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4.2 Model calibration and validation methods

4.2.1 Model calibration

[. . .] durante la revolución es necesario ser flexibles al máximo [. . .] Lenin, “Nuestra revolución”. Obras completas, t. XXXVI, p. 504.

De acuerdo a la concepción leninista, una vanguardia se afirma como tal por su capacidad de dirección, primero sobre la clase más avanzada y, en seguida y a través de ésta, por la conducción de las más amplias masas. Ahora bien, sinónimo de vanguardia es la capacidad de análisis táctico, vale decir, aptitud para comprender, en base al análisis de la estructura de clases, la correlación especifica de fuerzas existentes en cada momento de la lucha política; en consecuencia, aptitud para aprovechar los momentos de ascenso para acumular fuerzas; en situaciones favorables, capacidad de aprovechar la correlación de fuerzas para provocar nuevas situaciones, en las cuales se puede intensificar la contraofensiva revolucionaria, hasta llegar a un punto óptimo, en el cual -dada la compleja combinación de múltiples factores objetivos y subjetivos- es posible lanzar la ofensiva final hacia el poder.

Por lo general, la vanguardia se caracteriza: por el hecho de saber movilizar en torno suyo, en los momentos de auge de masas, fuerzas que van más allá de sus estrictos contingentes de militantes; y por saber arrastrar al pueblo, tras objetivos concretos y específicos, que conformarán el eje de sus aspiraciones principales en una determinada etapa histórica. Estas reflexiones son importantes, como introducción al análisis leninista del papel de la vanguardia y de las masas en la revolución rusa. La dirección adecuada del proceso revolucionario corona todas las condiciones necesarias que se han gestado y hace posible el máximo acto político: la conquista del poder por la clase obrera. Lenin insiste mucho en las condiciones excepcionales de la revolución rusa. Pero ¿acaso no toda revolución es un hecho excepcional? Sí, por cierto, y él lo sabía bien. Pero más que calificarla, Lenin trata de buscar en dónde residen las razones de la excepcionalidad rusa. Una de esas razones la encuentra en la capacidad táctica:

Nosotros logramos alcanzar el poder en condiciones excepcionales, en un momento en que el despotismo zarista obligaba a proceder, con gran ímpetu, a una transformación rápida y radical, y en esas condiciones excepcionales supimos, durante unos meses, apoyarnos en el campesinado en su conjunto.36

Naturalmente, aquí volvemos al problema de fondo: la necesidad del apoyo de masas campesinas, pero bajo dirección obrera, para tomar y mantener el poder proletario. Sólo la vanguardia del proletariado puede tener la capacidad histórica de conducir a las amplias masas más atrasadas. Y esto no es aleatorio. Si así fuera, la revolución socialista podría realizarla la clase más oprimida y no el proletariado en particular. Así, Lenin insiste en la dirección obrera:

La suposición de que todos “los trabajadores” son igualmente capaces de realizar esta obra, sería una frase hueca o la ilusión de un socialista antediluviano, premarxista. Esta capacidad no viene por sí sola, sino que surge históricamente y surge sólo de las condiciones materiales de la gran producción capitalista. Al comienzo del camino que lleva del capitalismo al socialismo, sólo el proletariado posee dicha capacidad. Y puede cumplir la gigantesca tarea con que se enfrenta, en primer lugar, porque es la clase más fuerte y más avanzada en las sociedades civilizadas; en segundo lugar, porque en los países más desarrollados constituyen la mayoría de la población, y, en tercer lugar, porque en los países capitalistas como Rusia, la mayoría de la población está compuesta de semiproletarios, es decir, de personas que parte del año viven regularmente como proletarios, que regularmente se ganan una parte del sustento trabajando como asalariados en empresas capitalistas.37

De ahí proviene la base material para el socialismo. Pero esta base existiría sólo en estado potencial, si no fuera por el largo y tenaz trabajo de la vanguardia revolucionaria del proletariado. Este es el factor clave que explica por qué la revolución triunfó en Rusia y no triunfó, por ejemplo, en Alemania, donde si bien existían muchas de las condiciones necesarias para el socialismo, faltaba esta condición esencial. Refutando a los dirigentes de la Internacional de Berna, Lenin observa que sólo los hipócritas o los tontos pueden no comprender que los éxitos particularmente rápidos de la revolución en Rusia se deben a los largos años de trabajo del partido revolucionario en el sentido señalado; durante años y años se fue creando sistemáticamente el aparato legal para dirigir las manifestaciones y las huelgas, para desarrollar el trabajo entre las tropas; se

36 “VIII Congreso del PC(b)R. Palabras finales para el Informe sobre el Pro- grama del Partido”, Obras completas, t. XXXI, p. 58. 37 “Una gran iniciativa”, cit., p. 290.

realizó el estudio detallado de los métodos; se editó literatura ilegal, en la que se resumía la experiencia adquirida y se educaba a todo el partido en la idea de la necesidad de la revolución; se formó a dirigentes de masas para tales casos, etcétera, etcétera, etcétera.38

Y aquí es importante mencionar un factor determinante, a juicio de Lenin, en la preparación del proletariado para la conquista del poder: la lucha contra el reformismo y el oportunismo:

Una de las condiciones necesarias para preparar al proletariado para su victoria es una larga, tenaz e implacable lucha contra el oportunismo, el reformismo, el socialchovinismo y otras influencias y corrientes burguesas similares, que son inevitables puesto que el proletariado actúa en un medio capitalista. [. . .] El bolchevismo no habría podido vencer a la burguesía en 1917-1919 si antes, en 1903-1917, no hubiera aprendido a derrotar a los mencheviques, o sea, a los oportunistas, reformistas y socialchovinistas y a expulsarlos implacablemente del partido de vanguardia del proletariado.39

Fue esta preparación larga, intensa y sistemática del proletariado ruso con miras al poder -en lucha contra todas las manifestaciones deformadas de su conciencia de clase- la que, en definitiva, lo preparó para ser capaz de tomar el poder y ejercer su dictadura.

Es innecesario y cansaría insistir aquí en las ideas de Lenin respecto a la necesidad del partido revolucionario, expuestas por él a partir de su obra “¿Quiénes son los amigos del pueblo. . . “, pero es imprescindible rescatar el sitio que él reclama para el papel del partido, entre los factores más decisivos del triunfo: pues es a través de la organización partidaria que se conduce en última instancia, el proceso revolucionario hacia el triunfo clase avanzada se ejercita para el poder. Pero este factor crucial no puede ser tomado de manera simplista. Es necesario comprender que su mera existencia y acumulación de experiencias, siendo condición esencial de este éxito, no lo explica. Para esto, es imprescindible que la dirección partidaria sea una dirección con efectiva capacidad revolucionaria. Y esta capacidad se hace evidente a través de un conjunto de indicadores, teóricos, y prácticos, que no tiene sentido enumerar formalmente -como si fueran reglas establecidas- pero que, en todo caso, se revelan rápidamente en los momentos más cruciales de la lucha política de clases. Esta aptitud se revela, por ejemplo, en las consignas movilizadoras. ¿Acaso no fue un factor definitivo del triunfo bolchevique la consigna leninista, lanzada en 1914, de “transformar la guerra imperialista en guerra civil?” ¿Acaso no tuvo importancia, igualmente trascendente, la consigna “¡Con el canalla Kerensky contra el canalla Kornílov!”? Y por último, ¿no fue la consigna “¡paz, pan y tierra!” la que sintetizó los anhelos más profundos del pueblo ruso? ¿No revelaban estas orientaciones específicas de lucha, factores de concientización y movilización?

38 “Las tareas de la III Internacional”, Obras completas, t. XXXI, p. 375.

Naturalmente, la revolución se hace posible porque la clase obrera es capaz de dirigir a la mayoría del pueblo, porque es capaz de guiar y ofrecer una alternativa incluso a aquellos sectores que le son hostiles, como los especialistas burgueses; porque es capaz de “conducir y convertir en amigos y aliados suyos a esa masa de trabajadores que está vinculada a la pequeña propiedad”.40 Pero la capacidad de dirección no se genera

espontáneamente, ni es una cualidad intrínseca de la clase obrera; es más bien una virtud adquirida, cultivada y acumulada, en todo un proceso histórico de luchas conducido por una vanguardia revolucionaria. La revolución socialista no es un engendro que estalla naturalmente, en el punto más agudo de la putrefacción del sistema. La revolución se prepara. Decía Lenin:

Triunfamos en Rusia, y además con tal facilidad, porque preparamos nuestra revolución durante la guerra imperialista. Ésta fue la primera condición. Diez millones de obreros y campesinos en Rusia estaban armados, y nuestra consigna era: paz inmediata a toda costa.* Triunfamos porque las grandes masas campesinas estaban revolucionariamente predispuestas contra los grandes terratenientes.41

En este balance que hace Lenin para la Internacional Comunista de los factores del triunfo bolchevique subraya la preparación como primera condición, resaltando la predisposición de los campesinos contra los terratenientes. En seguida, insistiendo una vez más en la necesidad de obtener la mayoría, se refiere a un aspecto fundamental que colaboró definitivamente para lograrlo: la adopción del programa agrario eserista. Esto es de suma importancia; fue una demostración cabal de la flexibilidad táctica leninista: abandonar el programa bolchevique para adoptar otro que antes había criticado duramente, en varias oportunidades. Pero ese fue un factor decisivo de triunfo: “Nuestra victoria se debió a que llevamos a cabo el programa eserista; por eso fue tan fácil la victoria”.42 Sin embargo es necesario destacar que esa medida táctica fue adoptada sin

olvidar” nuestros objetivos, ni tampoco nuestros principios”.43

40 “VIII Conferencia de toda Rusia del PC(b)RS”, cit:, p. 164.

* Naturalmente, el armamento del pueblo es una condición necesaria aunque no suficiente. En varios otros países, y en muchas oportunidades, el pueblo estuvo armado y sin embargo no se hizo la revolución.

41"Tercer Congreso de la Internacional Comunista - Informe en defensa de la táctica. . .”, cit., p 376. 42 Ibid., p. 378.

43 Loc. cit.

Respecto a la capacidad de conducir políticamente a las masas, Lenin considera que:

en un momento favorable [. . .] se tendrá un movimiento, si tal partido da en ese momento sus propias consignas, y logra que lo sigan millones de obreros. De ningún modo niego que una revolución puede ser iniciada por un partido muy pequeño y conducida hasta un final victorioso. Pero para ganarse a las masas debemos conocer los métodos. Para ello es esencial la preparación total de la revolución.44

Toda esa concepción, llevada a la práctica, garantizó el éxito de la revolución. Los bolcheviques pudieron conquistar la mayoría, porque tuvieron la necesaria capacidad táctica para comprender las etapas del proceso revolucionario y lanzar las consignas adecuadas en cada momento de la lucha. La máxima aspiración de la mayoría del pueblo -el campesinado- era liquidar el poder de los terratenientes. Para lograrlo, y mantener esa conquista fundamental, estaban dispuestos a la guerra civil, pese a que el deseo de terminar con la guerra fue lo que garantizó su apoyo a los bolcheviques, en octubre de 1917.

Reflexionando sobre la razón primordial que definió el éxito de la guerra civil, de 1918 a 1920, Lenin dirá: Esto es comprensible, porque los campesinos estaban de parte nuestra. Probablemente nadie hubiera podido apoyarnos más. Comprendían que tras los guardias blancos estaban los terratenientes, y odian a los terratenientes por encima de todo. Por eso nos apoyaban con todo su entusiasmo y lealtad.45 Esta compleja interrelación de múltiples factores fue la que permitió la toma del poder y su consolidación.

44 Loc. cit.

45 “IV Congreso de la Internacional Comunista. Cinco años de la revolución rusa y las perspectivas de la revolución mundial”, Obras completas, t.

xxxvi, p. 423.

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