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La regulación efectiva de los pastos comunales era tan significativa para los niveles de productividad de la economía campesina, como lo eran las plantas forrajeras o los cultivos mixtos para los fa rm crs capitalis­ tas. Un control cuidadoso de la pradera colectiya_permitía aumentar el número de cabezas de ganado de la comunidad, lo que a su vez revertía en un crecLmiento paralelo de la p ro d u < x ig n ^

)eneficiaría^lj^tien-^..jiukivables^-

Las disposiciones comunales eran decididas por las asambleas de ve­ cinos, y reforzadas por las tribunales públicos y señoriales. El establecí- mientoj i e cjiaiasr-que limitaban el,número desanímales que los propie­ tarios podían ingresar erTlás~~com rrwxúflnds, era un factor central en todo p rocei513ííSg tríiaóñ . Sin ellas, los grandes ganaderos, los come reíanles de carne y los agentes de la agricultura comercial htíbieran dejó lo yep-* mos)los comunales en poco tiempo. Las autoridades aldeanas modifica­ ban las cuotas periódicamente; en la mayoría de los casos, tendían a reducir aún más las ya existentes. Al mismo tiempo, las multas para los infractores no dejaban de aumentar. Para mediados de la década de 1760, un cuota generalizada era la que permitía el ingreso de una., ovej-a-por cada acre de tierra poseído en el ager;77 en el caso_de l a s v a c a s j^ i t a p ^

ción era d e jm T a ñ ím ^ ^ algunos manors superpobla-

doTpodían llegar a exigirse 20 acres). Eran frecuentes las excepciones en favor de los productores más pequeños. En el caso de los caballos, por ejemplo, la norma requería al menos la propiedad de 10 acres de tierra para introducir el primer animal; aunque para los campesinos más po­ bres, la exigencia se reducía tan sólo a 7 acres.

Allí donde existían comunales sin cuotas, como ocurría con frecuen­ cia en las áreas forestales de menor densidad demográfica, los derechos de pastoreo estaban estrictamente limitados a los vecinos de la comuni­ dad, con prohibición explícita de ingreso para los propietarios de las parroquias aledañas. La tala, por su parte, limitaba el ingreso del ganado durante algunos meses, por lo que las interrupciones consiguientes fun­ cionaban como reguladoras de jacto de los recursos colectivos.

Los vecinos con pocos animales no podían ceder a los vecinos de otras comunidades la porción sobrante de sus derechos. El excedente debía repartirse en beneficio de los restantes propietarios de la aldea.

77 Un acre equivale a algo menos de media hectárea.

C apítulo 5. La com unidad rural preindustrial

Así, estaba prohibido introducir en los comunales animales de otras pa­ rroquias a cambio de un sueldo (agistm ent); o arrendar a terceros los derechos comunales no explotados (dead commons). Los reglamentos pe­ naban estos abusos con multas onerosas. La transferencia de derechos estaba estrictamente limitada. Así, por ejemplo, sólo se toleraba el arren­ damiento de dead commons a vecinos de la propia comunidad. En algu­ nos m anorsy se compensaba económicamente a los propietarios que no utilizaban su porción de los comunales, como una forma de aliviar la presión sobre el prado.

En xiertas épocas del añoK los animales se alimentaban exclusivamen­ te d élo s recursos que hallaban en los comunales. Las ovejas, en partiga- lar, podían ^asar largos períodos, día y^nocjh^ iuerajie los^gstablos de sus propietarios. La costumbre de establecer corrales transitorios cada semana, en diferentes sectores de las commonlands, permitía que los ani­ males afirmaran la superficie del suelo, consumieran las malas hierbas, y abonaran la tierra en forma pareja. Las regulaciones colectivas podían ser muy restrictivas. En algunos manors ingleses, los campesinos no podían retirar sus rebaños de los corrales por las noches. En otros, era obligato­ rio dejar la cuota propia de animales durante toda la semana, a excep­ ción de los lunes y jueves; si los animales asignados eran hallados pas­ tando fuera de los corrales, sus propietarios debían pagar una multa.

El sistema de open-fields, considerado por los agrónomos iluministas como un encarnizado^ob^cU iTrpara fe Tñtroduóción denlas' innovacio- nes técnicas, también podía adaptarse a los nuevos tiempos. Lasj)lantas

forrajeras^pefrmtíañ mánte^^ de ganado en. iijn is m a

^operficie. Su siembra realzaba la importancia de los derechos comuna­ les, permitiendo a los commoners proteger aún más el stock de sus pastos colectivos.. Las autoridades aldeanas permitían que los propietarios que sembraban con forrajeras una porción de su barbecho, introdujeran en el saltus un mayor número de animales que el resto de los parroquianos. En 1725, los jurados del tribunal señorial de Stoke y Shutlanger, estable­ cieron una cuota generosa por cada acre de .trébol que se mantuviera sembrado ininterrumpidamente durante varios^anos. En 1740, las mis­ mas autoridades ordenaron que todo aquel que introdujera una docena de ovejas en los comunales, debía dejar un acre y medio de su barbecho sin sembrar hasta el 15 de mayo. En 1797, la corte señorial de Helpstone directamente obligaba a los propietarios a sembrar con trébol una décima parte de sus tierras en barbecho.

Primera Parte. Fe u d a l ism o Ta r d ío

ganado, evitando losjriesgos de enfermedades potenciadas por 1? fierra Húmeda. Los jurados de los tribunales señoriales se preocupaban por alejar el peljgm _de las plagas^las~imi}fas-f)orijritroducir Rapado enfermo, en los comunales eranjn u y altas. En algunas comunidades, todo animal que no fuera detectado por Tos agentes comunales podía ser separado del rebaño por cualquier vecino, quien tendría derecho, entonces, a recla­ mar para sí la mitad de la multa. Ciertas parroquias otorgaban tan sólo un plazo de dos días para que se retirasen los animales que morían en el prado común. La imposición de un rebaño único en los comunales, con­ tribuía a la detección de los animales enfermos. Similar objetivo tenía la norma que prohibía cambiar, durante el transcurso del año, los animales cedidos al rebaño común. En algunos casos, los animales nuevos sólo podían ingresar después de la cosecha, cuando el ganado comprado en las ferias de primavera debía haber mostrado ya los primeros signos de enfermedad.

Durante el siglo XVIII, los partidarios de los enclosures responsabiliza­ ban al sistema de open-fíelds por la mala calidad del ganado: las praderas comunales entremezclaban promiscuamente las razas y las calidades di­ ferentes, y conspiraban contra el refinamiento de los rebaños. Sin embar­ go, las regulaciones colectivas de algunas comunidades inglesas demues­ tran que la cría selectiva no era del todo ir^ m p ajib le con el régiiftSfíjie cam p^~al)iej^£~Trr^tgurios casos, -losloros sólo podían ingresar en el prado comunal en ciertos períodos, para permitir que los propietarios retiraran previamente los animales que no deseaban cruzar; u organiza­ ran la reproducción con anterioridad, alquilando reproductores por cuen­ ta propia. Algunos estatutos parroquiales excluían de los comunales a los caballos de pequeño porte, en condición de reproducirse. Con frecuen­ cia, la^ obligación de proveer anualmente toros para la reproducción de los animales de la aldea recaía sobre los propietarios más ricos. Los veci- nos~más_pobres¡, i n c a p á c e T H e r e p r o d u c t o r a

los principales beneficiariojs de la norma.___

^ t lo r ^ a t u t o s de la mayoría de los open-jields ingleses sugieren que, durante el siglo XVIII, las autoridades locales hicieron todos los esfuer­ zos posibles para mantener los comunales en buen estado. Establecieron cuotas para el ingreso de animales, incentivaron el cultivo de forrajeras, explotaron en forma pareja las secciones del prado, trataron de prevenir la difusión de enfermedades, y buscaron facilitar la cría selectiva del ganado. El discurso crítico de los_partidanos de los cercamientos, que bacía referencia a-los comunales devastados, en los , que pululaban ani- males descuidados, malnutridos.x^nximiscuaffi^te-^mrem^zcIsLdos.^no

coincide con la profunda preocupación por la explotación racional de las praderas colectivas, que se deduce d élas re ^ ^ cio r^ lm p u e st^ s en la

C apítulo 5. La com unidad rural preindustrial

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