiento y expresión de estas diferencias.
Por un lado, la formación del Estado es un proyecto totalizador que representa a la gente como miembros de una comunidad particular –una “comunidad ilusoria”, como Marx la describió. Esta comunidad es sintetizada como la nación, la cual afirma, en primer lugar, la identificación y lealtad social de la gente”.38 Mientras que por otra parte, tal como lo ha señalado Foucault, la formación del Estado, individualiza a la gente en formas específicas, tales como: ciudadanos, contribuyentes, votantes, padres, consumidores y otras formas.
Desde 1867, Marx había afirmado que
El Estado es la fuerza concentrada y organizada de la sociedad en el sentido cultural y económico, que coordina formas más amplias de regulación y modos de disciplina social, a través de las cuales se organizan las relaciones capitalistas de producción y las relaciones patriarcales de reproducción.39
37Ibid., p. 3.
38Ibid., p. 4. 39 Ibid., p. 5.
En la sociedad burguesa, sostienen Corrigan y Sayer, la experiencia histórica de las relaciones materiales son relaciones de desigualdad, dominación y subordinación, y la experiencia social, en consecuencia difiere de los diferentes puntos de vista en la estructura social. Esto significa que una misma representación unificadora desde la perspectiva del Estado, puede ser entendida de manera diferente “desde abajo.”
El Estado afirma que habla desde, lo que Marx ridiculizó como, “la llamada contemplación desde el punto de vista de la sociedad”. Esto
no significa más que pasar por alto las diferencias que expresan la relación social (relación de la sociedad burguesa). La sociedad no consiste en individuos, sino que expresa la suma de las interrelaciones, las relaciones con las cuales estos individuos se ubican. Como si alguien dijera: visto desde la perspectiva de la sociedad, no hay ni esclavos ni ciudadanos: ambos son seres humanos. Por supuesto, que ellos [los esclavos y los ciudadanos] están fuera de la sociedad. Ser esclavo o ciudadano son características sociales, relaciones entre los seres humanos.40
Lo anterior lleva a afirmar que la disciplina moral desplegada por la formación del Estado no es neutral, sino que refuerza la dominación.
El Estado es en gran medida, una ilusión. Sin embargo, debe reconocerse que efectivamente las instituciones de gobierno son reales, pero el Estado es un constructor ideológico, una ficción. Es así que puede afirmarse que el Estado es un mensaje de dominación, un artefacto ideológico cuya función es atribuir unidad, estructura e independencia a las obras desunidas, desestructuradas y dependientes de la práctica de gobierno. Puede notarse aquí que los nombres descriptivos utilizados en el discurso gubernamental, tales como neutral, universal y obvio, son de hecho afirmaciones impuestas. La idea de Estado, tal como lo afirmaba Weber, es una afirmación de legitimidad, un significado mediante el cual, la sujeción organizada políticamente es al mismo tiempo consumada y disimulada y que está en gran medida constituida por las actividades de las instituciones de gobierno.
Cabe decir que la forma en que finalmente se logró articular un concepto de Estado en los párrafos precedentes, tiene la particularidad de que trasciende las
fronteras interdisciplinarias y rebasa los “límites” que suelen separar a la subjetividad de la cultura, al poder del conocimiento y al Estado de las subjetividades.41 El concepto de Estado, formulado de esta manera, es el que se utilizará a lo largo del desarrollo del presente proyecto.