Experimental procedure
IV.3 Experimental techniques
IV.3.1 Microstructural characterization
SE INVESTIGA LA SINCERIDAD DEL SUJETO
En lo sucesivo trataremos de diseñar las técnicas existentes a nivel de la psicología forense para determinar cuándo una declaración es sincera o no, sin embargo tales técnicas siempre deberán ser corroboradas y utilizadas de manera crítica, pues lo que se debe tentar es de que no se vulnere ni la Constitución, ni las leyes, ni los principios que rige la teoría de la prueba.
Así, el propósito de engañar a la justicia en las declaraciones, en las dos formas, por acción u omisión, es decir, por afirmación de mentira u ocultación de verdades, es tan general, por desgracia, que desde hace años ha preocupado a los juristas el medio de obtener una prueba objetiva del grado de sinceridad en los testimonios. En la remota antigüedad, los jueces persas empleaban una prueba que llegó a hacerse célebre: "la prueba del arroz", consistente en hacer tragar rápidamente cierta cantidad de ese cereal inmediatamente después de terminada una declaración. Decían ellos que por voluntad de los dioses todas las personas que hubiesen declarado en falso se verían imposibilitadas de tragado, y consecuentes con tal criterio, anulaban las declaraciones otorgadas por tales.
A pesar de su aparente ingenuidad, esta prueba tiene un fundamento científico, y es que todo estado emocional intenso inhibe la secreción salival, sin la cual es evidentemente imposible tragarse un puñado de arroz seco. Fácilmente se adivina, sin
embargo, que las diferencias personales de emotividad son lo suficientemente intensas para secar la garganta de un "inocente ingenuo y no alterar en cambio la de un delincuente o taimado declarante. Se trata, pues, de una prueba que permitía, en el caso más favorable, conocer si la persona se hallaba o no emocionada al declarar, pero no si era o no sincera en su testimonio.
No obstante, desde tan remotas fechas precisa trasladarse a una década de nuestros días para encontrar algo que represente un avance técnico en este sentido: hace 15 años, en efecto, Jung propuso su prueba de asociaciones determinadas, asociada al registro del tiempo de reacción y a las particularidades de esta última como medio indicador de los "complejos", es decir del conjunto de experiencias o "vivencias" (Exlebnis) que un sujeto cualquiera quisiese ocultar. El fundamento de la técnica de Jung es el siguiente: si en una lista de palabras se intercalan unas cuantas directa o indirectamente relacionadas con lo que el sujeto trata de ocultar, se verá cómo este vacila algo antes de contestar (buscando una palabra que sirva para disimular su reacción primitiva) o su contestación exhibe alguna anormalidad. En tal caso la comparación entre las reacciones a las palabras-estímulos "específicas" y las "neutras" da una base para diferenciar la influencia de la emotividad general y la de la emoción despertada por el miedo a ser descubierto; la primera es un factor constante, que interviene en todas las asociaciones (contestaciones), mientras que la segunda sólo se re activa en determinado número de ellas que no conocemos a priori. Siempre es posible formar una lista que contenga palabras que sean "neutras" para cualquier sujeto menos para el que trata de engañamos, y así se comprende que Jung pudiese, con el empleo de esta prueba, reconocer entre nueve
enfermeras sospechosas de un hurto en su clínica la que lo había realizado, a pesar de que dos de sus compañeras inocentes, eran mucho más emocionables y nerviosas que ella.
La importancia psicológica de esta prueba es enorme, pues no solamente sirve para poner en evidencia el "complejo" que el sujeto trata de ocultar, sino que nos informa mucho acerca de su personalidad; por ello nos parece justificado el intento de exponer con detalle su técnica y los resultados que pueden obtenerse.
a. Mediante la prueba psicoanalítica de Abrahamsen- RosanoffJung
El examinador coloca al sujeto cómodamente tendido y le venda los ojos para evitar toda distracción. Se sienta a su lado con la lista de palabras-estímulos, que habrá sido objeto de una cuidadosa elaboración previa. En una mesita a su alcance dispone de la hoja- registro especial para la prueba, un par de lápices y un cronógrafo que marque quintos de segundo. A continuación da las instrucciones en la siguiente forma:
"Voy a decirle una serie de palabras, de una en una. Usted tendrá la bondad de fijarse bien en cada palabra de las que le diré y responderme con lo primero que se le ocurra después de haberla oída. Se trata, pues, de que usted se coloque en una actitud pasiva, sin pensar en nada, se deje impresionar su cerebro por las palabras que le iré diciendo, de una en una, y me comunique lo primero que se le ocurra, por extraño y absurdo que le parezca; unas veces será un recuerdo, una imagen; otras será un comentario, una palabra o una frase; sea lo que fuere, dígalo con toda ingenuidad, sin pensar si está bien o mal".
Si la persona nos dice que no ha comprendido tales instrucciones, procuraremos ampliárselas hasta hacerle entender lo que queremos de ella, pero en ningún caso le pondremos ejemplos prácticos de los resultados obtenidos con otros sujetos, porque entonces nos expondremos a que tome al pie de la letra tales ejemplos y nos dé solamente asociaciones del mismo tipo que ellos.
El examinador debe registrar durante la prueba: 1°, las décimas o quintos de segundo transcurridos entre la enunciación de la palabra-estÍmulo y la obtención de la respuesta consiguiente; 2°, la respuesta en cuestión, copiada ad litteraJJl; 3°, todos los signos objetivos que la han acompañado (cambio de la voz, repetición de la pregunta, titubeos, movimientos de impaciencia, etc.). Una vez terminada la prueba, se deja descansar al sujeto breves instantes y se le invita seguidamente a escuchar nuevamente la lista de palabras-estímulos y a repetimos las mismas contestaciones que nos ha dado en la experiencia original. En esta segunda parte de la prueba se anotan igualmente el tiempo que tarde en producirse la contestación, la reproducción correcta o incorrecta de la misma y la conducta de la persona durante el tiempo de la evocación.
Cuando se trata de explorar a un sujeto sin ningún propósito concreto o predeterminado, se utiliza la lista clásica establecida por Jung, de cien palabras, en la cual se encuentran contenidos los estímulos más propios para despertar conflictos de la vida. Pero para los fines de la práctica forense convendrá siempre preparar "específicas" en sustitución de otras neutras. Como hemos dicho, entendemos por estÍmulo específico el que se halla directa o indirectamente relacionado con la situación delictiva. La necesidad de proceder así se comprenderá fácilmente si tenemos en cuenta
que la prueba de Jung no es en definitiva otra cosa que un interrogatorio disimulado y comprimido. En efecto, es decir a un sujeto que nos comunique lo que primero se le ocurra frente a la palabra "honradez", por ejemplo, equivale a invitarle a que nos manifieste cuál es la impresión dominante que ésta le produce. Las palabras-estÍmulos vienen a constituir símbolos de la realidad, y por ello la persona que se encuentra defectuosamente adaptada a la situación, persona u objeto que aquéllas representan, no sabrá adaptarse tampoco a la experiencia asociativa. ¿Cuáles son los signos de tal desadaptación? Más claro, ¿cuáles son los signos reveladores de que la persona oculta sus verdaderos sentimientos respecto a la cuestión implícitamente planteada mediante la palabra-estímulo? Helos aquí:
1 ° Retraso de la contestación. La duración media del tiempo que transcurre entre la pronunciación de la palabra-estÍmulo medio, según los sujetos y según la naturaleza de los estímulos (mayor en los abstractos y menor en los concretos), pero no acostumbra a exceder de dos a tres segundos. Por esto, todos los tiempos de reacción superiores a cuatro segundos son indicios de que el sujeto se halla preocupado en ocultamos su primitiva intención de respuesta.
2° Ausencia de respuesta. Es una exageración del fenómeno anterior y, cuando se observa, trunca el indicio en seguridad de que el examinado no es sincero. Nunca deben esperar más de treinta segundos para pasar a la palabra siguiente de la lista.
3° Reacción absurda. Este signo acostumbra darse junto con el primero, y supone, como se adivina, un cambio de dirección voluntariamente introducido por la persona examinada en el curso de sus asociaciones. Es enteramente análogo a lo que hacemos en
el curso de una conversación cuando cambiamos bruscamente de tema para rehuir el ser interrogados respecto a algo que queremos ocultar.
4° Asociación superficial anormal. Cuando el sujeto nos da una asociación superficial vulgar (una asociación tonal, por ejemplo) en medio de una serie de asociaciones intrínsecas correctamente establecida, hemos de sospechar que ello sea debido a un deseo de ocultamos la asociación primitiva por considerarla demasiado expresiva.
5° Repetición de la palabra-estímulo. A veces la persona, antes de responder, repite la palabra estímulo. Es éste un modo de asegurarse un poco más de tiempo para preparar una respuesta que juzga difícil. Tal conducta debe, por consiguiente, considerarse sospechosa de insinceridad.
6° Repetición de las palabras-respuestas. Cuando una misma palabra es repetida varias veces por el sujeto en la prueba, es indudable que tiene para él una significación especial, que precisa averiguar.
7° Persistencia. La misma significación tiene este hecho semejante, en virtud del cual una asociación persevera, más o menos deformada, como respuesta a las palabras-estímulos siguientes. (Ejemplo: odio-padre; suerte-pared; honradez-padrastro).
8° Cambio de sentido de la palabra-estímulo. Es posible que el sujeto dé una respuesta aparentemente absurda y después explique diciendo que ha confundido la palabra-estímulo con otra más o menos semejante. Tal actitud es debida casi siempre a la acción perturbadora de la respuesta que se acaba de ocultar.
9° Repetición defectuosa de la reacción. Cuando una vez terminada la experiencia se pide al sujeto que vuelva a damos las mismas
respuestas al leerle por segunda vez la lista de estímulos, sucede a veces que el sujeto afirma, frente a algunos de éstos, que no los ha oído antes, o bien nos asegura que ha respondido de otra manera. Si esto sucede con palabras que ya han despertado nuestras sospechas en la primera parte de la experiencia, servirá para acabar de confirmarlas.
Hay que advertir que, por regla general, los signos reveladores de complejo, que acabamos de exponer, se presentan asociados, de suerte que en la práctica es siempre fácil el diagnóstico de la reacción "reveladora".
Con el fin de que se pueda apreciar mejor la diferencia de los resultados obtenidos con esta prueba cuando se opera sobre sujetos que pueden sernos sinceros y cuando no, Emilio Mira y López254 realizó un trabajo aplicativo donde se observaban tres fragmentos de hojas-registros de la misma, pertenecientes a un sujeto normal, a una muchacha que ha sufrido un desengaño sexual, y a un joven acusado de robo, ulteriormente comprobado, a pesar de ser corto el fragmento, contiene todos los signos que antes hemos descrito como esenciales del deseo de ocultación (reveladores del "complejo", como dice Jung), a saber: la desmesurada duración del tiempo de reacción (que asciende a siete segundos frente al estímulo más específico), la ausencia de reacción acompañada de repetición del estímulo (honradez), la equivocación en la reproducción de las contestaciones y, lo que es más típico, la asociación carta-pelota, producida porque hallándose el sujeto sensibilizado para la palabra "cartera", la palabra "carta" le ha despertado la idea de su acto y ha tratado de disimularlo dando una respuesta sin relación con ella. Son asimismo bastante
elocuentes las otras asociaciones Gusticia-mito, castigo-estúpido). En cuanto a la primera (dinero-antipático), la desmesurada duración del intervalo que precedió a la contestación, nos demuestra asimismo que se trata de una elaboración secundaria realizada por el sujeto con el fin de dar a entender que "no gustándole el dinero, mal podía ser el autor del robo".
Como hemos dicho antes, en casos de duda hay que tener un singular cuidado en la elaboración de la lista de estímulos. Lo mejor es intercalar en el transcurso de la lista tipo una media docena de ellos, seguidos, que se refieran, desde distintos puntos de vista, al acto motivo de la investigación. Pocos son los sujetos que hayan intervenido en él directamente y que sean entonces capaces de contestar normalmente, es decir, con asociaciones corrientes, ante una lista de este género. En la jerga psicoanalítica se denomina esta técnica el método de la ametralladora, porque se basa en el mismo principio que ésta, es decir, el de dirigir rápidamente sobre el sujeto una serie de proyectiles (verbales) cuya acción se asuma hasta conducir finalmente al efecto deseado.
a.l. Perfeccionamientos técnicos de la prueba de AbrahamsenRosanoff-Jung
El valor de esta prueba aumenta extraordinariamente si a la inscripción gráfica de las reacciones verbales se asocia el registro de algunos de los fenómenos somáticos concomitantes del shock emocional despertado por las palabras-estímulos específicas. Comprendiéndolo así, diversos investigadores (Bleuler, Rosenthal, etc.) han propuesto asociar a dicha prueba la inscripción de las alteraciones circulatorias (de volumen o de presión, por medio de pletismógrafos, esfigmógrafos u oscilógrafos), respiratorias
(valiéndose del neumógrafo) o ec1écticas (el denominado reflejo psicogalvánico). De todas las técnicas propuestas, la mejor es, sin duda, la que consiste en obtener el registro gráfico de las oscilaciones de tensión arterial en el tobillo durante la prueba, marcando con un estilete sobre el papel ahumado el momento en que se pronuncia la palabra-estímulo: aún es mejor si se asocian a esta gráfica la de la respiración y la del tiempo medido en quintos de segundo mediante un cronógrafo de J aquet. Como quiera que los resultados obtenidos son esencialmente análogos a los del procedimiento que describimos a continuación, nos parece innecesario insistir ahora cerca de ellos.
b. El control de la sinceridad mediante el denominado "detector de mentiras" (lie detector) de Larson y sus derivados
En el mes de diciembre de 1923, el psicólogo norteamericano J. A. Larson, adscrito al laboratorio de investigaciones de la Escuela de Policía de Berkeley, publicó en el JOllmal of Expen1JJel1tal Psychology un interesante trabajo, "The cardio-neumo- psychologram in deception" ("El cardioneumopsicograma del engaño"), en el cual proponía utilizar el registro gráfico de la presión arterial y de la respiración asociado al interrogatorio judicial corriente, para comprobar el grado de sinceridad de los declarantes. Basándose en las anteriores investigaciones de Benussi, Burt y Martson, acepta desde luego la superioridad del interrogatorio directo, a condición de que las preguntas interesantes sean hechas distraídamente, intercaladas entre otras inofensivas, es decir, siguiendo la idea central de la prueba de Jung-Bleuler o la de Kent- Rosanoff. En tales condiciones, el dispositivo constituido por el oscilógrafo o el esfigmomanómetro (de Tycos o Ernalger) y el
neumógrafo (de Ellis) merece, según Larson, el nombre de "detector de mentiras", porque siempre que el sujeto dice una, si es algo importante, se registra en las curvas de los trazados una irregularidad marcada, según puede verse en las gráficas que exponemos a continuación, tomadas del trabajo original del autor. Dicha irregularidad no sólo se observa en la amplitud y el ritmo de la respiración y la circulación, sino que en el curso de varias respiraciones que pueden aparecer normales a primera vista es posible, si se observan con detenimiento sus registros gráficos, descubrir la inversión de los tiempos relativos de la inspiración y la espiración, según han puesto de manifiesto Benussi y Burt255 o Comprando el promedio de la relación 1.: E. (duración inspiración dividida por duración espiración) cuatro o cinco respiraciones antes y después del estímulo provocador de la mentira, se obtiene una respuesta positiva en el caso de sinceridad y negativa en el caso de falsedad de la respuesta.
Los éxitos proporcionados en el "Iie detector" de Larson en distintos procesos criminales en los Estados Unidos impulsaron a un gran número de investigadores a perfeccionar la técnica de registro, y no tardaron en surgir varios otros dispositivos, todos ellos basados en la inscripción gráfica y simultánea de las curvas de respiración, tensión sanguínea y volumen de extremidades. De todos ellos, el más completo es el de A. Wo1mer, profesor de crimino10gía de la Universidad de Chicago. Con él se obtuvo éxito rotundo en un asunto que apasionó en 1929 a la opinión pública estadounidense: la desaparición del secretario del almirantazgo norteamericano en Manila (Eugenio Basset). Fue acusado como presunto responsable Earl Mayer, y el Fiscal Edwing D. Ca1vin (de Washington) propuso
el empleo de dicho aparato para ayudar a la investigación criminológica.
c. El método de la "expresión motriz" de A.R. Luria
U n positivo avance -por tratarse de un principio origina1 representa el método preconizado recientemente por el psicólogo ruso Luria para comprobar el grado de sinceridad de los declarantes en función de las alternativas que una serie de movimientos musculares ordenados experimentan en el curso de su declaración. Sostiene este autor que cuando resulta imposible la observación directa de un fenómeno, se encuentra justificada su observación indirecta sobre la base de asociarlo artificia1mente en el tiempo (por coexistencia temporal) con otro que resulte fácilmente registrab1e. La marcha del fenómeno invisible se estudiará entonces en función de los cambios que determine en el visible o registrab1e. Claro está que este último ha de cumplir determinadas condiciones de regularidad y sencillez de registro, a la vez que debe hallarse en dependencia directa con el primero. Luria formula así su pensamiento: "Para encontrar una expresión fenomeno1ógica adecuada de los procesos centrales hay que utilizar un sistema que se encuentre en conexión directa con ellos, y éste no puede ser otro que el de los movimientos voluntarios. Se hace necesario, pues, crear una técnica metodo1ógica que una dinámicamente las actividades centrales y las periféricas hasta hacerles constituir un sistema tlflitano".
Veamos ahora cómo ha procedido para hallar la solución de este problema: si a un sujeto no entrenado e ignorante de los fines de la experimentación se le pide que efectúe durante largo tiempo una presión digita1 rítmica sobre una membrana neumática (en
comunicación con un tambor de Marey), observaremos que la curva de las presiones ejercida adopta una forma sensiblemente idéntica, o sea, que es uniforme, difiriendo "en todo caso, muy levemente la intensidad o altura de las elevaciones, pero conservándose, en cambio, el contorno de las mismas.
Esta constancia de la forma se observa también cuando se trata de movimientos de mayor extensión y complicación (movimientos circulares de la mano, presión de un objeto, etc.) en tales casos el ciclo grama demuestra la constancia del "esquema" motor, independiente, como hemos dicho, de su mayor o menor intensidad. Por consiguiente, la forma del movimiento puede ser un indicador que nos dé la posibilidad de observar directamente (a través de sus cambios) las alteraciones que se produzcan en el aparato nervioso, a condición de que sepamos aislar las influencias endógenas ajenas al sistema neuromotor.
Luria empezó sus experiencias simultaneando la clásica prueba de