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Si bien ahora pensamos que el lenguaje escrito es una realidad generalizada y un modo de comunicación natural, éste no surge simultáneamente con la aparición del lenguaje oral en el homo sapiens. La escritura es un lenguaje artificial y advenedizo,

El ser humano natural no es escritor ni lector, sino hablante y oyente. Esto debe ser tan cierto para nosotros hoy en día como lo era hace siete mil años. Desde la perspectiva del proceso evolutivo, la escritura en cualquier etapa de su desarrollo, es un fenómeno advenedizo, un ejercicio artificial, una obra de la cultura, y no de la naturaleza, impuesta al hombre natural.32

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Eric Havelock, “La ecuación oral-escrito: una formula para la mentalidad moderna”, en David Olson y Nancy Torrance, comp., Cultura escrita y oralidad, Barcelona, Gedisa, 1995, p. 37.

Walter Ong en su libro Oralidad y escritura describe las características de los textos escritos y de los orales, relacionándolas con la forma de pensar de sus usuarios. Según Ong, las culturas orales tienen un pensamiento concreto y situacional que responde a la forma de vida y trabajo. Esta idea la refuerza citando como ejemplo un trabajo de Luria, sugerido por Lev Vigotsky, que compara el pensamiento de personas de campo analfabetas con personas con cierto conocimiento de la escritura, en las zonas remotas de Uzbekistán en la ex Unión Soviética.

Para este estudio Luria presentó a un grupo de individuos analfabetos, entre otras actividades, cuatro láminas con los dibujos de: un martillo, una sierra, un tronco y una hacha y les pidió que señalaran al “intruso”. El pensamiento situacional o concreto se evidenció en la reflexión que hicieron los analfabetos: “Todos se parecen. La sierra corta el tronco y la hacha lo parte en pedacitos. Si hay que sacar un dibujo, yo escogería el martillo. No es tan útil como una sierra”.33

Los analfabetos no analizaron los dibujos en términos de categorías (tres herramientas y un tronco que no es herramienta), sino tuvieron un punto de vista práctico y funcional ligado al contexto del trabajo, a lo particular, a lo conocido. Es decir un pensamiento “nocional”. Para Luria estas respuestas de los analfabetos no quieren decir que las personas analizadas no tenían la capacidad de pensar o que no tenían lógica, sino que no adecuaban su razonamiento a la lógica formal, porque no la consideraban interesante. (Ong, Oralidad y escritura)

Muchos investigadores, entre ellos Jerome Bruner y Peter Denny consideran que la propiedad distintiva que separa el pensamiento de las sociedades orales del pensamiento atravesado por la escritura es la descontextualización (pensamiento conceptual). Denny conceptualiza el término descontextualizar de la siguiente manera:

Descontextualizar es manejar la información de manera de desconectar otra información o bien relegarla a segundo plano. Por ejemplo, cuando enseñamos a nuestros preescolares las formas “abstractas” de cuadrado, el círculo, el triángulo y el rectángulo, les mostramos dibujos en los que las formas no aparecen conectadas

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con ningún objeto, o en las que otras propiedades del objeto en cuestión quedan en segundo plano.34

En otras palabras se puede decir que descontextualizar es separar la información de su contexto cotidiano. Es independizar el concepto de las características externas. Para Denny la descontextualización no es característica de la cultura escrita; según este autor, ésta se produce por la complejización de las sociedades debido al crecimiento poblacional:

La causa general de la descontextualización, que puede darse independientemente de la cultura escrita, es el crecimiento de las sociedades humanas hasta exceder un tamaño en el que todos los miembros comparten un fondo común de información. En las sociedades pequeñas, casi todas las interacciones son cara a cara, entre parientes y personas que se conocen de toda la vida. A medida que las sociedades crecen para incluir miles y decenas de miles de personas, aumenta la interacción con extraños que pueden no compartir la misma información. Esto significa que el individuo debe cuidar de incluir toda la información pertinente en su mensaje, pues el receptor tal vez no esté en condiciones de agregar los puntos apropiados a partir del contexto (P. J. Denny, “El pensamiento racional…”, 95).

Pero esta descontextualización se acelera marcadamente con la escritura. Las características del lenguaje escrito como la independencia espacio-temporal, la acumulación y preservación de conocimientos e informaciones, la separación entre el sujeto y sus ideas, la interlocución con desconocidos, etc., exige y promueve un pensamiento descontextualizado. Esta característica permite que una persona situada a miles de kilómetros de distancia del autor de “Huasipungo” o del “Quijote”, pueda leerlos y comprenderlos.

La descontextualización, como se ha expuesto, obedece a determinadas razones funcionales, por lo tanto no es universal. En una sociedad coexisten personas que utilizan un pensamiento descontextualizado (conceptual) y personas que usan un pensamiento contextualizado (nocional). Según Bernstein las clases medias y altas serían las que utilizan un pensamiento descontextualizado, no por el crecimiento poblacional de sus comunidades, sino por el contacto con los textos escritos. La escritura refuerza e intensifica la descontextualización. Esta descontextualización se hace evidente en el uso de la lengua y su sintaxis.

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Peter J. Denny, “El pensamiento racional en la cultura oral y la descontextualización escrita”, David Olson y Nancy Torrance, comp., Cultura escrita y oralidad, Barcelona, Gedisa, 1995, p. 95.

La abstención del uso de pronombres de primera persona, la abstención del uso de adverbios de tiempo y lugar, el uso de sujetos abstractos y el uso de formas verbales pasivas. Todos estos, según Chafe, son medios que emplea el emisor para desprender su mensaje del auditorio, de él mismo y de la realidad concreta. (Bernstein, Clases, códigos y control, vol. I.)

Jerome Bruner define la descontextualización como el uso del lenguaje con independencia de las acciones de los interlocutores, recurriendo únicamente a la autosuficiencia del mensaje. Para este autor “la descontextualización nos permite asimismo superar las restricciones de lugar y afiliación”.35 Es un lenguaje más universalista porque el mensaje está explícito y esto lo hace asequible a todos. Por el contrario, el lenguaje de la clase baja está restringido a un contexto que lo hace comprensible solo para aquellos que comparten una situación contextual similar.

La propuesta de enseñanza de la lectura y escritura de la Universidad Andina Simón Bolívar toma en cuenta la exigencia de un pensamiento descontextualizado para leer y escribir, e incluye de manera sistemática actividades que inviten a investigar y conceptualizar el vocabulario cotidiano. Así lo registra la descripción de la propuesta en el capítulo 3.