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La característica psicomotora del niño está dotada de particularidades que le permiten desarrollar una vida síquica que le es propia y que posee un lenguaje por medio del cual expresa su deseo de relacionarse con el mundo que lo circunda. Inicialmente utiliza su cuerpo como medio de expresión y de recepción, recogiendo datos sobre el mundo que lo rodea y de sí mismo, estableciendo un diálogo con su entorno. Es a través de este diálogo corporal que interactúa con su medio y articula las palabras y los afectos, transponiendo al orden biológico el orden psíquico. De este modo, estructura la conciencia de si mismo y la voluntad del ser.

Las diferencias en las destrezas para niños y niñas se acentúa a medida que se acerca la pubertad, los niños demuestran mayor resistencia que las niñas, pasado los 13 años las diferencias entre los sexos es más evidente, las habilidades motrices de los hombres mejoran, mientras que las de las niñas se mantienen o disminuyen, estas teorías en su mayoría tienen un origen cultural; por ejemplo, cuando los muchachos o los jóvenes pre púberes forman parte de actividades similares, sus habilidades también son similares (tanto en mujeres como en hombres).

Las características de personalidad. Para Meinel (1987), en esta etapa los niños se destacan por un gran deseo de aprender, por su audacia, actividad y aplicación, es decir, por su disposición al rendimiento, sin tener ningún tipo de intereses individuales

especiales. Se acentúa la capacidad de concentración y perseverancia para solucionar tareas motoras. Los niños requieren demostrar y poner a prueba sus capacidades en el juego y la competencia. Las niñas forman parte de grupos constituidos preferentemente por varones lo que más adelante se modificará con la marcada diferenciación en la elección de los juegos.

Para Meinel (1987), sostiene que la etapa entre los 9 a 12 años para las niñas, y 10 a 13 años en los varones, es la fase de mejor capacidad de aprendizaje motor. Al utilizar esta etapa se puede lograr una formación técnica, táctico, coordinativa sólida, además de adquirir experiencias motoras multilaterales, evitando buscar rendimientos tempranos específicos; sin embargo, se debería comenzar el entrenamiento, sobre todo, en aquellos deportes que requieren una formación deportiva prolongada y una experiencia para obtener rendimientos elevados.

También manifiesta con respecto a las capacidades motoras, la mayoría de los niños alcanzan un buen nivel de desarrollo de la fuerza y velocidad. Existe una capacidad para la conducción consciente y controlada de los movimientos, la velocidad en los tiempos de latencia y reacción se siguen acortando rápidamente en reacciones simples, alcanzando al final de esta etapa valores similares a los de un adulto. Las cualidades coordinativas logran su desarrollo debido a la particularidad del desarrollo motor “aprender de entrada”,

consiste en adquirir algunas formas motoras con una rapidez y un éxito sorprendente. Considera a esta etapa como el primer punto cumbre del desarrollo motor, por la rápida comprensión y aprendizaje de movimientos nuevos.

Es la mejor época del aprendizaje en la infancia. Lo que en etapas anteriores se consideraba como tendencia al desarrollo, alcanza aquí su maduración más completa. Como resultado se observa mayor agilidad, rapidez y fuerza en los movimientos. La característica especial es la rapidez de captación y aprendizaje de nuevos movimientos. A partir de estas edades comienza la diferenciación de sexos. Se promueve la competición donde el niño siente gran placer, fundamentalmente en los juegos por equipos. Vamos encontrando de forma creciente un gobierno consciente de los movimientos un dominio y seguridad cada vez mayores.

El derroche de movimientos y el desenfreno impulsivo expresado en la movilidad dejan paso ya a una marcada economía y funcionalidad, aunque se den todavía algunas acciones poco determinadas. Los movimientos son equilibrados y armónicos. La

sensibilidad a los ritmos musicales se amplía de forma considerable en comparación con los primeros años de la escuela, siempre que se imparta una enseñanza en este sentido.

La agilidad y la habilidad, la buena capacidad de adaptación, incluso en condiciones desacostumbradas, van unidas a la valentía, afán de aprender y gran actividad. El

aprendizaje motor no se efectúa en esta edad a través de un análisis racional, como ocurre mayormente en el adulto. Los niños no piensan demasiado sobre cómo hay que ejecutar los detalles del movimiento, sino que lo asimilan en su totalidad, como acción única.

Esta agilidad de aprendizaje solo puede darse si se posee ya una gran riqueza de experiencias motrices y está ya bien desarrolladas la facultad de ejecutar movimientos observados. Tiene mucho que ver el desarrollo de la actividad nerviosa superior. La relación equilibrada de los procesos de excitación e inhibición, así como el rápido

afianzamiento de los reflejos condicionados constituyen también una base propicia para la buena calidad de la acción motriz y la asimilación rápida de nuevas destrezas.

Una premisa esencial para la prontitud en la asimilación de nuevas destrezas es la posesión de múltiples experiencias de movimientos. Aumentan las posibilidades de autocontrol, de autorregulación de sus conductas y ejecuciones.

Desde el punto de vista afectivo emocional, comienzan a adoptar una conducta que se pondrá claramente de manifiesto en la etapa posterior: adolescencia. En ocasiones se muestran inestables en las emociones y afectos, cambian a veces bruscamente de un estado a otro, debemos comprender que esos cambios son producto de una afectividad que está alcanzando un nivel superior de desarrollo y a cuya formación, con paciencia, sabiduría y amor está obligado a contribuir.

Los niños de estas edades los hemos caracterizado como preadolescentes, lo cual indica que han entrado en una fase que sin ser aún la adolescencia, poseen algunos perfiles propios, como son la posibilidad y la necesidad de independencia que se va a hacer más notable en la etapa siguiente. Ya comienza a no aceptar pasivamente, sin juicio, la

indicación del adulto ve en las conductas lo positivo y lo negativo y, en ocasiones actúa en correspondencia con la imagen que de sí se ha formado. Ya en esta edad los niños se representan claramente cómo debe ser, cómo les gustaría que fuera y cómo es su profesor, además, tienen profesores preferidos y menos preferidos.

Una esfera en la que los alumnos experimentan un notable cambio es lo intelectual, en particular en lo que al pensamiento se refiere. Los alumnos de 11 a 12 años experimentan un aumento notable en las posibilidades cognoscitivas, en sus funciones y procesos psíquicos, lo cual sirve de base para que se hagan más altas exigencias a su intelecto.

Se pone de manifiesto en esta etapa el cambio que han experimentado los escolares en lo que al desarrollo anatomo fisiológico se refiere, se aprecia el aumento de talla, peso y el volumen de la musculatura. Comienzan a despuntar las desproporciones (el tronco con respecto a las extremidades) y aumenta la fuerza muscular, los caracteres sexuales secundarios comienzan a hacer su aparición. Por lo general en las niñas estos cambios hacen su aparición de forma más prematura. Muchas han experimentado la primera menstruación a los 11 años (monarquía).

Un hecho muy importante es que en estas edades se observa una tendencia de los varones y las mujeres a agruparse, a realizar actividades, a relacionarse preferiblemente con compañeros de su propio sexo. Esta tendencia no puede verse como algo totalmente inadecuado, sino como una forma de reafirmación del sexo.

El desarrollo anatomo fisiológico y el psicológico que experimentan los alumnos hace necesario un tratamiento especial por parte del profesor, que no puede ver a los alumnos como niños pequeños ni como adolescente que debe actuar con cautela y tacto, para influir favorablemente sobre ellos, para contribuir a una adecuada y armónica formación moral, emocional e incluso físico de la personalidad.

En la aplicación didáctica del trabajo con alumnos de estas edades, debemos tener presentes algunas consideraciones:

 Influencia positiva sobre el desarrollo psicomotor, considerar su conexión con el área cognitiva (aspectos perceptivos motores).

 Mejora de capacidades físicas como agilidad, fuerza muscular, resistencia, velocidad y flexibilidad.

 Coordinación dinámica general: desplazamientos, saltos, equilibrios y ajuste corporal.

 Coordinación óculo-manual: lanzamientos, recepciones.

 Coordinaciones óculo-pedestres.

 Percepción del propio cuerpo: estructuración del esquema corporal, toma de conciencia del propio cuerpo y su movilidad.

 Percepción del espacio y del tiempo: Orientación espacial (sí mismo/otro/objeto, estructuración espacio temporal, ajuste al espacio).

 Juegos pre deportivos y deportivos (enseñanza). 2.2.8.2. Características psicofísicas

El profesor debe saber que el niño es un ser que sufre un proceso evolutivo caracterizado por un crecimiento físico, desenvolvimiento espiritual, emocional y una maduración social. Este proceso es complejo, continuo, regular e individual. A

continuación, las características psicofísicas del estudiante del 6° grado del nivel primario: 1. Período desigual en los alumnos: algunos crecen muy rápido.

2. La alumna madura antes que el alumno.

3. Requieren juegos vigorosos de mayor coordinación motora y rapidez de reacción. Tienen conciencia de su fuerza.

4. Gusto por los bandos y por el equipo.

5. Gusto por las reglas más complicadas. Desarrollo mental importante. 6. Gozo con la organización. Período de mayor aprendizaje.

7. Necesidad de aprobación, elogio y de justicia, búsqueda de efectividad y deseo de figuración.

8. Amor por la perfección. A veces crueldad, por los defectos físicos. 9. Edad de la jactancia. Fase del alumno perfecto.

10. Edad de la curiosidad. 11. Fascinación por el camping.

12. Iniciación de la pérdida de la gracia de la motilidad. 13. Desarrollo de la crítica.

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