k a n * 0 - Durante un siglo los habitantes de Varades, una parroquia bretona de hábitat disperso, situada junto al Loire, río arriba de Nantes, batallaron para salvar sus comunales, primero de la depredación del señor feudal, luego de los agentes de la agricultura comercial. El conflicto por los co munales comenzó en 1639, y continuó en forma intermitente hasta ia década de 1740.
A mediados del siglo XVII, el señor feudal comenzó a proclamar su dominio absoluto sobre los pastos comunales. Aduciendo una supuesta apropiación por parte de la comunidad de Varades, el titular del señorío comenzó a limitar el acceso al saltus, que hasta entonces había sido parte del término aldeano. El aristócrata bretón tenía un objetivo: concesionar el uso de los prados, arrendarlos a terceros, cercarlos y dedicarlos a la producción agrícola. En la ley bretona, este procedimiento se conocía como ajjéagem ent, y se empleó con particular frecuencia durante el siglo XVIII. Los barones bretones contaban con el apoyo del parlamento pro vincial, residente en la ciudad de Rennes, que sostenía el derecho de los señores feudales a disponer de la totalidad de los comunales y baldíos dentro de sus dominios.
Por muchas décadas, los esfuerzos del señor y de sus agentes fueron en vano. Los aldeanos continuaron enviando su ganado a pastar en el antiguo prado comunal. El tribunal feudal multaba a los infractores y confiscaba los animales. Pero la práctica no cesaba. Los parroquianos hicieron todo lo que estuvo a su alcance para frustrar a su adversario.
Capítulo 5 La com unidad rural preindustrial
Corrían los mojones que delimitaban las propiedades del señor, inunda ban las zanjas que rodeaban los cercados, amedrentaban a los guardias forestales. En 1732 recurrieron a la violencia: 50 parroquianos disfraza- dos de muje re s a ta c a ro n a u n grupo de jornaleros que estaban erigiendo una cerca. Con un espíritu cercano al charivari, se dispararon tiros al aire, se apaleó a los trabajadores, y se los obligó a saltar al río.
A primera vista, los incidentes en la parroquia de Varades parecen reforzar las tesis corrientes: un campesinado tradicional enfrenta a un señor rapaz, que busca incrementar sus beneficios volcando los terrenos baldíos a la agricultura comercial. En Varades, sin embargo, ¿eran los pobres los que apacentaban sus animales en los comunales? ¿Quiénes se beneficiaban con el usufructo de la propiedad colectiva? ¿Eran esenciales
los baldíos para la reproducción del campesinado de subsistencia?
En primera instancia, la respuesta parece afirmativa. Las ocupaciones de los campesinos que introducían furtivamente animales en los comu nales revelan su carácter marginal: jornaleros, hilanderas, lavanderas, barqueros. La respuesta cambia, sin embargo, si observamos las calidades y las cantidades del ganado introducido en el prado. A excepción de un único caso, todos los intrusos apacentaban ovejas. Jacques Gaultier, pro cesado por el tribunal señorial en diciembre de 1661, admitió haber introducido 40 ovejas. La lavandera Jeanne Dany declaró una cifra simi lar. Estos rebaños no parecen corresponder con lo que podríamos espe rar del pequeño campesinado de subsistencia. Una vaca, tal vez un caba llo, un puñado de ovejas, hubieran resultado plausibles; pero cierta mente, no cuarenta lanares. De hecho, los inventarios post-mortem reve lan que la mayoría de los habitantes no poseían ganado ovino propio, tan sólo algunas cabezas de ganado vacuno; las ovejas eran extremadamente raras. Sobre 37 inventarios correspondientes al período 1646-1657, sólo uno menciona la existencia de lanares propios.
Las ovejas era ideales para los emprendimientos comerciales de enver gadura. Criadas para el engorde y la venta, jpodían recorren fácilmente largas distancias Evidentemente, los^ aldeanos que pugnaban por ingre sar en los comunales contra la férrea voluntad del señor, eran pobres y minifundistas, pero de alguna manera formaban parte del engranaje de la ganadería comercial. Campesinos como Jacques Gaultier o Jeanne Dany introducían en los comunales Iaróvejas~^e"podérosos mercaderes, a cam bio de~una parte de los beneficios. Los capitalistas proporcionaban los -animales, peroTos pequeños productores aportaban algo no menos valio
so: sus derechos colectivos, su porción del usufructo del saltus; ello ex plica que los aldeanos ingresaran ovejas en los comunales, aunque di-
Primera Parte Fe u d a l ism o Ta rd ío
chos animales no figuraran entre sus bienes personales. Junto con sus asociados, mercaderes y distribuidores de ganado, los pequeños campe sinos empleaban la propiedad colectiva para engordar el ganado que aquellos luego venderían en las grandes ciudades, aún en mercados tan lejanos como París. Aunque los pobres de Varades eran quienes introdu cían animales en los comunales, éstos no funcionaban como resguardo de las pequeñas explotaciones familiares de subsistencia. Por el contra rio, el jprado colectivo era el 1 ocus para una curiosa alianza entre los agentes del naciente capitalismo agrario y el c"ánípesína3o moSesto.
*¿Qué buscaban, en cambio, los señoresTHSrKto própTciaFánTroEcá- do y el arrendamiento de los comunales? No existe evidencia de que los afféagements introdujeran en Bretaña transformaciones beneficiosas para la productividad agrícola. Por lo común, ios terrenos se arrendaban por períodos cortos de tiempo, y luego de unos años revertían a su anterior condición de baldíos. La época en la cual los afféagements señoriales al canzaron su apogeo, el siglo XVIII, fue también el período durante el cual la productividad agrícola de la provincia mostraba una clara ten dencia a la baja.79 Los cercamientos de comunales impulsados por los barones feudales no eran más que intentos de redefinición de los limites de la reserva dominical, una brutal redistribución territorial en beneficio de la clase señorial. ¿A quienes debemos considerar, pues, como agentes del capitalismo agrario en esta parroquia d é la Irontefá'Freróná?"