4.3 Patterns of differentiation and speciation
4.3.4 Methods of adaptation
Las relaciones entre Estados Unidos y America Latina durante la Guerra Fría se determinaron bajo la concepción que representaba un espacio de amenaza a sus intereses, por las peculiaridades de los ejércitos y de los gobiernos de esta Región ante la amenaza comunista –America Latina se vio afectada por golpes militares, facilitadas por la debilidad institucional- pero este panorama cambió con la finalización de la misma y se transformó la base sobre la cual se constituyó la estrategia de defensa y seguridad.
El periodo de la Guerra Fría dejó tres herencias institucionales en la política exterior de los Estados Unidos que siguen actuando como filtros cognitivos para la definición de políticas hacia América Latina, aun cuando algunos de esos filtros desaparecieron: 1) La inclinación de Estados Unidos a emplear la fuerza y la coerción (Guatemala, República Dominicana, Chile, Granada y Nicaragua entre 1954 y 1990); 2) la transformación de la política anticomunista en la “guerra contra las drogas”, desde la administración Reagan hasta la actualidad y, mas recientemente, la “guerra contra el terrorismo”; 3) la política hacia Cuba. (Andrade, 2004, Pág. 132).
La desaparición de la “amenaza comunista” en el mundo y en America Latina en particular, a fines de los ochenta y comienzos de los noventa, generó un cambio en el enfoque de la política exterior de Estados Unidos hacia la Región, durante las administraciones de Ronald Reagan y George H. Bush, que elevaron el narcotráfico en Colombia, Perú y Bolivia al lugar de una amenaza de primer orden a la seguridad nacional. La política antidrogas llevó a la generación de una nueva institucionalidad legal antinarcóticos, plasmada en leyes nacionales y en la Cumbre Andina de Lucha contra las drogas y delitos conexos. Pero el fracaso de la política norteamericana al respecto y la evolución de la economía política de las drogas, generó que a finales 15
de los noventa el negocio se concentrara en Colombia, aumentando su importancia en Washington y reforzando la aproximación militar que la casa blanca le ha dado al problema. (Ibíd., Pág. 135).
“Durante los últimos años la región andina ha sido considerada como el epicentro de la inseguridad del hemisferio occidental. Aunque muchos de los factores han erosionado la estabilidad de los Andes – entre ellos, la debilidad institucional, la fragilidad de la democracia, la desigualdad social y económica, y la inseguridad ciudadana – operan a nivel nacional, otros aspectos de la crisis de seguridad andina son más de carácter transnacional.” (Tickner, 2008, Pág. 1).
Como consecuencia, Estados Unidos elaboró una nueva agenda exterior de seguridad en America Latina que contenía elementos críticos que afectaban intereses estadounidenses vitales y secundarios, que hacían referencia a la estabilidad económica, política y social de al región, con problemáticas diversas como narcotráfico, conflictos internos y regionales, proliferación de tecnología militar de destrucción masiva, amenazas transnacionales y desastres humanitarios (Montero, Pág. 107).
En 1994 el presidente Clinton presentó la Política de Seguridad Nacional, cuyo su objetivo es el de difundir y proteger en el mundo, los principios de democracia y de libre mercado, mediante 3 aspectos: 1) Mejorar la seguridad, mediante la promoción de medidas de seguridad y el mantenimiento de una capacidad de defensa; 2) el estimulo del mercado, mediante la expansión de mercados a nivel mundial y, 3) por ultimo, el fomento de la democracia.
Bajo la nueva administración el concepto de seguridad nacional de los Estados Unidos se ha ampliado: Comercio, crisis económica, energía y otros temas de la agenda nacional pasaron a formar parte del mismo. La política exterior de los Estados Unidos hacia America Latina se expresa en 3 componentes:
1. En lo concerniente a la defensa, disponía de fuerzas militares establecidas en el exterior y en las fronteras; fuerzas temporales para ejercicios, entrenamiento combinado o intercambios entre militares; programas de cooperación en defensa,
seguridad y programas de armamentos, actividades de asistencia humanitaria, en conjunto con operaciones y ejercicios militares. (Ibíd., Pág. 112). America Latina recibió apoyo para sus fuerzas militares en programas de entrenamiento, además del establecimiento de algunas bases militares.
2. En cuanto al aspecto económico, desarrolló acuerdos a nivel mundial y, en America Latina, tratados como el NAFTA con México y la propuesta del ALCA y APTDEA para los países andinos, además de inversiones y acercamiento político hacia varios países.
3. El fomento de la democracia trató de establecerse como modelo político, que en America Latina estuvo afectada por amenazas múltiples e inciertas, como el narcotráfico –los carteles de la droga en Colombia- migraciones, Estados fallidos16,
asuntos de medio ambiente y regimenes autoritarios. (Ibíd., Pág. 114). Especial apoyo para la consolidación de la democracia en America Latina es la Carta Democrática Interamericana, la que en ciencia expresa ser incompatible con el sistema interamericano el gobierno que no sea expresión democrática de su pueblo. “Independientemente de su importancia para Estados Unidos, los países andinos han mantenido políticas exteriores favorables a ese país. Entre los cambios contemporáneos...el carácter fuertemente ideológico que la administración de George W. Bush ha impreso a las relaciones de Estados Unidos con Colombia, Venezuela y Ecuador; países con los cuales Estados Unidos se relaciona ahora principalmente a través de una percepción de potenciales amenazas a su seguridad domestica” (Andrade, 2004, Pág. 130).
La presencia militar norteamericana con programas de ampliación en Colombia y, en menor medida, en Ecuador, ha convertido a Estados Unidos en un participante activo en el juego de la seguridad andina. Además, la inserción del conflicto armado colombiano en la lógica de la lucha mundial antiterrorista generó que los imperativos
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La revista Foreign Policy y la organización Fund for Peace, construyeron un índice de doce indicadores, que sirve para establecer la propensión de un país a caer dentro de la categoría de “Estado fallido”. En términos generales, se trata de un Estado en el cual el gobierno no tiene un efectivo control de su territorio, no es percibido como legítimo por una porción significativa de la población, no puede proveer seguridad interna o servicios públicos básicos para sus ciudadanos, y carece del monopolio en el uso de la fuerza. Un Estado fallido puede experimentar violencia o simplemente ser vulnerable a ella. El índice mide también la vulnerabilidad al conflicto interno violento. (Foreign Policy & the Fund for Peace, The Failed States Index, www.foreignipolicy.com, mayo, junio 2006). ( Ahumada, 2008, Pág. 6)
globales de Washington determinaron las lógicas en las que se daban las relaciones entre los países andinos y Estados Unidos y, de igual manera, con las relaciones de seguridad que se desarrollaban. Si no es del todo claro que Estados Unidos reemplazara a los estados del subsistema en la creación de todas las dinámicas locales de seguridad – los conflictos entre Colombia y Venezuela y, Colombia y Ecuador, son ejemplos que pueden dar cuenta de esto- es evidente que la presencia norteamericana en la región ha generado percepciones negativas y positivas de costos y beneficios entre todos los países de la región (Tickner, 2008, Pág. 12).
2.4 El conflicto armado en Colombia y su proyección en las relaciones