PERCENTAGE OF WORKERS INVOLVED IN CHANGES OF JOB AND OCCUPATION
3. Mobility of Malay Workers
No importa cuán afectuosa y ética sea la búsqueda del «corazón de las tinie- blas», debemos mantenernos atentos a las condiciones institucionales que permiten la búsqueda, a aquello a lo que con frecuencia se alude como «con- diciones de articulación».55En el más evidente de los sentidos, emprendemos los viajes que hacemos leyendo novelas, describiendo grados de explotación capitalista, buscando exilio, equipaje y viaje en la escritura de artículos, llevando la obra de poetas negras hacia nuevos destinos y escribiendo artículos, como éste, que critican ante todo la propia búsqueda, porque podemos, porque tene- mos a nuestra disposición el capital cultural y los mecanismos institucionales necesarios para ello, por muy mínimos que éstos puedan ser. Este artículo es un llamamiento a empujar la política de la localización y la reflexividad en la investigación aún más allá. Es preciso poner en cuestión los modos en los que los estudiosos académicos conquistan para sí una posición de sujeto a través de construcciones melodramáticas de la mujer subalterna, en el caso de la figu- ra de la mujer sudasiática, encerrándola, sin duda inconscientemente y aun sin dejarla por completo silenciada, como a la figura subalterna de Spivak,56entre
54 Virinder S. Kalra y John Hutnyk, «Brimful of Agitation, Authenticity and Appropriation. Madonna’s «Asian Kool»», Postcolonial Studies, núm. 1 (3), 1998, pp. 339-356; Sanjay Sharma, John Hutnyk y Ashwani Sharma (eds.), Dis-Orienting Rhythms. The Politics of the New Asian
Dance Music, Londres, Sage, 1996; Nirmal Puwar, «Multi-Cultural Fashion... Stirrings of
Another Sense of Aesthetics and Memory», Feminist Review, núm. 71, 2002, pp. 63-87. 55 Elspeth Probyn, Sexing the Self. Gendered Positions in Cultural Studies, Londres, Routledge, 1993. 56 G. C. Spivak, «Can the Subaltern Speak?», op. cit., p. 295.
la condición de víctima, la lucha heroica y la glorificación romántica. Ahora que hemos logrado sustituir las imágenes negativas por otras positivas y honrosas,57no sólo debemos pensar sobre las formas limitadas de construc- ción de las subjetividades de los Otros, sino también hacer una pausa y pen- sar sobre las posiciones de sujeto que los estudiosos académicos producen para sí, quizás inconscientemente, a través de sus propias creaciones. En definitiva, es preciso que nos preguntemos: ¿qué creemos que estamos haciendo cuando inspeccionamos, problematizamos y reconocemos la fuer- za de trabajo y los textos culturales de las mujeres de color? Y, aunque puede que busquemos responsabilidad ética para con el subalterno, estableciendo una relación personal afectuosa en la que desaprender sistemáticamente nuestros privilegios,58de manera que «hablemos a» y no «de»,59no debemos rehuir la siguiente pregunta, punzante e incómoda: ante todo ¿por qué esa búsqueda por parte de los estudiosos académicos de una relación ética con el subalterno? Si tienen la esperanza de transformar, salvar o proteger, como tantos de ellos hacen de un modo u otro, deben demoler en primer lugar «[...] la ilusión de que, a través del discurso privilegiado, se está ayudando a sal- var a los condenados de la tierra».60
Por lo que me toca, me embarqué en este viaje porque cuando como estu- diante, profesora e investigadora, tomé las imágenes académicas de las muje- res sudasiáticas en Gran Bretaña para mirarme a mí misma a través de ellas, así como a mi hermana, mis cuñadas, sobrinas, madre y vecinas, descubrí que todas «nosotras» nos quedábamos prácticamente fuera de la foto. Cabía encon- trar visos de reconocimiento en las turbias aguas de la representación, pero de lo que vi, demasiadas cosas estaban sesgadas y eran unidimensionales. El hecho es que la figura de la mujer sudasiática está encajonada entre el voyeu- rismo de lo fabulosamente exótico y un «paradigma del rescate»61sustenta- do sobre «motivos salvíficos»62que se repiten y reformulan en una miríada de contextos, incluidos los del «turismo revolucionario» y la «glorificación del testimonio»63que es posible encontrar en el feminismo.
57 Kobena Mercer, «Reading Racial Fetishism», en Kobena Mercer (ed.), Welcome to the Jungle, Londres, Routledge, 1994; S. Hall, «The Spectacle of the «Other»», op. cit.
58 G. C. Spivak en Donna Landry y Gerald MacLean (eds.), The Spivak Reader. Selected Works of
Gayatri Chakravorty Spivak, Londres, Routledge, 1995.
59 Trinh T. Minh-ha, Women, Native, Other. Writing Post Coloniality and Feminism, Indianapolis (IN), Indiana University Press, 1989.
60 R. Chow, Writing Diaspora, op. cit., p. 119.
61 R. S. Rajan, Real and Imagined Women. Gender, Culture and Postcolonialism, op. cit., p. 6. 62 R. Chow, Writing Diaspora, op. cit., p. 3.
Mientras que mi madre y mis cuñadas o hermanas, por ejemplo, son en gran parte como las mujeres chinas que perturbaron a Kristeva con su indiferen- cia hacia lo que ella pensaba y veía,64yo, probablemente porque participo de la creación del espacio académico, he descubierto que es un absoluto impera- tivo para mi propio sentido del ser que me ocupe de las construcciones y poses que revolotean alrededor de mí. A medida que las minorías étnicas «nativas» acceden al mundo académico, éste va descubriendo con cierta incomodidad que los y las «nativas» ya no se quedan en los «marcos» melo- dramáticos en los que había venido conociéndolos durante años de investi- gación erudita.65Desde la posición de una «nativa» que reside en el mundo académico, con todo el capital cultural, económico y simbólico que encar- no,66espero estar sumándome a esta disrupción —ojalá sin caer en los deli- rios de la «autosubalternización»67 o de hablar de impotencia desde una posición de poder sin un «cuestionamiento epistemológico de lo que hace posible que esté hablando».68Desde ese lugar, rastreo la naturaleza proble- mática de la tarea académica de búsqueda del Otro, no sólo desde el punto de vista de los marcos utilizados, sino también de la objetualización que la propia búsqueda acarrea. Esto incluye hasta esas reformulaciones actuales que han ido más allá de los límites de la dicotomía modernidad-tradición y se expresan en las lenguas de la contradicción y lo híbrido. Por más que, ante la omisión, la tarea de resurrección se haga imperiosa, las brechas y silencios son también constitutivos de las imágenes contaminadas, imáge- nes étnicas híbridas, que intentan hoy sustituir las dicotomías bueno/malo, heroína/víctima. Y, en todo caso, a la vez que nos embarca- mos en este proceso, tal y como hacen muchos de los artículos que vienen a continuación, debemos constatar la necesidad de convertir el mundo académico en objeto de estudio, sin dejarnos llevar por el insaciable deseo académico de testimonios, en sus géneros actuales, caracterizados por el desorden y el tono amortiguado.
64 Tratado en R. Chow, Writing Diaspora, op. cit., p. 31. 65Ibidem, p. 28.
66 Pierre Bourdieu, Language and Symbolic Power. The Economy of Linguistic Exchanges, Cambridge, Polity, 1992.
67 R. Chow, Writing Diaspora, op. cit., p. 6.